Pusikaqcha (también conocido como: Pusikakcha, Pusikajcha, Pusikaxa, Pusiqaxa o Pusicakha) es una deidad primordial de la cosmovisión andina, venerada en la antigüedad por diversos pueblos aimaras del altiplano.
De acuerdo con una carta jesuita de 1602, Pusikaqcha se relaciona con las deidades incas Viracocha e Illapa, y puede interpretarse como una denominación alternativa, una advocación regional o una divinidad homóloga equivalente a estas.
Etimología El nombre de este Dios está compuesto por las palabras aimaras pusi (cuatro) y q'axcha (trueno, rayo o arcabuz).
En la Transcripción del vocabulario de la lengua aimara, escrita por Ludovico Bertonio, aparece el nombre Pusikaxa, asociado con Illapu (Illapa) y Santiago Apóstol. Del mismo modo, la fuente traduce Pusiqaxa como trueno o rayo.
Posiblemente, su nombre lo retrate como un Dios cuatripartito; es decir, uno compuesto por cuatro Dioses atmosféricos que constituyen una sola entidad o que forman parte de una tétrada deífica.
Historia y mitología Pusikaqcha, el creador La información referente a Pusikaqcha es escasa, y lo poco que se conoce proviene de una carta anua escrita por los jesuitas a comienzos del . Dicha carta afirma que hubo un Dios que creó este mundo, el cielo, la tierra, y todo lo que hay en ella. Antes de su creación todo era una profunda oscuridad, y de esa oscuridad surgió un hombre al que adoraban como a un Dios, llamado Pusikaqcha. Él creó la luz, la luna y el sol, para posteriormente crear el cielo, la tierra, los hombres, y todas las cosas visibles. Se cuenta que el sol, al ver la belleza de la luna, sintió envidia y le arrojó un puñado de ceniza, dejándola blanca. Posterior a crear los astros y la materia, Pusikaqcha tomó por mujer a una doncella llamada Iqui, sin unirse carnalmente con ella, concibió y dio a luz un hijo llamado Tunupa, naciendo así de una mujer virgen.
Su hijo Tunupa creció e hizo obras maravillosas: allanaba montes y cerros con la palabra, levantaba llanos y valles, secaba ríos, y los animales y fieras le obedecían. Hoy en día, la cultura aimara sigue conservando la expresión "es obra de Tunupa" para referirse a una obra prodigiosa. Al ver sus obras y maravillas, los demás Señores de la Tierra sintieron tanta envidia que acordaron darle muerte. Engañado, se llevaron a Tunupa a un pueblo llamado Yunguyo, junto a la gran laguna de Chucuito (Titicaca). Allí hicieron una cruz y lo clavaron en ella, ataron la cruz a una balsa y la arrojaron a las turbulentas y furiosas aguas del estrecho de Tiquina. Al crucificado, le gritaban grandes insultos, acusándolo de burlador y de engañar con maravillas fingidas, asegurando que lo pagaría caro. Desde entonces se dice que el demonio les habla y les responde.
Al ver tanta crueldad, la gente que lo amaba derramó muchas lágrimas de dolor, incluso los cerros y piedras se movían dándose unos contra otros, estremecidos por ese sufrimiento, por ver padecer a su creador fallecer en dicha laguna. Sin embargo, después de algunos días, Tunupa resucitó muy enojado por lo que sus enemigos le habían hecho, por lo que los reprendió y castigó rigurosamente, ordenando que ellos y sus descendientes fuesen esclavos y sirvieran a otros por la eternidad. Además, debido a que algunos de los que lo habían ofendido y procurado matar estaban en el cielo, subió allá, los castigó y los arrojó entre las peñas, haciendo que padecieran enormemente. Se decía que los ecos producidos por las peñas eran las voces de su gran dolor. Después de esto, construyó una casa muy hermosa, colmada de deleites, y debido a la cantidad de enemigos en el cielo y en la tierra, se encerró en ella y nunca más volvió a aparecer.
También, se afirmaba que fue un hombre muy vicioso, ya que tuvo muchas mujeres, se vengaba, mataba y cometía toda clase de actos impíos. Esta es, en resumen, la historia engañosa del Tunupa, que, según los misioneros, probablemente fue algún demonio o un perverso hombre que con su ayuda realizó estos embustes y preparó, con estas astucias infernales, el terreno para confundir la mentira con la verdad cuando llegara la fe cristiana a este reino.
Así, cuando los españoles les hablaban de Jesucristo —de que su padre era Dios, que nació de una virgen, que murió en la cruz, resucitó y subió a los cielos— no se renegaban de la religión, puesto que pensaban que se referían a Tunupa. En lugar de reverenciar y adorar a Dios, adoraban a Tunupa, figura considerada por los españoles cristianos idólatra, procurando persuadir a los indígenas de imitar los vicios que él tenía, como la deshonestidad y la crueldad. Esta persuasión ha causado gran daño aún patente a la cultura aimara.
Semejanzas con Viracocha
La creación del universo La historia de Pusikaqcha posee muchas semejanzas con una variación del mito de la creación de Viracocha, el cual fue recopilado por Pedro Sarmiento de Gamboa en su obra Historia de los incas.
A continuación, se compararán algunos textos de ambas fuentes:
Oscuridad primigenia Ambas fuentes afirman que el Dios surgió de sí mismo en la oscuridad y, posteriormente dio origen al mundo y a todos sus elementos.
