miniaturadeimagen|El estudio de la naturaleza en la escuela epicúrea es un medio para reemplazar creencias falsas, como las supersticiones religiosas, por creencias verdaderas y tranquilas.|259x259px La física epicúrea se refiere a la filosofía natural de Epicuro y sus seguidores de la antigua Grecia y Roma que utilizaron para explicar los fenómenos naturales que operan en el universo. El principal propósito del estudio de la naturaleza en la escuela epicúrea es reemplazar creencias inestables y angustiosas, como las supersticiones religiosas, por creencias estables y tranquilas. Epicuro establece el conocimiento en el estudio de la naturaleza como un saber que considera útil y produce un disfrute en grado sumo. Según Epicuro: «si vives conforme a la naturaleza, nunca serás pobre; si, conforme a la opinión, nunca serás rico».Séneca. LIBRO II, EPÍST. 16

Epicuro basó su filosofía natural en la teoría atomista de Demócrito. Al igual que él, Epicuro fue un materialista que enseñó que las únicas cosas que existen son los átomos y el vacío. Hay vacío en cualquier lugar donde no hay átomos. Epicuro y sus seguidores creían que los átomos y el vacío son infinitos y que, por tanto, el universo no tiene límites. Una innovación de la física epicúrea es la adición de una tendencia natural inherente de los átomos a moverse "hacia abajo" por su propio peso y una desviación (parénklisis o clinamen) azarosa que sufren los átomos al colisionar entre ellos durante su caída.

Epicuro aprendió la doctrina democritea de Nausífanes, un filósofo atomista discípulo de Demócrito y de Pirrón. Posteriormente Epicuro dirigió duras críticas e improperios contra ellos. Decía que Nausífanes «tuvo este más que ningún otro una jactancia sofística, como que paría por la boca, semejante a la mayor parte de los esclavos» y llamó a Demócrito como «Lerócrito», esto es cegato o cegajoso.Diógenes Laercio, "ibid.", X, Epicuro, 5. Gabriela Berti resume la doctrina física epicúrea en diez puntos:Nada nace de lo que no es (nada nace de la nada). Nada se disuelve en lo que no es. El todo ha sido siempre como es ahora y así se mantendrá siempre. El todo se compone de cuerpo y de vacío. Los cuerpos son de dos clases: átomos y compuestos de átomos (los agregados). El todo es infinito. Los átomos son infinitos en número y el vacío es infinito en extensión. Los átomos de forma idéntica son infinitos en número, pero sus formas son indefinidas en número, no infinitas. El movimiento de los átomos es incesante. Los átomos no tienen más que tres propiedades en común con las cosas sensibles: la forma, el volumen y el peso.

Átomos y vacío miniaturadeimagen|312x312px|Busto de Demócrito de la Villa de los Papiros en Herculano. "La teoría física democritea fue adoptada y revisada por Epicuro, quien la convirtió en el puntal de su filosofía natural". miniaturadeimagen|Lucrecio citó de ejemplo las motas de polvo visibles por la luz solar como evidencia de la existencia de partículas diminutas e imperceptibles.|230x230px Epicuro escribió en su Carta a Heródoto (no el historiador) «que nada deviene a partir de lo no ente», lo que indica que todos los eventos, por lo tanto, tienen causas, independientemente de si esas causas son conocidas o desconocidas. Del mismo modo, también escribe que nada pasa jamás a la nada, porque, «si lo que desaparece se corrompiese hacia lo no ente, todas las cosas [reales] se habrían ya destruido, al no existir algo en lo cual disolverse.» Por tanto, afirma: «La totalidad de las cosas (to pan) fue siempre como es en la actualidad y seguirá siendo la misma porque no hay nada en lo que pueda cambiar, en la medida en que no hay nada fuera de la totalidad que pueda interferir y efectuar un cambio». Epicuro aceptó estos dos primeros principios (formulados previamente por Parménides) porque son aprobados por los sentidos, única fuente del conocimiento (véase Canon epicúreo). Para que el universo persista, lo que está compuesto en última instancia no debe poder cambiarse o, de lo contrario, el universo se destruiría esencialmente. A consecuencia, Epicuro postuló, como Demócrito antes que él, que todo cuerpo está compuesta por partículas de materia extremadamente diminutas llamadas "átomos" (ἄτομος; atomos), cuerpos «indivisibles e inmutables» que solo poseen las cualidades de la forma, el tamaño y el peso. La cantidad de formas de los átomos son «incalculables», pero no «infinitas». La existencia de los átomos era también una cuestión de observación empírica. El devoto seguidor de Epicuro, el poeta romano Lucrecio, citó en De la naturaleza de las cosas numerosos fenómenos como las motas de polvo visibles por la luz solar; el desgaste gradual de los anillos por el uso; de las estatuas por los besos; de las piedras por las gotas de agua; y de los caminos por ser transitados como evidencia de la existencia de partículas diminutas e imperceptibles. Los átomos a su vez no cambian porque los epicúreos creían que el mundo era ordenado y que los cambios debían venir de fuentes específicas y consistentes. Por ejemplo: una planta solo crece a partir de una semilla de la misma especie. Entonces, Epicuro "asume un cierta uniformidad de la naturaleza en todos los niveles" y las cosas que son verdaderas deben necesariamente tener causas (véase Principio de razón suficiente).

El epicureísmo afirma que los átomos no se pueden dividir en partes más pequeñas, y los epicúreos ofrecieron múltiples argumentos para apoyar esta posición. Sostiene que «si no existiese, por otra parte, lo que denominamos vacío, espacio y naturaleza intangible, no tendrían los cuerpos dónde estar ni a través de qué moverse», pero evidentemente percibimos los cuerpos moverse. Los epicúreos argumentan que debido a que el vacío, como «sustancialidad ontológica» auténtica y propia, es necesario para que la materia se mueva. Cualquier cosa que consista de vacío como de materia puede descomponerse, mientras que si algo no contiene ningún vacío, entonces no hay forma de separarse porque ninguna parte de la sustancia podría estar desglosado en una subsección más pequeña de la sustancia. Lucrecio cita la porosidad de las rocas, la digestión de los alimentos, la savia que desprenden los árboles y el sonido que atraviesa muros como demostración del vacío en los cuerpos físicos. A diferencia de Leucipo y Demócrito, Epicuro reconoció que para afirmar la existencia del vacío requiere negar que sea un "no ser".

Los átomos resuelven así el problema del cambio parmedíneo porque «toda cualidad cambia pero los átomos en nada cambian, puesto que en verdad es preciso que algo sólido e indisoluble permanezca tras las disoluciones de los compuestos». Epicuro enseñó también que el movimiento de los átomos es constante, eterno y sin principio ni fin. Sostuvo que hay dos tipos de movimiento: el movimiento de los átomos y el movimiento de los objetos visibles. Ambos tipos de movimiento son reales y no ilusorios. Demócrito había descrito los átomos no solo como eternamente en movimiento, sino también eternamente volando a través del espacio, chocando, fusionándose y separándose unos de otros según sea necesario. Las distintas cosas que hay en el mundo son fruto de las distintas combinaciones de átomos. El ser humano, de la misma forma, no es sino un compuesto de átomos. Incluso el alma está formada por un tipo especial de átomos, más sutiles que los que forman el cuerpo, pero no por ello deja el alma de ser material. Debido a ello, cuando el cuerpo muere, el alma muere con él.

Partes mínimas miniaturadeimagen|centro|sinmarco|219x219pxPara resolver las paradojas de Zenón los epicúreos propusieron la existencia de partes mínimas indivisibles del espacio (véase Espacio discreto). Los atomistas antiguos habían introducido la hipótesis del vacío y los átomos como respuesta a las paradojas planteadas por Parménides y Zenón acerca de la imposibilidad del movimiento. Los eleatas sostuvieron que cualquier movimiento requeriría un vacío, que es nada, pero la nada no puede existir. La posición de Parménides era: «Se dice que hay un vacío; por lo tanto, el vacío no es una nada; por lo tanto, no es el vacío». Para Demócrito el vacío existe entre los átomos como un no-ser que permite la pluralidad de partículas diferenciadas y el espacio en el cual se mueven.Aristóteles, Metafísica, I, 4, 985b. (Gredos, Madrid, 1994, p. 87-88). Similarmente, Zenón propuso que es imposible recorrer cualquier distancia es infinitamente divisible. Esto plantea el problema sobre si los átomos pueden dividirse tener partes, como lo demuestran sus variaciones de forma.

Frente a AristótelesFísica. VII, 10. Imposibilidad de movimiento de lo indivisible y los estoicos, quienes sostuvieron que el espacio es continuo, infinitamente divisible y sin vacío; Epicuro sostiene, igual que hizo Diodoro Cronos, la existencia de partes mínimas (elachiston) que en sí mismas no tienen partes y que los átomos ocupan, rechazando así la indivisibilidad infinita del espacio. La Stanford Encyclopedia of Philosophy dice: «Esta concepción se asemeja a la forma en que los puntos existen en una línea, según Aristóteles, ya que tampoco se tocan ni pueden existir independientemente. Pero los mínimos epicúreos se diferencian de los puntos en que son extensiones físicas y, por lo tanto, tienen extensión». Así Epicuro resolvería las paradojas de Zenón distinguiendo entre indivisibilidad física (el átomo) de indivisibilidad conceptual. Este límite espacial sería análogo a los mínimos sensibles del límite de la percepción visual.

Epicuro sostuvo que el espacio es discreto con la existencia del mínimo (elachiston) en el átomo", pero los átomos no son mínimos en sí mismos; y ningún átomo consta de un solo mínimo. Los mínimos en el átomo no constituyen partes componentes de él, sino solo unidades de medida (καταμετρήματα) contemplables solo a través de la razón. A. A. Long y David Sedley sostienen que para Epicuro «los objetos sin partes solo pueden moverse incidentalmente al movimiento de un cuerpo más grande, por ejemplo el átomo». Aunque Epicuro solo alude al mínimo como magnitud espacial, doxógrafos también han interpretado la concepción epicúrea del tiempo como atomista, con "duraciones indivisibles, o cuantos temporales". A su vez, el movimiento atómico es también discontinuo. Siguiendo a Aristóteles, Epicuro dice que un átomo no se mueve gradualmente en un intervalo mínimo, más bien solo puede decirse que se ha movido; en un instante están ubicados en una posición, y en el siguiente instante discreto en otra posición.

Similarmente a la física aristotélica, el tiempo es medida del movimiento, pero el tiempo no existe "por sí mismo aparte del movimiento de las cosas o de su inmovilidad reparadora",Lucrecio, De rerum natura. I. 462-465. "nec per se quemquam tempus sentire fatendumst semotum ab rerum motu placidaque quiete." a diferencia del espacio, que su existencia es independiente de la materia y del movimiento. Debido a que la materia como "pura relación consigo misma" es eterna e independiente, "se ve liberada de toda relatividad y variabilidad" y se sigue que el tiempo "queda excluido del concepto de átomo, el mundo de la esencia". El tiempo solo es perceptible solo por la razón. Existe como accidente (symptōmata) de nuestra imaginación (phantasía). Los accidentes son el cambio de sustancia en general y esta forma pura del mundo de las apariencias es el tiempo.

No fue hasta la Edad Moderna que los conceptos espacio y el tiempo se combinaron. Así Pierre Gassendi siguió la física epicúrea pero defendió la realidad del tiempo independiente del cambio y movimiento.

miniaturadeimagen|Una crítica sobre las "partes mínimas" es la existencia de números irracionales (como la raíz cuadrada de dos), los cuales no son conmensurables.