thumb|alt=Caricaturas en blanco y negro de diferentes representantes de grupos sociales |Caricaturas sobre la crisis fiscal peruana en 1872. Se muestra a militares, curas y viudas de aspecto esquelético y sin rentas.
La política tributaria o política impositiva se refiere a las directrices y principios establecidos por un gobierno para establecer y recaudar impuestos. Abarca aspectos tanto microeconómicos como macroeconómicos. Los primeros se centran en cuestiones de equidad y eficiencia en la recaudación tributaria, y los segundos, en la cantidad total de impuestos a recaudar y su impacto en la actividad económica. El marco tributario de un país se considera un instrumento fundamental para influir en su economíade múltiples maneras: reduciendo los impuestos para estimular la economía, aumentándolos para financiar servicios públicos, luchando contra el fraude fiscal, etc.
La política tributaria (tax policy) es una parte concreta de la política fiscal (fiscal policy), que a su vez se inserta dentro de la política económica. Por ejemplo, una decisión de política fiscal fija que un año el déficit no puede superar el 2% del PIB. Esto supondrá una serie de decisiones de política tributaria para, por ejemplo, aumentar los tipos de algunos impuestos y reducir el fraude en otros.
Las políticas tributarias tienen implicaciones significativas para grupos específicos dentro de una economía, como los hogares, las empresas y los bancos. Estas políticas pueden tener como objetivo promover el crecimiento económico. Sin embargo, existe un debate considerable entre los economistas sobre las formas más eficaces de lograr este crecimiento, y si se puede conseguir actuando solo sobre la política impositiva, o son necesarias otras actuaciones. La política tributaria también puede tener como objetivo proteger a sectores vulnerables de la población ante choques económicos.
La tributación es, a la vez, un tema político y económico. Los políticos suelen utilizar las políticas tributarias para impulsar sus agendas mediante diversas reformas fiscales, como cambios en los tipos impositivos, definiciones de base imponible, creación de nuevos impuestos o abolición de otros existentes. Ciertos grupos, como los pequeños empresarios, los agricultores, los jubilados o los transportistas pueden ejercer presión política para reducir su carga tributaria.
Las leyes tributarias son complejas e incluyen normas que benefician a determinados grupos de contribuyentes.
Principales razones para la tributación Las principales razones por las que el Estado necesita recaudar impuestos son:
Para generar ingresos Los impuestos son la fuente más importante de ingresos públicos. Los gobiernos pueden usar los ingresos fiscales para proporcionar servicios públicos como asistencia sanitaria, seguro de desempleo, educación o defensa. Redistribución de la renta y la riqueza La tributación proporciona un medio para canalizar dinero hacia las personas con bajos ingresos o necesidades especiales. Fallos del mercado: se gravan fuertemente (impuestos especiales) productos como el alcohol o el tabaco para desalentar su consumo (cualquier impuesto crea un desincentivo, por lo que los consumidores reducirán sus compras y buscarán alternativas). Los impuestos pueden crear incentivos que promuevan comportamientos deseables y desincentivos para comportamientos no deseados. Los impuestos pueden cambiar el comportamiento de los consumidores y, por tanto, influir en el resultado del mercado. Si el consumo de un producto genera externalidades negativas, habrá presión para gravarlo y compensar esas externalidades con lo recaudado. Un ejemplo es el impuesto sobre el carbono.
Ámbito Si bien la política tributaria es una competencia del Estado central, en los países descentralizados las entidades subnacionales como comunidades autónomas, regiones, provincias o ayuntamientos pueden gozar de cierto grado de autonomía tributaria, lo que les permite fijar y recaudar impuestos propios.
Instrumentos de la política tributaria Los responsables de la política tributaria tienen a su disposición, entre otras, las siguientes herramientas: impuesto sobre la renta de las personas físicas: modificación de tipos impositivos, variación en las deducciones... impuesto sobre sociedades: cambio de las tasas, reducción de trámites, digitalización... impuesto sobre el patrimonio: introducción o, en los pocos países que existe, supresión o bonificación impuesto sobre sucesiones y donaciones: variación de los tipos según la renta o el patrimonio del receptor, exenciones... impuesto sobre el valor añadido: variación de tipos según producto, devolución a determinados contribuyentes... cotizaciones sociales: variación, cambio del reparto entre el empresario y el trabajador... impuestos sobre las importaciones y las exportaciones: introducción o modificación. Esto también es un ámbito de la política comercial. impuestos especiales: gravamen de nuevos productos, como los vapeadores o las bebidas azucaradas, lucha contra el fraude... impuestos medioambientales: introducción de nuevas tasas, variación de las existentes... impuestos sobre la propiedad: gravamen de viviendas vacías, imposición aumentada para los propietarios extranjeros...
Los sistemas fiscales combinan figuras que gravan la renta generada (como el impuesto de sociedades), la acumulada (por ejemplo el impuesto sobre el patrimonio) y la gastada (los impuestos indirectos).
No todos estos impuestos existen en todos los países. En muchos países y territorios existen otros impuestos, algunos muy raros, como un impuesto sobre los arándanos en el estado norteamericano de Maine. Por otra parte, un impuesto conceptualmente análogo puede recibir nombres diferentes en países que compartan el mismo idioma.
