+ Católicos de la época naziDe izquierda a derecha, de arriba abajo: Erich Klausener, el obispo August von Galen de Münster, Edith Stein, prisioneros polacos en Dachau, el nuncio Cesare Orsenigo, el obispo Konrad von Preysing, Jozef Tiso, Alfred Delp, cardenal Jules Saliège de Toulouse, Edgar Jung, , Irena Sendler, Maximiliano Kolbe, Claus von Stauffenberg, Pío XI y Pío XII.
La Iglesia católica durante el nazismo trata de las relaciones entre la Iglesia católica alemana, especialmente el clero, y el poder nazi desde el periodo anterior a la llegada al poder del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán en enero de 1933 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, en mayo de 1945.
Alrededor de un tercio de los alemanes eran católicos en los años treinta, la Iglesia católica en Alemania había hablado contra el ascenso del nazismo, pero el Partido de Centro (llamado también Partido Católico) capituló en 1933 y fue prohibido.
Un historiador judío llamado Pinchas Lapide, estimo que la iglesia católica salvó de morir aproximadamente entre 740 000 a 850 000 judíos durante la guerra. En total, alrededor del 17% de los judíos italianos pereció durante el Holocausto, lo que significa que alrededor del 83% de la población judía italiana sobrevivió.
Los papas Pío XI (1922-1939) y Pío XII (1939-1958) lideraron la Iglesia católica durante el ascenso y la caída de la Alemania nazi. Adolf Hitler y varios nazis clave habían sido educados como católicos, pero se volvieron hostiles a la Iglesia en su edad adulta. Aunque el artículo 24 de la plataforma del NSDAP exigió la tolerancia condicional de las denominaciones cristianas y el Reichskonkordat de 1933 tenía la intención de garantizar la libertad religiosa para los católicos, los nazis eran esencialmente hostiles al cristianismo y se enfrentaban a la persecución nazi de la Iglesia católica en Alemania. La prensa, las escuelas y las organizaciones juveniles se cerraron, se confiscaron muchas casas y alrededor de un tercio de su clero se enfrentó a represalias de las autoridades. Los dirigentes católicos estaban destinados a la purga durante la Noche de los cuchillos largos. En 1937, la encíclica papal Mit brennender Sorge, acusó al gobierno de una hostilidad profunda, oculta o manifiesta, contra la humanidad así como hacia Cristo y su Iglesia.
Entre las manifestaciones más valientes de oposición en el interior de Alemania, se encontraron los sermones de 1941 del obispo August von Galen de Münster. Sin embargo, según escribió Alan Bullock: «Ni la Iglesia católica ni la Iglesia evangélica, como instituciones, consideraron que era posible tener una actitud de oposición abierta al régimen sin poner en riesgo su existencia». En todos los países bajo la ocupación alemana, los sacerdotes tuvieron un papel importante en el rescate de los judíos. Mary Fulbrook escribió que, cuando la política entró en la Iglesia, los católicos estaban dispuestos a resistir, pero que en el caso protestante el resultado fue de manera irregular y desigual, y que, con notables excepciones, «parece que para muchos alemanes, la adhesión a la fe cristiana fue compatible con al menos la aquiescencia pasiva, si no el apoyo activo, a la dictadura nazi.»Fulbrook, 1991, pp. 80–81
Los católicos lucharon en ambos bandos en la Segunda Guerra Mundial. La invasión de Hitler de Polonia, predominantemente católica, encendió el conflicto en 1939. Aquí, especialmente en las zonas de Polonia anexionadas al Reich —como en otras regiones anexas de Eslovenia y Austria—, la persecución nazi a la Iglesia era intensa. Muchos clérigos fueron objeto de exterminio. A través de sus vínculos con la Resistencia alemana, el papa Pío XII advirtió a los aliados de la invasión nazi prevista de los Países Bajos en 1940. A partir de este año, los nazis reunieron a los sacerdotes disidentes en un barracón separado en Dachau donde el 95 % de sus 2720 internos eran católicos (mayoritariamente polacos y 411 alemanes) y 1034 sacerdotes murieron allí. La expropiación de las propiedades eclesiásticas aumentó a partir de 1941.
La Santa Sede, con la Ciudad del Vaticano rodeada de la Italia fascista, fue oficialmente neutral durante la guerra, pero utilizó la diplomacia para ayudar a las víctimas y trabajar por la paz. Radio Vaticano y otros medios de comunicación se pronunciaron contra las atrocidades. Mientras el antisemitismo nazi abarcaba los principios raciales seudocientíficos modernos, las antipatías antiguas entre el protestantismo y el judaísmo contribuían al antisemitismo europeo. Durante la era nazi, la Iglesia Católica rescató a muchos miles de judíos, emitiendo documentos falsos, presionando los oficiales del Eje, escondiéndolos en monasterios, conventos, escuelas y otros lugares; incluso en el Vaticano y en la residencia papal de Castel Gandolfo. El papel del papa durante este periodo es discutido. La Oficina Central de Seguridad del Reich calificó a Pío XII de «portavoz» de los judíos. Su primera encíclica, Summi Pontificatus, citó la invasión de Polonia como una «hora de oscuridad», su discurso navideño de 1942 denunció asesinatos raciales y en su encíclica Mystici Corporis Christi (1943) denunció el asesinato de los minusválidos y personas con discapacidad.
