derecha|miniaturadeimagen|upright|La diosa egipcia Isis. miniaturadeimagen|upright|Isis y Horus.
Isis (en egipcio: 𓊨𓏏𓆇 ꜣst; Ēse) es una de las principales diosas de la religión del Antiguo Egipto, cuyo culto se extendió por todo el mundo grecorromano. Aparece por primera vez durante el Imperio Antiguo (2686-2181a. C.) como uno de los principales personajes del mito de Osiris, en el que resucita a su esposo asesinado, el divino rey Osiris, y engendra y protege a su heredero, Horus. Se creía que ayudaba a los muertos a entrar en la otra vida como había ayudado a Osiris y se la consideraba la madre divina del faraón, a quien se le identificaba con el dios Horus. Su ayuda materna fue invocada en encantamientos de curación para beneficiar a la gente común. En un principio desempeñó un papel limitado en los rituales reales y en los ritos de los templos egipcios, aunque fue más prominente en los ritos funerarios y en los textos mágicos. Por lo general, el arte la retrataba como una mujer que lucía en su cabeza un jeroglífico en forma de trono. Durante el Imperio Nuevo (1550-1070a. C.), al asumir rasgos que originalmente pertenecían a Hathor, la diosa predominante de épocas anteriores, Isis llegó a ser retratada con el tocado de Hathor: un disco solar entre los cuernos de una vaca.
En el primer milenio antes de Cristo, Osiris e Isis se convirtieron en las deidades egipcias más adoradas, e Isis asumió características de muchas otras diosas. Los gobernantes de Egipto y su vecino del sur, Nubia, comenzaron a construir templos dedicados principalmente a Isis y su santuario de File era un centro religioso para ambas regiones por igual. Su poder mágico era mayor que el de los demás dioses y se decía que protegía al reino de sus enemigos, gobernaba los cielos y el mundo natural y tenía poder sobre el propio destino.
Durante el período helenístico (323-30a. C.), cuando Egipto fue gobernado y colonizado por los griegos, era adorada por ambos pueblos, junto con un nuevo dios, Serapis. Su culto se difundió por todo el mundo mediterráneo. Los devotos griegos le atribuyeron características tomadas de las deidades griegas, como la invención del matrimonio y la protección de los barcos en el mar, y mantuvo fuertes vínculos con Egipto y otras de sus deidades que eran populares en el mundo helénico, como Osiris y Harpócrates. Como la cultura helenística fue absorbida por Roma en el , el culto a Isis pasó a formar parte de la religión romana. Sus devotos constituían una pequeña proporción de la población del imperio romano, pero se encontraban en todo su territorio. Sus seguidores desarrollaron fiestas propias como la Navigium Isidis, así como ceremonias de iniciación parecidas a las de otros cultos mistéricos grecorromanos. Algunos de sus devotos decían que abarcaba todos los poderes divinos femeninos del mundo.
Su culto terminó con el ascenso del cristianismo en los siglos y y puede haber influido en sus creencias y prácticas, como la veneración a María, pero la evidencia de esta influencia es ambigua y a menudo controvertida. Isis sigue manifestándose en la cultura occidental, particularmente en el esoterismo y el neopaganismo, a menudo como personificación de la naturaleza o como el aspecto femenino de la divinidad.
En Egipto y Nubia
Nombre y orígenes
Mientras que algunas deidades egipcias se remontan al período predinástico tardío (antes de 3100a. C.), ni Isis ni su esposo Osiris fueron mencionados explícitamente antes de la dinastía V ( 2494-2345a. C.). Una inscripción que puede hacer referencia a Isis data del período del reinado de Nyuserra-Iny y aparece de forma destacada en los Textos de las Pirámides, que comenzaron a escribirse al final de la dinastía y cuyo contenido puede haberse desarrollado mucho antes. Varios pasajes de estos textos la vinculan con la región del delta del Nilo cerca de Behbeit el-Hagar y Sebennitos y su culto puede que se haya originado allí.
