San Pedro Claver S.J. (Verdú, España, 26 de junio de 1580-Cartagena de Indias, 8 de septiembre de 1654), cuyo nombre de nacimiento fue Pere Claver Corberó,Nombre en catalán, lengua en la que el adjetivo «Claver» significa «el que hace o vende llaves». fue un misionero y sacerdote jesuita español que pasó a la posteridad por su entrega a aliviar el sufrimiento de los esclavos del puerto negrero de Cartagena de Indias donde vivió la mayor parte de su vida. Se apodó a sí mismo el «esclavo de los negros».

Tímido y sencillo, español corto en palabras y largo en hechos, Pedro Claver Corberó, es una de las figuras del cristianismo del . Desarrolló su vida en el puerto de Cartagena de Indias, donde la población negra era seis veces mayor que la blanca. Su entrega abnegada a los negros bozales, sobre los que algunos teólogos de esa época discutían si habían nacido para ser esclavos, e incluso si tenían alma,Juristas y teólogos llegaron a unirse para justificar la esclavitud con razones supuestamente humanas y divinas, mal usando la Biblia como medio de argumentación. Cuando en el siglo xv se reanudó en gran escala el comercio de esclavos negros de África con las naciones de Europa, algunos teólogos exégetas de la Biblia inventaron un mito infame: que los negros estaban condenados a ser siempre esclavos de los blancos porque así lo dispuso Dios, como consecuencia de la maldición fulminada por Noé contra todos los descendientes de su hijo Cam (). Según ese relato, después del diluvio el patriarca Noé sembró viñedos y, sin saberlo, hizo vino del jugo de las primeras uvas. La bebida lo embriagó y quedó desnudo en su tienda. Su hijo Cam no apartó su vista de la desnudez de su padre ni lo cubrió, y por eso fue maldito por Noé, y todos sus descendientes a través de las generaciones fueron condenados a fatal servidumbre. Este relato basado sobre el pasaje del Génesis fue luego ampliado arbitrariamente por algunos eclesiásticos españoles a los negros y hasta a los indios del Nuevo Mundo de forma terrible y absurdamente injusta, con la suposición de que la raza negra descendía de Cam. El padre Clavígero lo dedicó singularmente a los indios de Cuba; el padre Gumilla y otros clérigos a los indios de Sudamérica. Fray Juan de Torquemada llegó a sostener que por causa de la maldición de Noé le venía a todos los negros, no solamente la condena a ser siempre esclavos de las otras razas, sino además el color de su piel. Según aquel fraile escribió: «[...] por justo juicio de Dios, por el descomedimiento que tuvo Cam con su padre, se trocó el color rojo que tenía en negro como carbón y, por divino castigo, comprende a cuantos de él procedan» (ver: ). Ese racismo teológico llegó a tales absurdos que fray Tomás Ortiz y fray Domingo de Betanzos sostuvieron que los indios eran como bestias y carecían de alma racional, y que por tanto eran incapaces del bautismo y demás sacramentos (ibíd., página 114). Los efectos de tal forma de pensamiento se extendieron en el tiempo: el presbítero Juan Bautista Casas, mano derecha del obispo Manuel Santander y Frutos (1887-1899), aludió a tal leyenda al referirse a los negros en un libro suyo del año 1896: «En cuanto a los motivos que aleguen los negros para sublevarse contra España, opinamos que no tienen ninguno fundado. La raza negra sufre las consecuencias de un castigo y de una maldición que el Pentateuco nos refiere al hablar de Noé y de sus hijos; su inferioridad viene perpetuándose a través de los siglos. La redención de Jesucristo comprende a todos los hombres según nos enseña el dogma católico; pero las naciones y los individuos de dicha raza negra han abusado de su libertad, negándose a participar de los beneficios que el Salvador nos mereció, derramando su divina sangre por todos los hombres» (ibíd., página 115). Fray Gregorio García dijo que los indios «son aún de más baja y despreciada condición que los negros». Todas esas teorías, tan extendidas como dañinas, fueron desacreditadas ya por el papa Paulo III en la bula Sublimis Deus de 1537: «[...] indios, y todas las gentes que en el futuro llegasen al conocimiento de los cristianos, aunque vivan fuera de la fe cristiana, pueden usar, poseer y gozar libre y lícitamente de su libertad y del dominio de sus propiedades, que no deben ser reducidos a servidumbre [...]» En línea con este documento, algunos dominicos y jesuitas se comprometieron en este difícil tema. Los dominicos Tomás de Mercado en su obra Suma de tratos y contratos (1569), y Bartolomé de Albornoz en su libro Arte de los contratos (1573) condenaron la esclavitud y atacaron el tráfico de esclavos, en tanto que los jesuitas Luis de Molina y Alonso de Sandoval condenaron los abusos (ver: ). es un modelo admirable de la praxis cristiana del amor y del ejercicio de los derechos humanos, de los que se lo declaró «defensor» en 1985. Sus restos se encuentran en el altar mayor de la Iglesia de San Pedro Claver en Cartagena de Indias. Se lo honra como patrono de los esclavos, patrono de Colombia, copatrono de Cartagena de Indias y desde 1896 como patrono de las misiones entre los negros. Se lo considera un ejemplo heroico de lo que debe ser el amor por los más pobres y marginados.

Biografía Sus primeros años Pedro Claver Corberó nació en junio de 1580 en España, en la "villa de los cántaros negros", como se calificaba a Verdú (Lérida), en el valle de Urgel, y fue bautizado el día 16 de ese mes con el nombre de Juan Pedro. Fue uno de los hijos (junto con Juan, Santiago e Isabel) del matrimonio de Pedro Claver y Mingüella, y Ana Corberó. El padre era un modesto propietario de viñedos y olivares. Pedro no tenía aún trece años cuando perdió a su madre y, pocos días después, a su hermano Santiago. En 1595, con quince años de edad, recibió la tonsura clerical en su pueblo y, apadrinado por un tío canónigo, se trasladó en 1596 a Barcelona para estudiar «letras y artes» en el Estudio general de la Universidad. Terminada la retórica, entró en contacto con los jesuitas del colegio de Belén para estudiar filosofía. Allí sintió la vocación por la Compañía de Jesús, en la que ingresó el 7 de agosto de 1602. Tras un ferviente noviciado y luego de pronunciar sus primeros votos, pasó a Gerona a dedicarse al estudio de las humanidades.

La influencia de Alonso Rodríguez thumb|180px|Grabado que representa a Alonso Rodríguez. Museo de Arte de Filadelfia. En los primeros tiempos sintió dudas acerca de su vocación al sacerdocio, pues le atraían la sencillez y los oficios humildes de los hermanos coadjutores. Esto explica la gran amistad y admiración que sintió en el Colegio Nuestra Señora de Montesión, en Palma de Mallorca donde fue destinado a ampliar sus estudios de filosofía (1605-1608), con el hermano portero Alonso Rodríguez Gómez (1531-1617).Alonso Rodríguez fue canonizado junto a Pedro Claver el 15 de enero de 1888, durante el pontificado de León XIII. Nacido en Segovia e hijo de un comerciante en paños, Alonso se había hecho jesuita ya mayor, pues, tras fallecer su padre, tuvo que abandonar sus estudios en Alcalá y encargarse del negocio de familia. Contrajo matrimonio, enviudó y perdió a sus dos hijos, ocasión en la que decidió hacerse religioso.

