Barcino fue una ciudad romana de la provincia de la Tarraconense, en la Hispania Citerior, correspondiente a la actual Barcelona (España). Fue fundada en una fecha indeterminada durante el reinado del emperador Augusto (-) con el nombre de Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino. Se ubicó en un promontorio del llano de Barcelona conocido como el monte Táber, en un lugar donde anteriormente hubo con probabilidad un poblado layetano. Aunque de escasas dimensiones, fue una ciudad próspera debido a su situación estratégica, con una economía basada en la agricultura y el comercio. Su mayor esplendor se produjo entre los siglos y , en que comenzó una cierta decadencia en paralelo al resto del Imperio romano. Sin embargo, en el gozó de un nuevo período de relevancia en el que superó incluso en primacía a la capital de la región, Tarraco, debido sobre todo a su muralla, que la protegía de invasiones. Con la caída del Imperio y la llegada de los visigodos, su posterior evolución es ya la de la actual Barcelona.

Toponimia

El origen y significado del topónimo Barcino es incierto. Parece provenir de un poblado ibérico denominado Barkeno (34px), que se menciona en unos dracmas ibéricos del Esta forma se adaptó en latín como BARCĬNŌ cuando la ciudad fue fundada como colonia romana en el Algunas leyendas apuntan a un posible origen cartaginés, derivado de Amílcar Barca, pero parece poco probable.

La primera mención escrita sobre Barcino procede del , efectuada por Pomponio Mela, mientras que en el el astrónomo Claudio Ptolomeo la menciona en griego como Βαϱϰινών (Barkinṓn) en su Geografía.

Historia

Entre el y el , el llano de Barcelona estaba ocupado por los layetanos, un pueblo íbero que ocupaba las actuales comarcas del Barcelonés, el Vallés, el Maresme y el Bajo Llobregat. Los layetanos vivían de la agricultura, la ganadería y la minería —principalmente hierro, plata, cobre y oro—, y tenían contactos comerciales con la colonia griega de Emporion (Ampurias).

Según parece, el principal asentamiento ibérico de la zona estuvo en Montjuic, aunque la urbanización de la montaña en fechas recientes y su uso intensivo como cantera de piedra durante toda la historia de la ciudad ha provocado la pérdida de la mayoría de restos. Posiblemente, hubo otro asentamiento en el monte Táber, pero el único indicio es una estela de piedra con una inscripción ibérica hallada en una casa de la calle Arc de Sant Ramon del Call, encontrada en el y hoy ya perdida.

miniatura|izquierda|Restos arqueológicos romanos, Museo de Historia de Barcelona La República romana entró por primera vez en la península ibérica en el transcurso de la segunda guerra púnica (), para contrarrestar el poder de los cartagineses en la zona, lo que acabó por devenir en el inicio de la conquista del territorio, un lento proceso que duraría casi dos siglos, hasta que el año el emperador Augusto daría por concluido el control de la península. Las bases de actuación romana en la zona fueron inicialmente Emporion y Rhodae (actuales Ampurias y Rosas), así como la principal fundación romana en el territorio, Tarraco (Tarragona). Durante este período, los romanos seguramente ocuparían el enclave íbero situado en Montjuic, para controlar la desembocadura del Llobregat, un centro estratégico. Cabe suponer igualmente que durante este período se produciría una aculturación entre la población autóctona y los recién llegados.

Según parece, fue durante el reinado de Augusto (-) —el cual supuso la conversión de la República romana en imperio— cuando se fundó la colonia que daría origen a la ciudad, bautizada como Barcino, seguramente como latinización del nombre íbero Barkeno. Fundada entre el y el , el asentamiento se ubicó en el monte Táber (25 ). El principal motivo de la elección de este lugar debió ser seguramente su puerto natural, si bien los aluviones de las torrenteras y la sedimentación de arena de las corrientes litorales irían dificultando el calado del puerto. El nuevo poblado recibió el nombre completo de Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino. miniaturadeimagen|Estela romana de mármol con el nombre de Barcino (), Museo de Historia de Barcelona Los primeros pobladores parecen haber sido legionarios licenciados de las guerras cántabras, libertos de la Narbonense y colonos itálicos. La ciudad se hallaba en un punto estratégico debido a su puerto y al paso por la misma de la Vía Augusta, que unía Hispania con Roma, motivo que propició su prosperidad económica, protagonizada principalmente por terratenientes y comerciantes, así como funcionarios, militares, artesanos y obreros.

miniatura|izquierda|Mosaico de las Tres Gracias (c. finales siglo -inicios siglo ), opus tessellatum de mármol y pasta vítrea, hallado en el convento de la Enseñanza de Barcelona, Museo de Arqueología de Cataluña El papel estratégico de Barcino, punto de llegada de los grandes ejes norteño —Vía Augusta— y mediterráneo, otorgó a la ciudad desde muy pronto un activo desarrollo comercial y económico, favorecido igualmente por la exención de impuestos de que gozaba. El máximo esplendor de la época romana se dio durante los siglos y , con una población que debía oscilar entre los 3500 y 5000 habitantes. Por otro lado, hacia el , Barcino había ya desplazado a Tarraco como referente de la región.