Muchos expertos se han centrado en su nombre para tratar de determinar sus orígenes. Su nombre egipcio era Ȝs.t (Aset, Iset, Eset, Ese), lo que dio lugar a la forma copta ⲎⲤⲈ (Ēse) y a su nombre , transcripción en alfabeto latino en el que se basa su teónimo moderno. El nombre jeroglífico incorpora el signo de un trono, que Isis también porta en la cabeza como signo de su identidad. El símbolo sirve como un fonograma, que deletrea los sonidos st en su nombre, pero también puede que representara un vínculo con los tronos reales. El término egipcio para un trono también era st y puede haber compartido una etimología común con el nombre de Isis. Por ello, el egiptólogo alemán Kurt Sethe sugirió que originalmente era una personificación de los tronos. El neerlandés Henri Frankfort coincide con esa opinión, al entender que el trono era considerado la madre del rey y, por lo tanto, una diosa, debido a su poder para convertir a un hombre en monarca. Sin embargo, otros estudiosos, como los alemanes Jürgen Osing y Klaus P. Kuhlmann, han cuestionado esta interpretación, debido a las diferencias entre el nombre de Isis y la palabra trono, o a la falta de pruebas de que este elemento haya sido deificado.
Funciones
El ciclo del mito sobre la muerte y resurrección de Osiris se recogió por primera vez en los Textos de las Pirámides y se convirtió en el más elaborado e influyente de la mitología egipcia. Isis juega un papel más activo en este escrito que los demás protagonistas, por lo que a medida que se desarrolla en la literatura desde el Imperio Nuevo ( 1550-1070a. C.) hasta el período ptolomaico (305-30a. C.), se convierte en el personaje literario más complejo de todas las deidades egipcias. Al mismo tiempo, asimiló características de muchas otras diosas, lo que amplió su significancia mucho más allá del mito de Osiris.
Esposa y doliente
miniaturadeimagen|upright|Figurilla en madera de Isis doliente de la dinastía ptolemaica, Roemer- und Pelizaeus-Museum Hildesheim. Isis es parte de la Enéada de Heliópolis, una familia de nueve dioses descendientes del dios creador, Atum o Ra. Junto a sus hermanos, Osiris, Seth, Horus el viejo y Neftis, conforman su última generación, nacidos de Geb, dios de la tierra, y Nut, diosa del cielo. La deidad creadora, el gobernante original del mundo, transmite su autoridad a través de las generaciones masculinas de la Enéada, para que Osiris se convierta en rey: Isis, que es su esposa y hermana, es su reina.
Seth mata a Osiris y, en algunas versiones del relato, desmembra su cadáver. Isis y Neftis, junto con otras deidades como Anubis, buscan los trozos del cuerpo de su hermano y lo recomponen. Sus esfuerzos son el mítico prototipo de la momificación y otros ritos funerarios del Antiguo Egipto. Según algunos textos, también deben proteger el cuerpo de Osiris de más profanaciones por parte de Seth o sus sirvientes. Isis es la personificación de una viuda de luto. El amor y el dolor de Neftis y ella por su hermano ayudan a devolverle la vida, junto con la recitación de palabras mágicas por parte de Isis. Algunos textos funerarios recogen sus palabras, en las que expresa su dolor por la muerte de Osiris, su deseo sexual por él, e incluso la ira que siente contra él por haberla abandonado. Todas estas emociones juegan un papel en su renacer, ya que tienen la intención de incitarlo a la acción. Finalmente, Isis devuelve el aliento y la vida al cuerpo de Osiris y copula con él, concibiendo a su hijo, Horus. A partir de este momento, Osiris solo vive en la duat, o inframundo. Además al engendrar un hijo y un heredero para vengar su muerte y llevar a cabo ritos funerarios por él, Isis se ha asegurado de que su marido perdurará en la otra vida.
