Se denomina pintura del virreinato de la Nueva España, pintura novohispana o pintura virreinal novohispana al desarrollo del arte pictórico dentro del territorio de la Nueva España durante los siglos , , y principios del ; entre la caída de Tenochtitlan y la independencia de México.

La pintura tuvo un notable crecimiento en la época colonial, teniendo una especial relevancia los temas e imágenes de carácter religioso. Como señala la historiadora del arte Concepción García Sainz:

miniaturadeimagen|Fresco que muestra el “Tránsito de la Virgen”, en el exconvento de San Andrés, Epazoyucan, . En el , dentro del proceso conocido como la evangelización en la Nueva España, hubo una enorme necesidad para decorar templos y conventos, primero con decorados de flores en mosaicos, denominado pétatl, pero el resultado era de una duración muy corta. También se usaron mosaicos de plumas, pero también era una decoración temporal, pues era susceptible a los parásitos. Por esta razón, se optó por la pintura; y los conventos se convertirían también en centros y talleres para que los naturales aprendieran estas técnicas. Fray Pedro de Gante fundó así una Escuela de Artes y Oficios en la capilla de San José de los Naturales, parte del convento de San Francisco de la Ciudad de México.

Algunos de los primeros ejemplos de pintura en la Nueva España se pueden observar en los murales de los conventos; en estos se combinan frescos similares a los realizados en Europa durante el medioevo o el Renacimiento, sobre todo de estos segundos. En estos frescos predominaban los colores blanco y negro, aunque a veces también el rojo, ocre y sepia. Este tipo de murales generaba un estilo decorativo casi místico, que era particularmente adecuado para los espacios en los que se practica el culto y la espiritualidad. miniaturadeimagen|izquierda|Anónimo. Pinturas murales del cubo de la escalera del Exconvento de San Nicolás de Tolentino, Actopan. Hubo excepciones a los conventos monocromos, como es el caso del claustro en Epazoyucan, en Hidalgo, los cuales se caracterizan por ser coloridos y emotivos; los episodios de estos murales pudieron haber estado basados en los grabados que llegaron a la Nueva España. Asimismo, las obras murales en el coro del Templo de Tecamachalco, que se le atribuyen a Juan Gerson —pintor indígena que había sido confundido con un pintor flamenco—, están llenas de color.

Clara Bargellini señala que es común ver en los primeros conventos, pintura mural relacionada con el mundo prehispánico, debido a que las primeras generaciones de frailes, formados en el humanismo renacentista de Erasmo, estuvieron dispuestos a vincularse con los conversos. Particularmente en la Nueva España, donde los frailes controlaban la organización social en el , era posible dar rienda suelta a sus ideales utópicos. En general, en toda la América Hispana, los frailes configuraron la pintura futura.

La Casa del Deán, en Puebla, conserva La cabalgata de las Sibilas y Los triunfos de Petrarca que constituyen las únicas pinturas murales civiles del novohispano que han llegado hasta nuestros días,E-Consulta (2023) Casa del Deán en Puebla: los singulares murales indígenas y mitológicos junto con la cenefa renacentista del claustro del Hospital de Jesús.

El arte pictórico también formó parte de los primeros retablos ejecutados en la Nueva España durante el . Se conservan varios ejemplos en el valle de Puebla-Tlaxcala, concretamente las pinturas realizadas para los retablos de los conventos franciscanos de Cuautinchán, Huejotzingo y Tecali.Cordero Zorrilla, Andrea. (2019) El origen de la producción retablista en Puebla durante el siglo XVI. Los casos de Huejotzingo, Cuauhtinchan, Huaquechula y Tecali. CR. Conservación y Restauración 17: 9-24. También pueden encontrarse obras de la misma época en la Mixteca Alta (retablos de los conventos dominicos de Yanhuitlán y Coixtlahuaca) o en Xochimilco (retablo mayor del templo de San Bernardino de Siena), entre otros lugares.

En términos convencionales de historia del arte, el estilo de las obras creadas durante el primer periodo colonial del continente americano, y el vocabulario ornamental que las acompañó, corresponden con lo que se usaba en España por entonces: una mezcla de tradiciones de la Baja Edad Media y del Renacimiento.

