thumb|Liang Qichao en 1901

Liang Qichao (; 23 de febrero de 1873 – 19 de enero de 1929) fue un erudito, periodista, filósofo y político reformista chino que vivió durante los años finales de la dinastía Qing y los primeros años de la República. Fue el «primer y emblemático intelectual moderno de China» y en sus escritos combinó «su saber clásico chino con una gran sensibilidad para las ideas y las tendencias occidentales». Influyó en varias generaciones de pensadores y políticos chinos, como Mao Zedong.

Biografía

Bajo la dinastía Qing (1873-1898)

Nació en 1873 en el seno de una familia de la alta burguesía culta de una pequeña localidad cercana a Cantón, capital de la provincia de Guangdong, en el sudeste de China. Fue uno de los discípulos más brillantes de Kang Youwei que dirigía una escuela situada en un templo confuciano de Cantón dedicada a la preparación de los alumnos para los exámenes de ingreso en el cuerpo de funcionarios imperiales y en la que Kang además explicaba su reinterpretación del confucianismo como instrumento para el cambio social y educativo que China necesitaba, tal como había explicado en las numerosas cartas y memorandos que había enviado a la corte Qing de Pekín y que no habían obtenido respuesta.

Durante el viaje que Liang y su mentor Kang Youwei hicieron en 1895 a Pekín para presentarse a los exámenes imperiales, su barco, aunque estaba en aguas territoriales chinas, fue abordado y registrado por un navío de Japón —que acababa de infligir una contundente derrota a China—, lo que enfureció a Liang y a Kang, preocupados ambos por la insuficiente respuesta de China a la agresión que estaba padeciendo desde las Guerras del Opio por parte de las potencias occidentales —y ahora también de Japón—. El problema residía, como escribió Liang en 1902, en que China había «contemplado su país como si fuera el mundo», y había considerado a los demás como unos bárbaros.

Su ira creció cuando estando ya en Pekín se conocieron los términos del humillante Tratado de Shimonoseki por el que China, entre otras concesiones, se veía obligada a ceder la isla de Taiwán a Japón y a renunciar a Corea. Entonces Kang reunió a todos los jóvenes que iban a realizar los exámenes imperiales y en un gesto inaudito presentó una petición colectiva al joven emperador Guangxu, totalmente dominado por su tía la emperatriz viuda Cixi, para que rechazara el tratado e iniciara una serie de reformas al estilo del tanzimat del Imperio Otomano. Kang organizó a continuación una campaña de propaganda y creó sociedades de estudio con nombres como «Sociedad para el Estudio de la Fortaleza Nacional». Liang, por su parte, fundó un periódico pero las autoridades imperiales lo cerraron por lo que se marchó a Shanghái y en 1896 fundó otro llamado Xiwu Bao ('El Progreso Chino') que solo duró dos años pero los artículos que publicó en él sobre la necesidad de las reformas políticas y educativas, lo convirtieron en «el periodista más influyente de China». En varios de ellos pidió la abolición del sistema de exámenes imperiales y su sustitución por un sistema escolar nacional porque

thumb|left|170px|Kang Youwei antes de 1906. En 1897 abandonó el periódico por discrepancias con su gerente y se puso a dar clases en un colegio reformista de Hunan. Durante ese tiempo también recibió la influencia del reformista Yan Fu.

Cuando a principios de 1898 el joven emperador Guangxu recobró los plenos poderes y llamó a Kang Youwei para que pusiera en marcha la que sería conocida como la «Reforma de los Cien Días», éste nombró a Liang director de la oficina de traducción a pesar de que no había aprobado los exámenes imperiales y su periódico Xiwu Bao ('El Progreso Chino') se convirtió en el órgano oficial del Estado chino. Así Liang, junto con Tan Sitong, acompañó a Kang a las reuniones que mantuvo con el emperador en las que no se guardaba en absoluto el rígido protocolo de la corte Qing. thumb|150px|Tan Sitong

El ritmo tan rápido de las reformas iniciadas el 10 de junio de 1898 y su contenido, especialmente la abolición del sistema de exámenes imperiales, provocó la hostilidad de los sectores conservadores que seguían siendo fieles a la emperatriz viuda Cixi. Esta reaccionó con contundencia y el 21 de septiembre de 1898, 103 días después del primer decreto imperial, anunció que volvía a asumir los plenos poderes porque el emperador estaba aquejado de una grave enfermedad —en realidad estaba prisionero en una pequeña isla dentro de los jardines imperiales—. A continuación anuló la mayoría de los decretos promulgados desde el 10 de junio y emitió órdenes de arresto en contra de Liang, Kang y Tan Sitong. Kang logró escapar a Shanghái y desde allí huyó a la colonia británica de Hong Kong, mientras que Liang y Tan Sitong se refugiaron en la embajada de Japón. Pero Tan no quiso acompañar a Liang al exilio a Japón y abandonó la embajada siendo detenido inmediatamente. Sería condenado y decapitado pocos días después junto con otras cinco personas, que serían conocidas como los Seis caballeros de la Reforma de los Cien Días.

La emperatriz Cixi ordenó también que las tumbas de la familia de Kang Youwei fueran profanadas y ofreció una cuantiosa recompensa por la captura de Liang, al que la Gaceta de Pekín describió como un «pequeño animal con piernas cortas, que va montado a lomos de un lobo» (en referencia a Kan Youwei), aunque consiguió escapar a Tianjin con la ayuda de los japoneses y desde allí zarpó para Japón. Tenía veinticinco años.

Exilio en Japón (1898-1911) Nada más llegar a Japón fundó con la ayuda financiera de los comerciantes chinos un periódico titulado Qingyi Bao ('Revista de Crítica Pura') en el que escribió artículos, entre otros temas, sobre la actualidad internacional, ocupándose especialmente de la lucha que mantenían los filipinos contra el dominio estadounidense, considerándolos por ello los «pioneros de la independencia de Asia» y que si triunfaban, «elevarían a dos el número de nuevos estados en el Pacífico oriental» (de los que uno sería Japón y otro Filipinas) que posteriormente podrían formar «una fuerza unitaria asiática capaz de oponerse al empuje de la deriva de Europa hacia oriente». thumb|Caligrafía de Liang Qichao Estas ideas antiimperialistas las desarrolló en los años siguientes —como la obra que escribió en 1901 que llevaba el sarcástico título de «Sobre las nuevas reglas para destruir países»—, señalando la importancia de los factores económicos en el imperialismo moderno. «A quienes alegan que abrir los derechos de extracción, de construcción ferroviaria y de concesiones a los extranjeros no perjudica a la soberanía del país en su conjunto, les aconsejo que lean la historia de la guerra de los bóers», escribió.

En 1899 puso en marcha una escuela, también con la ayuda de comerciantes chinos, a la que acudieron estudiantes llegados de toda China, algunos de ellos antiguos alumnos suyos. Sus escritos fueron introducidos clandestinamente en el país desde Japón, convirtiéndose de esta forma en el intelectual más famoso de China. Fue entonces cuando profundizó en el conocimiento de los autores occidentales —hasta ese momento había dependido de las traducciones de Yan Fu— y también en la teoría del darwinismo social —«Que los fuertes siempre gobiernan a los débiles es en verdad la primera gran ley universal de la naturaleza. Por consiguiente, si queremos conseguir la libertad, no existe ningún otro camino: tan sólo podemos aspirar a ser fuertes ante todo», escribió— que la aplicó a la decadencia de China, cuyas raíces había que buscarlas, según Liang, en la «autocomplacencia» y la «inercia» que le habían llevado a mantener «ciegamente» las mismas costumbres, principios y valores «desde hace más de tres mil años hasta hoy». Pero el cambio que propugnaba, al igual que su maestro Kang Youwei —que se reunió con él en noviembre de 1898—, seguía siendo el de la reforma de la monarquía y no el derrocamiento de dinastía Qing y la proclamación de la república, como defendían los revolucionarios encabezados por Sun Yat-sen, que también se encontraba exilado en Japón. De hecho la emperatriz viuda Cixi protestó ante el gobierno japonés por dar acogida a los que consideraba los tres mayores criminales de China —Kang, Liang y Sun Yat-sen—.

Su simpatía por el darwinismo social lo llevó a señalar la "estupidez y debilidad" de los manchúes —la etnia gobernante durante la dinastía Qing— como responsable de la decadencia de China. Para él, era necesario que los manchúes y los han se mezclaran en búsqueda del perfeccionamiento de la sociedad china y, de esta manera, evitar que la "raza amarilla" sucumbiera ante la "raza blanca".

En el verano de 1899 Kang abandonó Japón para dirigirse a Canadá donde fundó la «Sociedad para la protección del Emperador». Poco después le envió un mensaje a Liang para que viajara a Hawái y a Estados Unidos y Canadá para recaudar fondos entre las comunidades de emigrados chinos. Precisamente estando en Hawái en la primavera de 1900 fue cuando estalló la rebelión de los bóxers cuyo fracaso hizo que Liang abandonara una de sus convicciones anteriores: que la monarquía constitucional era la mejor alternativa para China. En una carta que le escribió a Kang denunció la «mentalidad de esclavo» del pueblo chino y afirmó que el confucionismo ya no podía ser la única guía en un mundo donde «la guerra es la madre de todo progreso». Este nuevo planteamiento, que le alejaba de su antiguo maestro quien seguía apostando por una monarquía renovada y por la reinterpretación del confucianismo, lo desarrolló en la serie de ensayos titulada «Discursos sobre el Nuevo Pueblo» en los que propugnó abiertamente el derrocamiento de la dinastía Qing. «He meditado una y otra vez acerca del sistema popularmente aceptado en China hoy en día; casi no existe ni un solo aspecto de ese sistema que no había que destruir y quitar de en medio de raíz», escribió. Y como apoyo recurrió de nuevo al darwinismo social: «cuando una raza no es capaz de estar a la altura de las exigencias de los tiempos, no puede perdurar».