«Socialismo militar» es una expresión utilizada en Bolivia para referirse a los gobiernos militares de David Toro (1936-1937) y Germán Busch (1937-1939).

El régimen militar socialista boliviano erigió una alianza tripartita entre el Ejército, el movimiento obrero y los partidos de izquierda.STEFANONI, Pablo, Rejuvenecer (y salvar) la nación: el socialismo militar boliviano revisitado. La Paz: Tinkazos vol.18 no.37, jul. 2015. Se ensayó una incipiente experiencia de “cogobierno” con los sindicatos obreros, con la creación del Ministerio de Trabajo y la designación, a cargo de este, del líder sindicalista Waldo Álvarez.

Entre los principales logros del régimen estuvieron el establecimiento del Ministerio de Trabajo, la creación del Ministerio de Minas y Petróleo, la nacionalización de la Standard Oil, la Constitución de 1938, el Código del Trabajo, la creación del Banco Minero y el decreto que obligaba a las empresas mineras a entregar sus divisas al Banco Central.

A nivel internacional, el régimen estuvo atravesado por una atmósfera antiliberal, que implicó, internamente, la convivencia desde marxistas hasta filo-fascistas. A diferencia de lo que ocurriría una década más tarde (con la emergencia del antifascismo), en la Bolivia de los años ’30, las fronteras entre las diferentes figuras del “socialismo” (desde el nacionalsocialismo hasta el marxismo, pasando por el socialismo moderado), aunque evidentemente existían, no impedían que estas tendencias se expresaran, y lucharan por imponer sus puntos de vista, al interior de un mismo espacio político.

El período del gobierno “socialista militar” se extendió desde el golpe de Estado del 17 de mayo de 1936 hasta la muerte de Germán Busch el 23 de agosto de 1939.

Gobierno de Toro

thumb|right|200px|El coronel David Toro.

Posteriormente a la derrota en la Guerra del Chaco, el sistema político tradicional de Bolivia entró en crisis, y el viejo liberalismo fue desplazado por nuevas ideologías.KLEIN, Herbert S., “David Toro y el establecimiento del ‘socialismo militar’ en Bolivia”, en: The Hispanic American Historical Review, volumen 45 (edición febrero 1965), 25-52, Duke University Press, 1965. El Ejército, que había estado apartado de la vida política durante la era liberal, pronto se rebeló contra el viejo orden. Tras el fin de la Guerra del Chaco, la oficialidad joven emergió del conflicto sin la culpa de haber llevado al país a desastre, y portadora de un discurso de “regeneración nacional” que establecía alianzas con el sindicalismo y la intelectualidad inconformista.

Los veteranos que volvían de la guerra en 1935 produjeron un estallido de actividad en la izquierda moderada. A medida que los partidos tradicionales iban perdiendo apoyo, comenzaron a aparecer en escena todo un conjunto de nuevos clubs y asociaciones políticas autodenominadas “socialistas”. Rápidamente, en los primeros meses de 1936, se formó un “Partido Socialista”, dirigido por Enrique Baldivieso y Carlos Montenegro, antiguos militantes del Partido Nacionalista, que había sido creado para apoyar la presidencia reformista de Hernando Siles Reyes (1926-1930). El Partido Socialista pronto encontró un aliado en la Legión de Excombatientes para sus aspiraciones de reforma y revuelta contra el liderazgo tradicional. La figura clave y líder del grupo de oficiales jóvenes con mentalidad revolucionaria era el teniente coronel Germán Busch, que sin embargo, no sintiéndose preparado aún para gobernar, pondría al frente del movimiento revolucionario al coronel David Toro.

El 17 de mayo de 1936, Busch, entonces Jefe del Estado Mayor, dio un golpe de Estado contra el gobierno del liberal José Luis Tejada Sorzano, en medio de una huelga general llevada a cabo por la FOT (Federación Obrera del Trabajo) que Busch se negó a reprimir. El golpe de Estado fue sostenido por una coalición de oficiales jóvenes, socialistas de Baldivieso y republicanos socialistas de Saavedra. El 20 de junio, el coronel David Toro arribó desde el Chaco y se estableció una junta militar presidida por él. Se constituyó así el nuevo régimen, con una base político-social tripartita constituida por el Ejército, dos partidos políticos (el Socialista y el Republicano Socialista) y el movimiento obrero. Toro señaló que el propósito del Ejército era hacer “un gobierno de justicia social, que ponga fin a los antiguos métodos y sistemas políticos”, y definió al proyecto como un “Socialismo de Estado”.

Para llevar a cabo su programa de “socialismo de Estado”, se hicieron propuestas clave como el establecimiento de la sindicalización obligatoria y un parlamento corporativo, mostrando así cierta influencia de los sistemas corporativistas entonces en boga en Europa.

A la alianza entre oficiales y partidos de la izquierda moderada, se sumó también el movimiento obrero. El 22 de mayo de 1936, se estableció por primera vez en la historia boliviana un Ministerio de Trabajo, y se puso a cargo de él al líder de la huelga obrera, Waldo Álvarez. Alrededor de él se establecerían algunos elementos de una izquierda más extrema, como por ejemplo los marxistas Ricardo Anaya, José Aguirre Gainsborg y José Antonio Arze. Así, el sindicalismo ya no sólo actuaría en el terreno de la protesta social, sino que ahora sería también parte de las funciones estatales.

El Ministerio de Trabajo estableció varias comisiones de estudio para elaborar la legislación sobre seguridad social y ahorro obrero, más un completo Código del Trabajo. También se creó el Ministerio de Minas y Petróleo, que anunció planes para la creación de un Banco Minero.

El nuevo régimen buscaba alinear a Bolivia con las teorías del Estado social moderno, con capacidades de regulación e intervención en la economía.

