El genocidio de los pueblos indígenas en Canadá ha consistido en los actos cometidos a lo largo de la historia de Canadá por el Gobierno canadiense, sus antecesores coloniales y los colonos europeos con la intención de destruir, total o parcialmente, a los pueblos indígenas del país —Primeras Naciones, inuit y métis— como pueblos diferenciados, así como sus culturas, lenguas e identidades. En las últimas décadas, este proceso se ha descrito cada vez más como genocidio y genocidio cultural (es decir, la destrucción deliberada de la cultura, la lengua y las estructuras sociales de un grupo). Ese trato también se ha calificado de limpieza étnica y de crímenes contra la humanidad.; ; Entre estas acciones colectivas hubo casos de desplazamiento forzado, despojo de tierras, segregación médica, experimentos nutricionales, violencia física y programas obligatorios de asimilación cultural.
Canadá es un Estado colonial de poblamiento cuya economía inicial dependía de la agricultura y de la exportación de recursos naturales como las pieles, el pescado y la madera. Al principio, los canadienses de origen europeo mantuvieron tratados pacíficos con las Primeras Naciones y los inuit, pero estos derivaron en tratados de despojo y en una asimilación forzada que ponía el acento en valores europeos como el cristianismo, la agricultura y la educación. El Gobierno canadiense aplicó políticas como el Acta India, los pasaportes internos y las escuelas residenciales, y se arrogó el control de la tierra y sus recursos. Pese a que las ideas actuales podrían definir estas acciones como racistas o genocidas, en su momento se las consideró progresistas, una forma de intervención estatal. Como respuesta, varias comunidades indígenas se movilizaron para resistir tales políticas.
La Asociación Histórica Canadiense sostiene que el trato dado a los pueblos indígenas constituye un genocidio. En 2022, la Cámara de los Comunes aprobó por unanimidad una moción que reconocía el sistema de escuelas residenciales como un genocidio, y el papa Francisco calificó de genocidio los abusos cometidos contra los pueblos indígenas. Aun así, el debate académico sobre el uso del término y el negacionismo del genocidio siguen presentes en la sociedad canadiense. En 2008 se inició un periodo de reparación con la creación de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Canadá por parte del Gobierno de Canadá. Este proceso incluyó el reconocimiento del genocidio cultural, los acuerdos de resolución y la mejora en asuntos de discriminación racial, como la atención a la situación de las mujeres indígenas desaparecidas y asesinadas.
Debate académico
El debate sobre el genocidio indígena a escala mundial es complejo y polémico. Según algunos estudiosos del genocidio —entre ellos Raphael Lemkin, quien acuñó el término genocidio—, el colonialismo estuvo estrechamente ligado al genocidio. Otros expertos, como Steven Katz, definen el genocidio de forma restringida en el contexto del Holocausto y sostienen que exige la aniquilación física completa de un grupo. El solapamiento entre el derecho y la historia da lugar a distintas formas de entender el genocidio: el enfoque jurídico se centra en actos graves, lo limita a los aspectos físicos y biológicos y exige la intención de destruir a un grupo; los historiadores, en cambio, investigan complejidades más amplias —procesos a largo plazo y motivos diversos— sin ceñirse a definiciones legales estrictas. El debate principal gira en torno a las definiciones de genocidio, tal como las recoge la Convención sobre el Genocidio de las Naciones Unidas, y, en el contexto canadiense, el Estatuto de Roma, cuyo contenido se incorpora en la Ley de Crímenes contra la Humanidad y Crímenes de Guerra de Canadá.
La mayoría de los historiadores canadienses sostiene que el trato dado a los pueblos indígenas por los colonos europeos y los sucesivos Gobiernos canadienses constituye un genocidio. Algunos investigadores han cuestionado que el genocidio se aplique jurídicamente a la historia de Canadá; ; y han argumentado que el término más amplio «crímenes contra la humanidad» podría resultar más adecuado y preciso desde el punto de vista legal. Estudiosos como William Schabas, Ian Gentles, Robert Bothwell y Payam Akhavan señalan que las dificultades jurídicas para determinar el genocidio hacen difícil aplicar el término a Canadá, ya que la intención genocida resulta muy difícil de demostrar según la Convención sobre el Genocidio. Otros, como David MacDonald y Graham Hudson, defienden que el artículo 2 e) incluiría a las escuelas residenciales en la Convención sobre el Genocidio tal como está redactada. Otros académicos, en concreto Pamela Palmater y James Daschuk, han empleado el término limpieza étnica para describir el desplazamiento y la expulsión de los pueblos indígenas de las praderas canadienses.
La Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Canadá (CVR), en su informe final de 2015, empleó el término concreto genocidio cultural al abordar la historia del sistema de escuelas residenciales para indígenas. El informe final de la comisión afirmó que «el genocidio cultural es la destrucción de aquellas estructuras y prácticas que permiten a un grupo seguir existiendo como tal».
En 2019, la Investigación Nacional sobre Mujeres y Niñas Indígenas Desaparecidas y Asesinadas (en inglés, Missing and Murdered Indigenous Women and Girls, MMIWG) concluyó que la crisis constituía un «genocidio en curso por motivos de raza, identidad y género». La investigación empleó la definición de genocidio de la Ley de Crímenes contra la Humanidad y Crímenes de Guerra de Canadá, en lugar de la de la Convención sobre el Genocidio, que consideraba «estrecha» y basada en el Holocausto.
En 2021, la Asociación Histórica Canadiense (en inglés, Canadian Historical Association, CHA), que agrupa a 650 historiadores profesionales, declaró que la historia de violencia contra los pueblos indígenas en Canadá justifica el uso del término «genocidio». Afirmó que existe un amplio acuerdo entre los historiadores sobre los efectos negativos del genocidio institucionalizado sobre los pueblos indígenas durante los últimos 150 años.
Una carta abierta de un grupo de 50 historiadores, impulsada por Christopher Dummitt, criticó a la asociación por defender una interpretación histórica concreta que, a su juicio, socava la libertad académica necesaria para el debate histórico. Entre quienes firmaron la carta figuran Margaret MacMillan, Terry Copp, Frédéric Bastien, J. L. Granatstein, Robert J. Young y Susan Mann, que discrepan de la afirmación de la asociación sobre un amplio consenso y recuerdan que el objetivo documentado del Gobierno era la integración, no la eliminación. Criticaron también los intentos de cerrar el debate o desacreditar la disidencia, así como la presentación de quienes discrepan del lenguaje activista como personas prejuiciosas o anticuadas.
En respuesta a la carta abierta, Sean Carleton y Andrew Woolford resumieron la posición de la asociación argumentando que la existencia de ese grupo discrepante —muchos de cuyos miembros, según ellos, no pertenecen a la CHA y algunos niegan lo ocurrido en las escuelas residenciales— no altera lo que describen como un amplio acuerdo académico sobre la aplicabilidad del genocidio a Canadá. Carleton y Woolford sostuvieron que la disidencia y el debate procedentes de lo que denominan «los márgenes» son, en realidad, estrategias que emplean los negacionistas del genocidio para sembrar dudas y debilitar el consenso.
Ian Gentles ha manifestado su preocupación por lo que califica de «activistas» académicos y afirma que discutir y debatir el genocidio es en sí mismo una «herramienta del genocidio». Su postura es que los pueblos indígenas de Canadá han sufrido un maltrato considerable; sin embargo, considera que emplear el término «genocidio» de forma inexacta distorsiona la historia y abre una brecha, al etiquetar a los pueblos indígenas únicamente como víctimas y a los no indígenas como criminales.
Colonialismo de poblamiento
Asimilación
miniaturadeimagen|300px|Los Tratados numerados, firmados entre 1871 y 1921, transfirieron a Canadá grandes extensiones de tierra de las Primeras Naciones a cambio de distintas promesas recogidas en cada tratado.
Los intentos de asimilar a los pueblos indígenas se enraizaban en el colonialismo imperial, centrado en las cosmovisiones y prácticas culturales europeas y en una concepción de la propiedad de la tierra basada en la doctrina del descubrimiento (es decir, el principio jurídico europeo según el cual las potencias cristianas podían reclamar las tierras «descubiertas» que no estuvieran bajo dominio cristiano). Los primeros esfuerzos de asimilación tuvieron una orientación religiosa y comenzaron en el con la llegada de los misioneros franceses a Nueva Francia.
Aunque no estuvieron exentas de conflicto, las primeras interacciones de los canadienses europeos con las Primeras Naciones y los inuit fueron relativamente pacíficas. Las Primeras Naciones y los pueblos métis (de ascendencia mixta europea e indígena) desempeñaron un papel crucial en el desarrollo de las colonias europeas en Canadá, en particular por su ayuda a los coureurs des bois y voyageurs europeos en sus exploraciones del continente durante el comercio de pieles en América del Norte.
Las primeras relaciones de los europeos con las Primeras Naciones pasaron de los tratados de amistad y paz al despojo de tierras mediante tratados, al desplazamiento y a leyes de asimilación forzada como el Acta de Civilización Gradual, el Acta India, la Prohibición del potlatch y el sistema de pases, que ponían el acento en los ideales europeos del cristianismo, la vida sedentaria, la agricultura y la educación. Aunque hoy estas medidas se consideran racistas o genocidas, en su momento se las tuvo por progresistas, una forma de intervención estatal.
Repercusiones de la colonización
Las repercusiones de la colonización en Canadá se aprecian en su cultura, su historia, su política, sus leyes y sus órganos legislativos. Ello condujo a la retirada sistemática de niños indígenas de sus familias, a la supresión de las lenguas y tradiciones indígenas y al deterioro de las comunidades indígenas. Otras acciones señaladas como indicativas de genocidio son las matanzas esporádicas, la propagación de enfermedades, la prohibición de prácticas culturales y la devastación ecológica de los territorios indígenas.
Como consecuencia de la colonización europea, la población indígena disminuyó drásticamente. El descenso se atribuye a varias causas, entre ellas la transmisión de enfermedades introducidas por los europeos, los conflictos por el comercio de pieles, los enfrentamientos con las autoridades coloniales y los colonos, y la pérdida de tierras indígenas frente a los colonos, con el consiguiente colapso de la autosuficiencia de varias naciones. Esto se tradujo en el despojo de tierras y el desplazamiento forzado de los pueblos indígenas con diversas justificaciones. Roland G. Robertson sugiere que, a finales de la década de 1630, la viruela mató a más de la mitad de los wendat (hurones), que controlaban buena parte del comercio inicial de pieles en la zona de Nueva Francia. Durante las Guerras de los Castores del , los haudenosaunee destruyeron grandes confederaciones tribales como los mohicanos, los wendat, los neutrales, los erie, los Susquehannock y los algonquinos septentrionales. Algunos historiadores han calificado estas acciones de genocidas y subrayan que los comerciantes británicos y neerlandeses alentaron y armaron a los haudenosaunee.