Los puntos de vista feministas sobre la sexualidad varían ampliamente, encontrándose perspectivas opuestas. Muchas feministas, en particular las feministas radicales, critican intensamente lo que ven como el uso de las mujeres como objetos sexuales y su explotación sexual en los medios de comunicación y la sociedad. Las feministas radicales a menudo se oponen a la industria del sexo, incluyendo la oposición a la prostitución y la pornografía. Otras feministas se definen como feministas «pro-sexo» y creen que una amplia variedad de expresiones de la sexualidad femenina puede empoderar a las mujeres cuando las eligen libremente y de forma independiente. Algunas feministas apoyan esfuerzos de reforma de la industria del sexo para que se vuelva menos sexista, como ocurre en el movimiento de la pornografía feminista.
Las «guerras feministas» del sexo Las guerras feministas del sexo y guerras lésbicas del sexo, o simplemente guerras del sexo o guerras de la pornografía, fueron reñidos debates entre feministas a finales de la década de 1970 y comienzos de la de 1980, particularmente en los Estados Unidos. Los bandos se caracterizaron por grupos antipornografía y grupos «pro-sexo» con desacuerdos sobre la sexualidad, la representación sexual, la pornografía, el sadomasoquismo, el papel de las mujeres trans en la comunidad lésbica y otras cuestiones sexuales. El debate enfrentó al feminismo antipornografía con el feminismo pro-sexo, y como resultado, el movimiento feminista se dividió profundamente. Las guerras feministas del sexo se consideran a veces parte de la división que condujo al final de la era feminista de segunda ola y al comienzo de la tercera ola.
Los dos bandos incluían feministas antipornografía y feministas pro-sexo. Uno de los enfrentamientos más significativos entre las feministas pro-sexo y antipornografía ocurrió en la Conferencia Barnard sobre Sexualidad de 1982, un congreso de discusión académica celebrado en el Barnard College en los Estados Unidos. Las feministas antipornografía fueron excluidas del comité de planificación de los eventos, por lo que organizaron manifestaciones fuera de la conferencia para mostrar su desdén.
Críticas feministas a la explotación sexual y a la industria del sexo Muchas feministas denuncian industrias como la del sexo como ejemplos de explotación misógina. Entre las feministas más destacadas que se oponen a la industria del sexo se encuentran Andrea Dworkin y Catharine MacKinnon. Ambas abogaban por leyes civiles que restringieran la pornografía. Consideraban la dominación sexual masculina como la raíz de toda opresión femenina, por lo que condenaban la pornografía, la prostitución y otras manifestaciones del poder sexual masculino. El movimiento antipornografía cobró fuerza con la creación del colectivo Women Against Violence in Pornography and Media (Mujeres Contra la Violencia en la Pornografía y los Medios). Durante la época de las guerras del sexo, el movimiento organizó marchas contra los creadores y distribuidores de pornografía en San Francisco y dio lugar a otras organizaciones como Women Against Pornography (Mujeres Contra la Pornografía), Feminists Fighting Pornography (Feministas Luchando contra la Pornografía) y otras organizaciones e iniciativas similares en todo Estados Unidos.
Feminismo pro-sexo La respuesta de las «feministas pro-sexo» fue promover el sexo como una vía de placer para las mujeres. Gayle Rubin y Patrick Califia fueron influyentes en esta parte del movimiento. Otras feministas que se identifican como «pro-sexo» incluyen a Ellen Willis, Kathy Acker, Susie Bright, Carol Queen, Annie Sprinkle, Avedon Carol, Tristan Taormino, Rachel Kramer Bussel, Nina Hartley y Betty Dodson. El movimiento feminista pro-sexo ha cobrado mayor popularidad en la actualidad.
Feminismo y pornografía Las perspectivas feministas sobre la pornografía abarcan desde la condena de la pornografía como forma de violencia contra las mujeres hasta la aceptación de ciertas formas de pornografía como medio de expresión feminista. El debate feminista sobre este tema refleja preocupaciones más amplias en torno a las perspectivas feministas sobre la sexualidad y está estrechamente relacionado con los debates feministas sobre la prostitución, el BDSM y otros temas. La pornografía ha sido uno de los temas más divisivos dentro del feminismo, especialmente entre las feministas de los países anglófonos.
Feminismo antipornografía Las feministas radicales que se oponen a la pornografía, como Andrea Dworkin, Catharine MacKinnon, Robin Morgan, Diana Russell, Alice Schwarzer, Gail Dines y Robert Jensen, argumentan que la pornografía es perjudicial para las mujeres y constituye una fuerte causalidad o facilitación de la violencia contra las mujeres. Según Dworkin y MacKinnon, por ejemplo, la pornografía no se limita a la sexualidad, sino que también implica poder y la subordinación de un género por otro. Las feministas antipornografía, en particular MacKinnon, denuncian que la producción de pornografía conlleva coerción física, psicológica y/o económica sobre las mujeres que actúan y modelan en ella. Se piensa que esto es cierto incluso cuando se presenta a las mujeres disfrutando.Mackinnon, Catharine A. (1984) "Not a moral issue." Yale Law and Policy Review 2:321–345. Reprinted in: Mackinnon (1989). Toward a Feminist Theory of the State Harvard University Press. (1st ed), (2nd ed). "Sex forced on real women so that it can be sold at a profit to be forced on other real women; women's bodies trussed and maimed and raped and made into things to be hurt and obtained and accessed, and this presented as the nature of women; the coercion that is visible and the coercion that has become invisible—this and more grounds the feminist concern with pornography" El «consentimiento» que se da en la pornografía, arguyen, no es verdaderamente libre, ya que se da en una sociedad donde las mujeres han sido condicionadas a ser sumisas y a encontrar placer en su propia degradación.
Las feministas antipornografía sostienen que la pornografía contribuye al sexismo, argumentando que en las representaciones pornográficas las actrices son reducidas a meros receptáculos —objetos— para el uso y abuso sexual por parte de los hombres. Argumentan que la narrativa suele girar en torno al placer masculino como único objetivo de la actividad sexual, y que las mujeres se muestran en un papel subordinado. Algunos opositores creen que las películas pornográficas tienden a mostrar a las mujeres como extremadamente pasivas, o que los actos que se realizan con ellas suelen ser abusivos y solo para el placer de su pareja sexual masculina. La eyaculación en la cara y la violación anal son cada vez más populares entre los hombres, siguiendo las tendencias del porno.Bindel, Julie, The Truth About the Porn Industry: Gail Dines, the Author of an Explosive New Book About the Sex Industry, on Why Pornography Has Never Been a Greater Threat to Our Relationships, in The (U.K.) Guardian, Jul. 2, 2010, section Life & Style, subsection Women, consultado el 17 de julio 2010 (Wikipedia tiene una entrada sobre la autora, Julie Bindel). MacKinnon y Dworkin definieron la pornografía como «la subordinación sexual explícita y gráfica de las mujeres a través de imágenes o palabras». p 176.
Feministas anticensura y propornografía Desde esta perspectiva, la pornografía se considera un medio para la expresión sexual de las mujeres. Las feministas prosexo consideran que muchas perspectivas feministas radicales sobre la sexualidad, incluyendo las perspectivas sobre la pornografía, son tan opresivas como las de las religiones e ideologías patriarcales, y argumentan que el discurso feminista antipornografía ignora y trivializa la autonomía sexual de las mujeres. Ellen Willis, quien acuñó el término «feminismo prosexo», afirma: «En nuestra opinión, la afirmación de que "la pornografía es violencia contra las mujeres" era hablar en código para referirse a la idea neovictoriana de que los hombres quieren sexo y las mujeres lo sufren».
Las feministas prosexo adoptan diversas posturas sobre la pornografía existente. Muchas consideran que la pornografía subvierte muchas ideas tradicionales sobre las mujeres a las que se oponen, como la idea de que a las mujeres no les gusta el sexo en general, que solo lo disfrutan en un contexto relacional o que solo disfrutan del sexo vainilla. También argumentan que la pornografía a veces muestra a mujeres en roles sexualmente dominantes y presenta a las mujeres con una mayor variedad de tipos de cuerpo que la típica del entretenimiento y la moda convencionales.
Muchas feministas, independientemente de su opinión sobre la pornografía, se oponen por principio a la censura. Incluso muchas feministas que ven la pornografía como una institución sexista, también ven la censura (incluyendo el enfoque de derecho civil de MacKinnon) como algo maligno. En su declaración de misión, la organización Feminists for Free Expresssion (FFE; Feministas por la Libre Expresión) argumenta que la censura jamás ha reducido la violencia, sino que históricamente se ha utilizado para silenciar a las mujeres y sofocar esfuerzos por el cambio social. Señalan la literatura sobre métodos anticonceptivos de Margaret Sanger, las obras de teatro feministas de Holly Hughes u obras como Nuestros cuerpos, nuestras vidas o El pozo de la soledad como ejemplos de discurso sexual feminista que ha sido objeto de censura. La FFE argumenta además que el intento de solucionar los problemas sociales mediante la censura «desvía la atención de las causas fundamentales de los males sociales y ofrece una "solución rápida", superficial y peligrosa». Argumentan que, en cambio, un mercado de ideas libre y dinámico es la mejor garantía para alcanzar los objetivos feministas en una sociedad democrática.
Además, algunas feministas como Wendy Kaminer, si bien se oponen a la pornografía, también se oponen a los esfuerzos legales para censurarla o prohibirla. A finales de la década de 1970, Kaminer colaboró con Women Against Pornography (Mujeres Contra la Pornografía), donde abogó a favor de iniciativas privadas de concienciación y en contra de los esfuerzos legales para censurarla. Contribuyó con un capítulo a la antología antipornografía, Take Back the Night, en el que defendió las libertades de la Primera Enmienda y explicó los peligros de buscar soluciones legales al problema percibido de la pornografía. Se opuso a los esfuerzos de Catharine MacKinnon y Andrea Dworkin por definir la pornografía como una violación de los derechos civiles, y criticó el movimiento pro-censura en un artículo de 1992 en The Atlantic titulado «Feministas contra la Primera Enmienda».
Pornografía feminista
La pornografía feminista es pornografía producida por y con mujeres feministas. Se trata de un segmento pequeño pero en crecimiento de la industria pornográfica. Según Tristan Taormino, «El porno feminista responde a imágenes dominantes con alternativas y crea su propia iconografía».
Algunas actrices pornográficas como Nina Hartley, Ovidie, (In French). Madison Young o Sasha Grey también se autodenominan feministas prosexo y afirman no verse a sí mismas como víctimas del sexismo. Defienden su decisión de actuar en pornografía como una decisión libre y argumentan que gran parte de lo que hacen frente a las cámaras es una expresión de su sexualidad. También se ha señalado que en la pornografía, las mujeres suelen ganar más que sus homólogos masculinos.Faludi, Susan. (2000). Stiffed: The Betrayal of the American Man. Perennial. . Algunas actrices porno, como Nina Hartley, participan activamente en el movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales.