La Contraofensiva de Montoneros es el nombre que se le da a una acción de la organización guerrillera Montoneros de Argentina, que consistió en la reorganización y regreso al país de un gran contingente de guerrilleros de dicha organización, después de que la represión estatal hubiera diezmado a gran parte de la misma. La primera contraofensiva se realizó en 1979 y la segunda en 1980; ambas fracasaron, tanto política como militarmente.

La contraofensiva confluyó y retroalimentó los movimientos incipientes de resistencia a las dictaduras en Argentina y América Latina, como la reorganización del sindicalismo argentino, el movimiento de derechos humanos, la visita de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA y la Revolución Sandinista, en un momento en que todo el subcontinente había quedado bajo el control de la doctrina de la seguridad nacional de Estados Unidos.

Entre 2021 y 2023 se dictaron sentencias en varios juicios sobre crímenes de lesa humanidad cometidos durante las contraofensivas de 1979 y 1980. Los alegatos de la fiscal Gabriela Sosti son una importante fuente documental para comprender mejor los hechos y el contexto de un capítulo histórico poco estudiado.

Contexto

Montoneros tomó la decisión de realizar la contraofensiva en un momento en el que la dictadura argentina y los regímenes dictatoriales latinoamericanos, que se habían multiplicado impulsados por la doctrina de la seguridad nacional de Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría, comenzaban a enfrentar una oposición incipiente.

El triunfo de James Carter como presidente de Estados Unidos en 1977, y en especial la actuación de su subsecretaria de Derechos Humanos Patricia Derian, limitó la protección internacional de las dictaduras.

La realización en Argentina de la Copa Mundial de Fútbol de 1978, permitió que se difundieran internacionalmente las primeras imágenes de las Madres de Plaza de Mayo pidiendo ayuda por la desaparición de sus hijos y abriendo la puerta de la solidaridad internacional. Ese mismo año la larga dictadura franquista en España daba paso a un régimen democrático liderado por el Partido Socialista Obrero Español.

El 27 de abril de 1979 se realizó la primera huelga general organizada por la Comisión de los 25, integrada por una nueva camada de líderes sindicales, entre ellos Saúl Ubaldini, que conduciría el movimiento sindical argentino en la siguiente década.

El 20 de julio de 1979 la guerrilla sandinista derrocó la dictadura de Anastasio Somoza en un acto ampliamente apoyado por la comunidad internacional.

Entre el 6 y el 20 de septiembre de 1979, visitó la Argentina una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, encabezada por la estadounidense Patricia Derian, tomando testimonios de gran cantidad de desapariciones y torturas. El informe fue aprobado en 1980 describiendo con claridad la metodología y las acciones del terrorismo de Estado aplicado por la dictadura.

Planificación La conducción montonera planteó la contraofensiva con la idea de que los activistas que estaban en el exilio volvieran al país a realizar acciones armadas. Muchos de esos militantes eran ex detenidos desaparecidos que habían logrado salir del país luego de estar prisioneros en distintos centros clandestinos de detención (CCD). La conducción montonera desconfiaba de quienes habían retornado a la Organización luego de haber permanecido chupados en algún CCD. Sobre ese tema, Rodolfo Galimberti mantenía una posición exacerbada: los combatía como a un enemigo, los trataba de traidores que habían negociado entregar a compañeros para salvar sus vidas y decía que estaban controlados por el Servicio de Inteligencia Naval a través del Centro Piloto en París.

Durante 1978, emisarios de la dirigencia montonera se pusieron en contacto con las colonias de expatriados en México y Europa procurando reagrupar fuerzas. Su discurso era que la dictadura militar estaba en crisis y que la Organización debía colocarse a la cabeza del descontento social con ataques al poder económico. A los militantes que aceptaban participar en la contraofensiva planeada se les impartían cursos de Política, Economía y Estrategia militar, y muchos de ellos recibían también instrucción militar en una base de la Organización ubicada en el sur del Líbano y en una casa en las afueras de Cuernavaca.

La toma de decisiones y la división Luego de deliberar un fin de semana en un convento ubicado en Génova y en un clima de falso triunfalismo, todos los montoneros presentes, incluidos Roberto Perdía, Galimberti y Miguel Bonasso, aprobaron por unanimidad iniciar la Campaña de Contraofensiva Estratégica Comandante Carlos Hobert, porque consideraron que ya estaban dadas las condiciones «para terminar de derrotar a la dictadura». La conducción dispuso que la participación en la ofensiva para aquellos con grado de suboficial y menor (milicianos) fuera voluntaria, en tanto que para los de grado de oficial era obligatoria. En todos los casos era la conducción la que decidía quiénes debían integrar cada pelotón.

Lo cierto es que Galimberti venía trabajando desde tiempo atrás, en forma reservada, en contra de la operación y ahora, ayudado por Juan Gelman, aceleró esas gestiones. Algunos militantes ya prontos a retornar, como Abel Madariaga (alias Manuel), fueron convencidos de desistir. Según Gregorio Levenson —uno de los tesoreros de la Organización—, Galimberti participó del robo de US$ 40 000 que tenía guardados en su propia casa a la espera de depositarlos en el banco. Para ese hecho contó con la ayuda de dos dirigentes montoneros aliados: Pablo Fernández Long y su esposa, Victoria Elena Vaccaro, que estaban hospedados allí mismo.

