El Palacio Real de Capodimonte () es un palacio real con un parque anexo situado en la zona de Capodimonte de Nápoles, Italia.
Fue residencia histórica de la casa de Borbón-Dos Sicilias, y también de los Bonaparte, los Murat y los Saboya. Construido a partir de 1738 por órdenes de Carlos de Borbón para acoger la colección Farnesio, posteriormente sirvió de residencia real y compaginó ambas funciones hasta 1948. Desde 1957 alberga el Museo Nacional de Capodimonte.
El palacio se distribuye en tres plantas y un entresuelo. En la primera se encontraban los Apartamentos Reales, cuya decoración aun se conserva parcialmente y que, actualmente, sirven para exponer mobiliario, objetos artísticos y decoración que perteneció a las diferentes dinastías que han habitado Capodimonte u otras residencias reales napolitanas; asimismo, también se exponen objetos provenientes de residencias nobiliarias. Destacan las porcelanas, los objetos cotidianos, y las pinturas y esculturas de artistas italianos y europeos de los siglos y .
Historia La fundación del real sitio (1734-1759)
thumb|left|Carlos de Borbón, a quien se debe la construcción del palacio Tras dos siglos de virreinato español y treinta años de dominación austriaca, en 1734, con la llegada al trono de Carlos de Borbón, la ciudad de Nápoles volvió a ser capital de un reino independiente. El nuevo rey decidió realizar una remodelación urbana de la ciudad y, al mismo tiempo, crear una red de Reales Sitios alrededor cuyo principal atractivo sería la caza, a imitación de los que había conocido en España. Así nacieron los reales sitios de Procida, Capodimonte, Portici, Persano o Caserta.
El lugar escogido, a finales de 1735, para la creación del coto de caza fue la colina de Capodimonte, una altiplano boscoso del norte de Nápoles, de interés cinegético, y con magníficas vistas de Nápoles y el mar, además del Vesubio, San Martino y Posillipo.
La primera construcción en el nuevo real sitio fue un muro, entre febrero y abril de 1736, de más de nueve kilómetros hecho con piedras sacadas de una cantera próxima. La dirección de ésta y todas las obras siguientes hasta 1741 correría a cargo del ingeniero militar Giovanni Antonio Medrano.
Solo en 1737, el rey empezó a plantear la idea de construir un "casino per comodo e diporti", que luego se convertiría en un auténtico palacio que sería erigido en el extremo sur del coto de caza, fuera del muro. Los primeros proyectos fueron presentados al monarca el 3 de febrero de 1738: con pequeñas variaciones en las fachadas, todos preveían edificar un edificio rectangular, con cuatro resaltes o avantcorps en las cuatros esquinas y tres patios interiores de igual tamaño. En un principio, Medrano realizó el proyecto acompañado del más experimentado arquitecto romano Antonio Canevari, que justo acababa de empezar otra residencia real en Portici. No obstante, en mayo de ese mismo año, Canevari abandonó el proyecto. miniaturadeimagen|Diseños originales del palacio según Medrano. La escalera principal debía desarrollarse en el patio central. Las obras del palacio se empezaron en junio de 1738, coincidiendo con la llegada a Nápoles de la esposa de Carlos, María Amalia de Sajonia. Sin embargo, la primera piedra no se puso hasta el 10 de septiembre de 1738.
Apenas iniciadas las obras, en diciembre de 1738, una comisión de expertos empezó a examinar las posibilidades que ofrecía el edificio para albergar la preciada Colección Farnesio, que entonces estaba dividida entre Roma y Parma. La colección de arte y antigüedades había sido iniciada por el papa Paulo III en el , continuada por sus descendientes los duques de Parma y heredada por Carlos a través de su madre Isabel de Farnesio. No es probable que el palacio se concibiera como un museo, si no que la comisión lo que planteó en esta fase inicial es una exposición de las obras en los aposentos reales. Las salas orientadas al sur, con vistas del mar, estarían destinadas a la exposición de los cuadros, mientras que las más internas, que dan hacia el jardín, estarían dedicadas a la biblioteca.
Las obras procedieron con bastante lentitud debido a varios problemas logísticos: la falta de agua en la colina de Capodimonte, la ausencia de una calle directa, las varias subidas escarpadas o imprevistos en la construcción de los cimientos debido a la presencia de cuevas subterráneas.
Durante una visita al palacio en 1758 Johann Joachim Winckelmann afirmaría:
En 1741, tras un escándalo que implicaba la apropiación de caudales públicos, Medrano fue arrestado y poco después destituido de todos sus cargos y empleos. miniaturadeimagen|El cuerpo y la fachada meridional del palacio, cara a Nápoles, fue el primero en edificarse. En 1742 el arquitecto Ferdinando Sanfelice empezó la remodelación de las del parque de Capodimonte. Desde una explanada de forma elíptica que se abría frente al palacio, Sanfelice hizo partir cinco avenidas que se ramificaban en otras más pequeñas que atravesaban todo el bosque. Además, se restauraron todas las construcciones presentes en el interior del jardín, usadas como viviendas, lugares de culto o lugares de trabajo, como una fábrica de tapices fundada en 1737, la célebre fábrica de porcelana inaugurada en 1743 —una de las más importantes de Europa, que sería destruida en 1759 cuando el rey se trasladó a España llevándose con él a todos sus trabajadores—, una Imprenta Real fundada en 1750, y una fábrica de armas creada en 1753, además de varias haciendas agrícolas.
Tras la muerte de Sanfelice, en 1748, éste sería sustituido por Giuseppe Astarita en la dirección de las obras. Este periodo final del reinado de Carlos, con el gobierno en manos de Bernando Tanucci, se caracterizó por una ralentización de las obras, ya que el interés real había virado hacia Palacio Real de Caserta, cuyas obras habían empezado en 1752. Sin embargo, el primer patio de Capodimonte fue terminado en 1757.