Las decisiones de política tributaria pueden redundar en que unos países hagan competencia fiscal a otros (dumping fiscal),
Las decisiones sobre la variación de tipos de diversos impuestos pueden llevar a un cambio en la presión fiscal.
Son posibles políticas tributarias que no introduzcan ni supriman impuestos, ni varíen los tipos existentes: campañas de concienciación tributaria, contratación de más inspectores, simplificación o digitalización de procedimientos, etc.
Filosofía Los responsables políticos debaten sobre la naturaleza de la estructura tributaria que planean implementar (es decir, cuán progresiva o regresiva será) y cómo estos impuestos podrían afectar a las personas y a las empresas (es decir, la incidencia fiscal).
La razón de este enfoque es la eficiencia económica. Como señaló Richard Petty, consejero del rey Estuardo de Inglaterra: «El gobierno no quiere matar a la gallina de los huevos de oro». Los impuestos considerados en principio eficientes son aquellos que no distorsionan. Sin embargo, los economistas definen la distorsión únicamente según el efecto sustitución, ya que todo aquello que no altera los precios relativos no distorsiona. También hay que considerar el efecto renta, que, a efectos de política tributaria, a menudo debe suponerse que se anula en el conjunto. La pérdida de eficiencia se representa en los diagramas de la curva de demanda y la curva de oferta como el área dentro del triángulo de Harberger.
thumb|300px|Pérdida irrecuperable de eficiencia creada por un precio tope vinculante. El excedente del productor se reducirá necesariamente, mientras que el excedente del consumidor puede incrementarse o no; sin embargo, la disminución en el excedente del productor debe ser mayor que el incremento (de darse alguno) en el excedente del consumidor.
Administración La implementación de la política tributaria siempre ha sido un asunto complejo, que ha dado lugar a múltiples protestas y revueltas. La independencia de los Estados Unidos surgió de una rebelión impositiva. Una administración tributaria eficiente es clave para impulsar a las empresas no registradas a la formalización, ampliando así los ingresos. Por otro lado, una administración tributaria injusta puede perjudicar al sistema tributario y reducir la legitimidad del Estado. En muchos países en desarrollo, la administración tributaria ineficiente ha provocado una evasión fiscal generalizada, una disminución de los ingresos fiscales y un empeoramiento de los servicios públicos.
Para fomentar el cumplimiento de las obligaciones tributarias es importante mantener las normas claras y sencillas y crear la sensación entre los contribuyentes de que los incumplimientos serán probablemente detectados y castigados. A medida que el ecosistema de la administración tributaria evoluciona con la introducción de nuevas herramientas analíticas, los flujos de información digital aumentan. En consecuencia, la administración tributaria opera de manera que incrementa los incentivos para los contribuyentes que cumplen con sus obligaciones.
Costes de la política tributaria Los sistemas tributarios modernos pueden suponer una pesada carga para algunos contribuyentes, en particular para las pequeñas empresas. Se puede dividir en 2 partes:
los impuestos en sí (el dinero que hay que pagar) los costes de cumplimiento tributario: son aquellos costos «incurridos por los contribuyentes o terceros, como las empresas, para cumplir con los requisitos que se les imponen al cumplir con una estructura y un nivel de impuestos determinados» (Sandford, Godwin y Hardwick, 1989, p. 10). Incluyen costes de mano de obra/tiempo consumido en la realización de actividades tributarias, rellenado de formularios, mantenimiento de archivos (físicos o electrónicos) de facturas y otra documentación, honorarios pagados a asesores fiscales, precios de transferencia y otros.
Otros tipos de costes de cumplimiento, como los efectos psicológicos negativos de los intentos por cumplir las obligaciones fiscales, o muchos tipos de costes sociales, son muy intangibles y, por tanto, difíciles de cuantificarlos, aunque el efecto de su existencia sea perceptible, especialmente para las personas y las pequeñas empresas.
También se deben considerar los costes administrativos (a veces denominados costes operativos) del sistema tributario. Pueden describirse como lo que se gastan los agentes del sector público (principalmente) para administrar el sistema tributario. Incluyen los salarios del personal de la agencia tributaria, los edificios, ordenadores, informática, costes de la promulgación de leyes relacionadas con el sistema tributario, costes judiciales de las disputas tributarias y otros.
La relación entre los costes administrativos (que paga el Estado) y los costes de cumplimiento tributario (que paga el contribuyente) no siempre es clara a primera vista. A veces puede existir una relación inversa entre ellos, fenómeno conocido como «el trade-off entre costes administrativos y costes de cumplimiento». Un ejemplo de esta relación inversa podría ser la implementación de un sistema de autoliquidación en materia tributaria: menos costes administrativos y más de cumplimiento. Sin embargo, este fenómeno no siempre se cumple, ya que, por ejemplo, es posible reducir a la vez ambos tipos de costes mediante una simplificación del sistema tributario. Asimismo, un aumento en los costes de cumplimiento podría deberse a una ineficiencia administrativa.
Al implementar cambios en la política tributaria, los responsables políticos siempre deben considerar cómo van a afectar esos cambios a los costes administrativos y a los de cumplimiento.
Equidad frente a eficiencia