thumb|200px|Grifo en un grabado del .
El grifo (griego: γρυφος, gryphos; persa: شیردال shirdal, ‘león-águila) es una criatura mitológica, usualmente representada como un águila en la mitad superior del cuerpo y como un león en la mitad inferior.Referencia al grifo «grifo.» (véase acepción 8.) Diccionario de la lengua española. Real Academia Española. Definición de grifo Espasa-Calpe véase acepción 5 de la Enciclopedia Espasa.
Aunque representaciones de grifos o quimeras de león y ave rapaz pueden encontrarse en Mesopotamia y el Antiguo Egipto desde el 3500 a. C., la tradición narrativa sobre este animal fabuloso proviene de fuentes clásicas griegas. En ellas se relataba que los grifos eran una tribu de bestias como leones, con picos y alas de águila, que custodiaban ricos yacimientos de oro en las montañas remotas del norte. La historia del grifo pervivió durante toda la Edad Media, plasmada en bestiarios y obras afínes, y adquirió significaciones alegóricas tanto positivas como negativas. Su existencia comenzó a ser puesta seriamente en duda durante la Edad Moderna, hasta quedar hoy día relegada a la literatura fantástica, la heráldica y los emblemas.
Origen del mito Desde la cultura clásica, la tradición narrativa describe de los grifos como un tribu de bestias similares a leones, con picos y alas de águila, que custodian los ricos yacimientos de oro en alguna región de lo que hoy llamaríamos Asia Central (ver abajo). Una primera explicación de la leyenda ha consistido en desestimar al grifo como un híbrido imaginario compuesto de dos animales reales, el león y el águila. Otras explicaciones, en cambio, inciden en la posibilidad de que la historia del grifo haya nacido como un intento de describir a un animal real con el que se estaba poco familiarizado, como el jerbo estepario (que se esconde en la arena dorada y está siempre alerta) o el feroz mastín tibetano, o incluso que tenga su origen en el quebrantahuesos o el águila —lo cual resulta poco probable, habida cuenta de que griegos y romanos estaban familiarizados con las aves rapaces, tanto en su descripción física como comportamiento—. Por otra parte, la idea de que el grifo representa vagos recuerdos colectivos de reptiles voladores u otras especies prehistóricas extintas hace mucho tiempo resulta inviable al implicar, la mayor parte de las veces, que los humanos convivieron con los dinosaurios.
220px|right|thumb|Comparación de grifos con esqueletos de ceratópsidos. Una última alternativa consiste en que la leyenda del grifo nació de la observación de restos prehistóricos, no de animales vivos, teniendo en cuenta la frecuencia con la que los antiguos se encontraban con estos restos (al desenterrarlos o por la erosión) y especulaban sobre su origen. En 1848, el geólogo alemán Georg Adolf Erman situó este origen en los fósiles de rinocerontes y mamuts de la época glacial, hallados en Siberia, pero lo cierto es que ni la localización (la leyenda del grifo nació en Asia Central) ni la morfología (mamuts y rinocerontes carecen del rasgo característico de los grifos, el pico) añaden credibilidad a esta teoría, como demostró en 1962 el especialista en estudios clásicos J. D. P. Bolton. Según la investigadora del foclore e historiadora científica Adrienne Mayor, el grifo no es una quimera fantástica al estilo del minotauro o pegaso, puesto que no juega ningún papel importante en la mitología clásica y los detalles transmitidos por los autores clásicos son relativamente sobrios y mundanos, lo cual sugiere que la tradición sobre este animal debió haberse basado en algún aspecto real de la vida de los nómadas asiáticos. En este sentido, Mayor ha propuesto que la historia del grifo constituye «el primer caso documentado de un intento de visualizar un animal prehistórico a partir de sus restos fósiles». Concretamente, los antiguos nómadas escitas que extraían oro cerca de los montes Altái y Tian Shan de Asia Central habrían podido elucubrar la existencia de dicho animal después de encontrarse, semienterrados en la rojiza arena del desierto, con restos fósiles de Protoceratops, una especie de dinosaurio de cerca de dos metros de altura, con boca en forma de pico ganchudo, amplios huesos escapulares, cola larga y patas con pezuñas de varios dedos, cuya presencia en la región durante el Cretácico (c. 100-65 millones de años atrás) está atestiguada por descubrimientos paleontológicos modernos. La fama de «guardianes del oro» que tienen en el folclore isedonio-escita, tal como transmiten los primeros autores griegos, pudo haber derivado de la cercanía de estos fósiles a los yacimientos de oro, reforzada por las tormentas del desierto que transportaban pepitas del metal precioso a tales locaciones, además del comportamiento observado de las aves reales que recolectan objetos brillantes para sus nidos. thumb|220px|Grifo representado en el lado anverso de una moneda de la polis de Abdera, Tracia (c. 450–430 a. C.).
La hipótesis paleontológica de Mayor enfrenta, empero, varias dificultades. Según Lymer, la misma asume que el grifo se convirtió en un tema popular del arte griego solo después del primer contacto con los escitas, pero esta suposición contrasta con la evidencia histórica y arqueológica del arte de la Antigua Grecia o Asia central. Por otra parte, el paleontólogo británico Mark Paul Witton rechaza de plano la hipótesis sobre cuatro bases. En primer lugar, los fósiles de este dinosaurio se encontraron a varios cientos de kilómetros al este de los depósitos de oro aluviales más cercanos y aún más lejos de las antiguas minas escitias, por lo cual la conexión entre grifos y el oro no puede explicarse satisfactoriamente. En segundo lugar, las historias de Aristeas y otros escritores griegos están repletas de criaturas mitológicas, bestias imaginadas y fenómenos sobrenaturales, por lo cual nada fuerza a pensar que animales como el grifo deban tener una base en la realidad. En tercer lugar, la anatomía del grifo guarda una similitud puramente superficial a la del Protoceratops. Por ejemplo, en la mayoría de los grifos no encontramos ninguna estructura proyectando hacia atrás desde la región de la cabeza posterior, mientras que todos los Protoceratops tienen algún tipo de volante que se extiende posterodorsalmente desde la parte posterior del cráneo. El Protoceratops tampoco tiene patas con forma de león ni garras raptoriales, como sí lo tiene el grifo. Según Witton, la anatomía del grifo se explica mejor a partir de la combinación de características de especies modernas de aves y felinos. En cuarto lugar, Mayor ignoraría que el arte oriental anterior a Grecia y Aristeas ya había representado figuras quiméricas como grifos y que, además, lo había hecho mediante una variada iconografía (en cuanto anatomías, poses y comportamiento) que fortalece la hipótesis del grifo como animal mitológico y quimera de animales existentes.
Arte antiguo
Mesopotamia Las primeras representaciones de animales quiméricos similares al grifo se dieron en Mesopotamia entre el 3500 y el 3100 a. C. En un cilindro sello datable de este periodo, desenterrado en Susa (Irán), se ha representado un cuadrúpedo con pico de ave y patas delanteras terminadas en garras, mientras que su melena, cola y patas traseras corresponden a las de un león macho. Sin embargo, esta quimera desaparece junto con la cultura elamita. Un pequeño cilindro sello de jaspe, también perteneciente al período de Uruk, ilustra una sucesión de pares de serpopardos entre cuyas colas enhiestas se ha dibujado un ave de presa con cabeza de león, mostrado de perfil, y dos alas desplegadas en forma de «V». Otro patrón dibujado a mano en una tablilla de arcilla del mismo periodo muestra a un cuadrúpedo con cabeza de pájaro y dos alas extendidas. Probablemente se estaba representando al dios de las nubes de tormenta en las mitologías de la época (Anzû o Imdugud).
La imagen del grifo mesopotámico se diversifica gradualmente en diferentes formas, de modo que en los sellos acadios del 2400-2200 a. C. el animal tiende a mostrarse como una bestia domesticada y terrestre, en lugar de voladora. En la ciudad de Ngirsu se ha representado un águila con cabeza de león en una variedad de materiales, incluyendo alabastro, piedra y bronce, y esta quimera estuvo particularmente asociada con el gobernante de la ciudad antigua, Eannatum, transformándose en un símbolo del poder supremo. La célebre Estela de los buitres ilustra al dios Ninurta sosteniendo un centro en su mano derecha y el águila con cabeza de león en su mano izquierda. Esta asociación pervivió durante los primeros períodos babilónico y asirio, cuando la quimera también empezó a representarse en varios cilindros como un toro alado. En el templo de Ninurta (Irak), un bajorrelieve muestra a Anzû como un león cubierto de plumas de ave, alas extendidas, cabeza de monstruo y patas traseras de ave rapaz. Su presencia es conspicua tanto en el arte de Asiria como Mitani. Diversos cuadrúpedos alados, con formas de toros y leones, ornamentan también las paredes del Palacio de Susa, construido por Darío I en la época aqueménida de Persia.
Asia central En Asia central se han desenterrado objetos aqueménidas en los entierros de las primeras culturas nómadas desde Kazajistán y los Urales del Sur hasta Altái, entre ellos varios brazaletes de oro con acabados en forma de cabeza de animal: dragones, cabras aladas, leones y, también, grifos. En la tumba de un rey escita en Tovsta Mohyla (Pokrov, Ucrania) se ha encontrado un pectoral de oro datado en la segunda mitad del , de manufactura griega, que muestra tres caballos, cada uno de ellos siendo despedazado por dos grifos, así como una vaina de espada decorada con varias escenas de combate animal, entre ellas la de grifos atacando ciervos y caballos.
En la región de Altái, las representaciones de grifos aparecen después del en la cultura arqueológica de Pazyryk (escitas orientales) y se derivaban, asimismo, de la Persia aquemenida. Aquí se asociaban principalmente con decoraciones colocadas en los trajes y equipos hechos para los caballos que eran sacrificados y depositados en prestigiosos entierros. Pero el motivo del grifo persa fue también adaptado por los Pazyryk para crear otra figura híbrida, con cuerpo de cérvido, cabeza rapaz y cuernos que terminaban en púas con cabezas de grifo, cuya iconografía fue utilizada en tatuajes personales que tenían una gran significación personal, social y espiritual.
Egipto