miniaturadeimagen|Afloramiento de lignito cerca de Mequinenza. La cuenca carbonífera de Mequinenza está ubicada en la zona centro-oriental de la depresión del Ebro con centro en la localidad homónima de Mequinenza (Zaragoza, Aragón). Constituye la principal área carbonífera de la provincia de Zaragoza, y se extiende por territorios catalanes y aragoneses. El tipo de carbón que aflora en diferentes puntos de la cuenca terciaria se relaciona con depósitos continentales que colmataron la zona oriental de la Cuenca del Ebro entre el Oligoceno superior y el Mioceno inferior. Ello significa que su edad se ubicaría entre los 25-35 millones de años. Este territorio minero abarca unos 500 km² aunque las principales vetas de carbón afectan fundamentalmente a las poblaciones de Mequinenza (Zaragoza) y Granja de Escarpe (Lérida).
Contexto geográfico miniaturadeimagen|260x260px|Aiguabarreig en Mequinenza. Ocupa territorios que transitan por la frontera de Aragón y Cataluña, en el triángulo que conforman las provincias de Zaragoza, Huesca, Tarragona y Lérida. La cuenca se desarrolla de norte a sur a lo largo de 25 kilómetros aproximadamente por unos 20 kilómetros de continuidad lateral, comprendiendo una superficie de más de 500 kilómetros cuadrados siempo una de las cuencas mineras más importantes de Aragón por su dimensión significativa. Geográficamente, pertenecen a esta cuenca una decena de poblaciones aunque la mayoría de las explotaciones mineras se han concentrado en Mequinenza y Fayón (en la provincia de Zaragoza) y la Granja d'Escarp y Almatret (en la Provincia de Lérida).
La presencia de cursos fluviales en la zona (los ríos Ebro, Segre y Cinca) que atraviesan la zona, han dotado a la cuenca de un relieve suave con barrancos con fuertes pendientes. Entre las provincias de Huesca y Lérida se forma un primer Aiguabarreig ("mezcla de aguas" en catalán) con los ríos Segre y Cinca, que posteriormente llevan sus aportaciones fluviales hasta la localidad de Mequinenza donde en un nuevo Aiguabarreig se funden las aguas de los tres ríos. La zona se concreta con la aportación del Matarraña, afluente del Ebro a la altura de Fayón.
Geología miniaturadeimagen|260x260px|Vista aérea de la confluencia de los ríos Ebro, Segre y Cinca en Mequinenza. El origen de esta formación se remonta al Eoceno superior momento en que la cuenca del Ebro pierde su carácter marino y se convierte en una zona de naturaleza endorreica que favorece la aparición de las sucesivas etapas lacustres y aluviales. Los materiales cenozoicos corresponden a la acumulación de depósitos continentales que cubrieron la zona oriental de la depresión del Ebro entre el Eoceno superior y el Mioceno inferior, y una parte de éstos constituyeron los depósitos de lignito.
Las montañas, que se estaban empezando a formar debido a la orogenia alpina, rodeaban la cuenca, dando lugar a una cuenca de carácter endorreico, sin salida al mar, derivando en la formación de extensos lagos cerrados.
La mayor parte de los materiales sedimentarios quedaron depositados en el centro de la cuenca, aunque también hubo sedimentación en los márgenes. De esta manera se formó un gran lago con sedimentación carbonatada que posteriormente sería cubierto por sistemas aluviales. Durante este hinterland existente hasta el Mioceno inferior, el avance y la retracción de los diversos sistemas fueron alternando etapas de predominio lacustre con otras de reactivación de los sistemas aluviales. Estas alternancias se produjeron hasta el Mioceno inferior, tras lo que no hubo sedimentación significativa hasta el Plioceno, momento en que el Ebro se configura como una red fluvial con desagüe al Mediterráneo y comienza la erosión y vaciado de los sedimentos cenozoicos. En las etapas de mayor extensión, las facies lacustres llegaron a ocupar 2000 kilómetros cuadrados, mientras que en etapas de retracción la extensión de los lagos se redujo a pocos centenares de kilómetros cuadrados.
