miniaturadeimagen|250px|Fotografías de la superficie de los 4 satélites naturales más grandes de Júpiter, Ganímedes, Calisto, Ío y Europa. miniaturadeimagen|300px|Diagrama de las órbitas de los satélites interiores de Júpiter y su relación con los anillos jovianos:
El término satélites de Júpiter hace referencia a los satélites naturales que orbitan al planeta Júpiter. Actualmente hay registrados 97 satélites naturales que orbitan a Júpiter; el más grande es Ganímedes (con un diámetro de 5262 km) y el más pequeño es S/2003 J 9 (con un diámetro de ≈1 km).
Características Las características físicas y orbitales de las lunas varían ampliamente. Todas y cada una de las cuatro lunas galileanas sobrepasan los de diámetro, con Ganímedes como el noveno objeto más grande del sistema solar después del Sol y siete de los planetas, excluyendo a Mercurio. Todas las demás lunas de Júpiter tienen menos de de diámetro, y la mayoría apenas exceden los . Las formas orbitales van de casi perfectamente circulares a muy excéntricas e inclinadas, y muchas giran en la dirección opuesta a la rotación de Júpiter (movimiento retrógrado). Los períodos orbitales son tan diferentes que varían desde siete horas (menos tiempo del que Júpiter tarda en girar alrededor de su eje), hasta unas tres mil veces más (casi tres años terrestres).
Origen y evolución Se estima que los satélites regulares de Júpiter se formaron a partir de un disco circumplanetario, un anillo de acreción de gas y fragmentos sólidos similar a un disco protoplanetario. Estos pueden ser los restos de una veintena de satélites con la masa de una luna galileana que se formaron en la historia temprana de Júpiter.
Las simulaciones sugieren que mientras el disco tenía una masa relativamente baja en cualquier momento dado, con el tiempo una fracción sustancial (varias decenas de uno por ciento) de la masa de Júpiter capturada de la nebulosa solar se procesó a través de él. Sin embargo, la masa del disco de solo el 2% de la de Júpiter tiene la obligación de explicar los satélites existentes. Así, puede haber habido varias generaciones de satélites con la masa de uno galileano en la historia temprana de Júpiter. Cada generación de lunas habría disparado contra Júpiter debido al arrastre del disco, con nuevas lunas formándose luego de nuevos desechos capturados de la nebulosa solar. Para el momento en que la presente (posiblemente quinta) generación se formó, el disco había disminuido hasta el punto de que ya no interfería en gran medida con las órbitas de los satélites. Los actuales satélites galileanos fueron aún afectados, cayendo en y siendo parcialmente protegidos por una resonancia orbital que todavía existe para Ío, Europa y Ganímedes. La gran masa de este último significa que habría migrado hacia el interior a un ritmo mayor al de los dos primeros.
Se cree que las lunas exteriores e irregulares fueron originadas con el paso de los asteroides, mientras que el disco protolunar era todavía lo bastante masivo para absorber gran parte de su impulso y así capturarlas en órbita. Muchas se rompieron por el estrés de la captura, y otras después colisionaron con cuerpos pequeños componiendo las familias que conocemos hoy.
Descubrimiento
miniaturadeimagen|250px|derecha|Júpiter y los satélites galileanos a través de un telescopio Meade LX200 10" (25 cm) miniaturadeimagen|325px|Los satélites galileanos. De izquierda a derecha en orden de alejamiento con respecto a Júpiter: Ío, Europa, Ganímedes, Calisto miniaturadeimagen|derecha|Los satélites galileanos y sus órbitas alrededor de Júpiter La primera observación informal de una de las lunas del planeta fue la del astrónomo chino Gan De alrededor del año 364 a. C. Sin embargo, las primeras observaciones seguras fueron realizadas por Galileo Galilei en 1609. Para marzo de 1610 había divisado las masivas cuatro lunas galileanas con su telescopio de 30 aumentos: Ganímedes, Ío, Calisto y Europa. No fue descubierto ningún satélite adicional hasta que E. E. Barnard observó Amaltea en 1892. Con la ayuda de la fotografía telescópica, nuevos descubrimientos siguieron rápidamente a lo largo del . Himalia fue descubierto en 1904, Elara en 1905, Pasífae en 1908, Sinope en 1914, Lisitea y Carme en 1938, Ananké en 1951, y Leda en 1974. Cuando las sondas Voyager alcanzaron Júpiter en 1979, se habían descubierto 13 lunas; mientras que Temisto fue observada en 1975, pero debido a la insuficiencia de los datos de la observación inicial, se perdió hasta el 2000. Las misiones Voyager descubrieron tres lunas interiores más en 1979: Metis, Adrastea y Tebe.