La principal actividad económica era el cultivo de tierras circundantes, especialmente la vid, que tenía buena fama y se exportaba a otras áreas del imperio como la Galia, Italia, el norte de África e incluso en la frontera germánica. Junto a la agricultura, destacaban la ganadería y la pesca. Las tierras en torno a la ciudad fueron repartidas entre los colonos mediante el sistema de centuriatio (centuriación). Además del vino, se exportaba cerámica, sal de las minas de Cardona y salazón de pescado (garum). Por el valor de los restos arqueológicos (tamaño del templo, abundancia de esculturas, mosaicos, ánforas) se ha determinado que los habitantes gozaron de un buen nivel de vida; sin embargo, no hay evidencias de que la ciudad tuviese teatro, anfiteatro ni circo.

miniatura|150px|Retrato masculino destinado a un mausoleo o monumento funerario (), Museo de Historia de Barcelona El gobierno de la ciudad seguía el modelo que el imperio otorgaba a las colonias, que era relativamente autónomo. El municipio tenía jurisdicción sobre la ciudad (urbs) y el área rural que la rodeaba (territorium). La curia municipal (ordo decurionum), formada por un centenar de miembros (curiales), administraba todos los aspectos de la ciudad, tanto políticos como administrativos y judiciales. El gobierno efectivo recaía en unos funcionarios electos, los duunviros y los ediles. Las clases sociales se dividían entre ciudadanos (cives), domiciliados sin ciudadanía (incolae), residentes transitorios (hospites) y esclavos. Entre los pocos barcinoneses con nombre propio conocido destaca Lucio Minicio Natal (), tribuno militar, cuestor, pretor, senador, cónsul y augur, y ganador además de una prueba de carreras de cuadrigas en los antiguos Juegos Olímpicos (año 129).

miniatura|izquierda|150px|Estatua femenina (posiblemente una divinidad romana), hallada en la calle Paradís de Barcelona (c. siglo -), Museo de Arqueología de Cataluña En el , en paralelo al inicio de la decadencia del imperio, Barcino disminuyó de población y se enmarcó en un proceso de ruralización, aunque continuó con una cierta actividad política y cultural de relevancia en la zona. En esa centuria comenzaron a establecerse las primeras comunidades cristianas en la región: hay constancia de una primitiva comunidad y obispo propio entre 260 y principios del , período en el que surgieron las primeras veneraciones a cristianos martirizados durante la persecución de Diocleciano. Es el caso de san Cucufate, que fue martirizado en Castrum Octavium (actual San Cugat del Vallés); o de santa Eulalia, martirizada en Barcino el año 303, a los trece años. El cristianismo fue legalizado el año 313 por el emperador Constantino, a través del edicto de Milán. Por estas fechas aparece como obispo legendario de la ciudad san Severo, el cual sin embargo no está documentado. El primer obispo conocido de Barcino fue Pretextato, quien en el año 347 asistió al sínodo antiarriano de Sárdica (Bulgaria), con Osio de Córdoba. Le sucedió san Paciano (c. 360-390), considerado Padre de la Iglesia.

miniatura|Pintura mural de un jinete hallada en la domus de la calle Bisbe Caçador (), Museo de Historia de Barcelona A finales del , los municipios bajo el poder de Roma comenzaron a perder poder, ante la demanda por parte del imperio de más recursos económicos, lo que finalmente derivó en la ruralización de parte de la población y un moderado autogobierno de la ciudad. Finalmente, tras la muerte de Teodosio I (395), se produjo la separación definitiva del Imperio romano en dos: el Imperio romano de Oriente y el Imperio romano de Occidente. Durante este período, Barcino fue la capital de dos usurpadores del trono imperial: Máximo (409-411), un noble hispano que tomó el control de la Tarraconense, hasta ser capturado y ejecutado por el emperador Honorio; y Sebastián (444). Máximo llegó a acuñar unas monedas con la marca SMBA (Sacra Moneta Barcinonensis).

Entre los siglos y la ciudad romana empezó una lenta decadencia. El centro de poder pasó del foro a la basílica cristiana —en la parte norte del recinto amurallado—, con lo que los edificios públicos situados en la zona del foro empezaron a degradarse y, o bien fueron desmantelados, o bien fueron destinados a otros usos. Las antiguas termas fueron reconvertidas en la iglesia de San Miguel. Muchas casas unifamiliares fueron divididas en varias viviendas, se estrecharon las calles para aprovechar más el espacio y el sistema de alcantarillado abandonándose progresivamente. Comenzaron a surgir edificaciones fuera de la muralla, en los llamados suburbium, donde se emplazaron diversos monasterios y basílicas martiriales, como Santa María de las Arenas (ubicada en el emplazamiento de la actual Santa María del Mar), San Cucufate (en la actual plaza de Sant Cugat del Rec), Santa María del Pino y San Pablo del Campo.Plafones informativos en el Museo de Historia de Barcelona.

En el llegaron a la Tarraconense los visigodos, un pueblo germánico. Uno de sus reyes, Ataúlfo (410-415), se casó en 414 con Gala Placidia, hija del emperador Teodosio I, y estableció su corte en Barcino. La capitalidad apenas duró unos meses, pues Ataúlfo murió asesinado en su palacio por un esclavo de Sigerico; a su vez, Sigerico fue asesinado al cabo de una semana también en Barcino. Hacia 416 se permitió a los visigodos entrar en Hispania para controlar a los otros pueblos bárbaros establecidos, en calidad de fœderati de Roma. Durante el reinado de Eurico (466-484), el reino de los visigodos se declaró independiente de Roma. Eurico tomó la Tarraconense (470-475) y forzó con el hérulo Odoacro la deposición del último emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo, en 476. La evolución posterior de la ciudad corresponde ya a Barcelona.

Arquitectura y urbanismo

Los romanos eran grandes expertos en arquitectura civil e ingeniería. Construían ciudades con un trazado racional y con servicios básicos, como el alcantarillado, así como caminos, puentes y acueductos. La arquitectura romana se basaba en la utilización de aparejos de sillería, ladrillo y mampostería y, frente al sistema arquitrabado griego, introdujeron el uso del arco, la bóveda y la cúpula. Adoptaron de los griegos el uso de los órdenes jónico y corintio, a los que añadieron el toscano y el compuesto.