Solo al final de su reinado, Carlos de Borbón se preocupó de la correcta exposición de la colección Farnesio, en 1756 encargó a Giovan Maria della Torre, monje romano, la colocación de los cuadros en Capodimonte. El 5 de setiembre de 1759, éste le escribía al ya rey de España, Carlos III, que: "el Real Museo de Capodimonte ya está ordenado, tanto en lo que se refiere a las Antigüedades, como en lo que respecta a la Galería de cuadros". La biblioteca aún seguía, en gran medida en el palacio Farnesio de Roma.
Apenas un mes después, el 7 de octubre, Carlos partía hacia Barcelona.
En 1755, en el palacio todavía en construcción, se inauguró la Real Academia del Desnudo, dirigida por Giuseppe Bonito. En 1758, finalmente, quedó inaugurada al Galleria Farnesiana cuando se trasladaron los primeros cuadros al inmueble, que ocuparon doce de las veinticuatro salas que rodeaban el primer patio, todavía en proceso de finalización.
La continuación de las obras (1759-1806) thumb|upright=1.2|Ferdinando Fuga, uno de los arquitectos que participaron en la construcción del palacio. Tras el ascenso al trono de Fernando IV en 1759, las obras del palacio continuaron a un ritmo lento, pues se había difundido en Nápoles la idea de crear un nuevo único centro museístico donde reunir, además de las obras de arte, también la biblioteca y la academia, resultando elegido el Palazzo degli Studi en Via Toledo, un lugar mucho más accesible.
En 1761 fue nombrado al frente de las obras el afamado arquitecto toscano Ferdinando Fuga, que las dirigiría casi veinte años, hasta su renuncia en 1780. Fuga, no obstante, no introdujo cambios importantes en el proyecto, ya delimitado por sus antecesores. Sin embargo, en una planta del palacio realizada por Domenico Rossi en 1807 y que reproduce el proyecto de Fuga, se pueden apreciar algunas ligeras modificaciones, éstas afectaban esencialmente a las escaleras principales, que ya no estarían en el patio central, si no en las alas transversales que separaban los patios internos. No llegaron a realizarse. La distribución interior también había variado ligeramente respecto a las ideas de Medrano: las estancias eran de tamaño más variable, y una de las grandes estancias con alcoba de las cuatro esquinas o resaltes fue eliminada para crear un aposentos más cómodo y con espacios más reducidos. Por último, en las alas meridional (cara a Nápoles) y septentrional (cara al coto de caza) se introdujeron dos escaleras hexagonales de doble revolución. Solo la primera llegó a construirse.
En 1765 se completó el estucado, las puertas y las ventanas de los aposentos reales alrededor del primer patio, el meridional. En 1769, lord Bute, durante su viaje a Italia, visitó Nápoles y describió Capodimonte como un palacio de arquitectura pesada, con el patio central con los arcos sin terminar. El palacio, en aquella época, no era habitado por los monarcas, si no utilizado para fiestas, banquetes y durante las partidas de caza.
En 1771, se refundó la fábrica de porcelana, llamándose Real Fabbrica Ferdinandea, no obstante su sede no estaría en Capodimonte, si no en Portici, para luego ser trasladada al Palacio Real de Nápoles. En la misma época, se inauguró un taller de restauración.
Tras la proclamación de la breve República Partenopea en 1799, se produjo un saqueo parcial de las obras del palacio y, a la vuelta de Fernando, el resto de la colección se trasladó al Palazzo Francavilla, en el centro de la ciudad. El Palacio Real de Capodimonte perdía así parcialmente su función museística.
La trasformación en residencia real (1806-1815)
thumb|right|Joaquín Murat, uno de los soberanos que transformó el palacio en residencia privada La llegada de los franceses a Nápoles en 1806 y los respectivos reinados de José Bonaparte (1806-1808) y Joaquín Murat (1808-1815), corresponde a una nueva fase de la historia del palacio, destinado, finalmente, a ser utilizado como residencia real.
José Bonaparte, apenas llegado a Nápoles, en febrero de 1806, mostró ya un interés por Capodimonte. El palacio, completo solo en dos terceras partes, ofrecía una combinación de aislamiento y privacidad, con la evidente cercanía a Nápoles y los distintos edificios gubernamentales, como el Palacio Real. Además, era un lugar fácilmente defendible y con posibilidad de huir hacia el interior de la Campania en caso de altercados en la ciudad.
El arquitecto Antonio de Simone, vinculado a la antigua administración borbónica, fue el encargado de dirigir las obras en julio de 1806 y, ese mismo verano, el monarca le encargó decorar los aposentos reales, además de crear unas cocinas en la planta baja. Hacia finales de 1807, las obras estaban casi terminadas y se empezaba a debatir sobre la escalera principal, examinando los proyectos que Fuga había hecho varias décadas antes.
Joaquín Murat y su esposa Carolina, instalados en Nápoles desde setiembre de 1808, mostraron más interés por los palacios de Nápoles, Portici y Caserta, pero su llegada trajo consigo el gusto francés más moderno, es decir, el estilo Imperio. Con ellos vino el decorador Étienne-Chérubin Leconte y el arquitecto toscano Antonio Niccolini, que sería esencial para la finalización del palacio ya después de la restauración borbónica.
Los interiores de Capodimonte, súbitamente desnudos de obras de arte, se enriquecieron con suntuosos muebles y objetos traídos directamente desde Francia o encargados a artesanos locales, según el gusto de los soberanos.