El capital en el () es un libro de economía escrito por el economista francés Thomas Piketty en 2013. Se centra en la desigualdad económica en Europa y los Estados Unidos desde el . Fue inicialmente publicado en francés en agosto de 2013 (bajo el título Le Capital au XXIe siècle). En abril de 2014 fue publicada su versión en inglés (Capital in the Twenty-First Century), traducida por Arthur Goldhammer,"Piketty's Capital: An Economist's Inequality Ideas Are All the Rage" by Megan McArdle, Bloomberg Businessweek, May 29, 2014 y su versión en español fue publicada a finales de 2014 por el Fondo de Cultura Económica.

El libro se transformó en un superventas en sus versiones en francés e inglés,Marc Tracy (24 April 2014). Piketty's 'Capital': A Hit That Was, Wasn't, Then Was Again: How the French tome has rocked the tiny Harvard University Press. The New Republic. Retrieved 27 April 2014. y llegó al número uno en la lista de los libros de no ficción del The New York Times en mayo de 2014.

Contenido La tesis principal del libro es que la naturaleza del capitalismo libre tiende a una mayor desigualdad económica, y esta desigualdad deriva en inestabilidad y descontento, lo que pone en peligro de extinción a las instituciones demoliberales. Piketty argumenta a favor del intervencionismo y la regulación estatal e internacional como manera de paliar las consecuencias negativas, proponiendo un sistema global de impuestos progresivos a la riqueza para evitar que la gran parte de esta quede bajo control de una pequeña minoría.

Para justificar esta visión, Piketty usa la siguiente relación: cuando la tasa de retorno de la inversión sobre el capital (r) es mayor que la tasa de crecimiento económico (g) el resultado es la concentración de la riqueza, y esta desigual distribución de la riqueza causa inestabilidad social y económica.

El 31 de diciembre de 2014, Piketty matizó que no considera la relación entre la tasa de retorno del capital, (r), y la tasa de crecimiento económico, (g), como la única ni la principal herramienta para analizar los cambios en la desigualdad de ingresos y riqueza, aclarando que es una relación importante a tener en cuenta, pero no determinista. Asimismo, señaló que r > g no es una herramienta útil para el análisis de la creciente desigualdad en los ingresos laborales.

El libro argumenta que ha habido una tendencia histórica a una mayor desigualdad económica, desigualdad que se revirtió entre 1930 y 1975 debido a circunstancias únicas: la 2º guerra mundial, la Gran Depresión y su posterior recesión alimentada por las deudas. Esto destruyó gran parte de la riqueza, sobre todo aquella en propiedad de la élite. Estos acontecimientos llevaron a los gobiernos a tomar medidas para redistribuir los ingresos, y paliar la pobreza, especialmente en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial. El rápido crecimiento económico mundial de ese tiempo comenzó a reducir la importancia de contar con una riqueza heredada para impulsarse hacia arriba en el ascensor social. miniaturadeimagen|Evolución observada de la tasa de retorno del capital y crecimiento económico|458x458px El libro argumenta que el mundo de hoy está volviendo hacia el "capitalismo patrimonial", en el que gran parte de la economía está dominada por la riqueza heredada: el poder de esta clase económica está aumentando, amenazando con crear una oligarquía. Piketty cita novelas de Honoré de Balzac, Jane Austen y Henry James para describir la rígida estructura de clases basada en el capital acumulado que existía en Inglaterra y Francia a principios del .

Piketty considera necesario reducir la desigualdad económica para lo que propone un impuesto global progresivo sobre la riqueza de hasta un 2% combinado con un impuesto progresivo sobre la renta que alcance hasta el 80%; aunque reconoce que tal impuesto es "políticamente imposible".

Piketty cree que la tasa de crecimiento volverá a caer por debajo de la tasa de retorno, y el será una aberración en términos de desigualdad.

Sin ajuste tributario, Piketty predice un mundo de bajo crecimiento económico y extrema desigualdad. Sus datos muestran que durante largos períodos de tiempo, el rendimiento medio de la inversión sobrepasa los ingresos basados en la productividad por un amplio margen.Piketty rechaza la idea de que los aumentos de productividad resultantes de los avances tecnológicos vayan a ser utilizados para crear un crecimiento económico sostenido, él no espera que surja un orden social "más justo y racional" basado en esperar que este se cimiente en los "caprichos de la tecnología".

Recepción 250x250px|miniaturadeimagen|Piketty presentando el libro en Santiago de Chile en 2015.|alt= La publicación del libro de Piketty ha recibido tanto alabanzas y aprobación como críticas tanto en la derecha política como en la izquierda.

Para David Harvey, la tesis de Piketty confirma que el capitalismo de libre mercado, cuando no interviene el Estado para redistribuir la riqueza, produce oligarquías antidemocráticas y, por supuesto, desigualdad. La causa es que la tasa de retorno del capital siempre supera a la tasa de crecimiento de la renta, cuestión que como señala Piketty es y ha sido la contradicción central del capital. Esto ocurre, según Harvey, y critica que no lo señale Piketty, por el desequilibrio de poder entre capital y trabajo. Harvey sostiene que, aunque Piketty señala el período 1932-1980 como excepcional al establecerse la tributación progresiva (implantación del keynesianismo), que permitió mantener la demanda y no impidió el crecimiento, ignoraría la pregunta sobre cómo se mantuvo la demanda a partir de 1980, cuando se confirma el fin del keynesianismo y la fuerte implantación del neoliberalismo thatcheriano, y por tanto la respuesta: la expansión desmesurada del crédito que causará crisis continuas de las que Piketty tampoco da explicación, entre ellas la crisis financiera de 2008 y la crisis económica de 2008-2015.

