Juan Ignacio Paulino Ramírez CalzadaArellano, E. (2009). Ignacio Ramírez, El Nigromante. Memorias prohibidas. México: Planeta. (205 páginas) (San Miguel el Grande, Guanajuato, 22 de junio de 1818-Ciudad de México, 15 de junio de 1879), conocido como Ignacio Ramírez o por su apodo el «Nigromante», fue un escritor, poeta, periodista, abogado, político e ideólogo liberal mexicano. Es considerado uno de los artífices más importantes del Estado laico mexicano. Fue además un reconocido masón, y varias logias en México llevan su nombre. También se le conoció con el sobrenombre El Voltaire mexicano.
Vida y carrera política Fue hijo de José Lino Ramírez y de Ana María Guadalupe Sinforosa Calzada, ambos de origen mestizo, predominantemente indígena. Su padre se afilió al Partido Liberal Federalista, defendió la Constitución de 1824, fue vicegobernador del estado de Querétaro. Durante el gobierno de Valentín Gómez Farías peleó contra clericales y centralistas, y fue insurgente durante la Guerra de Independencia de México.
Inició sus estudios en Querétaro, ciudad natal de su padre, y en 1835 fue llevado al Colegio de San Gregorio, dirigido por el pedagogo liberal Juan Rodríguez Puebla en la Ciudad de México, donde estudió artes y en cuyas bibliotecas también leyó todo tipo de temas científicos, culturales, artísticos y políticos, donde concluyó el llamado Curso de artes. En 1841 comenzó estudios en jurisprudencia y en 1845 obtuvo el grado de abogado en la Universidad Pontificia de México. Ingresó a los 19 años en la Academia Literaria de San Juan de Letrán, integrada por los hombres más ilustrados de la época.Poder Judicial de la Federación, op. cit. p. 1132. En 1841, fue nombrado vicegobernador de Querétaro para la administración de Valentín Gómez Farías.
Es célebre en los anales literarios de México la presentación de Ramírez en dicha Academia, donde leyó un discurso sobre un tema tan controversial que entonces hizo el efecto de una explosión de dinamita. Ahí expresó: «No hay Dios; los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos».Diccionario enciclopédico de México, p. 1671.Prieto, G. (1853). Memorias de mis tiempos. Colección "Sepan Cuantos...", núm. 481. 360 pp. México: Porrúa. ISBN 9789700743073 Fue aceptado no obstante las protestas que causó su tesis tan revolucionaria y el discurso que petrificó de estupor a la asamblea, en especial en una época (mediados del siglo XIX) donde la mayoría de la población era fervientemente católica. Sin embargo, sería exaltado como el primer orador y más tarde como el mejor escritor de su tiempo.
Con respecto a sus ideas progresistas, ha sido descrito como "El más radical, el más intransigente, el más consecuente de los llamados liberales fue Ramírez, tan radical y de ideas tan <avanzadas> para su época y circunstancias que podríamos catalogarlo no sólo como un liberal político sino como: feminista, indigenista, ateo, pluralista, escéptico ilustrado, ecologista, librepensador a ultranza, luchador social."
Carrera política antes de la Reforma (1846-1857) En 1846 fundó el Club Popular, donde divulgó sus ideas liberales avanzadas en materia de reforma política, económica y religiosa, por lo que estuvo en prisión. Al obtener la libertad, el gobernador del estado de México, admirador de los talentos de Ramírez, lo invitó para organizar su gobierno y este correspondió trabajando día y noche en la reconstrucción administrativa y también en la defensa del territorio nacional invadido por los norteamericanos.
El gobernador interino del Estado de México, Francisco Modesto de Olaguíbel, lo nombró entonces, en 1846, Secretario de Guerra y Hacienda. Asistió con el gobernador a la Batalla de Padierna de la Guerra México-Estados Unidos y, a pesar de los gastos que demandaba la guerra, restableció el Instituto Literario de Toluca, donde, con la República libre de la invasión, fue catedrático de Derecho y de Literatura, pero a pesar de la irreprochable conducta de Ramírez en su vida íntima, los padres de familia, alarmados por sus ideas liberales, intrigaron hasta lograr su separación.Poder Judicial de la Federación, op. cit. p. 1133. Durante la guerra, Ramírez creó un Consejo de Gobierno, presidido por el gobernador del Estado de México, y de donde emanaron leyes liberales como: "la abolición de las alcabalas", "la prohibición de juegos [de azar, apuestas], la abolición de las corridas de toros y la libertad de los municipios como base la base de la redención y salvación de la raza indígena, y la formación de la guardia nacional".
Entre finales de 1848 y principios de 1849, Ignacio Ramírez fue nombrado jefe político de Tlaxcala por el Gobierno general que había abandonado la Ciudad de México por la ocupación estadounidense. Al ver la indiferencia de los indígenas tlaxcaltecas ante la ocupación extranjera del país, pues ellos sólo se ocupaban en esos momentos en realizar la procesión de la Virgen de Ocotlán, Ramírez optó por prohibir tal procesión. "Entonces la población entera se amotinó, pidiendo enfurecida y armada que se le permitiese llevar adelante esa manifestación religiosa y amenazando al jefe político con asesinarlo [...]. Semejantes bríos [...] no hicieron transigir al gobernante liberal, que prefirió abandonar el territorio, puesto que no contaba con elementos de resistencia, a ceder a aquella demanda tan antipatriótica como ridícula".
Regresó posteriormente a Toluca donde se dedicó a la docencia y al ejercicio de su profesión hasta fines de 1851: fue nombrado profesor de derecho en el Instituto Literario de Toluca a instancias de su director Sánches Solís. Los domingos impartía gratuitamente una clase de letras a la que asistieron reconocidos mexicanos como Gumesindo Mendoza, Juan Mateos, Manuel Mateos, José María Condes de la Torre, Joaquín Alcalde, Ignacio Manuel Altamirano, entre otros. En 1851 se trasladó entonces a Sinaloa, donde ya se encontraba su hermano, Miguel Ramírez. En 1852, el gobernador de Sinaloa, el general Plácido Vega, promovió su candidatura a diputado federal por esta entidad, defendiendo el liberalismo en el Congreso de la Unión. A su regreso a Sinaloa, fue secretario de Plácido Vega, sostuvo enérgicamente la extinción de las alcabalas —un tipo de impuestos—, propuestas durante el gobierno de Pomposo Verdugo. Acompañó a Vega hasta Álamos, Sonora, cuando este fue derrocado. Posteriormente viajó a Baja California, donde descubrió la existencia de zonas perlíferas y canteras de mármol, sobre las que escribió brillantes artículos que revelaron aquella riqueza.
En 1853, se fue a radicar por un tiempo a la Ciudad de México; ejerció como profesor en el Colegio Políglota. Criticó fuertemente a Antonio López de Santa Anna, lo que motivó que lo encerraran once meses en prisión, la mayor parte de ese tiempo encadenado. Al triunfo de la Revolución de Ayutla fue liberado y fungió como secretario personal de don Ignacio Comonfort; al advertir que este falseaba sus principios liberales, renunció a su puesto para afiliarse con Benito Juárez, Melchor Ocampo y Guillermo Prieto en el partido liberal y combatir con su pluma al renegado.
La Reforma y la Constitución de 1857 Regresó a Sinaloa como juez civil, pero volvió a la capital del país como diputado por el estado de México al Congreso Constituyente de 1856-1857, donde fue el más notable orador y una de las más grandes figuras del ala izquierda jacobina; fue además miembro de la Comisión de Revisión de Credenciales; su suplente fue don Ramón Isaac Alcaraz, reconocido literato y liberal. Los otros dos diputados propietarios que representaron al estado de Sinaloa fueron los licenciados Antonio Martínez de Castro y Mariano Yáñez. Cabe mencionar que, según la Historia del Congreso Constituyente, obra de don Francisco Zarco, el licenciado Ignacio Ramírez ocupó un altísimo lugar como orador parlamentario y líder del radicalismo.
Durante la Guerra de Reforma, durante un trayecto en el que atravesaba Querétaro, Ramírez fue capturador por el líder conservador General Tomás Mejía quien estuvo a punto de fusilarlo. Fue, sin embargo, humillado al ser conducido Ramírez sobre un asno hasta la ciudad de Querétaro para luego encarcelarlo en la prisión de Tlatelolco hasta diciembre de 1858 cuando los presos de tal lugar fueron liberados por Robles Pezuela. Ante su situación precaria y sin ingresos, se vio reducido el Nigromante a vender sus libros para alimentar a su esposa e hijos. Inmediatamente después de ser liberado, Ramírez se dirigió a Veracruz y a Tamaulipas para continuar la guerra contra los conservadores.
El Nigromante participó en la elaboración de las Leyes de Reforma, y fue uno de los liberales más puros. Al ser derrotados los conservadores, el presidente Benito Juárez lo nombró Secretario de Justicia e Instrucción Pública, cargo que desempeñó del 21 de enero al 9 de mayo de 1861. Durante su gestión creó la Biblioteca Nacional y unificó la educación primaria en el Distrito Federal y en los territorios federales.
Como Ministro de Fomento Del 19 de marzo al 3 de abril de 1861, ocupó la Secretaría de Fomento. Asumió la responsabilidad de la exclaustración de las monjas; reformó la ley de hipotecas; hizo efectiva la independencia del Estado de la Iglesia; reformó el plan general de estudios; dotó con equipo los gabinetes del Colegio de Minería; seleccionó un excelente cuadro de profesores de la Academia de San Carlos; salvó cuadros de pintura que existían en los conventos, con los cuales formó una rica colección y formó una galería completa de pintores mexicanos; designó al pintor catalán Pelegrí Clavé, al arquitecto Xavier Cavallari y al escultor Felipe Sojo para que salvaran del Colegio de Tepotzotlán los tesoros de arte en arquitectura, pintura, tallado e incrustaciones que contenía aquel magnífico museo.
La honradez de Ramírez fue acrisolada, pues cuando fue ministro pasaron por sus manos millones de pesos y nadie osó decir que se hubiera apropiado lo más mínimo de los tesoros que manejó. No tomó jamás ni un solo libro de los millares de volúmenes sacados de las bibliotecas de los conventos, ni una pieza de los centenares de cuadros extraídos de los claustros. No insinuó ni aceptó la menor recompensa por sus persecuciones y miserias que pasó por largos años, ni se adjudicó la más pequeña propiedad para pasar holgadamente el resto de sus días.
En Puebla, trabajó en la desamortización de los bienes del clero y el 15 de septiembre de 1861 fue elegido presidente del Ayuntamiento de la Ciudad de México.
Durante la Segunda Intervención Francesa en México
Después de que el ejército invasor francés ocupara Puebla y, antes de que ocupara la Ciudad de México, Ramírez, como el resto del gobierno republicano, abandonó la capital para dirigirse a Toluca y de ahí a Sinaloa. Sin embargo, por su extrema pobreza, no pudo proveerse ni de un caballo y Ramírez salió de la ciudad a pie y solo con un bastón, hasta que un amigo le proveyó de un caballo.
Durante la guerra de intervención, combatió entonces a los franceses en Mazatlán. En el período de 1863 a 1865, periodo en el cual también realizó un viaje a San Francisco en Estados Unidos (a principios de 1864), mantuvo correspondencia con Guillermo Prieto, la que posteriormente se publicaría como Cartas a Fidel.
Fue también a Sonora donde redactó un periódico opositor a los invasores titulado La Insurrección. En octubre de 1864 regresó a Sinaloa, y en noviembre defendió a presos políticos y escribió para La Opinión y La Estrella de Occidente, hasta que fue desterrado a los Estados Unidos.
Regresó a México antes de la caída de Maximiliano y fue encarcelado en San Juan de Ulúa y posteriormente en Yucatán, donde enfermó de fiebre amarilla. Fue liberado hasta mediados de 1867.
En la Suprema Corte de Justicia y muerte