Ejemplo de las citadas influencias, son las pinturas novohispanas del en las que se adopta el tipo iconográfico de la Tota Pulchra, representando a la Virgen María rodeada por símbolos asociados a la Inmaculada Concepción, extraídos del Cantar de los Cantares y otros textos bíblicos, como se puede apreciar en los murales dedicados a la Inmaculada en los conventos de Huejotzingo y Metztitlán o en los óleos sobre lienzo La Benedicta de Actopan y La Benedicta de Yuriria, ambos conservados en el Museo Nacional del Virreinato. Esta clase de composición continuaría siendo utilizada en el siglo siguiente, entre otros, por Alonso Vázquez, fray Alonso López de Herrera, Blas de Torres, el Maestro de San Ildefonso y los pintores de las familias Echave y Lagarto. Doménech García, S. (2015). La recepción de la tradición hispánica de la Inmaculada Concepción en Nueva España: el tipo iconográfico de la "Tota Pulchra". Espacio Tiempo y Forma. Serie VII, Historia del Arte, (3), 275–309

Primeros pintores europeos Fue tan apremiante la necesidad de imágenes en la Nueva España, que pocos años después de la caída de Tenochtitlan, llegaron los primeros pintores. El primero en llegar, fue Cristóbal de Quesada, quien partió de su patria en abril de 1535; sin embargo, no se conserva ninguna de sus obras.

Juan de Illescas llegó a la Nueva España en 1548. Realizó parte de su trabajo en la catedral de Puebla donde realizó una representación de la Cena con los doce apóstoles, una Concepción, entre otras obras. En 1556 se convirtió en veedor y más tarde se trasladó a Quito y a Lima.

Otro pintor relevante en la Nueva España fue el flamenco Simón Pereyns (c. 1530 - c. 1600), quien llegó al territorio novohispano en 1566 junto con el virrey Gastón de Peralta. Pintó el Retablo de Nuestra Señora de la Merced en la antigua catedral de México, como condena por delitos que el Santo Oficio le adjudicó. Realizó otras obras relevantes, como las pinturas de los retablos en los templos franciscanos de Tula, Huejotzingo y Tepeaca; así como en los templos agustinos de Ocuilan, Malinalco y Míxquic. Las únicas obras que se conservan de Pereyns son un San Cristóbal (1588) en la Catedral de México y los diez lienzos del retablo de Huejotzingo, realizados en 1586.

Por su parte, Andrés de la Concha —pintor sevillano—, llegó a América en 1568. Su obra se desarrolló en Oaxaca, particularmente en los conventos dominicos. Realizó obras para los retablos de los templos de Yanhuitlán y Coixtlahuaca, alrededor de 1575, y también en Teposcolula en 1580. Realizó una pintura de Santa Cecilia, una representación poco realizada en la Nueva España.

El andaluz Luis Lagarto se instaló en la Nueva España hacia 1585, pintó imágenes sacras al acuarela sobre vitela y trabajó como iluminador de capitulares de más de cien libros pertenecientes al coro de la Catedral de Puebla. También a mediados de la década de 1580, ya se documenta la presencia en la Ciudad de México de Baltasar de Echave Orio, iniciador de una célebre dinastía de pintores novohispanos.

miniatura|Cristóbal de Villalpando. Adoración de la Eucaristía (o María en la Gloria), 1688. Cúpula del Altar de Reyes, Catedral de Puebla. miniatura|Cristóbal de Villalpando. Apoteosis de San Miguel Arcángel, 1684. Sacristía de la Catedral de México. Como consecuencia de la Contrarreforma, durante el se inició la asimilación de los temas y las técnicas del barroco por la pintura novohispana, replicando los nuevos cánones estéticos vigentes en la Europa católica a la que pertenecía España. No obstante, durante la primera mitad del siglo, autores como Baltasar de Echave Ibía, Alonso López de Herrera o Luis Juárez, continuaron realizando obras de carácter renacentista, que constituyeron manifestaciones tardías de la influencia del último manierismo en la Nueva España, especialmente de Martín de Vos.Yañez Arellano, Ana Elvira (2014). Martín de Vos y su influencia sobre cuatro pintores novohispanos de la segunda mitad del Siglo XVI y principios del XVII. (Tesis de maestría). Universidad Nacional Autónoma de México.

