El fetichismo de la mercancía (en alemán: Warenfetischismus) es un concepto creado por Karl Marx en su obra El Capital (1867) que describe la percepción de ciertas relaciones (especialmente la producción y el intercambio) no como relaciones entre personas, sino como relaciones sociales entre cosas (el dinero y las mercancías intercambiadas en el mercado). En la época de Marx, el término fetiche se usaba principalmente en relación con las religiones animistas. Marx traslada el concepto de fetiche a los fenómenos de la economía política. En una sociedad productora de mercancías, estas aparentan tener una voluntad independiente de quienes la produjeron, es decir, fantasmagórica.Karl Marx, El Capital, tomo I, capítulo I, apartado 4: El carácter fetichista de la mercancía y su secreto. Es la ocultación de la explotación que es sujeto el proletario, al presentarse las mercancías ante los consumidores sin que ellos observen la explotación (plusvalía).
En este fetichismo de la mercancía, describe Michael Heinrich, son "inversiones que no surgen de la manipulación de la clase dominante, sino de la estructura de la sociedad burguesa y de la actividad que reproduce constantemente esta estructura". El valor económico se percibe como algo que surge y reside dentro de las mercancías mismas, y no de la serie de relaciones interpersonales que producen la mercancía y evolucionan su valor de cambio. Como dice Slavoj Žižek en Menos que nada: la "lógica del valor de cambio sigue su propio camino, su propia danza enloquecida, independientemente de las necesidades de la gente real". El resultado es la apariencia de una relación directa entre las cosas y no entre las personas, lo cual significa que las cosas (en este caso, las mercancías) asumirían el papel subjetivo que corresponde a las personas (en este caso, los productores de mercancías) y las personas el de las mercancías (fuerza de trabajo). Los "factores de producción" se "personifican" y las "relaciones de producción" se "cosifican". Dentro de la economía política, la forma (renta, beneficio y salario) y la fuente de los ingresos (tierra, capital y trabajo) "son la expresión más fetichista de las relaciones de producción capitalistas". Todo análisis basado en estas apariencias superficiales Marx lo denomina como "economía vulgar".
Este fetichismo está relacionado con el concepto de alienación de Marx, donde el objeto “cobra vida” y ocupa el lugar del sujeto, siendo para los demás ajeno la relación del productor con el producto.
La cuestión del fetichismo fue ignorada durante mucho tiempo en el marxismo-leninismo, que se consideró un residuo idealista dentro de la concepción materialista y científica de la obra. Es a partir de György Lukács en la década de 1920 que el fetichismo comienza a ser objeto de atención. Fue más adelante con Alfred Sohn-Rethel cuando se comienzan a sentar las bases conceptuales del fetichismo de la teoría del valor. Según Isaak Rubin, "la crítica económica de Marx consiste precisamente en su núcleo fundamental en el descubrimiento del carácter fetichista de la economía de mercado y, por extensión, de la economía capitalista". Ernest Mandel señala que el fetichismo de la mercancía no es solo "una prisión en la que encierra la falsa conciencia a las personas" sino además es "una necesidad al tiempo que una compulsión" del modo de producción capitalista. Slavoj Žižek combinó la definición psicoanalítica de fetiche "para crear una teoría de la mercancía que utiliza la noción de fantasía para explicar su peculiar poder para engañar". El fetichismo de la mercancía también es fundamental para la teoría de la sociedad del espectáculo de Guy Debord y la sociedad de consumo de Jean Baudrillard.
Concepto del fetichismo miniaturadeimagen|Ilustración de una figura fetiche sudafricana (c. 1900) Karl Marx creó la teoría del fetichismo en sus análisis de la superstición religiosa y en la crítica de las creencias de los economistas políticos a partir de la noción de fetiche en la antropología y etnología, donde se refiere a un objeto sagrado que según sus adoradores tiene un poder sobrenatural. Marx tomó prestado el concepto de "fetichismo" de The Cult of Fetish Gods (1760) de Charles de Brosses, que propuso una teoría materialista del origen de la religión. La discusión filosófica del fetichismo estuvo presente en filósofos como Immanuel Kant, Georg Wilhelm Hegel, Auguste Comte y Ludwig Feuerbach. La interpretación psicológica de la religión también influyó en el desarrollo de Marx del fetichismo de la mercancía.
La primera mención de Marx del fetichismo apareció en 1842, en su respuesta a un artículo de un periódico de Karl Heinrich Hermes, que defendía el Estado prusiano por motivos religiosos. Hermes estuvo de acuerdo con el filósofo alemán Hegel al considerar el fetichismo como la forma más cruda de religión. Marx rechazó ese argumento y la definición de religión de Hermes como aquello que eleva al hombre "por encima de los apetitos sensuales". En cambio, Marx dijo que el fetichismo es "la religión de los apetitos sensuales", y que la fantasía de los apetitos engaña al adorador del fetiche haciéndole creer que un objeto inanimado cederá su carácter natural para satisfacer los deseos del adorador. Por lo tanto, el apetito crudo del adorador del fetiche aplasta el fetiche cuando deja de ser útil.
La siguiente mención del fetichismo fue en los artículos del periódico Gaceta Renana de 1842 sobre "Los debates sobre la Ley acerca del Robo de la leña", donde Marx hablaba del fetichismo español del oro y el fetichismo alemán de la madera como mercancía:
En los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, Marx habló del fetiche europeo del dinero de metales preciosos:
Por lo tanto, Karl Marx aplicó los conceptos de fetiche y fetichismo, derivados de estudios económicos y etnológicos, al desarrollo de la teoría del fetichismo de la mercancía, en la que una abstracción económica (valor) se transforma (cosifica) psicológicamente en un objeto, que la gente elige para creer tiene un valor intrínseco, en sí mismo. La tesis del fetichismo y la mistificación entra en contraste si se compara la tesis de El manifiesto comunista, donde el capitalismo sustiyó "un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación" (una anticipación de la «tesis del desencantamiento» de Max Weber) y la crítica de la ideología era un acto de denuncia para mostrar los "verdaderos intereses" de la clase dominante, mostrando así un cambio de la concepción de la realidad social de Marx entre 1848 y 1867.
Teoría
Explicación miniaturadeimagen|Aunque puede percibirse con un valor alto por el mero hecho de ser un diamante, para Marx el valor de un diamante es la cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario contenido en su producción; y "si con poco trabajo se lograra transformar carbón en diamantes, éstos podrían llegar a valer menos que ladrillos" (véase Paradoja del valor). Las mercancías son fetiches en el sentido de que se cree en una oscura jerarquía o cualidad mágica de valor en las mercancías que las clasifica, haciendo que sea más valioso un diamante que el agua (para usar el famoso ejemplo de Adam Smith de La riqueza de las naciones de 1776), a pesar del hecho que el diamante tiene poco valor de uso.
Marx afirma que el fetichismo de la mercancía es algo intrínseco a las sociedades productoras de mercancías y servicios, ya que en ellas el proceso de producción se autonomiza de la voluntad del ser humano.
En El capital Marx reconoce que relaciones de producción se "cosifican", ya que el intercambio es la única manera en que diferentes productores aislados se relacionan entre sí. El "trabajo abstracto socialmente necesario materializado se representa como el atributo social que tiene su producto para relacionar socialmente a su productor a través del cambio, o sea, como el valor de su producto específicamente determinado como mercancía. En el momento en que el productor de mercancías ejerce el control sobre su proceso individual de trabajo propio del individuo libre, debe someter su conciencia y voluntad a las potencias sociales encarnadas en el producto de su trabajo".
De esta manera, el valor de las mercancías es determinado de manera independiente de los productores individuales, y cada productor debe producir su mercancía en términos de la satisfacción de necesidades ajenas. De esto resulta que la mercancía misma (o el mercado) parece determinar la voluntad del productor y no al revés.
Marx también argumenta que la economía política clásica no puede salir del fetichismo de la mercancía, pues considera a la producción de mercancías como un hecho natural y no como un modo de producción histórico y, por lo tanto, transitorio. De este fetichismo que se da prácticamente en la producción y el intercambio de mercancías viene la sobreestimación teórica del proceso de intercambio sobre el proceso de producción. De ahí el culto al mercado de parte de algunos economistas, que consideran a la oferta y la demanda como determinaciones fundamentales del movimiento de la economía (ley de la oferta y la demanda).
Fetichismo del dinero miniaturadeimagen|Cartel de la campaña presidencial de William McKinley de pie sobre una moneda de oro. Para Marx, el dinero es de todas las mercancías la más alienable y fetichizada. Accedemos a las mercancías mediante el intercambio de dinero con aquellas instituciones que se benefician del trabajo del proletariado. Dado que solo nos relacionamos con esos productos, olvidamos el secreto oculto bajo los movimientos aparentes en los valores relativos de las mercancías. "El enigma que encierra el fetiche del dinero no es más, pues, que el enigma, ahora visible y deslumbrante, que encierra el fetiche de la mercancía". En la sociedad capitalista, el papel moneda es una representación del oro y la plata, casi sin valor propio pero mantenida en circulación por decreto estatal. Se convierten en "la encarnación directa de todo el trabajo humano", al igual que en las sociedades primitivas el tótem se convierte en la encarnación directa de la divinidad, separándose de su valor de uso para funcionar exclusivamente como valor de cambio. Por eso, "el dinero es la mercancía absolutamente alienable, porque son todas las demás mercancías despojadas de su forma, producto de su alienación universal".
El dinero, en la sociedad capitalista, es el único signo de poder y la única necesidad. Los hombres luchan por dinero. Es el objeto de todos los deseos. Se presenta como estado ideal de las cosas, como si toda mercancía fuera tal como el dinero, pero este solo es una pura abstracción de un desarrollo del intercambio mercantil, donde "en la misma medida en que se consuma la transformación de los productos del trabajo en mercancías, se lleva a cabo la transformación de la mercancía en dinero" y "la transformación de la mercancía en dinero y su reconversión de dinero en mercancía" o "M-D-M".
Fetichismo del capital En el cuarto capítulo, La transformación del dinero en capital, Marx describe el capital como valor en movimiento. Para expresar su movimiento o cambio de forma, utiliza la fórmula D – M – D' (dinero – mercancía– más dinero). El dinero se utiliza para comprar mercancías con el fin de venderlas nuevamente y recibir una mayor suma de dinero. Marx llama plusvalía a la diferencia entre D' y M. El punto de partida y el punto final de todo movimiento de este tipo es el dinero; el proceso no se dirige a alguna necesidad externa que le dé una medida y lo acabe. El movimiento de capitales se convierte en un fin en sí mismo.