pagina=11|miniaturadeimagen| Edición en español de 1681 de De Bello Belgico de Famiano Strada La historiografía de la Guerra de los Ochenta Años examina cómo se ha estudiado e interpretado este acontecimiento a lo largo de los siglos. Algunos de los principales temas de controversia entre los estudiosos incluyen el nombre del conflicto (sobre todo "Guerra de los Ochenta Años" frente a "Revuelta de los Países Bajos"); la periodización de la guerra (cuándo comenzó, los acontecimientos a señalar, y si la duración efectiva de la guerra justifica que se contabilicen "ochenta años" o no); sus orígenes o causas (la Reforma protestante, la violación de los derechos y privilegios de la nobleza y la autonomía y la amenaza de pérdida de privilegios de las ciudades); la naturaleza del conflicto (una guerra religiosa, una guerra civil o una guerra de independencia); el significado de sus documentos históricos como el Acta de Abjuración, y el papel de sus protagonistas principales como Felipe II de España, Guillermo de Orange, Margarita de Parma, el duque de Alba, Alejandro Farnesio, Mauricio de Orange y Johan van Oldenbarnevelt. Se ha teorizado que la propaganda de la Reforma protestante dio lugar a la creación de la Leyenda Negra Española. También es motivo de controversia la importancia de este conflicto en el nacimiento de la república de las Provincias Unidas de los Países Bajos, predecesora del actual Reino de los Países Bajos y el papel de los estatúders de la Casa de Orange en ella así como el desarrollo de las identidades nacionales holandesa y belga como resultado de la división de los Países Bajos del Norte y del Sur.
Visión general Siglos y Los cronistas protestantes holandeses del , como Hooft, Bor, Van Meeteren, Grotius, Aitzema y Baudartius, monopolizaron el relato del conflicto basados en fuentes primarias e informes de primera mano. Historiadores decimonónicos como Fruin o Nuyens consideraban que, con anterioridad a 1798, el punto de vista católico sobre el tema erá más difícil de obtener, bien por tratarse de obras escritas en latín como los de Floris Van der Haer y Michael ab Isselt, o bien eran de autores extranjeros (Famiano Strada o Guido Bentivoglio) pero no había un relato accesible y manifiesto realizado por los propios católicos holandeses.
De Bello Belgico de Famiano Strada La obra latina De Bello Belgico decadas duae (1632-1647) del historiador jesuita italiano Famiano Strada (1572-1649) se popularizó en toda Europa y se tradujo a muchos idiomas. Se considera que las autoridades españolas impidieron la publicación de la parte final de la obra. Strada utilizó ampliamente los archivos de la familia Farnesio (ahora destruidos), y fue muy crítico con la actuación del duque de Alba en su confrontación contra los rebeldes de los Países Bajos. Este y otros autores italianos como Guido Bentivoglio que abordaron críticamente el conflicto fueron citados por historiadores e intelectuales neerlandeses en apoyo de sus argumentos contra España.
Annales et Historiae de rebus Belgicis de Hugo Grotius Entre 1601 y 1612, Hugo Grotius escribió en latín los Annales et Historiae de rebus Belgicis que comprendía el período 1559-1588. Grotius escribió imitando el estilo de Tácito y excluyó detalles truculentos como saqueos y batallas. El libro, encargado por los Países Bajos, no se publicó en holandés hasta 1681 para caer en el olvido hasta 2014 cuando Jan Waszink publicó una traducción moderna. No está claro por qué las Provincias Unidas de Holanda aparentemente bloquearon la publicación en latín en 1612, pero Waszink concluyó que probablemente encontraron a Grotius demasiado crítico. En lugar de presentar el conflicto como "una lucha unida por la fe y las libertades ancestrales", Grotius escribió que era "una lucha difícil con la poderosa España" por un lado, y con "divisiones, intereses políticos y fanatismo religioso del lado holandés" en el otro. Mientras tanto, la Iglesia Católica, aunque inicialmente aprobó la edición en latín publicada en 1657, la incluyó definitivamente en el Index Librorum Prohibitorum en 1659 por considerar que tenía elementos anticatólicos.
Nederlandsche Historien de Pieter Corneliszoon Hooft miniaturadeimagen| Frontispicio del Nederlandsche Historien Volumen I (1642) Uno de los destacados autores holandeses fue Pieter Corneliszoon Hooft con su Nederlandsche Historien (1642-1647), que abarcaba el periodo 1555-1587. Hooft fue un humanista renacentista que no tomaba partido en cuestiones religiosas, ni era miembro de ninguna iglesia; admirador de Tácito (cuyo estilo adoptó, al igual que Grotius antes que él), mostró una perspectiva republicana estatalista para justificar la rebelión contra España basada en la soberanía de los estados, considerando al Príncipe de Orange un elemento subordinado de dicha soberanía. En 1609, Hooft, de 28 años, escribió varios poemas para conmemorar la Tregua de los Doce Años, en los que comparaba la revuelta holandesa contra España con el derrocamiento de la monarquía romana y al Príncipe de Orange con Moisés como liberador de la esclavitud de los israelitas. En 1642 escribe Nederlandsche Historien sobre la guerra. De nuevo Hooft intentó justificar la revuelta contra la monarquía hispánica como una lucha contra la tiranía, porque los borgoñones y sus sucesores Habsburgo habían violado supuestamente la soberanía inalienable de los estados. Por otro lado, trató de presentar a los adversarios españoles como Felipe II, el duque de Alba y Requesens de un modo más objetivo, mencionando sus aspectos positivos y negativos, aunque enfatizando más estos últimos. Hacia el final de su libro ensalza la figura de Guillermo de Orange convertido en el personaje principal y mártir de la causa holandesa.
