La Capilla de San José es una obra realizada por Pedro Gómez de la Sierra hacia 1630. Está ubicada en la Catedral de Orense (Galicia, España).
Historia Deambulatorio La construcción del deambulatorio de la seo, en cuyo extremo norte se encuentra la capilla, supuso la modificación del triple ábside original del testero, obra imprescindible para la yuxtaposición de esta área del templo. El principal cometido de dicha labor fue la instalación de una serie de capillas así como de ventanales en la sección superior para dotar de iluminación a la girola, todo ello acorde a la traza de Simón de Monesterio, cuya muerte en 1624 supuso la paralización de las obras, las cuales serían retomadas en 1626 por los maestros Alonso Rodríguez, Gonzalo Baquero, Juan de Solaeza y Andrés Lorenzo, concluyendo entre 1630 y 1633 con Pedro Gómez de la Sierra y Rodrigo de la Hoz. Esta labor, además de variar por completo la primitiva planta de la catedral y de provocar la total e irreparable destrucción de la antigua cabecera (pérdida lamentada por Manuel Sánchez Arteaga), no buscó armonizar la arquitectura manierista con la románica original de los siglos y . Inicialmente estaba proyectada la construcción en esta parte de un pequeño recinto circunvalado, destinado a atrio o claustro, que se iba a extender un poco más allá de la cabecera; este espacio recibía el nombre del santo patrón de la seo, San Martín, y en él fueron sepultados numerosos prebendados, varios de los cuales contaban con monumentos o sarcófagos, albergando el resto simples lápidas con inscripciones.
En el cabildo celebrado el 15 de junio de 1615 se acordó la construcción del deambulatorio, disponiéndose cédulas en todas las partes donde hubiese oficiales con el fin de que fuesen convocados para ajustar la obra. El 18 de mayo de 1618, ante el escribano Gregorio López de Cárdenas, se otorgó la escritura de contrato entre el cabildo y Monesterio, fijándose el precio en 7400 ducados. Las obras comenzaron en 1620, año en que fueron demolidas las capillas absidales menores, dedicadas la del norte a los santos Facundo y Primitivo (anteriormente al papa San Eleuterio) y la del sur a Santa Eufemia, la cual fungía como parroquia y fue en consecuencia trasladada a la Capilla de San Juan,La parroquia sería trasladada a su actual sede, la Iglesia de Santa Eufemia (anteriormente de la Compañía de Jesús), el 27 de mayo de 1770. si bien las reliquias de la mártir permanecieron en el sarcófago original, situado en el paramento exterior sur de la capilla mayor, frente a la sacristía, mientras que las reliquias de los santos Facundo y Primitivo se dejaron en los lucillos correspondientes: uno en lo alto del muro situado junto a la puerta lateral norte de la capilla mayor y el otro en el paramento exterior sur de la Capilla del Santo Cristo (los restos de los tres mártires serían trasladados el 23 de junio de 1720 a su emplazamiento actual por disposición del obispo Juan Muñoz de la Cueva).Pese al traslado los sarcófagos fueron dejados intactos en su ubicación original, datando el de los santos Facundo y Primitivo del siglo y el de Santa Eufemia, el cual contuvo también las reliquias de quienes murieron con ella, de 1505. Cinco de las siete capillas de la girola fueron levantadas siguiendo un mismo diseño, motivo por el que arquitectónicamente son idénticas y tan solo se diferencian en la decoración; las otras dos, ubicadas en los extremos y dedicadas respectivamente a San José (antes a la Anunciación) y a San Antonio,Esta capilla, junto con algunas sepulturas, fue vendida por el cabildo en 1658, mediante escritura ante Juan de Cárdenas y por un precio de 400 ducados y cinco de renta anual para la fábrica, al arcediano de Limia y canónigo cardenal Pedro de Lemos Pereira, quien quedó obligado a instalar en ella un altar, si bien poco después, en 1662, la traspasaría por el mismo precio y con la misma condición al regidor Álvaro Salgado Sotelo y a su mujer Clara de Deza y Lemos. constituyen realmente arcosolios, motivo por el que son diferentes de las cinco capillas restantes además de poseer unas dimensiones mucho menores.
Capilla thumb|Transparente del retablo de los santos Facundo y Primitivo (1720), por José González. Catedral de Orense. Detrás de las imágenes, protegida por un cristal, se encuentra una urna con los restos de ambos mártires.También se afirma que las reliquias se hallan en la Iglesia de San Juan de Sahagún. Antes de que concluyese la construcción del deambulatorio, la familia Boán solicitó al cabildo la venta de un solar en el extremo norte de la girola con el fin de edificar allí una capilla; aceptada la propuesta, el terreno fue enajenado el 5 de julio de 1629 por el cabildo, mediante escritura ante Gregorio López de Cárdenas, a Pedro Fernández de Boán y Landecho, dueño del pazo de San Damián en Fontefría y de un mayorazgo que «casi excedía en renta a la de la Mitra de Orense», constando en la escritura de venta que lo que se enajenó fue «el arco del trascoro que está en la pared de la capilla del Santo Cristo, arriba del entierro de Don Juan de Deza, Arcediano de Búbal, para que en dicho arco pueda hacer sus entierros, poner armas, bustos y situar misa con dote conveniente [...] y le venden todas las sepulturas que están desde frente de dicho arco hasta la pared del trascoro, de pilastra a pilastra [...] todo por precio y cuantía de cuatrocientos ducados de a once reales». Esta fue la primera venta que el cabildo efectuó de una de las parcelas del deambulatorio, además de ser la única capilla de la girola que fue vendida sin haber sido aún construida, labor que el propio Boán encomendó a de la Sierra, prestigioso maestro de arquitectura, siendo a mayores la primera de las capillas en levantarse; la prisa de la familia Boán por la compra de esta zona, la cual el propio Pedro terminaría de pagar el 14 de febrero de 1634, tenía que ver no tanto con erigir un espacio dedicado al culto en la catedral sino con la adquisición de ese solar en concreto lo antes posible dada su estratégica ubicación ya que el mismo se halla situado respectivamente delante y al lado de los sarcófagos que inicialmente albergaron los cuerpos de los santos Facundo y Primitivo (tras el traslado los restos fueron reubicados en un retablo situado justo enfrente). Pese a que los Boán contaban con una capilla funeraria en la Iglesia de San Juan de Abruciños, esta familia se empeñó en disponer de un espacio sepulcral en la seo cercano a las reliquias de los dos mártires el cual, sin embargo, no tenía pensado destinar a enterramientos; el motivo de este empecinamiento aparece registrado en la Historia de Don Servando, un cronicón donde se indica que los Boán eran descendientes de ambos santos:
En consonancia con lo anterior, José Hervella Vázquez, Ramón Yzquierdo Perrín y Miguel Ángel González García justifican la compra de este espacio catedralicio alegando las ansias de notoriedad de los Boán y el proceso de ennoblecimiento de su linaje. El comprador era hijo de Pedro Fernández de Boán, escribano de Melias y sobrino de Juan Fernández de Boán, oidor de la ciudad de Lima, quien llegó a ser virrey del Perú. De acuerdo con la biografía de los Boán redactada por Xesús Ferro Couselo:
thumb|Pazo de San Damián. Fontefría (Amoeiro, Orense). La estirpe familiar comienza con Fernando de Boán, cura de San Juan de Abruciños en 1560; pese a su condición, era padre de seis hijos, los cuales vivían con su madre en la casa familiar, la Pousa de Cacabelos, ubicada entre Abruciños y Fontefría, aunque perteneciente a esta última parroquia. De estos seis vástagos sobresalieron dos: Juan y Pedro. El primero entró al servicio de los condes de Lemos y Andrade, quienes terminarían convirtiéndose en valedores de los Boán. Una vez finalizados sus estudios como colegial en Fonseca, habiendo obtenido el grado de bachiller en cánones y leyes, se matriculó en Salamanca, donde en 1548 opositó a la cátedra de decretales. Pese a haberse visto inmiscuido en varias polémicas, entre ellas peleas y anulaciones en la oposición, gracias al apoyo de los condes y, probablemente, de los profesores gallegos que en ese momento formaban parte de su claustro universitario, Juan consiguió sus propósitos. Al ser la cátedra cuatrienal, estaba en la obligación de renovarla por oposición, lo que le llevaría a perderla, revés que compensó al ser nombrado oidor en la Real Audiencia de Lima gracias al apoyo del conde de Lemos y del arzobispo de Sevilla Rodrigo de Castro.
El 10 de febrero de 1606 se produjo el fallecimiento del virrey del Perú Gaspar de Zúñiga, conde de Monterrey; para ese entonces Juan ostentaba el cargo de decano de la Real Audiencia a causa de la enfermedad y posterior muerte de su titular. La legislación exigía que las funciones de virrey recayesen en el decano hasta el nombramiento de un sucesor, lo que derivaría en el nombramiento de Juan como virrey del Perú el 16 de febrero de 1607, título que perdería el 21 de diciembre con el nombramiento de Juan de Mendoza y Luna, marqués de Montesclaros. Juan, deseoso de regresar a España, solicitó a sus valedores el nombramiento de oidor en el Consejo de Indias, favor que obtendría en 1614. Debido a la dificultosa travesía que tuvo que enfrentar a su regreso, redactó testamento, documento de gran valor que permite conocer que estaba casado con Damiana de Landecho y Asolo, con quien no llegó a procrear hijos, si bien, fruto de un amor de juventud, concibió una hija de nombre Josefa Damiana, a quien su esposa adoptó y dio sus apellidos; nombrada heredera universal de sus bienes a condición de que se desposase con Pedro, hijo de su hermano del mismo nombre, el enlace, previa dispensa, se celebró el 8 de septiembre de 1616, abandonando Pedro desde ese instante sus estudios en el Colegio de la Compañía de Monforte de Lemos, donde había obtenido el grado en teología, con el fin de hacerse cargo de su mayorazgo.
Obsesionado con ennoblecer su linaje, Pedro procedió a reedificar la Pousa de Cacabelos para convertirla en el pazo de San Damián de Buena Vista, además de pleitear con el Monasterio de San Clodio, el cabildo catedralicio, el Monasterio de Santa María la Real de Osera y la Colegiata de Santa María del Sar para adquirir la jurisdicción del coto de Abruciños. Consiguió la jurisdicción de los cotos de Rouzós, Loureiro y Fontefría, logrando a mayores vestir el hábito de Santiago tras una ardua lucha y asistido siempre por los condes de Lemos. Sumado a lo anterior, obtuvo por compra de Lope Varela y Andrade una de las regidurías de Orense, mientras que a su vez, cumpliendo con una de las cláusulas del testamento de su tío Juan, terminó de construir la Capilla de Nuestra Señora de la Merced en Abruciños, templo que ostenta los escudos heráldicos de la familia, además de ser el lugar de entierro tanto de Pedro como de sus descendientes. Este afán de ennoblecer su linaje fue sin lugar a dudas el motivo que llevó a Pedro a querer adquirir un espacio en la catedral, lugar donde se hallan las sepulturas de ilustres familias orensanas, teniendo la Historia de Don Servando un papel primordial en este proceso ya que la misma determinó el punto exacto en que Pedro debía levantar su capilla. El hecho de que esta área de la seo no estaba destinada a acoger sepulturas, al menos con carácter perpetuo, queda constatado en el testamento de Josefa Damiana, documento fechado en 1654 y contenido en el protocolo de Jerónimo López:
Pese a los datos contenidos en la Historia de Don Servando y a la férrea defensa de los mismos por parte de Pedro y también de Juan, autor de una disertación al respecto, ya a finales del siglo el linaje de los Boán fue puesto en tela de juicio por el fraile José Pérez y el monje Romualdo Escalona, quienes dieron poca credibilidad al parentesco de la familia con los mártires además de sostener que ambos murieron en León: