thumb|220px|Kush era el territorio situado a lo largo del Nilo, al sur de Asuán, entre la primera y la sexta catarata del río.

La región de Nubia se encontraba al sur de Egipto, en lo que actualmente es Sudán del Norte. En ella se desarrolló el reino de Kush, que pasó por cuatro fases importantes. La primera de todas fue la del reino independiente de Kerma, que duró desde el 2600 al 1520 a.c., coincidiendo en el tiempo con el Reino Medio en Egipto. Kerma es el término que empleamos hoy para denominar lo que los egipcios conocían como Kash, que posteriormente acabó evolucionando en Kush. De las poblaciones que habitaron Nubia, la de Kerma o Kush fue la más desarrollada, y gracias a las investigaciones arqueológicas de los últimos años sabemos que llegaron a contar con asentamientos amurallados, producción cerámica y una economía productora.Era esta una región rica en recursos naturales, lo que enriqueció de manera importante al reino, pero que también atrajo las miradas de sus vecinos norteños, que comenzaban también a demandar por parte de sus clases altas elementos de prestigio y lujo que, en su tierra, escaseaban. Las relaciones entre ambos reinos, durante este momento, fueron de intercambio y recelo. Los egipcios disponían de importantes asentamientos fortificados que miraban con hostilidad al sur, al mismo tiempo que les proporcionaban manufacturas a cambio de oro, marfil, madera o animales exóticos. Con el tiempo, estas fortalezas del Alto Egipto se fueron independizando de la capital y manteniendo relaciones estrechas con el reino de Kerma, hasta el punto de que algunos investigadores consideran que hubo matrimonios mixtos en la frontera. En 1550 todo esto cambia con la invasión egipcia durante el Reino Nuevo. Kerma pasa a convertirse en la provincia de Nubia, dividida en dos distritos administrativos: Baja Nubia o Uauat, que se extendía desde la primera catarata a la ciudad de Semna, y la Alta Nubia o Kush, que iba desde esta localidad hasta la cuarta catarata del Nilo. La provincia estaba administrada por un virrey, cercano a la familia real, y que ostentaba el título oficial de «hijo real o hijo real de Kush». Se encargaba principalmente de la administración, tanto de tributos como de la gestión de las importantes minas de oro de la región. Para mejorar dicha gestión, el virrey extranjero nombraba a dos directores, uno por distrito, de origen indígena, que además permitía al virrey gestionar la provincia desde Tebas. Los directores nombraban a su vez a los alcaldes de las ciudades, teniendo solamente jurisdicción en los asuntos civiles. De los militares, así como de las plazas fuertes, se encargaban los oficiales del ejército egipcio, seguramente para evitar la rebelión. Para que pudiera ser factible este control administrativo, tuvo que haber otros elementos de control, ideológicos y políticos, para asegurar el predominio egipcio en la región. Uno de los más interesantes fue el sincretismo religioso. Los egipcios extendieron a Nubia su religión, mezclándose con el ya de por sí parecido culto indígena, y lo que es más importante, perpetuaron bajo la nueva religión los antiguos lugares de culto de los nubios, como el monte Djebel Barkal, en donde se fundó en la época del faraón Tutmosis III un templo dedicado a Amón. Pero la religión no fue la única estrategia de control egipcia. Las élites nubias fueron educadas a la manera egipcia, adoptaron nombres egipcios y se enterraban a la manera de los egipcios. Estas élites fueron el principal apoyo del estado egipcio en Nubia, y aseguraron su poder en la provincia hasta el debilitamiento de este en torno a la XX dinastía. Desarrollo Configuración del reino independiente miniatura| Pirámide funeraria de Sennedjem, TT1, en Deir el Medina, Luxor. Estas eran las tipologías en uso para la construcción de pirámides en la época de la XXV dinastía. Con la decadencia del Reino Medio, Nubia fue paulatinamente adquiriendo independencia. Mientras en Egipto reinaron las dinastías libias, Kush se configuró como un reino independiente con capital en la ciudad de Napata, dando lugar al período napatiense. Sin embargo, el nuevo reino nubio seguiría ligado a Egipto cultural y religiosamente, y el clero local, desde Djebel Barkal siguió ejerciendo una gran influencia sobre la población e incluso, sobre sus gobernantes. Comenzó en este tiempo la conocida como Edad Oscura, denominación que recibe de la escasez documental que existe a día de hoy de este período. Graves hambrunas, producidas por cambios climáticos en Oriente Próximo, afectaron a Egipto en aquel momento y, aprovechando su debilidad, Pianki, en el 747 a.C. logró controlar el Alto Egipto y su hijo, Shabaka, consiguió controlar todo el reino y reunificarlo bajo su dominio desde Tebas. Se inauguraba así el período de la dinastía XXV en Egipto. Durante este período, los nuevos faraones kushitas intentaron legitimar su dominio edificando monumentos y enterrándose a la manera de los egipcios del Reino Antiguo, es decir, en pirámides.VELA RODRIGO Alberto Ángel, «Las pirámides napatienses de los faraones negros: una morada Nubia para la eternidad», en Egiptología 2.0, Universidad de Zaragoza, 2020. Sin embargo, la dinastía XXV fue breve. Los Asirios invadieron Egipto y Tanutamón, el último faraón negro, huyó a Napata, en donde reinaría hasta su muerte. Se inauguraba así el reino independiente de Kush, con capital, primero en Napata, y posteriormente en Meroe.

