El Capitolio Nacional de La Habana es un edificio construido entre 1926 y 1929 en La Habana (Cuba) bajo la dirección del arquitecto Eugenio Raynieri Piedra, por encargo del entonces presidente cubano Gerardo Machado. El edificio estaría destinado a albergar y ser sede de las dos cámaras del Congreso o cuerpo legislativo de la República de Cuba. Inspirado en el Panteón de París, San Pablo de Londres y en el Capitolio de los Estados Unidos, el edificio presenta una fachada acolumnada neoclásica y una cúpula que alcanza los 91,73 m de altura.
Situado en el centro de la capital del país, entre las calles Prado, Dragones, Industria y San José, es el origen kilométrico de la red de carreteras cubanas, y después del triunfo de la Revolución, cuando fue disuelto el Congreso, fue transformado en la sede del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente y de la Academia de Ciencias de Cuba.
En 2010 el edificio fue declarado Monumento Nacional y se inició un proceso de restauración capital para recuperar su estructura, su ambientación original y sus funciones primigenias. Desde 2015 ha vuelto a ser la sede del parlamento cubano.
Abierto al público, es uno de los centros turísticos más visitados de la ciudad, habiéndose convertido en uno de los iconos arquitectónicos de La Habana, y es considerado habitualmente el edificio más imponente de la ciudad. Asimismo, aparece nombrado por algunos expertos como uno de los seis palacios de mayor relevancia a nivel mundial.
Antecedentes generales Zona El origen de esta zona de la ciudad se remonta a finales del , estando estrechamente vinculado a la construcción de la nueva Alameda de Extramuros, propiciada por los nuevos espacios obtenidos de la demolición de las murallas a partir de 1863.
Se trataba de un espacio abierto, con una rotonda arbolada en cuyo centro se encontraba colocada la estatua de Isabel II, que constituyó el antecedente del actual Parque Central de La Habana. En su entorno se organizaron áreas verdes y parques y, fueron emplazados establecimientos de servicios, hoteles y teatros que hicieron de la zona (engarce entre la antigua ciudad intramuros y el desarrollo que se efectuó en el exterior), el centro recreativo más importante de la Capital.
El carácter de centro urbano adquirido por este enclave hacia finales del , fue reforzado al incorporarse en las inmediaciones de dicho conjunto, en las primeras décadas del , las construcciones del Capitolio Nacional y el Palacio Presidencial, sede de los poderes ejecutivo y legislativo de la república, complementando así su fisonomía con la presencia de edificios de uso político.
El periodo comprendido entre el comienzo del y la década de 1950 va a constituir el momento de mayor esplendor del lugar. Fueron erigidos un grupo de edificaciones sobresalientes que contribuyeron a magnificar este espacio urbano, sujeto también a una serie de modificaciones a lo largo del tiempo que lo han convertido en una zona paradigmática de la arquitectura y el urbanismo capitalino.
La actividad comercial se desarrolló notablemente en ejes y calles de La Habana Vieja y Centro Habana, cuyo punto de confluencia y cruce fuese a constituir precisamente este nodo o centro de la ciudad.
Terrenos mini|Plano de La Habana de 1850. En rojo aparecen enmarcados los terrenos que ocupa en la actualidad el Capitolio, entonces pertenecientes a la estación ferroviaria de Villanueva. Se puede apreciar en su frente E la muralla derribada en 1863
La historia particular de los terrenos hoy ocupados por el Capitolio de La Habana comienza cuando el lugar, ocupado por una ciénaga, fue dragado a principios del para su aprovechamiento urbano. Estando el terreno ocupado por un vertedero de basura ubicado junto a la muralla de tierra, se instaló allí un jardín botánico, el primero en la historia de la ciudad, fundado el 30 de mayo de 1817. Bajo el auspicio de la Sociedad Económica de Amigos del País, en 1834 éste se trasladó a los terrenos de los Molinos del Rey, actual Quinta de los Molinos, situados en las faldas de la loma de Arostegui, donde está emplazado el Castillo del Príncipe.
En este mismo año comenzó en el mismo emplazamiento la construcción de una estación para el ferrocarril que enlazaría La Habana con Güines. Se le dio el nombre de Estación de Villanueva, llamada así en memoria de Claudio Martínez de Pinillos, IV Conde de Villanueva, Intendente General de Haciendas y primer presidente del Consejo Directivo del Ferrocarril. En 1837 se inauguró el primer tramo a Bejucal y un año después llegó a Güines. En 1839 se concluyó dicha estación en los terrenos contiguos al Campo de Marte. En 1840 la línea ferroviaria alcanzaba ya la localidad de Cárdenas.
En 1910 se produjo un cambio de los terrenos ocupados por la Estación de Villanueva (que con los años se quedó insuficiente y desubicada) por otros pertenecientes al antiguo Arsenal de La Habana, con el fin de construir en ellas la nueva estación terminal de ferrocarril y a su vez erigir en dichos terrenos el Palacio Presidencial, ya que hasta estos momentos el presidente de la república se mantenía ocupando el edificio del Palacio de los Capitanes Generales en la Plaza de Armas.
Después de innumerables avatares, de inicios y paralizaciones que abarcaron un prolongado periodo de casi quince años, el lugar se había convertido en un gran caos en el que convivían los restos del edificio abandonado, con las estructuras de un parque de diversiones.
Proyecto mini|El general Gerardo Machado, artífice del proyecto del Capitolio de La Habana y acusado en su momento de acometer el proyecto en una época de gran inestabilidad económica En el año 1925 el General Gerardo Machado Morales asumió su primer periodo presidencial con el propósito de celebrar en La Habana en 1928 —año de culminación de su mandato— la Sexta Conferencia Internacional Panamericana, en un edificio por construir. Carlos Miguel de Céspedes, su secretario de Obras Públicas, encargó a la firma de arquitectos Govantes y Cabarrocas el estudio del nuevo proyecto del Capitolio, a partir de unas bases ya sentadas, introduciendo las modificaciones que fueran necesarias.thumb|250px|Imagen de la construcción de la cúpula superior, tomada c. 1928. En primer término, la Fuente de la India o de La Noble Habana, construida en 1837.|izquierdaFue designada una comisión a cuyo frente se encontraba el arquitecto Raúl Otero, en la que participaron también los miembros del equipo francés que se encontraba en La Habana trabajando en un Plan Director para su reordenamiento urbano, que se encontraba dirigido por el urbanista y paisajista Jean-Claude Nicolas Forestier, y quienes se incorporaron también a los estudios del proyecto del Capitolio. Estos aportaron un conjunto de nuevas soluciones, en las que se hallan muchos de los elementos exteriores que hoy apreciamos en el edificio como la gran escalinata y las logias laterales de la fachada principal. La dirección del proyecto fue llevada a cabo por arquitectos cubanos: Otero fue designado Director Artístico de la obra, encargado de la documentación de planos y los detalles del proyecto, y Eugenio Raynieri PiedraRaynieri (1883-1960) pertenecía a una familia de tradición arquitectónica, y fue el introductor en la urbanística habanera del estilo ecléctico. fue nombrado Director técnico a cargo de la ejecución y el presupuesto. Con posterioridad, Raynieri asumiría también la parte artística del trabajo hasta su culminación.
Otro profesional a cuyo cargo estuvo el proyecto del Capitolio fue el arquitecto José M. Bens Arrate, quien también introdujo modificaciones muy importantes como la proyección exterior de los cuerpos laterales de los hemiciclos, la segunda línea de fachada de las logias y la silueta general de la cúpula. La compañía norteamericana Purdy & Henderson Company tuvo a su cargo la construcción del edificio.
Al proyecto del capitolio resulta imposible asignarle una autoría exclusiva; constituye en sí una obra que desde su inicio fue recibiendo a través de estudios sucesivos un minucioso trabajo de diseño particular de los detalles del proyecto, patente en los bocetos y dibujos originales, que constituyen verdaderas obras de arte en muchos casos, y cuya materialización dio lugar a la expresión y la imagen final del edificio.
Contribuciones de Forestier alt=Vista de la estatua en el jardín.|miniaturadeimagen|291x291px|Estatua del Ángel Rebelde en uno de los jardines interiores. La influencia de las aportaciones de Forestier resultó un importante legado que marcó el posterior desarrollo urbanístico de la ciudad de La Habana. Con el propósito de realizar un proyecto de organización urbana de la ciudad de La Habana, fueron contratados por el gobierno de Gerardo Machado, los servicios del destacado arquitecto, urbanista y paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier, quien había realizado importantes trabajos anteriores en España, Marruecos y Portugal.Forestier es el autor de los proyectos del Parque de María Luisa en Sevilla, la urbanización de la montaña de Montjuïc en Barcelona, y el proyecto de ciudad-parque de Lisboa. Además de sus realizaciones en La Habana, entre 1925 y 1929, intervino en compañía de sus colaboradores más cercanos, Louis Heitzler y Théodore Leveau, para aportar sus experiencias y sugerencias en el enriquecimiento del proyecto del Capitolio y en particular a todo lo referente a los parques y jardines del entorno, que servían de marco paisajístico para el conjunto. } El presidente Gerardo Machado concibió, con un gran delirio de grandeza, la ejecución de un ambicioso proyecto en cuyo centro de mira se hallaba la realización de un conjunto de obras de remodelación que perseguían el propósito de crear un impresionante marco monumental para la celebración en La Habana de la Conferencia Panamericana en 1928 y, de posible toma de posesión de su segundo mandato, que debía de ocurrir en 1929.
Este plan para remodelar La Habana contaba como motivo central al edificio del Capitolio, que albergaría las sedes del Congreso de Cuba, la Cámara de Representantes y el Senado de la República; y su ubicación en las áreas de transición entre La Habana Intramuros y todo el desarrollo posterior de los siglos y , constituyó el reto a enfrentar por el equipo encargado de su realización.
Forestier, en su propuesta, respetó básicamente la estructura existente de la ciudad colonial, proyectando en su entorno inmediato un conjunto de espacios públicos y parques. Esta remodelación comenzó con los parques de la Plaza de la Fraternidad Americana, situado en los antiguos terrenos del Campo de Marte, los jardines del Capitolio, el Parque Central, la franja del Paseo del Prado, el conjunto de parques de la plaza del Palacio Presidencial y los de la Avenida del Puerto.
El proyecto para los jardines del Capitolio se concibió como un sistema de senderos floridos que se correspondían con los accesos de entradas de las diferentes fachadas del edificio, a la vez que conjugaban con las jerarquías de las vías que conformaban el trazado versallesco de su diseño. Estas sendas de terrazo integral en diferentes colores: blanco, gris y negro, emplean una composición con motivos decorativos de líneas y elementos geométricos que acentúan direccionales o destacan puntos o áreas determinadas. El estudio de la vegetación, desarrollado a partir del dominio y el conocimiento del paisajismo y la jardinería que Forestier poseía, se encaminó a enmarcar la monumentalidad del edificio, compaginando la arquitectura del capitolio con especies como lantanas moradas, cannas rojas y amarillas, embelesos, y un conjunto de palmas reales situadas en los cuatro ángulos del edificio como culminación del tratamiento, un elemento típico de la vegetación tropical y símbolo de la nacionalidad cubana.
La influencia de las aportaciones de Forestier resultó un importante legado que marcó el posterior desarrollo urbanístico de la ciudad de La Habana.
Características del edificio