En la pintura, el barroquismo se manifestó a través de la exaltación y representación de emociones y de la realidad visible. Como técnicas, destacan el uso del claroscuro tenebrista, original de la escuela italiana, así como la creación de composiciones grandilocuentes y coloridas, inspiradas por la escuela flamenca.

Desde Europa llegaron pinturas originales, como la Cena de Emaús de Zurbarán,Xavier Moyssén (1968) Zurbarán en la Nueva España. Instituto de Investigaciones Históricas. UNAM, México. y también copias al óleo, como la copia de la Crucifixión de San Pedro de Caravaggio, aún presente en Xochimilco, o la copia en espejo realizada por Jan Ijkens de El Triunfo de la Iglesia de Rubens,Silva Barón, Marco Antonio (2015) Jan Ijkens - El Triunfo de la Iglesia. Gaceta del Museo Soumaya, Ciudad de México. hoy perteneciente al Museo Nacional de San Carlos. Sin embargo, fue principalmente mediante grabados que los pintores novohispanos de los siglos y conocieron el trabajo de sus congéneres europeos y recibieron su influencia.Manrique, Jorge Alberto (1982) La estampa como fuente del arte en la Nueva España. Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas; Volumen XIII, número 50 Tomo 1, año 1982; pp. 55-60.

Por otra parte, el influjo asiático recibido a través del Galeón de Manila impulsó el surgimiento de la pintura enconchada en la Nueva España,Lopezosa Aparicio, Concepción, (2021) Los enconchados, Noticonquista-Amoxtli/Instituto de Investigaciones Históricas. UNAM, México al igual que la producción local de biombos pintados representando diversos temas de carácter profano y destinados principalmente al ámbito doméstico.Ocaña Ruiz, Silvia (2021). Conexiones transoceánicas: Nueva España y la expansión del gusto por los biombos. Res Mobilis: revista internacional de investigación en mobiliario y objetos decorativos, 10(13-1), 103–129. Universidad de Oviedo, España.

En las iglesias, además de las pinturas para retablos, empiezan a realizarse lienzos murales de carácter monumental, como el conjunto realizado por Baltasar de Echave Rioja para la sacristía de la Catedral de Puebla o los trabajos de Cristóbal de Villalpando y Juan Correa para la sacristía de la Catedral de México

En un periodo en el que la decoración interior de las cúpulas solía realizarse con relieves o esculturas, destaca por su singularidad y su complejo programa iconográfico la pintura al temple y al óleo con la que Villalpando decoró la cúpula del Altar de los Reyes de la Catedral de Puebla.Volkow, Verónica (2009). Iconografía de la cúpula pintada por Cristóbal de Villalpando en el Altar de los Reyes de la Catedral de Puebla. (Tesis de maestría). Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

La difusión masiva de la devoción a la Virgen de Guadalupe supuso la consolidación de su imagen como un icono de identidad local, a la par que los talleres novohispanos satisfacían la alta demanda de copias fieles al original, algunas de las cuales llegaron a exportarse a Europa. José Juárez y Juan Correa fueron los primeros pintores en representar a la Virgen de Guadalupe acompañada por las escenas de las cuatro apariciones. Andrés González, Patricia (1999) Un temprano cuadro de la Virgen de Guadalupe, con el ciclo aparicionista, en las Concepcionistas de Ágreda (Soria)Vargaslugo, Elisa. (1989). Algunas Notas más sobre iconografía Guadalupana. Anales Del Instituto De Investigaciones Estéticas 15 (60)Museo del Prado (2025) Tan lejos, tan cerca. Guadalupe de México en España. Sección 1. Narrar y propagar la historia.

Algunos de los pintores novohispanos más representativos del , fueron: