El retablo de San Juan es una obra realizada por Benito Rodríguez Muxica en 1695. Está ubicado en la Catedral de Orense (Galicia, España).

Historia Retablo  El 10 de octubre de 1695 se protocolarizó en la notaría de Gregorio Fernández el contrato del retablo; la capilla a la que estaba destinado fungía en ese entonces como sede de la Parroquia de Santa Eufemia, la cual sería trasladada a su ubicación actual (la Iglesia de Santa Eufemia) el 27 de mayo de 1770. Esta capilla contó con anterioridad con un retablo, tal vez de estilo renacentista, pieza que sería reemplazada por la actual debido a los cambios introducidos en el cabildo por el canónigo Andrés Ruiz de Salamanca.Del anterior retablo solo se conservan unas tablas ornamentadas con finos grutescos y una imagen mariana en pésimo estado de conservación. La obra fue comisionada a Benito Rodríguez Muxica, quien para entonces es posible que estuviese trabajando en la Capilla del Santo Cristo, siendo el artista de gran prestigio para entonces ya que la seo no tenía por costumbre realizar encargos a escultores de bajo nivel o de valía no reconocida.

Los orígenes de esta comisión se hallan en el acuerdo capitular del 3 de agosto de 1695, el cual constituía una carta blanca para Salamanca, el deán y el canónigo Ximénez para el arreglo de la capilla, espacio al que se destinó una imagen de la Virgen del Rosario, detalle desconcertante puesto que ya entonces la catedral contaba con una capilla bajo dicha advocación en el trascoro presidida por un retablo obra de Juan de Angés el Mozo. Este espacio sería objeto de gran culto por parte de una cofradía del cabildo, si bien en 1592 Juan de Novoa y Villamarín, tesorero y canónigo de Sevilla, adquiriría el patronato de esta capilla para sí y para sus descendientes. De acuerdo con el acta capitular:

Las gestiones pasaron por tanto a correr por cuenta del deán, de Ximénez y de Salamanca, aunque este último asumiría la mayor parte de la responsabilidad, siendo este el motivo de que no se consignase ningún dato relativo a la obra del retablo en las actas capitulares, aunque afortunadamente el contrato se ha conservado y permite conocer de manera pormenorizada los requisitos que debía reunir la pieza:Pese a que en el contrato se indica que el documento está acompañado de la traza, esta no consta en la escritura.

thumb|Tallas de San Lucas, San Juan Bautista y Santo Tomás de Aquino. El retablo difiere en varios aspectos de las condiciones plasmadas en el contrato; en la escritura se mencionan «siete caxas y un trono» mientras que actualmente posee seis cajas. Pese a la contundencia de las afirmaciones de que la traza debía respetarse y que la misma no debía sufrir ninguna variación, no era raro en estos casos que a medida que avanzaban las obras estas experimentasen alguna que otra modificación por diversos motivos, aparte de que muchas veces estas aseveraciones no eran más que puros formalismos que se tenía por costumbre copiar de un contrato a otro. Según Miguel Ángel González García, antiguo delegado de patrimonio de la diócesis de Orense, la disposición inicial preveía un total de cuatro cajas en el primer cuerpo la cual se vería alterada con motivo de la inclusión del sagrario, pieza reaprovechada de estilo manierista que no estaba contemplada en el contrato y que haría que el primer cuerpo pasase de albergar cuatro cajas a tres, con el consiguiente aumento de tamaño de la caja central y su transformación en un falso pabellón para cobijar la custodia.

Existe sin embargo la posibilidad de que el contrato con Muxica nunca se hubiese llegado a realizar y que el actual retablo sea fruto de una nueva escritura concertada con otro escultor, tal vez Francisco de Castro Canseco por guardar la pieza importantes analogías con este artista, si bien González García lo asigna a Muxica ya que la cronología se corresponde con el estilo y, sobre todo, porque un acuerdo capitular fechado el 26 de marzo de 1697 da a entender que el retablo ya estaba terminado, no existiendo en esas fechas ningún otro documento en el que se sugiera otra autoría. En este acuerdo consta lo siguiente:

Sumado a esto, cabe la posibilidad de que la intervención de Muxica se corresponda únicamente con la parte central y que el resto de la obra pertenezca a Castro Canseco y, por ende, hubiese sido realizada posteriormente, todo ello con el fin de dar más volumen a la pieza, cuyos motivos ornamentales poseen muchas de las características del catálogo de Canseco, aunque presentes a su vez en el quehacer de otros artistas. En consonancia con lo anterior, la imaginería ubicada hoy día en la estructura tiene muy poco que ver con la primitiva; pese a que este cambio en la iconografía debería constar documentalmente en algún acuerdo, en las actas capitulares no figura ningún dato que explique esta circunstancia, siendo altamente probable que los canónigos dejasen de lado este asunto y trasladasen la total responsabilidad de este hecho a Salamanca, verdadero artífice de la vida artística de la seo entre finales del siglo y principios del . Las tallas no guardan ningún tipo de relación a nivel estilístico ni cronológico con Muxica ni tampoco con Canseco; varias de fecha anterior al retablo fueron dispuestas desde un primer momento mientras que otras se colocaron tras ser desinstaladas de otros retablos o capillas a lo largo del tiempo, sin poderse precisar el momento exacto en la mayoría de los casos. En lo referente a la imagen de la Virgen del Rosario, a día de hoy perdida, se ignora de qué talla se trataba pese a ser el motivo principal para la creación del retablo; tampoco se sabe si en principio se pensó en destinarla a la presidencia del conjunto y más tarde se decidió disponer una imagen del titular de la capilla, pieza que actualmente preside el retablo y que dada su importancia no fue retirada al igual que el resto.

En cuanto al sagrario, este es una magnífica obra manierista elaborada por Aymon Pourchelet, cuya labor en Orense está ampliamente documentada, si bien esta es la única pieza de su catálogo que se puede asignar al artista con total seguridad. Cuando se produjo el encargo de la custodia la Parroquia de Santa Eufemia tenía su sede en la Capilla de San Juan, circunstancia que consta en los protocolos notariales de Juan Fernández de Luaces fechados en 1583 y en los de Pedro Feijoo, estos de 1592. El sagrario se estaba realizando en 1583 ya que ese mismo año Pourchelet dio poder a su esposa, a su cuñado y al racionero Juan Pérez para cobrar de los sacerdotes y mayordomos de la Parroquia de Santa Eufemia la cantidad que se le debía por la factura de la custodia, la cual debía estar finalizada para 1591 puesto que Blas González, párroco de Santa Eufemia, dejó en su testamento la suma de 10 ducados para ayudar a costear la policromía de la misma. Entonces y ahora es costumbre que en los retablos de nueva factura se haga uso de imágenes y ornamentos procedentes de otros anteriores siempre y cuando se hallen en buenas condiciones y posean cierto mérito artístico; este caso abunda en lo referente a los sagrarios, los cuales se empezarían a elaborar con gran riqueza de detalles a partir del Concilio de Trento.

Capilla  thumb|Capilla de San Juan. Consta la existencia de la capilla desde 1227, año en que el deán Oduardo (también referido como Oduario) fundó por voluntad testamentaria varias capellanías las cuales «dotó con su lugar de Cotelo, en Santa Cruz de la Rabeda, otro en el Cumial, unas viñas en Carballeira y otras cosas», todo con la obligación de que los capellanes cantasen algunas horas o, como mínimo, los oficios de difuntos en la Capilla de San Juan. Vuelve a haber noticias de este espacio catedralicio en 1248 ya que el obispo Lorenzo, quien regía la seo desde 1218 además de ser artífice de la mayor parte de las obras del templo, falleció el 1 de enero de dicho año y fue sepultado junto a esta capilla tal y como consta documentalmente. Destruida en 1471 tras el asalto llevado a cabo por Rodrigo Alonso Pimentel, conde de Benavente, en su lucha contra Pedro Álvarez Osorio, conde de Lemos, la capilla fue reedificada pocos años después por el cabildo, corriendo Pimentel con todos los gastos.

Antiguamente dio en este espacio sus lecciones el canónigo lectoral, conservándose a día de hoy alrededor de los muros las banquetas de piedra donde tomaban asiento las personas que acudían a oírlas. Entre los mandatos hechos por el obispo Juan de San Clemente en su visita de 1586 consta la siguiente orden: 

Cerrada al público en el siglo y utilizada durante más de una centuria como trastero,En tiempos se guardaban en esta capilla las sillas, reclinatorios y cojines que los fieles usaban durante el culto. la capilla fue reabierta el 29 de junio de 2005 con motivo de la exposición Camiños de paz. Mane nobiscum Domine. El espacio volvería a cerrar casi una década después debido a una intensa labor de restauración valorada en 245 000 euros y acometida durante ocho meses entre 2013 y 2014. Entre las tareas llevadas a cabo destacan el arreglo de los ventanales, la solución a los problemas de humedad, y la reintegración de una parte del retablo hasta entonces custodiada en el Museo Catedralicio. La capilla volvería a abrir sus puertas a finales de 2014 con motivo de la exposición Francisco. Estrella de Belén y Camino, muestra dedicada al belenismo celebrada en recuerdo de los 800 años transcurridos desde la peregrinación de San Francisco de Asís a Santiago de Compostela.

Descripción  Retablo Arquitectura El retablo se halla emplazado sobre unas gradas en el muro del crucero y se encuentra perfectamente encajonado entre el paramento occidental del extremo norte de la nave y un contrafuerte levantado aproximadamente en la mitad del área frontal de la capilla que posiblemente se erigió para contrarrestar la fuerza de la bóveda del crucero, aunque a nivel técnico es más probable que dicho contrafuerte estuviese ya contemplado en la fábrica de la capilla dada su necesidad de ubicarse dentro de una de las arcadas que soportan la bóveda. De concepción eminentemente vertical, el diseño del retablo hace gala de una gran originalidad y se aleja en buena medida de los esquemas tradicionales tan repetidos en los retablos barrocos. En esencia se estructura en dos cuerpos de tres calles coronados por un cascarón, siendo la calle central la más notable, la cual se enmarca con las calles de los extremos y se realza con el remate, coronado este por un guardapolvo, elemento previsto en el contrato, todo ornamentado con hojas de gran tamaño y traza sinuosa casi cerrando círculos dentro de los cuales se hallan diminutas figuras de querubines desnudos, con los paneles rematándose con volutas a manera de peineta y al aire. Estas características guardan un poderoso vínculo con la labor de Canseco ejecutada en la Capilla del Santo Cristo y en otros lugares, dentro siempre de la estética barroca, sobre todo del barroco orensano, y con gran preocupación por llenar los espacios en lo que casi llega a converger en el recargado arte churrigueresco.