thumb|450px|Camino de Iditarod (la línea verde punteada marca el camino original de 1925).|alt= La carrera del suero a Nome de 1925, conocida también como la Gran carrera de la misericordia, fue el transporte de antitoxina diftérica a través del interior de Alaska por trineos tirados por perros que se fueron pasando la posta a lo largo de 1.085 km en cinco días y medio. Protagonizada por 20 mushers —en su gran mayoría atapascos y nativos de Alaska— y unos 150 perros de trineo, se consiguió salvar al pueblo de Nome y su comarca de una incipiente epidemia de difteria.
Balto, el perro que guio a su equipo en el último tramo de la travesía, cuya estatua de bronce se encuentra en el Central Park de Nueva York, se convirtió en la celebridad canina más famosa de la época después de Rin Tin Tin. Sin embargo, la parte más larga y difícil del camino la hicieron Leonhard Seppala y sus perros liderados por Togo. La carrera fue el último gran hito y el evento más famoso en la historia del trineo de perros, principal medio de transporte y comunicación en las comunidades subárticas hasta que el avión y las motonieves lo reemplazaran casi totalmente.
En la actualidad, la Iditarod Trail Sled Dog Race es una carrera de trineos de perros que homenajea este hecho.
Brote de difteria y pedido de ayuda thumb|Vista de Nome en 1916. En diciembre de 1924, Curtis Welch, el único médico de Nome y su zona de adyacencia —un pueblo de menos de 2.000 habitantes a unos 2º al sur del círculo polar ártico—, hubo de tratar varios casos de lo que diagnosticó como amigdalitis, pero comenzó a sospechar que se trataba de difteria cuando murieron cuatro niños. A mediados de enero de 1925 diagnosticó el primer caso de difteria: un niño de tres años que murió sólo dos semanas después de presentar los primeros síntomas. Aunque varios meses antes había pedido más antitoxina diftérica después de descubrir que toda la provisión del hospital Maynard Columbus había caducado, no contaba con ella porque el envío no pudo llegar antes de que cerrara el puerto por el invierno. El 21 de enero, cuando una niña de siete años presentó los mismos síntomas, intentó administrarle parte de la antitoxina caducada, pero esta ya no causaba efecto y la niña murió unas horas más tarde.
Ante la inminente epidemia, el consejo municipal decretó la cuarentena y al día siguiente (22 de enero de 1925) Welch envió un telegrama a Washington D. C. solicitando 1 millón de unidades de antitoxina diftérica al Servicio de Salud Pública. Sin ella se esperaba que en una población de 10.000 almas, como Nome y su región, la tasa de mortalidad llegara a cerca del 100%. El Servicio de Salud Pública localizó 1.100.000 unidades en hospitales de la Costa Oeste que se podían enviar a Seattle y de allí a Alaska, pero que no podían llegar a Nome antes de mediados de febrero. El 26 de enero se descubrieron 300 mil unidades de suero en Anchorage, que si bien no eran suficientes para vencer la epidemia, podían contenerla hasta que llegara el envío más grande. Se pusieron entre algodones, se envolvieron en frascos de vidrio, se depositaron en un cilindro metálico y llegaron por tren a Nenana el 27 de enero, pero quedaba el problema de cómo hacerlas llegar a Nome (1.085 km).
Las temperaturas en el interior de Alaska habían llegado a su punto más bajo en 20 años —en Fairbanks estaba haciendo temperaturas de –46 °C— y la mayoría de los medios de trasporte estaban fuera de servicio. El puerto de la península de Seward, en el mar de Bering, estaba bloqueado por el hielo y era inaccesible por barco, mientras que el viaje en avión más largo en el invierno de Alaska (en febrero de 1924) tenía el récord de sólo 420 km y en condiciones de –23 °C, debiendo llevar tanta ropa de invierno que el aparato apenas podía volar y hubo de realizar varios aterrizajes de emergencia. Además, debido a la noche polar, las horas de luz para volar eran muy limitadas.
Mark Summers, de la Junta de Salud, propuso la alternativa de llevar el suero a través de una posta de trineos tirados por perros, como se llevaba el correo, y aunque este servicio de Nenana a Nome tomaba normalmente 25 días, existía el récord de llevarlo a cabo en 9 jornadas, por lo que el gobernador Scott Bone finalmente autorizó este proyecto.
La ruta, que totalizaba 1.085 km de recorrido, debía cruzar las tierras yermas del interior siguiendo el cauce del río Tanana a lo largo de 220 km, hasta llegar al pueblo homónimo en el cruce con el río Yukón, y que luego seguía a este por 370 km, hasta Kaltag. La ruta luego pasaba 140 km al oeste por el embarcadero de Kaltag hasta Unalakleet, en la bahía de Norton Sound. Luego, en dirección noroeste, seguía un tramo de 335 km que rodeaba la costa sur de la península de Seward, sin ningún amparo contra los vientos y tormentas de nieve, que incluía una etapa de 68 km a través de los hielos inestables del mar de Bering.
La Oficina Postal convocó a los mejores mushers y perros de trineo del interior, que debían viajar día y noche para que el suero fuera de Nenana a Nulato. El noruego Leonhard Seppala, empleado de Summers, fue elegido para el viaje de ida y vuelta de 1.014 km de Nome a Nulato, ya que había logrado la hazaña sin precedentes de ir de Nome a Nulato en cuatro días y había ganado la carrera All–Alaska Sweepstakes tres veces. Su perro líder de 12 años, Togo, era igualmente famoso por su liderazgo, inteligencia y capacidad para detectar el peligro.
La Gran carrera de la misericordia De Nenana a Norton Sound El primero de la posta fue «Wild Bill» Shannon, quien recibió el paquete de suero (9,1 kg) en la estación de tren de Nenana la noche del 27 de enero de 1925. A pesar de una temperatura de –46 °C, Shannon partió inmediatamente con su equipo de 11 perros novatos, guiados por Blackie. La temperatura comenzó a bajar y el equipo se vio obligado a dirigirse por el hielo del río, ya que el paso de unos caballos había destruido el camino. A pesar de correr junto al trineo para mantenerse caliente, Shannon sufrió hipotermia antes de llegar a Minto a las 3 de la mañana, con parte de su cara congelada, cuando la temperatura alcanzaba los –52 °C. Después de calentar el suero en el fuego y descansar cuatro horas, desenganchó tres perros y partió con los 8 restantes. Los tres perros murieron poco después de que Shannon regresara por ellos, y también puede haber perecido un cuarto.
Él y su equipo llegaron en mal estado a Tolovana a las 11 de la mañana y entregó la posta al mitad atapasco Edgar Kalland, quien después de calentar el suero tomó camino por el bosque. La temperatura había subido a –49 °C, y al menos un informe afirma que el propietario de la siguiente estación, en Manley Hot Springs, tuvo que verter agua sobre las manos de Kalland para que pudiera despegarlas del manubrio, cuando llegó a las 4 de la tarde.
Mientras tanto, el 29 de enero se diagnosticaban dos nuevos casos de difteria, ya que la falta de buenos instrumentos de diagnóstico y el contagio de la cepa hacían ineficaz la cuarentena. La crisis había llegado a las portadas de los diarios de San Francisco, Cleveland, Washington D. C., Chicago, Filadelfia y Nueva York, y la noticia se extendió por todo el país gracias a los aparatos de radio, mientras que el sistema de tormentas de Alaska llegaba a los demás Estados Unidos, provocando récords de temperaturas mínimas en Nueva York y congelando el río Hudson.
El 30 de enero se produjo una nueva muerte, por lo que se renovó la campaña para llevar el suero en avión. Sin bien este proyecto tenía el apoyo del alcalde de Nome, de los diarios de todo el país, de varios departamentos del gabinete presidencial y del explorador Roald Amundsen, era rechazado por los pilotos experimentados y la Marina. En respuesta, el gobernador Bone autorizó más mushers para la etapa de Seppala, a propósito de acelerar los relevos y portar la carga sin descanso. Mark Summers reorganizó el sistema de postas para el último tramo, incluyendo al compatriota de Seppala, Gunnar Kaasen, cuyo equipo de perros era liderado por Balto.
Desde Manley Hot Springs, el suero se fue pasando entre atapascos hasta que George Nollner se lo entregó a Charlie Evans en Bishop Mountain a las 3 de la mañana del 30 de enero. La temperatura había subido ligeramente, pero pronto volvió a descender a –52 °C. Evans se encomendó a la habilidad de sus perros líderes cuando debió pasar a través de la niebla helada donde el río Koyukuk había roto el hielo, pero olvidó proteger las ingles de sus dos perros mestizos de pelo corto con pieles de conejo. Ambos se bloquearon por la congelación y Evans tuvo que tomar el lugar de estos. Cuando llegó a las 10 de la mañana, ambos perros estaban muertos. Tommy Patsy tomó la posta y partió en media hora.
Después, el suero cruzó el embarcadero de Kaltag en manos de Jack «Jackscrew» Nicolai y del nativo Victor Anagick, quien se lo entregó a otro nativo, Myles Gonangnan, en las costas de Norton Sound, en Unalakleet, a las 5 de la mañana del 31 de enero. Este vio que se avecinaba una tormenta y decidió no tomar el atajo a través del hielo del Sound. Partió a las 5:30 de la mañana, y cuando cruzaba las colinas «era tal la turbulencia de los remolinos de nieve que giraban entre las patas de los perros y por debajo de sus vientres, que parecíamos estar en medio de un río», según su relato. Las condiciones de visibilidad mejoraron cuando llegó a la orilla, pero los vientos huracanados hicieron descender la sensación térmica a –57 °C. Llegó a Shaktoolik a las 3 de la tarde y aunque Seppala no estaba allí, Henry Ivanoff estaba esperando por si acaso.
El 30 de enero, los casos de difteria llegaban a 27. Según un periodista de Nome: «Toda la esperanza está en los perros y sus heroicos conductores (…) Nome parece un pueblo fantasma».
El paso de Norton Sound thumb|Leonhard Seppala y sus perros tras la carrera del suero en 1925. Leonhard Seppala y su equipo de perros debían cubrir el tramo más largo y peligroso, el atajo a través de Norton Sound —una bahía que se congela en invierno—, por el que se podía ahorrar un día de viaje. Pero el hielo era inestable y se podía quebrar debajo del conductor y su equipo, y había que pasar por ásperas colinas de nieve o por capas de hielo pulido por el viento, donde los perros apenas podían encontrar un punto de apoyo. Si el viento soplaba del este, podía alcanzar velocidades de hasta 110 km/h, volcar los trineos, sacar a los perros de su rumbo y causar una sensación térmica de –73 °C. Seppala se había visto obligado a tomar el atajo varias veces, mientras que un musher con menos experiencia tenía más probabilidades de perder la vida, la de sus perros y también el suero. Togo iba a guiar a su equipo a lo largo de 563 km.
Seppala y su equipo viajaron 146 km desde Nome a Shaktoolik, del 27 al 31 de enero, con la tormenta pisándole los talones. La temperatura en Nome era relativamente cálida (–29 °C), pero se estimó que en Shaktoolik hacía –34 °C, y la fuerza del vendaval provocaba una sensación térmica de –65 °C. Seppala, que no estaba al tanto de las modificaciones ordenadas por el gobernador, ya que los sistemas de teléfono y telégrafo no llegaban a los pequeños caseríos por donde pasaba y no había manera de decirle que esperara en Shaktoolik, creía que todavía le quedaba por recorrer más de 160 km. Estaba tratando de salir de Norton Sound antes de que lo alcanzara la tormenta cuando Ivanoff, que se había cruzado con un reno y estaba embrollado en las afueras de Shaktoolik, le gritó: «¡El suero! ¡El suero! ¡Lo tengo aquí!»