Su papel en las creencias de la vida después de la muerte estaba basado en este mito. Ayudaba a restaurar la integridad de las almas de los seres humanos fallecidos, como lo había hecho con Osiris. Al igual que otras diosas, como Hathor, también actuó como madre de los difuntos, a los que proporcionaba protección y alimento. Así, al igual que Hathor, a veces adoptó la forma de Amentit, la diosa de Occidente, que acogía al alma fallecida en la otra vida como si fuera su hijo. Durante gran parte de la historia egipcia, se creía que las deidades masculinas como Osiris otorgaban los poderes regenerativos, incluida la potencia sexual, que eran cruciales para el renacimiento. Se creía que Isis solo contribuía estimulando este poder. Los poderes divinos femeninos se hicieron más importantes en las creencias de la vida después de la muerte en el Imperio Nuevo. Varios textos funerarios ptolemaicos enfatizan que Isis desempeñó un papel activo en la concepción de Horus al estimular sexualmente a su marido inerte; algunas decoraciones de tumbas del período romano en Egipto la situaban en un papel central en la vida después de la muerte, y un texto funerario de la época sugiere que se creía que las mujeres podían unirse al séquito de Isis y de Neftis tras el fallecimiento.
Diosa madre
miniaturadeimagen|upright|Isis amamantando a Horus, Es tratada como la madre de Horus incluso en las primeras copias de los Textos de las Pirámides. Sin embargo, hay indicios de que Hathor fue considerada originalmente como su madre, y otras tradiciones consideran que una forma más antigua de Horus es el hijo de Nut y hermano de Isis y Osiris. Puede que Isis solo se convirtiera en la madre de Horus cuando el mito de Osiris tomó forma durante el Imperio Antiguo, pero a través de su relación con él llegó a ser vista como el paradigma de la devoción maternal.
En la forma desarrollada del mito, Isis da a luz a Horus, después de un prolongado embarazo y un parto difícil, en los matorrales de papiros del delta del Nilo. A medida que su hijo crece, debe protegerlo de Seth y de muchos otros peligros: serpientes, escorpiones y enfermedades. En algunos textos viaja entre humanos y debe buscar su ayuda; según una de estas historias, siete deidades escorpión menores viajan con ella para protegerla y se vengan de una mujer rica que se ha negado a ayudarla picando a su hijo, lo que provoca que la diosa cure al niño inocente. Su reputación como deidad compasiva, dispuesta a aliviar el sufrimiento humano, contribuyó en gran medida a su notoriedad. Continúa ayudando a su hijo cuando desafía a Seth para reclamar la realeza que ha usurpado, aunque madre e hijo a veces son representados en conflicto, como cuando Horus decapita a Isis y reemplaza su cabeza por la de una vaca, un mito fundacional sobre el origen del tocado de cuerno de vaca que luce la diosa.
Su faceta maternal se extendió también a otras divinidades. Los Textos de los sarcófagos del Imperio Medio (c.2055-1650a. C.) relatan que los llamados «Cuatro hijos de Horus», deidades funerarias que protegían los órganos internos de los difuntos, eran los descendientes de Isis y la forma más antigua de Horus. En la misma época, Horus se sincretizó con el dios de la fertilidad Min, por lo que Isis era considerada como la madre de Min. Se decía que una forma de este dios conocida como Kamutef, «toro de su madre», que representaba la regeneración cíclica de los dioses y de la realeza, fecundaba a su madre para engendrarse a sí mismo, por lo que Isis también era considerada como consorte de Min. La misma ideología de la realeza puede estar detrás de una tradición, que se encuentra en algunos textos, de que Horus violó a Isis. Amón, la deidad egipcia más importante durante los imperios Medio y Nuevo, también asumió la figura de Kamutef, y cuando estaba en esta forma, Isis actuaba a menudo como su consorte. Se decía que Apis, un toro que fue adorado como un dios viviente en Menfis, era también hijo de Isis, engendrado por una forma de Osiris conocida como Osiris-Apis. La madre de cada toro Apis era conocida como la «vaca Isis».