La valoración que de Pedro Claver hacían sus superiores era muy negativa: «[...] espíritu mediocre, [...] discernimiento inferior a la media, escasa circunspección en los negocios, mediocre perfil en las letras. Bueno para predicar a los indios [...]». Pero mucho más decisivo que esta valoración fue el influjo que ejerció el humilde y místico hermano portero del Colegio de Monte Sion sobre Pedro Claver, ya que el joven jesuita consiguió permiso de los superiores para conversar todas las noches un cuarto de hora con Alonso Rodríguez. Pedro aprovechó a fondo estas charlas, cuyas luces recogía en un cuaderno que le acompañó toda la vida. También recibió del santo hermano un libro de apuntes espirituales, "un tesoro grande", como él decía, que legó al noviciado de Tunja en Colombia, entonces Nueva Granada.

Su llegada a América Comenzaba su segundo año de estudios teológicos cuando el provincial, accediendo a su deseo, le destinó el 23 de enero de 1610 a las misiones transoceánicas del Nuevo Reino de Granada. Sin despedirse de su familia –el ambiente en casa había cambiado tras las segundas nupcias de su padre–, se fue a pie a Valencia y luego a Sevilla, de donde zarparía en la flota de galeones en compañía del padre Mejía y dos jóvenes sacerdotes.

Después de una primera toma de contacto con la plaza fuerte de Cartagena de Indias, hervidero de negreros, piratas e inquisidores, se trasladó, en un lento viaje en champán por el río Magdalena y luego a lomos de mula, hasta Santa Fe de Bogotá, donde no estaban aún organizados los estudios de teología, lo que Pedro aprovechó para servir como hermano coadjutor.

El clima de Bogotá no le sentaba bien, ya que el sol dañaba su salud. Una vez concluidos brillantemente sus estudios en el Colegio y Seminario de San Bartolomé, hoy Colegio Mayor de San Bartolomé y Pontificia Universidad Javeriana, fue destinado al noviciado de Tunja, en tierra adentro, para hacer su "tercera probación", el año que los jesuitas dedican a la espiritualidad tras su formación intelectual. Seguía dudando si hacerse sacerdote. Tanto, que le pidió al provincial que le permitiera seguir de hermano portero, oficio que ejercía en Tunja.

«Esclavo de los negros para siempre» Pero los superiores le destinaron a Cartagena de Indias, donde fue ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1616, a la edad de 35 años, por el obispo dominico fray Pedro de la Vega. Ofició su primera misa en el altar de la Virgen del Milagro de la iglesia de la Compañía.

thumb|250px|Navío negrero del . Los barcos negreros de los siglos XVI a XIX guardaron un denominador común: el hacinamiento y el estado calamitoso de las bodegas donde transportaban a los esclavos. Allí conoció al sabio jesuita Alonso de Sandoval, investigador de la vida de los negros y autor del famoso libro De instauranda ethiopum salute, quien, en contra del dominante ambiente esclavista, recibía con afecto y bautizaba a los esclavos que llegaban al puerto en abundancia y en un estado calamitoso en las bodegas de los barcos negreros, procedentes de África. Inspirado por Sandoval y por la situación imperante, Claver se entregó en cuerpo y alma a los negros bozales.

Con su clima caluroso, Cartagena de Indias era, por su posición en el mar Caribe, el principal mercado de esclavos del Nuevo Mundo. Mil esclavos llegaban allí al mes, y los mosquitos y las enfermedades devoraban a los sanos. El precio de compra de un esclavo era dos escudos, y doscientos el de venta. Aunque muriera la mitad del «cargamento», el tráfico seguía siendo «rentable». Ni las repetidas censuras del Papa, ni las de los moralistas católicos podían prevalecer contra ese comercio movido por la avaricia. Los misioneros no podían suprimir la esclavitud, sólo mitigarla...

Pero Pedro Claver se enfrentó con hechos heroicos a esta ignominiosa trata. Pedro interpretó así el sentido de su sacerdocio, y el 3 de abril de 1622, al profesar sus votos perpetuos solemnes, estampó junto a su firma la que sería la gran consigna de su vida:

Esta fórmula de entrega personal que implicaba trabajar únicamente por los «etíopes», nombre que los españoles de la época daban indistintamente a los esclavos negros, se mantendría como firma en las siguientes tres décadas.