El éxito excepcional del libro fue ampliamente atribuido a "tratar sobre el tema correcto en el momento adecuado", como dijo The Economist. El propio Piketty reconoció que existe un sentido común de que "la desigualdad y la riqueza en los Estados Unidos se han ido ampliando". El eslogan "Somos el 99%" del Movimiento Ocupar Wall Street habló de desigualdad "el espíritu de nuestra época -una era de crisis aparentemente permanente y de austeridad", como dijo Adam Booth.

El autor británico Paul Mason rechazó las acusaciones de "marxismo blando" como "completamente equivocadas", señalando que Marx describió las relaciones sociales tratando de desvelar las tendencias internas del capitalismo, mientras que Piketty se basa únicamente en categorías sociales y datos históricos. Piketty más bien "colocó una bomba sin estallar dentro de la corriente principal, la economía clásica", concluye.

Otros estudiosos han construido sobre el trabajo de Piketty, como el historiador Walter Scheidel, que concuerda con Piketty en su propio estudio de la desigualdad (The Great Leveler, 2017, en español El gran nivelador. Violencia e historia de la desigualdad desde la Edad de Piedra hasta el , 2020) que la brecha seguirá aumentando a medida que pasen las décadas, pero sostiene que las soluciones de Piketty son insostenibles.

Evaluación Paul Krugman llamó al libro una «magnífica y amplia meditación sobre la desigualdad» y «el libro económico más importante del año -y tal vez de la década». Distingue el libro de otros best-sellers sobre la economía, ya que constituye «una erudición seria y que cambia el discurso»".

Steven Pearlstein lo llamó «un triunfo de la historia económica sobre el modelo teórico matemático que ha llegado a dominar la profesión económica en los últimos años», pero también añadió: «El análisis de Piketty del pasado es más impresionante de lo que sus predicciones para el futuro son convincentes».

Branko Milanović, execonomista del Banco Mundial, calificó el libro como «uno de los libros básicos en el pensamiento económico».

El historiador británico Andrew Hussey calificó el libro de «épico» e «innovador»"y argumenta que demuestra «científicamente» que el movimiento Occupy tenía razón en su afirmación de que «el capitalismo no funciona».

Según Robert Solow, Piketty ha hecho una «contribución nueva y poderosa a un tema antiguo: mientras la tasa de rendimiento supere la tasa de crecimiento, los ingresos y la riqueza de los ricos crecerán más rápido que los ingresos típicos del trabajo».

El historiador y científico político francés Emmanuel Todd llamó a El capital en el una «obra maestra» y «un libro seminal sobre la evolución económica y social del planeta».

The Economist escribió: «Un aumento moderno de la desigualdad tiene nuevos economistas que se preguntan, como lo hicieron Marx y Ricardo, qué fuerzas pueden impedir que los frutos del capitalismo se distribuyan más ampliamente." El capital en el es una [...] Guía autorizada para la cuestión».

Will Hutton escribió: «Al igual que Friedman, Piketty es un hombre de los tiempos. Por los años 70 las ansiedades sobre la inflación sustituyen las preocupaciones actuales sobre la aparición de los ricos plutocráticos y su impacto en la economía y la sociedad [...] La desigualdad, empeorada aún más, pone en peligro el futuro mismo del capitalismo, lo ha demostrado».

Clive Crook, a pesar de ser fuertemente crítico con el libro, reconoció que «es difícil pensar en otro libro sobre economía publicado en las últimas décadas que haya sido elogiado tan unánimemente».

Crítica

Crítica del contenido normativo Un filón de críticas culpa a Piketty por colocar la desigualdad en el centro del análisis sin ninguna reflexión sobre por qué es importante.

Según el columnista del Financial Times, Martin Wolf, simplemente asume que la desigualdad es importante, pero nunca explica por qué. Sólo demuestra que existe y cómo empeora. O como lo expresó su colega Clive Crook: "Aparte de sus otros defectos, Capital en el invita a los lectores a creer no sólo que la desigualdad es importante, sino que nada más importa." Este libro quiere que usted se preocupe por el bajo crecimiento en las próximas décadas no porque eso signifique un aumento más lento de los niveles de vida, sino porque podría empeorar [...] la desigualdad ".

El profesor Hannes H. Gissurarson ve a Piketty como reemplazando aparentemente al filósofo estadounidense John Rawls como el pensador esencial de la izquierda. Critica a Piketty, ya que, a diferencia de Rawls, está "mucho más preocupado por los ricos que por los pobres". Gissurarson admite el "rápido aumento de los ingresos de los super ricos del mundo", pero no ve nada malo en ello si los pobres no se hacen más pobres.

El libertario estadounidense George Leef atacó el trabajo de Piketty como "una disculpa por el uso de la coerción estatal para quitarle la propiedad a algunas personas que supuestamente tienen demasiado", lo que en palabras de Frédéric Bastiat llama "saqueo legal". Desviar más recursos del sector privado voluntario, "generalmente eficiente" y hacia el sector gubernamental coercitivo, "generalmente ineficiente", dice, es un mal arbitraje, especialmente para las personas más pobres.

Piketty no distingue entre tipos diferentes de "Capital" ni de "Trabajo" y los considera como si fueran "homogéneos", cuando en la realidad existen diversos tipos y clasificaciones de estos grandes insumos de la producción. De hecho, el capital financiero (inversiones de capital) han tenido pre eminencia al grado de que dominan las preferencias de los inversionistas, comparado con las inversiones en capital físico, sin embargo, el pago a los rendimientos financieros no se contabiliza como pago al factor "capital".