Durante dos décadas no fueron descubiertas lunas adicionales; pero entre octubre de 1999 y febrero de 2003, los investigadores encontraron otras 32 lunas usando detectores sensibles con base en la Tierra, de las cuales la mayoría fueron descubiertas por un equipo liderado por Scott S. Sheppard y David C. Jewitt. Estas son pequeñas lunas, en órbitas largas, excéntricas y generalmente retrógradas, con un promedio de de diámetro, de las que la mayor mide de ancho. Se cree que todas estas lunas fueron asteroides o tal vez cometas capturados, posiblemente fragmentados en varios pedazos, pero realmente se sabe muy poco acerca de esto. Desde entonces han sido descubierta otras14 lunas pero no confirmadas todavía, llevando el total de satélites jovianos observados a 63.A 2025 Júpiter cuenta con 97 Satélites confirmados.
Nomenclatura
Cuando un satélite es descubierto por primera vez se le asigna un nombre o designación provisional hasta que la Unión Astronómica Internacional (UAI) le proporciona uno propio. La designación de los satélites se proporciona siguiendo un estándar en todos los planetas:
Se coloca una S mayúscula que simboliza satélite. Le sigue una barra y el año de descubrimiento. Se coloca la inicial del nombre del planeta al que orbita, en el caso de Júpiter una J mayúscula. Y por último se le añade el número en el sentido ordinal en el que se descubrió en ese año. Así, por ejemplo, S/2000 J 11 fue el satélite número 11 que se encontró en 2000 y S/2003 J 3 fue el tercero que se encontró en 2003.
En el caso de los satélites de Júpiter se utilizan personajes mitológicos de origen greco-romano relacionados con la figura de Júpiter o Zeus. Mientras que Galileo Galilei optó por nombrar los satélites con números romanos (tras su ignorada propuesta de llamarlos "estrellas mediceas"), esta tradición se siguió manteniendo hasta 1975, cuando la UAI la sustituyó por la anterior nomenclatura normalizada. Los números se asignaban en el orden de su descubrimiento, aunque para los cuatro satélites galileanos, que fueron descubiertos simultáneamente, la numeración está relacionada con su distancia al planeta.
Fue Simon Marius (o Mayr), el astrónomo alemán que disputó el mérito del descubrimiento de los cuatro grandes satélites a Galileo Galilei, quien los denominó con los nombres mitológicos con los que actualmente se los conoce. De ahí surgió la costumbre de que, a raíz del descubrimiento del satélite [V], el astrónomo y divulgador francés Camille Flammarion lo bautizase como Amaltea y entre los aficionados se popularizó el nombre propio más que la numeración romana.
En 1975 la Unión Astronómica Internacional, renombró todos los satélites de Júpiter con nombres propios originarios de la mitología greco-romana relacionados con la figura de Júpiter (Zeus), mientras que otros siguen a la espera de ser nombrados, manteniendo temporalmente la nomenclatura tipo S/AAAA J ##, donde AAAA es el año del descubrimiento y ## el número de orden.
Exceptuando a Ganímedes, único nombre masculino, todos los demás satélites tienen nombre femenino, en la mayoría de los casos, amantes de Júpiter (Zeus). En los grupos de satélites exteriores (desde Leda hasta Sinope) los nombres que acaban en -a siguen órbitas directas y los que acaban en -e, siguen órbitas retrógradas.
Se entiende como órbita directa la que gira en sentido antihorario observando el polo norte del planeta y como órbita retrógrada la que gira en sentido horario.
Listado completo de satélites de Júpiter ClavesSatélites interioresSatélites galileanosSatélites irregularesSatélites retrógrados