Galimberti y Gelman anunciaron su renuncia a Montoneros el 22 de febrero de 1979, argumentando el resurgimiento del militarismo de cuño foquista, la burocratización de la conducción y la ausencia de democracia interna, junto al progresivo sectarismo que los aísla de las masas. Su renuncia fue secundada por Miguel Lizaso, Fernández Long, Roberto Mauriño, Patricia Bullrich y su hermana Julieta (esposa de Galimberti) y Raúl Magario, entre otros. Como consecuencia de ello fueron condenados a muerte por la dirección montonera. También por esa época aparecieron unas declaraciones de Galimberti a la revista argentina Siete Días, con un planteo, considerado por Gelman y otros, cercano al macarthismo de la derecha peronista, lo que ocasionó la repulsa de este grupo de ex-montoneros y la ruptura con Galimberti.

La primera operación Las acciones de agitación La primera contraofensiva fue en enero de 1979, pero la cúpula montonera permaneció en Europa. Se formaron dos estructuras sin relaciones entre sí: las TEA, Tropas Especiales de Agitación y las TEI Tropas Especiales de Infantería. Las primeras realizarían tareas de agitación y propaganda, además de contar con aparatos para interferir las comunicaciones; las segundas, las TEI, atacarían el transporte, las comunicaciones y a miembros del equipo económico de la Dictadura.

Alrededor de un centenar de guerrilleros montoneros se concentraron en España y en México y regresaron de manera clandestina a la Argentina. Los tres pelotones de TEA hacían transmisiones clandestinas con discursos dirigidos en forma puntual a alguno de los conflictos gremiales en curso, pero si bien despertaban simpatía entre los obreros, su penetración política fue escasa o nula. A pesar de los esfuerzos de la guerrilla, varios miembros del grupo fueron desertando tanto al interior como exterior del país.

En julio, un boletín interno de la Conducción evaluaba favorablemente el trabajo de las TEA pese a que subyacía un conflicto porque muchos de los cuadros reclamaban una mayor descentralización para evitar o atenuar las detenciones en cadena. Se llegó al punto de que Regino Adolfo González (alias Gerardo) dio libertad a los integrantes del grupo I, a su mando, para salir del país si lo quisieran, motivo por el cual se le acusó de “traición criminal”. En septiembre de 1979 comenzaron las caídas de integrantes de las TEA. Regino Adolfo González y su esposa fueron detenidos y sólo la mujer reapareció. La integrante del grupo I de las TEA, Susana Solimano, exesposa del dirigente montonero Horacio Mendizábal, fue secuestrada el 27 de septiembre de 1979 y su cuerpo sin vida apareció flotando en un riachuelo en Escobar, provincia de Buenos Aires. El 17 de septiembre, Mendizábal y su asistente el exdiputado Armando Croatto fueron muertos en Munro y el 30 apareció muerto otro asistente, Jesús María Luján.

En octubre cayeron el jefe del segundo pelotón de la zona Oeste Daniel Tolchinsky y la superviviente de la Masacre de Trelew: María Antonia Berger. También fue detenida y continúa desaparecida, Adriana Lesgart, quien había organizado junto a familiares de desaparecidos las denuncias ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA que visitó la Argentina en septiembre de 1979.

Las acciones militares Los guerrilleros de las TEI ingresaron al país sin armas y por diversas vías, y comenzaron los ataques. A las 07:30 de la mañana del 27 de septiembre de 1979, un pelotón de Montoneros atacó la casa de Guillermo Walter Klein, que era Secretario de Estado de Programación y Coordinación Económica. Mientras él se encontraba en la planta alta con su esposa y sus cuatro hijos, de entre 12 años y meses de edad, un comando colocó explosivos en la planta baja. Klein y su familia lograron salvarse, pese a que su vivienda fue totalmente destruida y solo murieron dos custodios. El hecho de que el intento de matar al funcionario incluyera la posibilidad de matar a sus hijos (toda la familia fue rescatada, con heridas leves, después de estar varias horas bajo los escombros) motivó un debate interno en la organización.

El 7 de noviembre, un pelotón de la TEI (Tropas Especiales de Infantería) de esa organización intentó asesinar a otro funcionario del área económica, Juan Alemann, que era un fuerte opositor político del almirante Massera. Primero interceptaron el automóvil en que viajaba y le hicieron varios disparos, luego con un lanzacohetes dispararon al auto un proyectil antitanque Energa, causándole heridas al chofer y al custodio. No se acercaron a verificar el resultado y se fueron con la sensación de que su misión había concluido. Sin embargo, el atentado fracasó; Alemann resultó ileso y a las pocas horas estaba trabajando en su despacho.

El 13 de noviembre, el grupo 3 de las TEI atacó cerca del obelisco de Buenos Aires al empresario Francisco Pío Soldati padre del entonces director del Banco Central. Primero, interceptaron el automóvil en el que viajaba con su chofer y custodio Ricardo Manuel Durán. Luego, tres guerrilleros ametrallaron el vehículo con fusiles AK-47. Cuando una militante montonera bajó de una camioneta para colocar una bomba en el automóvil, trastabilló y le estalló en sus manos; a raíz de la explosión murieron los guerrilleros Enrique Horacio Fireli, Remigio Elpidio González y Graciela Rivero y quedaron heridos y aturdidos en el lugar sus compañeros Luis Alberto Lera y Patricia Susana Ronco, quienes fueron detenidos y permanecen desaparecidos. Los tres motoneros que ametrallaron y asesinaron a Soldati pudieron escapar. Días después, Montoneros perpetró otro ataque con explosivos, dejando solo daños materiales.

La primera contraofensiva finalizó con la muerte o desaparición de unos 80 militantes y sin logros políticos. Las acciones de agitación no encontraron apoyo en sus destinatarios. Los atentados sólo se cumplieron parcialmente y con un alto costo para la guerrilla.

Operación Guardamuebles