En el el mayor interés se centró en la recopilación de fuentes primarias de la época sobre el conflicto, destaca especialmente la recopilación documental del erudito Jan Wagenaar a mediados del .
Principios del thumb|200px|Guillaume Groen van Prinsterer. Según Guillaume Groen van Prinsterer en su Manual de la Historia de la Patria (1846) la Revuelta trataba de cómo el pueblo holandés, gracias a la ayuda de Dios y guiados por la Casa de Orange-Nassau había logrado su libertad. El historiador H. Smitskamp (1940) juzgó que Groen ponía mucho énfasis en la providencia divina como guía de los acontecimientos históricos.
A mediados del , los eruditos belgas Louis-Prosper Gachard y Joseph Kervyn de Lettenhove también llevaron a cabo una exhaustiva investigación de fuentes sobre la Guerra de los Ochenta Años, especialmente en los archivos de Bruselas y España.
The rise of the Dutch Republic (El ascenso de la República Holandesa) de Motley/Bakhuizen Reinier Cornelis Bakhuizen van den Brink hizo importantes contribuciones a los estudios sobre la Guerra de los Ochenta Años a partir de 1844, y como archivero de 1854 a 1865. En 1857, tradujo The Rise of the Dutch Republic (1856) del historiador puritano estadounidense John Lothrop Motley. Bakhuizen valoró positivamente el libro, idéntica opinión compartía el historiador Robert Fruin aunque matizando que el libro requería algunas "adiciones y correcciones". El historiador Van Vloten valoraba el intento de Motley de suscitar interés por la historia de los Países Bajos entre el público de habla inglesa, pero su desconocimiento del holandés le impedía revisar las últimas ideas de los historiadores de este país y le hacía proclive a la parcialidad a favor de los protestantes y en contra de los católicos. En 1862, Fruin revisó nuevamente de un modo más crítico y negativo la obra de Motley. Por último, en su Nederlandsche Beroerten (1867), el historiador católico Wilhelmus Nuyens acusó a Motley de escribir una novela más que un libro de historia.
Fruin y Nuyens
Robert Fruin (1823–1899) fue considerado por Albert van der Zeijden (2012) como el primer historiador holandés que se esforzó por aplicar el método histórico-crítico a la historia de Holanda. Sin embargo, Fruin no siempre siguió principios estrictamente académicos, sino que también consideró que la historia debía abordarse en términos nacionalistas. Para la historia de los Países Bajos, esto significaba, por un lado, que había que conciliar las tradiciones republicanas y "antiorangistas" y las promonárquicas o "proorangistas" y, por otro lado, que el liberalismo debía funcionar como un árbitro "imparcial" entre los puntos de vista protestantes y católicos. Sus primeras obras mostraban una tendencia antiorangista, mientras que las posteriores tenían un trasfondo más proorangista.
El enfoque de Fruin suponía una clara ruptura con otros colegas, como Guillaume Groen van Prinsterer, que promovía un nacionalismo calvinista-orangista. Esperaba que surgiera un historiador católico que rompiera la unilateralidad de la historiografía neerlandesa sobre el conflicto dominada por los protestantes durante siglos. Esta respuesta vino de la mano de Willem Jan Frans Nuyens (1823–1894) que en su obra Geschiedenis der Nederlandsche Beroerten in de XVIe eeuw (Historia de las revueltas holandesas en el siglo XVI) reivindicó el papel de los católicos holandeses en la revuelta y su contribución a la emancipación.
Historiadores católicos críticos A principios del , los historiadores católicos valoraron cada vez más el método histórico-crítico. Criticaron a Nuyens por no respaldar con datos muchas de sus afirmaciones y señalaron el método de Fruin como el ejemplo a seguir. A mediados del , el historiador católico más influyente fue L. J. Rogier que realizó una autocrítica de la historiografía católica del XIX.
Perspectivas geográficas y lingüísticas miniaturadeimagen|351x351px| Mapa que indica los sucesivos procesos de formación del estado de los Países Bajos durante la Guerra de los Ochenta Años A principios del , Pieter Geyl aportó una nueva perspectiva sobre la revuelta al argumentar que los historiadores belgas y holandeses, como Henri Pirenne, se habían dejado llevar por el sesgo retrospectivo: asumieron que las eventuales fronteras modernas entre Bélgica y los Países Bajos fueron el resultado del curso lógico de la historia, mientras que para Geyl tenía más sentido que las fronteras hubieran coincidido con la delimitación lingüística franco-holandesa. Consideraba que los ríos más importantes eran una crucial barrera geográfica que permitió que la Revuelta sobreviviese en Holanda y Zelanda, que Luxemburgo (en el Camino Español) era la base militar de las fuerzas españolas y que la frontera eventual entre estos bastiones del norte y del sur se situaba en algún punto intermedio en una línea arbitraria. A diferencia de su colega y acérrimo nacionalista Carel Gerretson, Geyl no creía en la reunificación de la Flandes moderna y los Países Bajos, y se opuso a una partición hipotética de Bélgica para lograr este objetivo, aunque si estuvo a favor de la federalización de Bélgica.
A fines del , los historiadores británicos Geoffrey Parker y Jonathan Israel demostraron que muchos de los acontecimientos durante la revuelta holandesa eran imposibles de entender si no era desde una perspectiva internacional y sin tener en cuenta el punto de vista de la monarquía española.
C. Holland (2001) consideraba la revuelta holandesa como el germen de las principales revoluciones democráticas habidas en Inglaterra, Estados Unidos y Francia.C. Holland: The Death that saved Europe, G.P. Putnams' Sons, 2001, page 104
Denominación y periodización