María Luisa de Orleans (París, 27 de marzo de 1662-Madrid, 12 de febrero de 1689) fue reina consorte de España de 1679 a 1689 como esposa del rey Carlos II de España.
Primeros años thumb|left|200px|María Luisa, retrato atribuido a Louis Ferdinand Elle el Viejo. thumb|250px|María Luisa de Orleans (1679), por Francisco Rizi, Ayuntamiento de Toledo. María Luisa de Borbón-Orleans y Estuardo nació en el Palacio Real de París, Francia, como hija primogénita de Felipe I y de la princesa Enriqueta Ana de Inglaterra. Por vía materna, era nieta de Carlos I de Inglaterra (1600-1649) y Enriqueta María de Francia (1609-1669). Mientras que, por vía paterna, era nieta de los reyes Luis XIII de Francia (1601-1643) y Ana María Mauricia de Austria (1601-1666).
La infancia de María Luisa se desarrolló en el palacio de Saint Cloud en la compañía de su hermana Ana María y de sus ayas — la condesa de Saint Chaumont hasta 1669, y la mariscala de Clérembault— . Durante sus primeros años, también destacó la figura de Nicole Quentin, más conocida como la Cantina, que fue nombrada nodriza de María Luisa, forjándose un vínculo muy especial entre ambas. A los 8 años, María Luisa perdió a su madre, quien falleció de manera repentina. A los pocos meses, su padre contrajo matrimonio con la princesa alemana Isabel Carlota del Palatinado, lo que le generó una personalidad solitaria y poco dada a socializar.
En 1666, al morir su abuela paterna, la reina madre Ana de Austria, María Luisa fue nombrada heredera de la mayor parte de su fortuna. Además, María Luisa pasó gran parte de su niñez en compañía de su otra abuela, Enriqueta María de Francia, reina de Inglaterra, en su residencia de Colombes.
Para darnos una idea de cómo era la joven María Luisa, conviene citar las palabras del prestigioso historiador Gabriel Maura Gamazo:
En la cuaresma de 1679, María Luisa fue presentada oficialmente ante la corte francesa, coincidiendo con la llegada a París de Pablo Spínola Doria, marqués de los Balbases y embajador del rey español, para la concertación del matrimonio con Carlos II. A través de esta unión se buscaba refrendar la Paz de Nimega, firmada entre Francia y España en 1678.
Matrimonio y vida en la corte española Una de las características más destacadas de la política exterior española durante esta época fue la fuerte tensión con Francia, por lo que, el matrimonio de María Luisa y Carlos II reflejaba una transformación internacional de este equilibrio. Sin embargo, su llegada, así como la incorporación de los miembros de su casa real a la corte de Madrid, se produjo en un momento de importantes cambios en la corte de Carlos II.
El hecho de pertenecer a la familia real francesa y tener una edad cercana a la de Carlos II de España, quien era solo cuatro meses mayor que ella, convirtió a María Luisa en la candidata idónea para convertirse en reina consorte, actuando como vínculo entre las dos monarquías y madre de herederos. El matrimonio de Carlos II y María Luisa de Orleans, junto con la Paz de Nimega, ponía fin a un largo período de rivalidad entre España y Francia. Aunque esta elección tuvo una motivación preeminentemente política en el contexto de las negociaciones para la firma de la Paz de Nimega, la edad de María Luisa (muy similar a la de Carlos II) fue un factor destacado, siendo la herramienta utilizada políticamente por Carlos II y su gobierno para justificar la anulación del matrimonio ya acordado entre Carlos y su sobrina, la archiduquesa María Antonia. De este modo, se justificaba la elección de María Luisa con la necesidad de que el rey tomase una esposa de una edad comparable a la suya para que pudiera dar herederos a la Monarquía de España.
El 31 de agosto de 1679 tuvo lugar la boda por poderes en la capilla del Palacio de Fontainebleau con un gran despliegue de lujo y boato, ocupando príncipe de Conti el lugar de Carlos II. Ahora bien, antes de que María Luisa emprendiera su viaje a la corte española, el marqués de los Balbases ofreció una fiesta en su honor en París, donde asistió la reina acompañada de sus altezas reales, la duquesa de Mompensier, la señora condesa de Soisson, la princesa de Baden, las duquesas de Foix, de Sully, de la Ferte, de Brachano, entre otras damas. Finalmente, el 20 de septiembre, María Luisa abandonó París y emprendió su viaje a la corte de Carlos II acompañada por el príncipe de Harcourt, quien era el encargado de efectuar la entrega en la Isla de los Faisanes, y por un pequeño séquito de servidores franceses, entre los que se encontraba Nicole Quentin en calidad de azafata o dueña de retrete.
En lo que respecta a las jornadas de María Luisa de Orleans, estas han sido estudiadas por diferentes investigaciones. Destacan las biografías de la reina realizadas por Elisabetta Lurgo, Gabriel Maura Gamazo y Sophie Gay, en las cuales aparecen distintos aspectos vinculados con el viaje, pero sin llegar a profundizar en él. También destaca el trabajo de María Teresa Zapata,Zapata, María Teresa. (2000). La entrada en la Corte de María Luisa de Orleans: arte y fiesta en el Madrid de Carlos II. Aranjuez-Madrid: Doce Calles. quien se centraba en reconstruir la entrada de la reina en la corte madrileña en enero de 1680, pero abordando de manera secundaria algunas cuestiones vinculadas al viaje de París a Madrid, para centrarse finalmente en el desfile real desde el Palacio del Buen Retiro hasta el Alcázar. Además, sobresalen los trabajos de Miguel M. Benito LázaroBenito Lázaro, Miguel M. (2005). “El viaje de una reina: 1679, de París a Madrid. La jornada de María Luisa de Orleans. El matrimonio francés de Carlos II”. En María V. López-Cordón Cortezo y Gloria Franco Rubio, (coords.), La reina Isabel y las reinas de España. Realidad, modelos e imagen historiográfica, Actas de la VIII Reunión Científica de la FEHM, vol. I, Madrid, FEHM-Ministerio de Ed. y Ciencia- SEEC, pp. 585-596, y María Luisa Tobar AnguloTobar, María Luisa. (2004). "Bodas de Carlos II y María Luisa de Orleans: las tres jornadas burgalesas de la fiesta". En Francisco Domínguez Matito y María Luisa Lobato López, (eds.), Memoria de la palabra: actas del VI Congreso de la Asociación Internacional Siglo de Oro, Vol. II. Madrid: Iberoamericana, pp. 1479-1762. sobre el viaje de la reina consecuencia de la celebración de dos reuniones científicas, una celebrada en Madrid y otra en La Rioja, en el año 2004. Finalmente, estas jornadas también han sido estudiadas por Ezequiel BorgognoniBorgognoni, Ezequiel. (2023). "El viaje de María Luisa de Orleans a través de la relación de José Alfonso Guerra y Villegas". En J. M. Imízcoz Beunza, J. E. Ochoa de Eribe, A. Artola Renedo (coords.), Los entramados políticos y sociales en la España Moderna: Del orden corporativo-jurisdiccional al Estado liberal (pp. 379-391). Fundación Española de Historia Moderna a partir de la relación hecha por don José Alfonso Guerra y Villegas, miembro del séquito que fue a recoger a María Luisa, ayuda de la furriera y aposentador de su Real Casa.
En cuanto a la preparación en España para llegada de María Luisa a la corte, cuando se estableció la casa de María Luisa, don Juan José de Austria tenía prácticamente total libertad para realizar los nombramientos. Para la formación de la Casa de la Reina, este optó por premiar a aquellos que le habían sido leales en sus intentos de desempeñar un papel protagonista en la corte de Carlos II y excluyó a muchos que estaban asociados con la reina madre. Para el puesto de la camarera mayor, la elegida fue Juana de Aragón y Cortes, duquesa de Terranova, cuya familia, el clan de los Aragón, había apoyado las aspiraciones políticas de Juan José de Austria. La duquesa llegó a sufragar económicamente el golpe militar que don Juan orquestó desde Zaragoza para hacerse definitivamente con el poder en 1677. Con este nombramiento Juan José de Austria le devolvía los favores prestados con un puesto de enorme prestigio personal y familiar. Tras su elección, la duquesa de Terranova se trasladó el 7 de agosto al Real Alcázar para dirigir y organizar a las damas que habían sido elegidas para servir a María Luisa de Orleans. A lo largo de agosto y septiembre, el nuevo mayordomo mayor, Antonio Pedro Gómez Dávila Álvarez Osorio, marqués de Astorga, y la duquesa de Terranova, en su condición de camarera mayor, hicieron los preparativos para la salida de la Casa hacia Irún, donde se reunirían con María Luisa. El 26 de septiembre de 1679, ocho días después de la muerte de Juan José de Austria, la duquesa de Terranova partió de Madrid con la comitiva real para recibir a la nueva reina.
El 3 de noviembre tuvo lugar la ceremonia de entrega oficial en la Isla de los Faisanes sobre el río Bidasoa. El 18 de noviembre de 1679, los novios finalmente se encontraron en la localidad de Quintanapalla (Burgos) y allí ratificaron el enlace matrimonial ante don Antonio de Benavides y Bazán, Patriarca de Indias, el día 19 de noviembre. El 20 de noviembre los reyes entraron a Burgos y el 2 de diciembre llegaron finalmente a Madrid; cuarenta y dos días después, la reina hizo su presentación pública. Desde ese momento, todos los ojos estuvieron puestos en María Luisa, quien comenzó a recibir la presión para cumplir con su misión como reina, dar un heredero.
Al principio, María Luisa tuvo dificultades para adaptarse, pues se encontró con una corte en plena transformación política. La muerte de don Juan José de Austria en septiembre de 1679, el retorno del exilio de la reina madre Mariana de Austria y el inicio del ministerio del duque de Medinacelli produjeron una reconfiguración del mapa político que afectó al entorno doméstico de la reina. El primer ministro y Mariana de Austria procuraron eliminar a los seguidores del fallecido medio hermano del rey y colocar en los puestos claves de la Casa de la reina a personajes cercanos al nuevo gobierno que, hasta entonces, habían sido apartados. Los espacios donde las disputas por el poder se expresaron con mayor claridad fueron la cámara y la caballeriza.
Se ha dicho que uno de los enemigos más notables de la reina en la corte era la reina madre, Mariana de Austria, pero esto es falso. Basten las palabras del renombrado historiador José Calvo Poyato al respecto:Calvo Poyato, José (1998). La vida y época de Carlos II el Hechizado. Barcelona: Editorial Planeta.
Desde el primer momento, hubo una presencia francesa activa en la corte de Madrid. La convivencia entre los miembros españoles de la casa y el grupo de franceses que acompañaban a María Luisa fue muy complicada. La duquesa de Terranova, ya mayor y demasiado rígida, no aprobaba algunas conductas que se estaban dando en el entorno de la nueva reina. Sus contemporáneos coincidieron en que, ya desde el principio, la relación entre ambas no fue buena. La duquesa reprendía constantemente a María Luisa por no seguir los usos y costumbres españoles, controlaba las salidas de la reina e insistía en acompañarla, la sometía a un horario rígido de comidas (que debían realizarse en silencio y casi en soledad), etc. Todo ello, hizo que María Luisa tuviera serios problemas a la hora de adaptarse a la etiqueta española. Aunque Carlos II hacía lo imposible por complacerla, la nueva reina no olvidaba la vida en su antigua corte. Por ello, durante sus primeros meses en Madrid, María Luisa no se separó de su pequeña camarilla francesa, disfrutando especialmente en compañía de la mujer del embajador francés, Madame Villars, de su antigua nodriza, la Cantina, y de otras camaristas francesas como Marguerite Duperroy.