Historia de la explotación minera de la cuenca
Inicios de la minería El primer uso histórico documentado en Mequinenza fue como elemento sutuario de prestigio en los ajuares funerarios de las tumbas neolíticas del Barranco de la Vallfera, donde se localizaron pequeños discos de collar hechos con lignitos de la zona. Los depósitos de lignito acumulado han permitido que desde hace algunos miles de años se haya producido una utilización primaria de estos, lo que también indica la facilidad con que se pueden encontrar estos afloramientos de carbón. El hecho de que se configure como una zona de barrancos, con un relieve escarpado, siempre ha favorecido este fenómeno que anteriores civilizaciones supieron aprovechar.
Los primeros indicios de consumo del lignito como combustible los hemos de atribuir a la cultura romana, con el fin de activar los hornos de cal, fundamentalmente para la obtención de argamasa con la que poder fabricar obras decorativas y restaurar las casas, entre otras propiedades. El ingeniero José Romero Ortiz de Villacián en los años 20 del ya nos apuntaba que "la minería tiene en Mequinenza un origen más remoto y que debería datar de la época de los romanos". Aunque no tenemos noticias escritas que puedan verificar las sus palabras, parece bastante evidente que una zona como la citada era perfectamente susceptible de ser empleada por civilizaciones antiguas con fines industriales. Esta idea también quedaba recogida unos años antes en un estudio realizado sobre las minas de lignito que comprendía las poblaciones de Mequinenza y Fayón, el año 1907. Pero, en este caso se mencionaba la posibilidad de que fueran los cartagineses el pueblo que utilizó las minas situadas en esta área. Otras fuentes también especulan sobre la explotación de algunas áreas con cierto carácter ferruginoso como sería el caso de espacios cercanos al núcleo poblacional de la Granja d'Escarp.
Primeros intentos de explotación En cualquier caso, aparte de estas pequeñas huellas que ponen de manifiesto la presencia del mineral siglos atrás, a las que debemos sumar varios intentos de explotación realizados en el de forma muy esporádica, no es hasta el cuando aparecen pruebas tangibles de la utilización del lignito como combustible y con unas finalidades de tipo industrial. Carlos III apoyó la creación de fábricas de vidrio en la península ibérica contando muchas veces con técnicos y operarios franceses que enseñaban a los españoles. Se tiene constancia de la existencia de una de estas fábricas en el municipio de La Granja d'Escarp que empleaba los lignitos para sus hornos. Posteriormente sería destruida por las tropas napoleónicas en el transcurso del asedio de Mequinenza durante la Guerra de la Independencia. También se utilizó en época temprana su uso en las fábricas de extracto de regaliz
La historia de la minería del carbón en la cuenca de Mequinenza se inició de manera significativa cuando Enrico Misley (conocido en España como Juan Enrique Misley) editó la memoria de lo que sería la "Empresa de Transportes de Zaragoza a Barcelona por el Ebro y el Mar con barcos de vapor." En 1842 se constituyó como sociedad anónima domiciliada en Barcelona con un capital de tres millones de reales de vellón, divididos en 3.000 acciones. En 1844 se documentó la explotación de la mina Esperanza y de las minas Redención, Lealtad, Confianza, Amistad, Santa Cruz, Bellavista, Perseveranza y Anunciada, concesiones situadas a la izquierda del Segre y del Ebro. El proyecto de navegación de Misley no se llegaría a realizar, aunque supuso un punto de partida para la extracción de los lignitos de Mequinenza.
Con la llegada a la zona de Ignasi Girona, fundador de "Minas de la Granja de Escarpe" se inició la explotación de la mina Guadalupe en el término de la Granja de Escarpe que proporcionaba combustible para una moderna fábrica de cemento que se inauguró en 1879. Esta indústria, asentada sobre la antigua fábrica de vidrio, produjo grandes beneficios y llegó a incorporar un embarcador a pie del río Segre desde el cual los llaüts cargaban los sacos de cemento hacia Mequinenza, Torrente de Cinca, Massalcoreig y Seròs. El transporte fluvial era la única manera de hacer rentable la explotación en una zona donde las carreteras eran prácticamente inexistentes. En 1876 trabajaban 55 operarios y en 1880 se alcanzaron las 700 toneladas de cemento hidráulico, produciendo alrededor de siete toneladas diarias.
Extracción por caños La explotación se establecía por macizos limitados por dos galerías. La explotación se atacaba para su arranque desde los dos transversales hasta alcanzar el centro del macizo. Los mineros picadores eran los encargados de cargar el carbón sobre cajones con ruedas y transportarlos hasta la galería transversal que a su vez se basculaba a las vagonetas. Si bien todo el procedimiento era manual, cabe destacar la importancia que tenía la ventilación en este tipo de explotación. La altura de la capa oscilaba generalmente entre 40 centímetros y 1 metro.
Las primeras explotaciones fueron totalmente subterráneas mediante galerías y planos inclinados en función de los niveles de carbón. Quedan vestigios de ello, aunque se hallan en un estado precario dada la convergencia de galerías ya de por sí muy estrechas. En un principio, las vagonetas se utilizaban con tracción animal hasta que hacia 1920 se empezaron a substituir por tracción mecánica y eléctrica. Más adelante, a mediados del , se fueron mecanizando los sistemas con la utilización de rozadoras.
Carbonífera del Ebro En 1880 se fundó la sociedad anónima Carbonífera del Ebro, que se convirtió en la empresa más importante de la cuenca de Mequinenza. Antes de iniciar la explotación de las minas, la mayor de las cuales era La Canota, en el término de Serós, hubo que emprender obras importantes como los cuatro kilómetros de vía férrea que comunicaba la explotación con el muelle del Ebro y que en 1887 hubo que modificar ya que tenía una pendiente demasiado pronunciada. También se dotó de una flota de llaüts para abastecer el transporte de la demanda; en 1923 tenía 23. En 1907 los hermanos Girona entraron a formar parte del consejo de administración de la empresa y el año siguiente se convirtieron en los principales accionistas. Es entonces cuando se unifican las explotaciones de la Granja de Escarp, Serós y Almatret, y se añade la mina Virgen del Pilar, en el término municipal de Mequinenza.
El lignito se extraía desde el interior de las minas de forma manual hasta las tolvas, desde donde se llevaba a los embarcaderos y desde allí se cargaba en los llaüts. A través del río Ebro, éstas embarcaciones transportaban de 20 a 30 toneladas de carbón en cada viaje hasta descargarlo nuevamente en el destino. Normalmente el carbón se comercializaba directamente o se cargaba en otros medios de transporte encargados de hacerlos llegar a los diferentes centros industriales. El camino de regreso de los llaüts hacia Mequinenza se hacía mediante tracción humana o animal, en el conocido como Camino de Sirga.
En la mina Virgen del Pilar se levantaron unos imponentes edificios indispensables para la explotación moderna, con almacenes y edificios para la colonia minera. Destacan el bloque de viviendas para los trabajadores, de tres plantas y más de 100 metros de largo, con 35 viviendas habilitando una zona destinada a habitaciones para mineros solteros y zonas comunitarias con comedor y cocina. En la casa de la administración, también de tres plantas, se alojaban los propietarios, el administrador y el gerente de la compañía. También se construyó el edificio de la cantina, el almacén de herramientas, la carpintería y el almacén de carbón, este junto al muelle del Ebro. Un paso subterráneo de más de dos kilómetros comunicaba los dos complejos mineros: La Canota y Virgen del Pilar. Tanto los edificios como los sistemas de explotación son obra del ingeniero de minas Daniel Cardellach Masfarré. miniaturadeimagen|261x261px|Pueblo Viejo de Mequinenza.