miniatura|300px|Cuencas hidrográficas de la península ibérica.Al igual que la hidrografía de cualquier otro país, la española está determinada por dos tipos de factores: los climáticos y los geológicos (relieve y suelos). La mayor parte de España presenta un clima mediterráneo, por lo que una primera característica general es la de ríos con fuertes estiajes y escaso caudal. De esta característica están exentos los ríos de la llamada España húmeda: el norte y noroeste, y en parte, también los grandes colectores o grandes ríos, ya que sus afluentes procedentes de las montañas amortiguan estos efectos.

El relieve determina la red hidrográfica española. En la península es la Meseta Central la unidad de relieve más importante por la superficie que ocupa y porque en torno a ella se estructuran el resto de grandes unidades, como sus rebordes montañosos y las depresiones y cordilleras exteriores. El hecho de que esté basculada hacia el oeste es el causante de que tres de los grandes ríos (Duero, Tajo y Guadiana) viertan sus aguas al Atlántico. De los otros dos grandes ríos, el Guadalquivir también desagua en el Atlántico por la inclinación de la depresión Bética hacia ese océano, mientras que el otro gran río, el Ebro, es el único de los grandes colectores que desagua en el Mediterráneo, dada la apertura de la depresión ibérica hacia ese mar.

Los lagos no son abundantes en España, aunque sí de origen variado, pues existen tanto de origen endorreico (tectónicos y volcánicos), como de origen exorreico (glaciares, kársticos...) e incluso de origen mixto.

Condicionamiento del trazado de la red fluvial

El primer rasgo que se destaca en el trazado de las cuencas fluviales peninsulares es la gran disimetría entre la vertiente atlántica y la mediterránea. En efecto, a pesar de que la longitud de la costa de ambos es poco diferente, los ríos que vierten al Atlántico drenan más de dos terceras partes (69%) de la Península, mientras que los que lo hacen al Mediterráneo avenan tan sólo menos de una tercera parte (31%) del territorio peninsular. La línea divisoria de aguas entre ambas cuencas pasa mucho más cerca de la costa mediterránea y describe un gran arco con la concavidad vuelta al Atlántico, hacia donde vierten los grandes colectores peninsulares, como los ríos Duero, Tajo, Guadiana y Guadalquivir, siendo solamente el río Ebro el único gran río peninsular que escapa a dicho dominio.

La causa de esta disimetría hay que buscarla en la estructura y evolución geológica de la Península ya que, a consecuencia del plegamiento alpino, todo el gran bloque de la Meseta fue basculado hacia el oeste, en tanto que sus bordes orientales se plegaban para formar la Cordillera Ibérica. En consecuencia, a partir del reborde ibérico las aguas se deslizan hacia el Atlántico, siguiendo el plano inclinado de la Meseta. Las de la Submeseta Norte constituyen la cuenca del Duero, mientras las de la Submeseta Sur se reparten, a causa del relieve de los Montes de Toledo, entre las cuencas del Tajo y del Guadiana.

Las características de los restantes bordes montañosos de la Meseta condicionan también los rasgos de los correspondientes derrames periféricos. Así, el elevado reborde cantábrico, abrupto y escarpado y con alturas superiores a los 2.500 m, Torre Cerredo 2.650 m. -Picos de Europa- da lugar a cursos de corta longitud, que tienen que salvar en recorridos no superiores al centenar de kilómetros desniveles a veces de más de 2.000 m. Además, estas montañas, bien alimentadas por las abundantes y regulares precipitaciones propias del clima atlántico, originan ríos caudalosos y de gran fuerza erosiva a causa de su pendiente, los cuales han cortado los enérgicos relieves de la cordillera en hoces profundas y estrechas que cuentan entre los más grandiosos paisajes fluviales de la Península, como las hoces del río Cares y las del río Deva, excavadas en el macizo de los Picos de Europa.

Aparte del dispositivo fluvial, determinado por los rasgos de la Meseta central española, otro rasgo mayor de la estructura peninsular determina el trazado y orientación del resto de las aguas de sus principales colectores: la alineación de las dos grandes cordilleras alpinas: Pirineo y Cordilleras Béticas, y de sus respectivas prefosas. El Pirineo, orientado de este a oeste, va a unirse con el borde nordeste de la Meseta formado por la Cordillera Ibérica, dejando entre ambos sistemas montañosos, distintamente orientados, el triángulo de tierras hundidas que constituye la Depresión del Ebro, abierta hacia el Mediterráneo; por eso dicho río es el único gran colector español que no vierte al Atlántico. En el fondo de esta depresión se reúnen, procedentes de las montañas del norte, las aguas que recogen las escorrentías pirenaicas, y por el lado sur las procedentes del borde ibérico de la Meseta. Así se explica que el Ebro sea el río más caudaloso de España.

Una disposición parecida conforma por el sur, entre Sierra Morena y las Cordilleras Béticas, otro gran triángulo deprimido, surcado por el río Guadalquivir y abierto hacia el Atlántico. Por el lado de Sierra Morena recibe los aportes de ríos cortos e indigentes, mientras por el sur recibe las escorrentías de las serranías béticas, mucho menos abundantes y regulares que las del Pirineo. Los otros derrames externos y periféricos de las Cordilleras Béticas dan lugar a cursos todavía más cortos y torrenciales, con terribles crecidas y estiajes acusados.

Estudio de los ríos españoles Principales ríos de España200px Nombre Longitud1 (km) 01 Río Tajo 1007 02 Río Guadiana (Tablas de Daimiel) + Cigüela 742 + 225 = 967 03 Río Ebro 910 04 Río Duero 895 05 Río Guadalquivir 657 06 Río Garona 569 07 Río Júcar 498 08 Río Genil 337 09 Río Segura 325 10 Río Miño 310 11 Río Esla 288Nota 1: Longitud total del río, incluyendo los tramos que discurren por Portugal o por Francia.

Caudal mensual y anual en cada estación de aforo. Caudal total evacuado por el río durante el año. Variaciones estacionales del caudal medio mensual en el transcurso del año, que es lo que constituye el régimen del río, el cual depende de muchos factores, pero principalmente de la abundancia estacional de las precipitaciones recogidas en la cuenca hidrográfica. Relación entre el caudal circulado por el cauce y las precipitaciones recibidas, o balance del aprovechamiento, el cual depende de la evaporación y filtraciones. Abundancia relativa, o sea, el caudal en relación con la extensión de la cuenca receptora, expresado en litros por segundo y kilómetro cuadrado de cuenca. Irregularidad anual e interanual, muy importante en climas como el Mediterráneo, en donde la abundancia de lluvias varía extraordinariamente de un año a otro y dentro del año, mientras es más uniforme en el clima atlántico.

De todos los factores que influyen en la escorrentía fluvial el más importante es el clima, especialmente en cuanto se refiere a la cuantía de las precipitaciones y a la distribución de las mismas a lo largo del año y por eso, es preciso el conocimiento del clima antes realizar el estudio de los ríos. Además del factor climático, hay otros factores también notables que condicionan la escorrentía, principalmente la topografía, ya que cuanto mayor sea la pendiente más deprisa discurre el agua caída por las laderas y la que circula por los cauces hacia el mar, mientras que, en ríos de llanura, la escorrentía es más perezosa y regular. El carácter torrencial de un río depende, pues, en primer lugar de la pendiente de su cauce.

En segundo lugar influye la naturaleza del roquedo que el río atraviesa. En las rocas permeables como las calizas se pierde gran cantidad de las aguas superficiales y en cambio se produce una intensa circulación subterránea, que incluso puede llegar a hacer desaparecer el río mismo (figura de la ilustración), tal ocurre por ejemplo con el río Ésera, en el Pirineo. En cambio, las rocas impermeables como las pizarras o las arcillas retienen mal el agua, la cual corre inmediatamente hacia el cauce principal.

En grado menor influye también la densidad del tapiz vegetal, el cual, cuanto más denso es, mejor retiene el agua y la devuelve más lentamente, contribuyendo a la regularización del caudal. Por eso las cuencas de los embalses se suelen replantar de bosque. En cambio, en las cuencas pobres en vegetación la rápida evacuación de las lluvias suele revestir frecuentemente efectos catastróficos.

Abundancia absoluta y relativa de los ríos españoles

El río más caudaloso de la Península es el Duero, el cual cerca de la desembocadura, en Oporto, arroja un caudal medio anual de 675 m³/s. Valores parecidos se registran en los más importantes ríos peninsulares según puede verse en la Tabla adjunta.

+ Principales ríos de España Río Recorrido (km) Cuenca (km²) Caudal medio (m³/s) Punto de aforo Ríos atlánticos Río Miño 310 12.486 340,0 Tuy Río Duero 897 97.290 675,0 Oporto Río Tajo 1.007 80.600 444,0 Lisboa Río Guadiana 744 67.733 78,8 Ayamonte Río Guadalquivir 657 57.071 164,3 Sevilla Ríos mediterráneos Río Ter 208 3.010 17,2 Estartit Río Llobregat 175 4.948 19,0 El Prat de Llobregat Río Ebro 930 86.100 600,0 Deltebre Río Mijares 156 4.028 14,7 Cirat Río Turia 280 6.394 14,0 Villamarchante Río Júcar 498 21.579 49,8 Albalat de la Ribera Río Segura 325 14.936 26,3 Cieza Río Guadalhorce 154 3.147 8,0 Málaga Ríos cantábricos Río Nalón 138 3.692 55,2 San Juan de la Arena Estos valores absolutos no difieren demasiado del de otros grandes ríos europeos, como el río Sena, con 480-500 m³/s, a causa de que, aunque aquellos avenan cuencas de clima menos lluvioso, en cambio surcan relieves de mayor altitud y por consiguiente mejor alimentados. Sin embargo, se advierte que los ríos mediterráneos, salvo el río Ebro, son mucho menos caudalosos, por tratarse de regiones en gran parte semiáridas en donde llueve poco y la evaporación es intensa. En cambio los ríos cantábricos están mejor alimentados con caudales abundantes como corresponde al clima atlántico.

Pero, claro está, en igualdad de condiciones climáticas los ríos son tanto más caudalosos cuanto mayor es su cuenca de alimentación. De aquí que sean mucho más expresivos los datos de abundancia o caudal relativo, concepto llamado también coeficiente o módulo específico, expresado en litros por segundo y kilómetros de cuenca. Este valor, al revés de lo que ocurre con el caudal absoluto, disminuye aguas abajo del valle, puesto que las precipitaciones suelen decrecer en igual sentido, al descender la altitud.

Por término medio, en una zona holohúmeda como el norte de España, el coeficiente de escorrentía anual es de unos 20 l/s km². En los ríos pirenaicos se alcanzan valores de 30 L/s/km², incluso más altos en las cabeceras, como en el Caldarés, afluente del Gállego, con 46,28 l/s km². También son elevados los valores de la región atlántica: en el Nalón, 25,7, y en el Miño 19,1. En cambio en el sur, en la zona semiárida, los valores de abundancia relativos son mucho más bajos: 1,6 en el Guadiana y 0,6 en el Vinalopó.

Variaciones estacionales En general el régimen de un río que depende únicamente de las lluvias refleja perfectamente los máximos y mínimos de las precipitaciones de su cuenca, de forma que la curva expresiva de su régimen es paralela, en líneas generales, a la de las precipitaciones. Así sucede en los ríos de las montañas bajas y medias, y en algunos ríos cortos atlánticos (Tambre, Ulla, en Galicia) y mediterráneos (Segura, Mijares, Zújar, Cíjara).

En cambio, en los ríos que nacen en las altas montañas, en las que son frecuentes las nevadas, y mucho más en los alimentados por glaciares, los caudales máximos se dan al final de la primavera o en verano, en la época de fusión de la nieve o hielo acumulados durante el invierno, aun cuando las precipitaciones pasen entonces por el mínimo propio del clima mediterráneo.

Tipos de régimen miniatura|170px|Alimentación nival: el río Caldarés (en Ibón de los Baños, Huesca)