El reino con capital en Napata miniatura| Vista de una pirámide meroítica. Se aprecia claramente la influencia de las pirámides menores egipcias, usadas para los enterramientos de funcionarios, en una época en la que los faraones se enterraban en el Valle de los Reyes. A partir de este momento los reyes de Napata solo reinarán en la región de Nubia. El reino tenía su centro religioso en el antiguo templo de Amón, en la base de la mencionada montaña sagrada de Djebel Barkal. Esto hizo posible que la religiosidad egipcia preservara su influencia tras la independencia del reino, si bien se fueron con el tiempo introduciendo cambios y elementos indígenas, sobre todo durante el período meroítico. Aunque se dejó de escribir en lenguaje jeroglífico y se abandonó de forma progresiva la cultura y tradiciones egipcias, pervivieron en el arte kushita elementos marcadamente egipcios, como los grabados, las pinturas y, sobre todo, la arquitectura, en especial la funeraria. Durante el tiempo de los faraones negros, los reyes de Kush se maravillaron de las fastuosas construcciones del Reino Antiguo, en especial de las pirámides. Aquellas monumentales edificaciones en memoria del faraón, que pasaba así a la otra vida transformado en estrella del firmamento, transmitían un poder que anhelaban los reyes nubios. Sin embargo, ya para aquel entonces las técnicas constructivas que hicieron posible la gigantesca tríada de pirámides estaban olvidadas, y los faraones se enterraban en el Valle de los Reyes, siendo las pirámides de funcionarios y clases medias, mucho más pequeñas, las que sirvieron de referencia a los nubios. Y es por esta razón que las pirámides napatienses de la necrópolis de El-Kurru tienen las dimensiones y fisionomía que hoy pueden contemplarse. Las pirámides se construyeron durante los dos períodos en los que se divide el desarrollo de Kush, el napatiense y el meroítico. Las pirámides napatienses fueron mayores en tamaño, formadas por núcleos de cascotes y contaban con una capilla de culto, por lo general orientada hacia el este. Las necrópolis de Djebel Barkal y El-Kurru fueron ampliamente estudiadas por Reisner y Hinkel. Reiner clasificó las pirámides según sus características formales, mientras que Hinkel siguió como pauta las superestructuras que las conforman.

Traslado de capital En torno al 590 a.C. Psmético II atacó al reino y obligó a sus dirigentes a retirarse de Napata y trasladarse más al sur, cerca de la sexta catarata. Esta nueva capital sería conocida como Meroe; empezaba así la segunda etapa de desarrollo del reino nubio. El cambio más espectacular de esta etapa se dio por parte del rey Arkamani I, cuya cronología exacta no se conoce. Lo que sí se sabe es que despojó a los sacerdotes de Djebel Barkal de su influencia y poder, reinstauró las tradiciones locales e instaló la necrópolis en Meroe. Surgen así las pirámides de Meroe, agrupadas en dos conjuntos, uno al sur y otro al norte. La religiosidad de los nubios en la etapa meroítica, como vimos, se complica. Los trabajos que se han hecho acerca del tema van quedando desfasados según las investigaciones avanzan, y cada vez la arqueología adquiere más relevancia para el entendimiento del panteón kushita. Como mencionamos, el traslado de capital significó una «indigenización» de la cultura del reino. Los dioses principales egipcios siguieron siendo adorados, pero sufrieron importantes cambios con respecto a su significación actual, esto es, que aunque conservaron más o menos su aspecto original, su función y posición dentro del panteón mutó; Isis se transforma en divinidad protectora de los monarcas por ejemplo. También fueron introducidos dioses del panteón grecolatino, como Afrodita o Niké, aunque no se sabe del todo si fueron activamente adorados o por el contrario solo fueron una representación figurativa de deidades autóctonas. Bajo esta religión oficial persistía un culto popular cuyo soporte fue una serie de objetos rituales, de tejido o cerámica, difíciles de interpretar y muchas veces con símbolos estampillados o dibujados representando diferentes motivos simbólicos, como flores de papiro, de sorgo, etc. Se repite también la imagen de la rana, también frecuente en la religión egipcia, que casi podríamos decir tiene un valor apotropaico, y que tuvo una veneración tanto popular como por parte de la monarquía, siendo representada en los cetros de los reyes.

Religión y Culto miniatura|Quiosco Romano emplazado en la entrada del templo de Apedemak. Esta nueva religión oficial se veneró en el interior de majestuosos templos, que seguían teniendo características egipcias y de la etapa napatiense, siendo construidos, por lo general, en adobe, reservándose la piedra para columnas y altares, así como conservando su carácter adintelado. Las novedades introducidas fueron pocas, pero significativas, como la creación de un quiosco exterior, en medio del dromos, que era el paseo de entrada al templo, en donde se situaban las famosas estatuas de carneros. Este quiosco sirvió para custodiar la barca del dios que era usada en las procesiones. En el exterior de construía también un altar, con rampa de acceso. Como muchas civilizaciones de la antigüedad, Kush empleó sus templos, no solo como espacios de culto, sino también como lugares de comercio, de propaganda oficial y, lo que resulta también muy interesante, como cárcel. Los kushitas internaron muchas veces a sus enemigos, en especial a los romanos, en estas «cárceles rituales», custodiadas por centinelas sagrados. En el templo también se cobijaban tesoros de alto valor material o simbólico, a veces una combinación de ambos, como era el caso de la corona ceremonial de los reyes de Meroe, que se conservaba en un templo de la antigua capital, Napata. En el aspecto funerario, los reyes de Meroe seguirán enterrándose en pirámides.JARAMAGO Miguel, «Mundo funerario, dioses y santuarios entre Asuán y Djebel Moya: la religiosidad en Kush», Asociación española de egiptología, Madrid, 2017.

La Mujer Kushita La mujer en Kush, y en especial durante esta etapa de africanización y distanciamiento del mundo mediterráneo, fue ganando importancia política y económica, aunque hace falta un mayor estudio para poder averiguar hasta qué punto se puede hablar de cierta equidad o igualdad. En muchas ocasiones, el reino de Kush fue gobernado por reinas, bajo el título de Kandake. Amanishaketo fue la más famosa de todas, gracias a la amplia colección de tesoros suyos que se conservan en Berlín actualmente, pero también por