La envidia del sol Ambas fuentes relatan la creación de los astros que otorgarán luminosidad al mundo. Posteriormente, dichas fuentes explican cómo la luna quedó oscurecida debido a la ceniza que le lanzó el sol como producto de su envidia.
El destino de Tunupa Ambas versiones mencionan al Dios Tunupa; no obstante, dichas fuentes explican dos orígenes distintos.
Respecto al paradero de Tunupa, ambas versiones exhiben que Tunupa fue castigado siendo amarrado en una balsa y, posteriormente, dicha balsa sería arrastrada por las fuertes aguas de la laguna. La razón de dicha sanción es distinta en ambas versiones.
Más adelante, ambas fuentes especifican el retorno y/o resurrección de Tunupa; sin embargo, lo que acontece después de su retorno es diferente en cada versión.
Dioses cuatripersonales El nombre Pusikaqcha alude a que, posiblemente, fue un Dios cuatripartito, es decir, compuesto por cuatro Dioses atmosféricos que constituyen una sola entidad o forma parte de una tétrada deífica.
La comparativa con Viracocha contrasta semejanzas con otros Dioses atmosféricos venerados universalmente en los Andes. Este tipo de Dioses gozaban de jerarquía suprema, por lo que eran considerados como todopoderosos e incluso como ancestros. Otra característica discernible del Dios atmosférico es su estructura, puesto que ellos son una entidad única que está conformada por un cúmulo de Dioses o forman parte de una trinidad o un conjunto de más deidades.
En relación con esto, algunos investigadores combinan la información otorgada por los cronistas de la época, más concretamente, la información ofrecida por Sarmiento de Gamboa y Cristóbal de Molina. Ambas fuentes mencionan a los hijos y criados de Viracocha que lo acompañan en la creación. A raíz de esto, dichos investigadores consideran que Viracocha formaba una tétrada divina junto a sus tres criados o hijos. De esta forma, se piensa que dichos Dioses representaban los cuatro puntos cardinales o las áreas por las que estos Dioses han transitado para desplegar su labor creadora:
Viracocha: asociado con la creación y el Chinchaysuyo (Norte). Tunupa: asociado con la destrucción y el Collasuyo (Sur). Ymaimana Viracocha: asociado con los Andes y el Antisuyo (Este). Tocapo Viracocha: asociado con los llanos y el Contisuyo (Oeste).
Semejanza con Illapa y otros Dioses
Dioses cuatripersonales Al igual que otros dioses andinos del rayo, Illapa se caracteriza por su naturaleza escindible, es decir, por su capacidad de dividirse en tres o más deidades que, en conjunto, conforman una entidad absoluta (a manera de trinidad deífica).
Se pueden encontrar trinidades semejantes en los Dioses Yana Raman (trinidad compuesta de: Ñamoc, el padre del rayo; Yana Raman, el rayo; y Uchu Libiac, el hijo del rayo) y Catequil (trinidad compuesta de: Piguerao, hermano de Catequil; Catequil, el Dios del rayo de los Cajamarca; y Mamacatequil o Cautaguan, su madre).
En el caso de Illapa, su trinidad deifica está compuesta de las siguientes deidades: Yayan Yllapa, el padre; Chaupi Churin Yllapa, su hijo del medio; y Sullca Churin Yllapa, su hijo menor.
El concepto de Illapa como personalidad trina fue detallado por el célebre cronista Guamán Poma de Ayala. En su obra Nueva corónica y buen gobierno, él testifica lo siguiente:
Según el texto anterior, Guamán Poma asevera que Illapa (el rayo) fue una poderosa divinidad desdoblada en tres personalidades que conformaban una entidad absoluta. En el transcurso del tiempo, diversos pueblos precedentes a los incas concebían al rayo como una entidad elevada y, al mismo tiempo, inmanente. Asimismo, los antedichos pueblos lo establecieron como el Dios creador y ordenador del universo. A raíz de lo anterior, el culto consagrado al rayo fue mayor que el culto en torno al Sol. También se menciona que los pueblos lo adoraban bajo el nombre de Yllapa y su prestigio era tal que los incas lo continuaron venerando (esto hace alusión al hecho de que los pueblos que adoraban al rayo lo continuaron venerando con dicho nombre por la creciente influencia incaica y los Dioses atmosféricos anteriores se convirtieron en sus variantes regionales). Asimismo, los nativos retrataban a Illapa como un Dios justiciero, etéreo y omnipotente. Estas cualidades hicieron que los nativos se refirieran al Dios con el epíteto de "Señor del Cielo y de la Tierra" (resaltando su posición distante como Dios celeste, así como su decisiva intervención en la creación y el florecimiento de la vida en la Tierra). Del mismo modo, dichas cualidades lograron hacer que el cronista equipare la figura del Dios atmosférico con Dios; no obstante, es menester enfatizar el desacierto de Guamán Poma al dar testimonio sobre la trinidad celeste y mencionar la existencia de una cuarta deidad, prescindiendo completamente a la tercera (el enunciado pierde el sentido cuando, por definición, un hijo del medio necesita tener al menos un hermano mayor y uno menor para justificar la existencia de la estructura familiar). Respecto a ello, no se sabe a ciencia cierta si fue un error o algún guiño de sincretismo religioso por parte del cronista. A raíz de esto, diversos investigadores llegaron a la conclusión de que estas trinidades habrían sido posiblemente creadas para tratar de homologarlas con la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo).