El gobierno constitucional de Miguel de San Román en el Perú empezó el 24 de octubre de 1862 y terminó el 3 de abril de 1863 debido al fallecimiento de dicho mandatario, víctima de una enfermedad. Apenas duró cinco meses y nueve días.
En el aspecto político, San Román se mostró abierto y tolerante. Dio una ley de amnistía que permitió el retorno de los exiliados por el gobierno anterior, entre ellos el líder liberal José Gálvez, el expresidente José Rufino Echenique y el general Manuel Ignacio de Vivanco. Se realizaron elecciones municipales, triunfando en Lima el general Antonio Gutiérrez de la Fuente, candidato de los echeniquistas.
En el aspecto económico, debió afrontar una crisis económica derivada de los gastos asumidos por el gobierno anterior y por la baja internacional del precio del guano, el producto que continuaba siendo el que más rentas daba al erario. Para paliar la situación, recurrió al método ya común de los gobernantes del bum guanero: solicitar préstamos a los consignatarios del guano a cuenta de la venta de este producto.
Entre otras obras de su breve mandato destacan: la dación de una ley de saneamiento monetario, que impuso el sistema bimetalista (oro y plata) y una nueva moneda, el Sol; la implantación del sistema decimal de pesas y medidas; y la fundación de los primeros bancos comerciales. Además, se continuaron las obras públicas iniciadas por el gobierno anterior, sin iniciar otras.
Las elecciones de 1862
Cuando se hallaba en su tramo final el segundo gobierno de Ramón Castilla (1858-1862), se inició una enconada lucha electoral entre varios candidatos, siendo los principales: el mariscal Miguel de San Román, el general Juan Antonio Pezet, el doctor Juan Manuel del Mar y, en ausencia, el expresidente José Rufino Echenique. Todo indicaba que ninguno obtendría mayoría y se repartirían la votación, y eso hizo temer a la ciudadanía que Castilla apelara a alguna salida plebiscitaria para prorrogarse en el poder, pese a que ya el Congreso en 1860 había prohibido la reelección.
Pero el panorama cambió cuando Castilla brindó su respaldo a la candidatura presidencial de San Román, y cuando Pezet renunció a su candidatura y unió sus fuerzas con las de San Román, pasando a ser su candidato a la primera vicepresidencia. Para la segunda vicepresidencia el candidato elegido fue el general Pedro Diez Canseco, el cuñado de Castilla. De modo que la lucha electoral se circunscribió principalmente entre San Román y Del Mar. izquierda|miniaturadeimagen|237x237px|El doctor Juan Manuel del Mar, postuló a la presidencia de la República en 1862 pero falleció en plena campaña electoral. Juan Manuel del Mar era político y jurisconsulto, natural de Cuzco. Era entonces el primer vicepresidente de la República, aunque no gozaba de la simpatía del presidente Castilla, que lo llamaba despectivamente el “hijo de escribano” y lo acusaba de haber tratado de reconciliarse con la oposición mientras había ejercido interinamente el mando en 1859. Fatalmente, Del Mar enfermó gravemente en plena campaña electoral y tras una larga agonía, falleció el 16 de junio de 1862.
Miguel de San Román apareció entonces como el favorito para ganar las elecciones. Era visto como el natural sucesor de Castilla, al que había servido como su lugarteniente a lo largo de sus campañas militares, desde la revolución de 1854 hasta la guerra civil de 1856-58. Incluso, parte de los opositores al gobierno, entre ellos los liberales, apoyaron su candidatura, confiando en que se mostraría contemporizador y que garantizaría el traspaso del poder.
Quedaba solo como candidato de la oposición el expresidente Echenique, quien asegura en sus Memorias que gozaba de popularidad en Lima y Arequipa. Echenique dice que en Lima, sus partidarios pasearon su retrato delante del mismo Castilla en Palacio de Gobierno, y que en Arequipa, San Román tuvo que trasladar tropas de Puno para orientar la opinión a su favor, a manera de coacción. Acusó también al presidente Castilla de gastar 400 mil pesos en sobornos para favorecer a sus candidatos.
San Román tenía pues, asegurado su triunfo, pero en cuanto a las vicepresidencias, hubo algunos forcejeos. Frente al binomio oficialista Pezet-Diez Canseco, los liberales lanzaron tardíamente como candidatos a las vicepresidencias a Luis La Puerta y Manuel Costas. Estos sumaron muchos votos, a tal punto que amenazaron a que los candidatos oficialistas no lograran obtener la mayoría requerida. En tal caso, la elección de los vicepresidentes debía trasladarse al Congreso, donde ya se efectuaba la revisión de las actas electorales. Cuenta el deán Juan Gualberto Valdivia, que enterado Castilla de ello, se reunió con algunos diputados y les intimó a que apoyaran a los candidatos oficialistas a la vicepresidencia.
Desarrollado el escrutinio en el Congreso, resultó ganador como presidente el general San Román con 3401 votos de los 4615 electores sufragantes; y como primer vicepresidente el general Juan Antonio Pezet con 2554 votos. En cuanto a la segunda vicepresidencia, ninguno de los candidatos obtuvo la mayoría, por lo que el Congreso se encargó de la elección, resultando elegido el general Pedro Diez Canseco con 64 votos, frente a los 42 que obtuvo Manuel Costas. El Congreso proclamó a los vencedores el 29 de agosto de 1862. San Román se hallaba entonces en Arequipa y una comisión del Congreso fue a informarle de su elección.
Toma de mando miniaturadeimagen|180px|Miguel de San Román, según grabado del . Hubo temor entre la ciudadanía de que Castilla no respetase el resultado de las elecciones y se prorrogase en el poder. Pero el viejo mariscal (que tenía entonces 65 años), según se desprende de su correspondencia ya había tomado la decisión de retirarse para descansar tras una larga y activa vida pública. Aun así, a raíz de una visita que hizo a Lurín para observar las maniobras del Ejército, corrieron en Lima rumores infundados de que daría un golpe de Estado.
El traspaso de mando a San Román se realizó sin ningún contratiempo. Castilla dio un mensaje a la Nación, en el que dijo:
San Román inauguró su mandato el 24 de octubre de 1862, para un periodo de cuatro años, según la Constitución de 1860, pero solo llegaría a gobernar unos meses. Castilla, por su parte, se retiró a su villa favorita, Chorrillos, donde organizó tertulias con sus fieles amigos.
Con motivo del acontecimiento de la toma de mando de 1862, José Bernardo Alzedo compuso un Himno Inaugural, que fue tocado en el teatro principal a toda orquesta y por las bandas militares.
Aspecto político El Consejo de Ministros miniaturadeimagen|237x237px|El jurista José Gregorio Paz Soldán, fue el presidente del Consejo de Ministros y ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de San Román. San Román al principio quiso formar un gabinete encabezado por el general Manuel de Mendiburu, pero ante el rechazo que este personaje provocaba en la opinión pública, optó por nombrar como presidente del Consejo de Ministros a José Gregorio Paz Soldán. Este ejercía entonces como fiscal de la Corte Suprema y había sido canciller del primer gobierno de Ramón Castilla y del gobierno de José Rufino Echenique. El deán Valdivia dice que esa elección se debió al agradecimiento de San Román hacia Paz Soldán, porque este le había refaccionado y decorado su casa donada por el Estado, pero, como bien observa Basadre, debió ser ante todo por la capacidad y trayectoria de dicho político.
El Consejo de Ministros quedó así conformado:
José Gregorio Paz Soldán, Presidente del Consejo de Ministros y ministro de Relaciones Exteriores. Antonio Arenas, ministro de Gobierno, Policía y Obras Públicas. Melchor Vidaurre, ministro de Justicia, Instrucción y Beneficencia. General Isidro Frisancho, ministro de Guerra y Marina. Coronel José Santos Castañeda, ministro de Hacienda.
La ley de amnistía. Retorno de los exiliados miniaturadeimagen|180px|José Gálvez Egúsquiza, líder de los liberales, regresó al Perú tras una ley de amnistía dada por el gobierno de San Román.|izquierda San Román se destacó por su tino y cordura como gobernante. Una de sus primeras acciones fue permitir, mediante una ley de amnistía, el retorno de los políticos desterrados durante el segundo gobierno de Castilla. Entre ellos se hallaban los liberales, lo que ocasionó todo un revuelo en Lima. Por su parte, el grupo de políticos liberales que habían apoyado a San Román se reunió en torno a la figura de Francisco Javier Mariátegui, y anunció su propósito de continuar en la política con el nombre de Partido Liberal. El más prominente líder liberal que regresó del destierro fue José Gálvez (el futuro héroe del Dos de Mayo), que fue agasajado por sus partidarios con un gran banquete realizado en la huerta de Matalinares (donde después se levantó el Palacio de la Exposición, hoy sede del Museo de Arte de Lima), el día 15 de noviembre de 1862.
El expresidente José Rufino Echenique regresó a Lima el 11 de noviembre de 1862, siendo recibido masivamente por la población. En la noche de ese mismo día visitó a San Román. El Ejecutivo le restituyó en su grado de general en el Ejército y el Congreso lo indemnizó de los daños que su propiedad había sufrido durante la revolución de 1854. El echeniquismo como partido político pareció entonces renacer.
Otro de los importantes desterrados que retornaron entonces fue el general Manuel Ignacio de Vivanco, que arribó a Lima el 23 de diciembre de 1862, procedente de Chile. A diferencia de Echenique, su recibimiento fue más bien anodino, aunque fueron a visitarle muchas personas. Él también visitó al presidente San Román, aunque sin recibir mayor privanza.
Elecciones municipales En las elecciones para renovar la Municipalidad de Lima surgió una vez más la pugna entre echeniquistas y vivanquistas. Triunfaron los primeros, que llevaron a la alcaldía de Lima al general Antonio Gutiérrez de la Fuente.
Modificación de la Ley del Consejo de Ministros El 19 de febrero de 1863 se dio una nueva modificación de la Ley del Consejo de Ministros, la tercera de esta ley dada bajo el segundo gobierno de Castilla. Se enfocaba en la naturaleza ilustrativa, deliberativa y consultiva de los temas sometidos a voto en el Consejo de Ministros. El voto ilustrativo era el que el presidente pedía al Consejo de manera voluntaria, sin que tuviera efecto en la decisión presidencial. El voto deliberativo se refería a consultas de carácter forzoso, sobre asuntos de gravedad, y cuyas resolución debía ser cumplida por el presidente; implicaba un recorte a la autoridad de este y era la novedad que traía esta ley. El voto consultivo se daba también en consultas de carácter forzoso, aunque su cumplimiento no era indispensable, en casos como la observación de una ley dada por el Congreso, la facultad de levantar un empréstito, el nombramiento de un representante diplomático o de otro tipo. La ley estableció también que cuando vacaba un ministro, el presidente de la República podía elegir en su reemplazo a otro ministro en funciones, en calidad de Encargado.
El retiro de Castilla izquierda|miniaturadeimagen|257x257px|El mariscal Ramón Castilla, pronto se decepcionó de San Román a pesar de haber sido él quien favoreció su triunfo en las elecciones de 1862. Castilla, que se hallaba con la salud delicada, se mantuvo en su retiro de Chorrillos, sin intención de volver a participar en política. Al menos, eso era lo que afirmaba en sus cartas. Se entretuvo leyendo y comentando con sus amigos las críticas que desde la prensa le hacían sobre su pasado gobierno. Pero cuando creyó llegado el momento de responder a los ataques más exacerbados, encomendó tal tarea a Manuel Atanasio Fuentes, el Murciélago, que había sido antaño su detractor.