El gobierno, sin embargo, mostró también una faceta de autoritarismo cuando prohibió a los empleados públicos hacer huelga, y cuando redactó un decreto anticomunista y antianarquista. También dio muestras de una política errática cuando intentó reconciliarse con el recientemente formado y opositor Partido Centralista, de derecha liberal, dirigido por el magnate del estaño Carlos Víctor Aramayo, iniciando conversaciones sobre la posible entrada de este último en el gobierno como ministro.

El gobierno militar tuvo que enfrentarse al problema de la inflación. Se decretaron varias leyes de control de precios y contra la especulación, y se establecieron tiendas de alimentos subsidiadas por el Estado para vender artículos de primera necesidad.

El proyecto de sindicalización obligatoria, presentado al gabinete por el ministro de Gobierno, Tte. Cnel. Julio Viera, reflejaba los deseos de los oficiales de orientación filofascista de establecer un Estado corporativo, aunque el proyecto también gozó del apoyo de Waldo Álvarez y el movimiento obrero, que esperaba sacar provecho de él. Según palabras de Toro, este proyecto estaba diseñado para establecer una “democracia funcional”. El plan era efectuar una reforma del parlamento, en el que el 50% de la representación provendría de los nuevos sindicatos, y el otro 50% provendría de los procesos electorales tradicionales.

Desde los sectores conservadores se veía al proyecto de sindicalización obligatoria como “peligroso y ridículo” y se convocaba a “limpiar al país del grupito de sovietizantes”. Toro negó que con este proyecto el gobierno estuviera buscando agudizar la “lucha de clases”:

También se estableció una comisión para preparar una nueva Constitución, y el gobierno se comprometió a convocar a una asamblea constituyente tan pronto como la Comisión de Reforma Constitucional hubiera terminado su trabajo. En medio de estos acontecimientos, Waldo Álvarez y la camarilla de extrema izquierda fueron expulsados del Ministerio de Trabajo (Arze y Aguirre Gainsborg fueron deportados a Arica) y Toro reemplazó a Álvarez por el abogado Javier Paz Campero, ligado a los intereses mineros de Hochschild. Pero a pesar de este giro a la derecha, gran parte de los códigos de seguridad social y ahorro obrero iniciados por Álvarez fueron continuados por el nuevo ministro.

Mientras tanto, la Comisión de Reforma Constitucional, bajo el liderazgo de Vicente Mendoza López, estaba avanzando en el diseño de la proyectada nueva Constitución. Se contempló una suerte de Estado sindicalista-corporativo mezclado con el viejo sistema de partidos políticos.

Pero sin duda la acción más importante del gobierno de Toro fue la nacionalización de las propiedades de la Standard Oil Company, por decreto del 13 de marzo de 1937, y el establecimiento de una compañía petrolera estatal, llamada YPFB (Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos) para operar como monopolio estatal en la producción de petróleo. Estas acciones se adelantaron en un año a la célebre acción similar, aunque de mayor envergadura, del gobierno mexicano.

Por esta época, se intentó también crear un “Partido Socialista del Estado”, para contrapesar la excesiva dependencia del gobierno respecto al Ejército y para institucionalizar en un partido civil los logros del gobierno militar. Pero tras la caída del gobierno de Toro este intento colapsó.

En julio de 1937, Busch fue elegido jefe de la Legión de Excombatientes, y esto fue interpretado como un voto de no confianza hacia el liderazgo de Toro. Al día siguiente, Toro, Peñaranda y Busch se reunieron en sesiones secretas y Busch le anunció a Toro que ya no gozaba de la confianza del Ejército. Así, dos días después, el 13 de julio, Toro anunció su renuncia a la presidencia y se fue al exilio. Quedó a cargo del gobierno el propio Germán Busch.

Gobierno de Busch

thumb|right|300px|El teniente coronel Germán Busch.

El régimen de Busch se inició de manera contradictoria. Por un lado nombró Ministro de Finanzas a Federico Gutiérrez Garnier, un derechista ligado a los intereses oligárquicos como jefe de la asociación de grandes mineros,KLEIN, Herbert S., “Germán Busch y la era del ‘socialismo militar’ en Bolivia”, en: The Hispanic American Historical Review, volumen 47 (edición mayo 1967), 166-184, Duke University Press, 1967. que inició una política de recorte económico. Así se revirtieron algunas políticas sociales de la era de Toro, como por ejemplo las tiendas de alimentos subsidiadas por el Estado. Pero, por otro lado, en el plano político el gobierno se radicalizó. En agosto de 1937 se anunció que se convocarían elecciones para una Convención constituyente para redactar una nueva Constitución (medida que había sido reiteradamente demorada en la era Toro). Las elecciones se realizaron finalmente en marzo de 1938, y, en línea con los proyectos de representación corporativa, se les permitió a la Legión de Excombatientes y a la Confederación Sindical de Trabajadores de Bolivia presentarse a las elecciones como tales. Ambas organizaciones concurrieron a las elecciones unidas en un “Frente Único Socialista”, junto con partidos de izquierda moderada e incluso de izquierda radical.Dentro de este “Frente”, entre los partidos de izquierda moderada estaba el Partido Socialista Independiente, antecesor directo del MNR. Entre la izquierda radical se encontraba el Frente Popular de Potosí, que más tarde se integraría al PIR. Véase: Klein, Herbert S., “Germán Busch y la era del ‘socialismo militar’ en Bolivia”, en: The Hispanic American Historical Review, volumen 47 (edición mayo 1967), 166-184, Duke University Press, 1967; Political handbook of the world 1940, Nueva York, 1940, p. 12; y finalmente Political parties of the Americas: Canada, Latin America and the West Indies, vol. 1, Greenwood Press, 1982.