La Guardia Real es un cuerpo militar, perteneciente a las Fuerzas Armadas españolas, dedicado a la protección del rey de España y los miembros de la familia real. Con una larga historia que data desde la Edad Media, la Guardia Real ha sufrido las vicisitudes de la monarquía en España, variando en gran medida en su composición, número de efectivos y funciones.

Actualmente está formada por alrededor de unos 1600 efectivos del Ejército de Tierra, la Armada, el Ejército del Aire y los Cuerpos Comunes, formando una unidad conjunta que combina la tradición y la modernidad. Orgánicamente depende del jefe del Cuarto Militar, por delegación del jefe de la Casa de Su Majestad el Rey.

Es, junto a la Guardia Suiza Pontificia y los Yeomen of the Guard británicos, una de las unidades militares más especializadas en escolta solemne y protección del mundo. Para el ingreso en dicho cuerpo se exigen unas cualidades físicas y una cualificación profesional extraordinarias.

Misión

Para contribuir a la misión general de la Casa, la Guardia Real es la unidad militar interejércitos al servicio del rey, que tiene encomendada la ejecución de las siguientes misiones reflejadas en el artículo 6.º del Real Decreto 434/1988 (Presidencia), de 6 de mayo (BOE núm. 112) de reestructuración de la Casa de S. M. el Rey.

"Proporcionar el servicio de guardia militar, rendir honores y dar escoltas solemnes a S. M. el Rey y a los miembros de su real familia que se determinen, prestando análogos servicios a los jefes de Estado extranjeros cuando se ordene".

Cometidos específicos que se derivan del Real Decreto:

Proporcionar el servicio de guardia militar:

Proporcionar guardia de seguridad en el Palacio de la Zarzuela. Proporcionar guardia de seguridad en el Palacio de Marivent cuando se determine. Proporcionar guardias de seguridad y honor en el Palacio Real de Madrid, Palacio Real de El Pardo y en otros palacios y reales sitios cuando se determine.

Rendir honores y dar escoltas solemnes:

Rendir honores y participar en paradas militares solemnes con entidad piquete, sección, compañía/escuadrilla, grupo o agrupación. Efectuar el saludo al cañón con salvas de ordenanza. Participar en las honras fúnebres de miembros de la familia real, tal y como determina el Real Decreto 684/2010 sobre Honores Militares. Dar escoltas solemnes motorizadas o a caballo.

Prestar servicios a jefes de Estado extranjeros:

Proporcionar la guardia de honor en el Palacio Real de El Pardo. Rendir honores. Dar escoltas solemnes motorizadas o a caballo. Designar el séquito técnico y proporcionar caravanas. Proporcionar apoyo en asistencia sanitaria.

Apoyar a la Casa de S. M. el Rey:

Proporcionar asistencia sanitaria permanente a la familia real. Cubrir los destinos que se determinen por la Secretaría General. Proporcionar servicios diversos con carácter permanente y otros para actos puntuales. Proporcionar servicios o apoyos puntuales. Cubrir las necesidades del Cuarto Militar.

Historia miniatura|upright|Miembro del Cuerpo de Alabarderos

Introducción De la necesidad de protección de los soberanos nacen, según las épocas, distintas unidades armadas, caracterizadas por su fidelidad y entrega a la defensa de las reales personas.

El sentido de las Guardias reales: los “Monteros de Espinosa” Desde la antigüedad, siempre ha sido necesario proteger a los monarcas de todas las naciones de los atentados, ataques y diversos tipos de violencia a los que, inevitablemente, se han visto expuestos por parte, bien de rivales, bien de detractores de la Monarquía, o incluso de familiares celosos de su poder, de ahí que, desde tiempos remotos, se conozca la existencia de cuerpos especialmente dedicados a prestar ese servicio de protección.

Como ejemplo de lo dicho se puede citar la eficaz “Guardia Pretoriana” de tiempos de los emperadores romanos ‒fundada por Escipión el Africano‒ y eliminada por Constantino, así como los temibles “Jenízaros” de los sultanes de la Sublime Puerta, que tuvieron su origen en el y continuaron su existencia hasta la caída del Imperio otomano, y a los que ni el mismo sultán se atrevía a contradecir. En la tradición ibérica se conoce, ya en tiempos de los reyes godos, de la existencia de conjuntos de individuos dedicados a la custodia del rey, cual fueron los “Espatarios”. En el año 1493, los Reyes Católicos crearon un cuerpo de soldados a caballo expertos en las artes de la guerra: “... Hombres veteranos soldados... Gentes de arneses blancos y caballos encubertados”, que llegaron a ser 2500 individuos y atendían al nombre de “Guardias Viejas de Castilla”. El rey Carlos I, por su parte, mandó que una compañía de esta caballería residiese siempre en palacio para la guardia del rey. A estos se les denominó los “Cien Continuos”. El 13 de junio de 1551, en la ciudad de Augusta, el monarca les otorgó sus ordenanzas.

Fue, sin embargo, el “muy noble Cuerpo de los Monteros de Espinosa” la primera unidad que merece el nombre de Guardia Real, puesto que se creó en el con el fin de custodiar la persona del tercer conde de Castilla, don Sancho García. Con todo, los “Monteros de Espinosa” no constituyeron, en realidad, un cuerpo de carácter militar, ya que su misión, definida más claramente en las Partidas de Alfonso X el Sabio, era, concretamente, la de custodiar al rey mientras dormía. Más tarde se denominaron “Monteros de Cámara y Guarda de Su Majestad” y nunca dispusieron de armas, si se exceptúa el machete que colgaba de su cintura, ni de estandarte. Empezaron siendo cinco, que Alfonso VIII aumentó hasta 35; el rey Fernando III incluyó tres más y Fernando el Católico otros 14, lo que hacía un total de 52. Finalmente se redujeron a 48 por orden de Carlos I en 1552, en cuyo número continuó el Cuerpo hasta el .

Fernando VII ‒tras la Guerra de la Independencia‒ fijó en 12 el número de Monteros, 10 con residencia en la Corte y dos en la villa de Espinosa para su descanso, que se turnaban en el servicio al rey con los que permanecían en la Corte. Con Alfonso XIII regían para los Monteros las Ordenanzas de 1854. Su número, en esa época, era de 24, de los cuales cuatro debían estar permanentemente en Madrid, mientras el resto alternaba estancia en Corte y en Espinosa. Se mantuvieron así hasta la proclamación de la Segunda República en 1931, año en la que se produjo la disolución del Cuerpo. De manera tradicional, los Monteros de Espinosa tenían por misión velar el sueño de los monarcas, empresa que acometían en tres rotaciones: la prima, la modorra y el alba.

El germen de la Guardia Real en tiempos del rey católico: los “alabarderos” De tiempos de Fernando el Católico, 1504, es la creación de la Guardia de Alabarderos, reclutados especialmente para la protección de su persona y de cuyos componentes nombró por capitán a Gonzalo de Ayora, experto militar que había servido en Italia a las órdenes de Ludovico Galeazo Sforza, duque de Milán. Constituyó esta una meditada decisión del monarca a raíz de las heridas de arma blanca recibidas en Barcelona de mano “del traidor Juan de Cañamares” en el mes de diciembre de 1492, a partir de cuyo hecho se mandó que los mozos de espuela llevasen espada, extremo que, dada la paz que reinaba en Castilla por aquellos tiempos, no se había considerado hasta entonces.

Con estas precauciones se continuó hasta el fallecimiento de la reina Isabel, año en el que, como decimos, emergen los alabarderos, guardia que, en principio, estuvo compuesta por los 50 que Ayora reclutó entre los mozos de espuela de los caballeros cortesanos y a los que adiestró en el manejo de las picas, alabardas y puñales, sin ayuda de pífano ni tambor. Se les dio librea, es decir, se les vistió uniformemente, y a la vuelta del rey Fernando de Italia, en 1507, ya eran 150 los hombres armados con puñales, espadas y alabardas “en cuerpo con sayos medio colorados y medio blancos e cincuenta de a caballo”. Hacían, pues, el servicio a pie y a caballo cuando el rey salía de palacio, y se les conocerá también por el apelativo de “guardia española”, en contraposición con la “Tudesca” que trajo Carlos I o “Guardia amarilla”, por cuanto la alemana vestía de amarillo.

La Casa de Austria y sus incorporaciones: las Guardias de “ornato” y de “combate” La llegada de Felipe el Hermoso, en 1502, a los reinos hispánicos aparejó la entrada en acción de la “Noble Guardia de Archeros de Borgoña” o “de la Cuchilla”, Guardia que, al más puro estilo borgoñón, permanecería prestando servicio próximo a los monarcas españoles hasta la renovación de las “Tropas de Casa Real”, acometida en tiempos de Felipe V y que, en no pocas ocasiones, asumió una función esencialmente protocolaria y de ornato al servicio de las principales ocasiones y festividades celebradas en los palacios. Con Fernando el católico habían llegado de Italia los “estradiotes”, en adelante “Guardia de la Lancilla”, de manera que al comienzo del reinado del emperador se repartían las misiones de custodia regia entre los “Monteros”, la “Guardia Española”, la “Guardia de la Lancilla” ‒como guardia interior‒ y los “Archeros de Borgoña”.

Tal y como hemos adelantado, Carlos I traería en 1519 una guardia de características similares a la española, la “Guardia Tudesca”, y con inválidos de ambas se crearía la “Guardia Vieja” o “Guardia Veterana” para la custodia de aquellos infantes que pusieran casa aparte. En época de los “Austrias menores”, el conde-duque de Olivares fundaría en 1634 y con el beneplácito de Felipe IV el Regimiento de “Guardias del rey Felipe IV”, de glorioso historial en Fuenterrabía y Cataluña, contra los franceses, y en Portugal con el duque de Braganza. Por su parte, la reina Mariana promovió en abril de 1669, durante la minoría de edad de Carlos II y por temor a las intrigas de Juan José de Austria, un nuevo regimiento de “Guardias de Infantería del rey Carlos II”, que se distinguiría también en las luchas del Rosellón de 1674.

Puede verse, por tanto, que ya esta época las “Tropas de Casa Real”, con sus diferentes denominaciones, formaban parte del núcleo de los ejércitos del rey, al que acompañaban en sus incursiones bélicas. Así pues, en 1697, el propio Carlos II configuraría un regimiento de “Caballería de la Guardia” que con la posterior reforma de Felipe V se transformaría en dos Cuerpos del Ejército regular con las denominaciones respectivas de “Reina” y “Real de Asturias” ‒a partir de febrero de 1718 “Príncipe”‒ que destacaron por su participación en la campaña de Portugal de 1704.

La casa de Borbón y sus grandes reformas Acabamos de comprobar que ya desde la primera mitad del , las Guardias compartieron misiones de protección a los miembros de la Casa Real con otras muy importantes desde el punto de vista militar. Obligaciones que se extremaron con la llegada de la dinastía de los Borbones, momento en el que las Guardias Reales se convertirán en fuerza de choque y ‒como las tropas de élite que fueron‒ en ejemplo a seguir en el campo de batalla, donde con su actitud y buen comportamiento, debían contribuir a elevar la moral del ejército y animarlo al combate, siempre desde primera línea.