Descripción general En la década de 1930, los católicos constituían un tercio de la población de Alemania y el «catolicismo político» era una fuerza importante en la República de Weimar de entreguerras. Antes de 1933, los líderes católicos denunciaron las doctrinas nazis mientras que las regiones católicas generalmente no votaron los nazis. Aunque la hostilidad entre el Partido Nazi y la Iglesia católica era real, el Partido Nazi se desarrolló inicialmente en un Múnich mayoritariamente católico, donde muchos católicos, laicos y clérigos, ofrecieron un apoyo entusiasta.Ericksen, 2012, pp. 47–49 Esta primera afinidad (minoritaria) se redujo después de 1923. En 1925, el nazismo se había embarcado en un camino diferente después de su reconstitución en 1920, tomando una identidad decididamente anticatólica-anticristiana.Derek Hastings, Catholicism and the Roots of Nazism, Oxford Press, 2011, prefacio A principios de 1931, los obispos alemanes emitieron un edicto que excomulgaba todos los dirigentes nazis y prohibía a los católicos hacerse miembros. La prohibición fue modificada de manera condicional la primavera de 1933 bajo presión para tratar la ley estatal que exigía a todos los funcionarios y miembros de los sindicatos ser miembros del Partido Nazi, conservando la condena de la ideología nazi.Scholder, Klaus, The Churches and the Third Reich. 2 vols. Fortress Press, 1988, pp. 150–162, isbn 978-0800608361
A principios de 1933, después de los éxitos nazis en las elecciones de 1932, el monárquico católico laico Franz von Papen, y el canciller y consejero presidencial, el general Kurt von Schleicher, asistieron al nombramiento de Adolf Hitler como canciller del Reich por el presidente Paul von Hindenburg. En marzo, en medio de una atmósfera intimidatoria de tácticas de terror nazi,William L. Shirer, The Rise and Fall of the Third Reich, Simon & Schuster, 1959, pp. 188-204 y la negociación después del Decreto del Incendio del Reichstag,Dietrich Bracher, The German Dictatorship, p.250 el laico Partido del Centro Católico, (dirigido por el prelado Ludwig Kaas), con la condición de la demanda de un compromiso por escrito que se mantuviera el poder de veto del presidente,William L. Shirer, The Rise and Fall of the Third Reich, 1959, pp. 188–202 el aliado BNVP y los monárquicos del DNVP votaron a favor de la Ley de Capacitación. La actitud del Partido de Centro se había convertido en crucial, ya que la acción no podía ser aprobada únicamente por la coalición nazi y el DNVP. Marcó la transición en el mandato de Hitler desde el poder democrático hasta el poder dictatorial.Ericksen, Complicity in the Holocaust, Churches and Universities in Nazi Germany p.52 En junio de 1933, las únicas instituciones que no estaban bajo la dominación nazi eran las fuerzas militares y las iglesiasEvans 2005, p. 14 El Reichskonkordat de julio de 1933, firmado entre Alemania y la Santa Sede, se comprometió a respetar la autonomía de la Iglesia católica, pero exigió a los clérigos que se abstuvieran de la política. Hitler dio la bienvenida al tratado, aunque lo violó rutinariamente en la lucha nazi contra las iglesias.*Evans, 2008, pp. 245–246 * Hamerow, 1997, p. 136 * Gill, 1994, p. 57 * Kershaw, 2008, p. 332 * Paul O'Shea; A Cross Too Heavy; Rosenberg Publishing; pp. 234–235 * Ian Kershaw; The Nazi Dictatorship: Problems and Perspectives of Interpretation; 4th Edn; Oxford University Press; New York; 2000"; pp. 210–211 * Peter Hoffmann; The History of the German Resistance 1933–1945; 3rd Edn (First English Edn); McDonald & Jane's; London; 1977; p. 14
Cuando el presidente Hindenburg murió en agosto de 1934, los nazis reclamaron la jurisdicción sobre todos los niveles de gobierno y un referéndum confirmó a Hitler como único Führer (líder) de Alemania. Un programa nazi conocido como Gleichschaltung buscó el control de toda actividad colectiva y social y interfirió con la escolarización católica, grupos juveniles, trabajadores y grupos culturales. La iglesia insistió en su lealtad a la nación, pero resistió la regimentació y la opresión de las organizaciones eclesiásticas y las infracciones de la doctrina como la ley de esterilización de 1933. Los ideólogos de Hitler Joseph Goebbels, Heinrich Himmler, Alfred Rosenberg y Martin Bormann esperaban descristianizar Alemania, o al menos distorsionar su teología hacia su punto de vista.*Sharkey, Word for Word/The Case Against the Nazis; How Hitler's Forces Planned To Destroy German Christianity, New York Times, 13 de enero de 2002 Griffin, Roger Fascism's relation to religion in Blamires, Cyprian, World fascism: a historical encyclopedia, Volume 1, p. 10, ABC-CLIO, 2006: "There is no doubt that in the long run Nazi leaders such as Hitler and Himmler intended to eradicate Christianity just as ruthlessly as any other rival ideology, even if in the short term they had to be content to make compromises with it." Mosse, George Lachmann, Nazi culture: intellectual, cultural and social life in the Third Reich, p. 240, Univ of Wisconsin Press, 2003: "Had the Nazis won the war their ecclesiastical policies would have gone beyond those of the German Christians, to the utter destruction of both the Protestant and the Catholic Church." Shirer, William L., Rise and Fall of the Third Reich: A History of Nazi Germany, p. 240, Simon and Schuster, 1990: "the Nazi regime intended eventually to destroy Christianity in Germany, if it could, and substitute the old paganism of the early tribal Germanic gods and the new paganism of the Nazi extremists." Fischel, Jack R., Historical Dictionary of the Holocaust , p. 123, Scarecrow Press, 2010: "The objective was to either destroy Christianity and restore the German gods of antiquity or to turn Jesus into an Aryan." Dill, Marshall, Germany: a modern history , p. 365, University of Michigan Press, 1970: "It seems no exaggeration to insist that the greatest challenge the Nazis had to face was their effort to eradicate Christianity in Germany or at least to subjugate it to their general world outlook."