Gregorio Nacianceno (Nacianzo, Capadocia, Imperio romano; 329-ibíd., 25 de enero de 389), también conocido como Gregorio de Nacianzo o Gregorio el Teólogo, fue patriarca de Constantinopla de 379 a 380. Está ampliamente considerado como el más completo estilista retórico de la patrística. Como orador y filósofo formado en la tradición clásica, introdujo elementos helenísticos en la Iglesia primitiva, estableciendo el paradigma de los teólogos y eclesiásticos bizantinos.
Gregorio influyó significativamente en la forma de la teología trinitaria tanto en los padres griegos como latinos, y es recordado como el «teólogo trinitario». Gran parte de su obra teológica sigue influyendo en los tratados modernos, especialmente en relación con las tres personas de la Trinidad. Junto con Basilio el Grande y Gregorio de Nisa, es conocido como uno de los Padres Capadocios.
Gregorio es venerado como santo en la Iglesia católica, que lo incluye entre los doctores de la Iglesia; en la Iglesia ortodoxa y las Iglesias católicas orientales es venerado como uno de los Tres Santos Jerarcas junto con Basilio el Grande y Juan Crisóstomo. También figura en el Calendario de Santos Luterano.
Biografía Primeros años y educación Gregorio nació en Arianzo, cerca de Nacianzo, en el suroeste de Capadocia. Sus padres, Gregorio y Nonna, eran terratenientes adinerados. En el año 325, Gregorio se convirtió al cristianismo gracias a su esposa Nonna. El joven Gregorio y su hermano, Cesario, estudiaron primero en casa con su tío, san Anfilocio. Gregorio marchó a estudiar filosofía y retórica avanzada en Nacianzo, Cesarea Mazaca, Alejandría y Atenas. Estando en Atenas, trabó una fuerte amistad con su compañero de estudios Basilio de Cesarea y también conoció a Juliano, que posteriormente se convertiría en el emperador conocido como Juliano el Apóstata. En Atenas, Gregorio estudió con los famosos retóricos Himerio y Proaresio. Al acabar su educación, enseñó retórica en Atenas durante un breve período.
Sacerdocio En el año 357 regresa a Nacianzo, bautizándose en el 360, y en 361 fue ordenado presbítero por su padre, quien quería que le ayudase en la atención de la comunidad cristiana local. El joven Gregorio, que había considerado la posibilidad del monacato, se resintió fuertemente por la decisión de su padre de forzarle a elegir entre el sacerdocio o abandonar la familia y llevar una existencia solitaria, lo que consideró un «acto de tiranía». La cita es de Carm. de vita sua, l, 345 (PG 37, 1053). Después de dejar su casa, tras unos pocos días, se encontró con su amigo Basilio en Annesoi, donde los dos vivieron como ascetas. Sin embargo, Basilio le apremió para que volviera a ayudar a su padre, lo que hizo durante el año siguiente. Al llegar a Nacianzo, Gregorio se encontró con que la comunidad cristiana local estaba dividida por diferencias teológicas y a su padre acusado de herejía por los monjes locales. Gregorio ayudó a sanar las divisiones a través de una combinación de diplomacia personal y oratoria, se ordena sacerdote y permanece durante diez años en el lugar.
Para entonces, el emperador Juliano se había declarado públicamente opuesto al cristianismo. En respuesta al rechazo del emperador a la fe cristiana, Gregorio compuso sus Invectivas contra Juliano entre 362 y 363. En ellas, desdeñando la moral y el intelecto del emperador, afirma que la cristiandad superará a los gobernantes imperfectos como Juliano a través del amor y la paciencia. Este proceso tal como está descrito por Gregorio es la manifestación pública del proceso de deificación (theosis), que lleva a una elevación espiritual y unión mística con Dios. Juliano decidió a finales de 362 perseguir vigorosamente a Gregorio y sus otros críticos cristianos; sin embargo, el emperador pereció el año siguiente durante una campaña contra los persas. Con la muerte del emperador, Gregorio y las iglesias orientales ya no estaban bajo la amenaza de persecución, pues el nuevo emperador, Joviano, era un cristiano declarado y defensor de la Iglesia.
Gregorio pasó los siguientes años combatiendo el arrianismo, que amenazaba con dividir la región de Capadocia. En el tenso ambiente que se había creado, Gregorio intercedió por su amigo Basilio ante el obispo Eusebio de Cesarea. Los dos amigos entraron posteriormente en un periodo de íntima cooperación fraternal al tiempo que participaban en un gran enfrentamiento retórico de la iglesia de Cesarea Marítima provocado por la llegada de consumados teólogos y retóricos arrianos. En los posteriores debates públicos, presididos por agentes del emperador Valente, Gregorio y Basilio salieron triunfantes. Este éxito confirmó a Gregorio y Basilio que su futuro estaba en la carrera eclesiástica. Basilio, que desde hacía tiempo había mostrado su inclinación hacia el episcopado, fue elegido obispo de la sede de Cesarea de Capadocia en 370.
Episcopado en Sasima y Nacianzo Gregorio fue consagrado obispo de Sasima en 372 por Basilio. Se trataba de una sede recién creada por Basilio para fortalecer su posición en su disputa con Antimo, obispo de Tiana. Gregorio más tarde se referiría a su ordenación episcopal como impuesta por un padre tenaz y Basilio. Describiendo su nuevo obispado, Gregorio se lamentó de que no era nada más que «un agujero espantoso; una mísera parada de postas de la carretera principal... sin agua, vegetación, o la compañía de caballeros... ¡esto era mi iglesia de Sasima!».Gregorio, citado en PG 37.1059–1060, De Vita Sua, vv. 439–446 Se esforzó poco en administrar su nueva diócesis, quejándose a Basilio de que en lugar de ello prefería seguir una vida contemplativa. Nunca llegó a tomar posesión de la sede, y se retiró de nuevo.
A finales de 372 Gregorio regresó a Nacianzo para ayudar a su padre moribundo con la administración de su diócesis. Esto crispó su relación con Basilio, quien insistía en que Gregorio volviera a su puesto en Sasima. Gregorio replicó que no tenía intención de seguir teniendo el papel de un títere para promover los intereses de Basilio.Gallay, P. Grigoie de Nazianze, (Paris: 1964), p. 61. Citado en Ep. 48, PG 37.97 En lugar de ello, centró su atención en sus nuevos deberes como coadjutor de Nacianzo. Fue aquí donde Gregorio predicó la primera de sus grandes oraciones episcopales.
Tras la muerte de su madre y su padre en 374, Gregorio siguió administrando la diócesis de Nacianzo pero rechazó ser nombrado obispo. Donó la mayor parte de su herencia a los necesitados y vivió una existencia austera. A finales de 375 se retiró al monasterio de Santa Tecla en Seleucia, viviendo allí durante tres años. Casi al final de este periodo su amigo Basilio murió. Aunque la salud de Gregorio no le permitió acudir al funeral, escribió una sentida carta de condolencia al hermano de Basilio, Gregorio de Nisa y compuso doce poemas en memoria de su amigo fallecido.
Gregorio en Constantinopla El emperador Valente falleció en 378. La sucesión de Teodosio I, un firme defensor de la ortodoxia nicena, era una buena noticia para aquellos que deseaban purgar Constantinopla de la dominación arriana y apolinarista. El partido niceno en el exilio regresó poco a poco a la ciudad. Desde su lecho de muerte, Basilio les recordó las capacidades de Gregorio y es muy probable que recomendase a su amigo como defensor de la causa trinitaria en Constantinopla.Véase también Orat. 43.2, PG 36.497.
En 379, el sínodo de Antioquía y su arzobispo, Melecio, pidieron a Gregorio que acudiera a Constantinopla para liderar la campaña teológica para ganar dicha ciudad para la ortodoxia nicena. Después de muchas dudas, Gregorio accedió. Su prima Teodosia le ofreció una villa como residencia; Gregorio inmediatamente transformó gran parte de ella en una iglesia, llamándola Anastasia, «un escenario para la resurrección de la fe».Véase también 2 Reyes 4:8 y Orat. 26.17, PG 35.1249. Desde esta pequeña capilla compuso cinco poderosos discursos sobre la doctrina nicena, explicando la naturaleza de la Trinidad y la unidad de Dios. Rechazando la negación eunomiana de la divinidad del Espíritu Santo, Gregorio ofreció este argumento:
Las homilías de Gregorio fueron bien recibidas y atrajeron a multitudes crecientes a Anastasia. Temiendo su popularidad, sus oponentes decidieron contraatacar. En la vigilia de Pascua de 379, una muchedumbre arriana entró en la iglesia durante los servicios religiosos, hiriendo a Gregorio y matando a otro obispo. Huyendo de la turba, Gregorio se encontró después traicionado por su antiguo amigo, el filósofo Máximo el Cínico. Máximo, quien estaba en alianza secreta con Pedro, obispo de Alejandría, intentó hacerse con el poder de Gregorio y hacerse consagrar obispo de Constantinopla. Horrorizado, Gregorio decidió dimitir de su puesto, pero la facción fiel a él le indujo a permanecer y expulsar a Máximo. Sin embargo, el episodio le dejó avergonzado y le expuso a críticas como un simplón provinciano incapaz de sobrellevar las intrigas de la ciudad imperial.
Los asuntos en Constantinopla permanecieron confusos puesto que la posición de Gregorio aún era oficiosa y los sacerdotes arrianos ocupaban muchas iglesias importantes. La llegada del emperador Teodosio en 380 decidió el asunto en favor de Gregorio. El emperador, decidido a eliminar el arrianismo, expulsó al obispo Demófilo. Gregorio fue por lo tanto entronizado como patriarca de Constantinopla en la Basílica de los Apóstoles, reemplazando a Demófilo.
Segundo Concilio Ecuménico y retiro a Arianzo thumb|Los Tres Santos Jerarcas: san Basilio de Cesarea, san Juan Crisóstomo y san Gregorio el Teólogo, icono de Lipie, Museo Histórico en Sanok, Polonia. Teodosio quería unificar más todo el imperio en una posición ortodoxa y decidió convocar un concilio eclesiástico que resolviera asuntos de disciplina y fe. Gregorio pensaba de modo similar, deseando unir a la cristiandad. En la primavera de 381 convocaron el Segundo concilio ecuménico en Constantinopla, al que acudieron 150 obispos orientales. Después de la muerte del obispo presidente, Melecio de Antioquía, Gregorio fue elegido para liderar el concilio. Esperando reconciliar Occidente y Oriente, ofreció reconocer a Paulino como Patriarca de Antioquía. Los obispos egipcios y macedónicos que apoyaban la consagración de Máximo llegaron tarde al concilio. Una vez allí, rechazaron reconocer la posición de Gregorio como cabeza de la iglesia de Constantinopla, argumentando que su traslado desde la sede de Sasima era canónicamente ilegal.
Gregorio estaba exhausto físicamente y preocupado porque estaba perdiendo la confianza de los obispos y del emperador. Más que defender su causa y arriesgarse a mayores divisiones, decidió dimitir de su cargo: «¡Dejadme ser como el profeta Jonás! Fui el responsable de la tormenta, pero me sacrificaré por la salvación de la nave. Cogedme y echadme... No fui feliz cuando me ascendieron al trono, y con alegría descenderé de él».PG, 37.1157–9, Carm. de vita sua, ll 1828–55 Horrorizó al concilio con su dimisión sorprendente y luego pronunció un dramático discurso ante Teodosio pidiéndole que se le liberara de sus cargos. El emperador, conmovido por sus palabras, aplaudió, alabó su trabajo y le garantizó su dimisión. El concilio le pidió que apareciera otra vez más para un ritual de despedida y oraciones festivas. Gregorio usó esta ocasión para lanzar un mensaje final (cf. Orat. 42) y luego se marchó.
Tras volver a su tierra natal de Capadocia, Gregorio asumió de nuevo su posición como obispo de Nacianzo. Pasó el año siguiente combatiendo a los apolinarios y luchando contra la enfermedad recurrente. También empezó a componer De Vita Sua, su poema autobiográfico. A finales de 383 encontró que estaba demasiado débil para seguir cumpliendo sus deberes episcopales. Gregorio instaló a Eulalio como obispo de Nacianzo y luego se retiró a la soledad de Arianzo. Después de disfrutar cinco tranquilos años en el retiro de su finca familiar, murió el 25 de enero de 389.