Francisco Ayala García-Duarte (Granada, 16 de marzo de 1906-Madrid, 3 de noviembre de 2009) Ficha de Francisco Ayala en el Instituto Cervantes. https://www.cervantes.es/bibliotecas_documentacion_espanol/biografias/estocolmo_francisco_ayala.htm Consultado el 25 de junio de 2020. fue un escritor español. Entre sus obras de invención destacan las novelas Muertes de perro (1958) y El fondo del vaso (1962) y sus colecciones de relatos Los usurpadores (1949) y La cabeza del cordero (1949). De formación jurídica, partió al exilio en 1939 y desarrolló su carrera profesional como profesor de Sociología en Argentina y Puerto Rico y, posteriormente, como catedrático de Literatura en diversas universidades de Estados Unidos. También fue articulista, traductor y editor. Tras su vuelta a España con la democracia, Ayala fue reconocido, entre otros, con el Premio Cervantes, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y el Premio Nacional de Narrativa. Ocupó el sillón Z de la Real Academia Española.
Biografía Infancia y adolescencia
Francisco Ayala nació en Granada el 16 de marzo de 1906. Su padre, Francisco Ayala Arroyo, natural de Campillos (Málaga), procedía de una familia acomodada; su madre, la pintora granadina Luz García-Duarte González, era hija del médico Eduardo García Duarte, quien llegó a ser rector de la Universidad de Granada. Bautizado como Francisco de Paula Eduardo Vicente Julián de la Santísima Trinidad, Ayala fue el primogénito de una familia burguesa culta condicionada por altibajos económicos. Tras pasar sus primeros años en un piso de alquiler en la calle de San Agustín, la familia se trasladó al barrio granadino del Albaicín, a una vivienda ubicada en el Carmen de la Cruz Blanca; ahí se enmarcan los primeros recuerdos de niñez de Ayala: Posteriormente, la familia se mudó a una casa situada en el número 18 de la calle San Miguel Baja. Francisco acudió con su hermano pequeño José Luis al parvulario del Colegio de Niñas Nobles; después fue alumno del Colegio Calderón y del Colegio de los Padres Escolapios. En 1918 se matriculó en el Instituto General y Técnico de Granada para cursar el Bachillerato.
Años madrileños Las dificultades económicas empujaron al padre de Ayala a aceptar un puesto en una naviera británica con sede en Madrid. Allí se trasladó la familia al completo: los padres, Francisco y sus hermanos José Luis, Eduardo, Vicente, Rafael y Enrique; se instalaron en un piso de la calle Lope de Rueda, donde al poco nació la hermana pequeña, María de la Luz. En 1923, Ayala terminó el Bachillerato y se matriculó en el curso preparatorio de Derecho de la Universidad Central. Pronto la Biblioteca Nacional se convirtió en uno de los lugares predilectos del joven Ayala:
Ayala entró en contacto con los círculos literarios madrileños, en los que la vanguardia comenzaba a abrirse paso. El 28 de febrero de 1923 publicó su primera colaboración en la prensa madrileña,Prólogo de José-Carlos Mainer a y poco después vieron la luz sus novelas Tragicomedia de un hombre sin espíritu (1925) e Historia de un amanecer (1926). En esos años frecuentó las tertulias de la Revista de Occidente y de La Gaceta Literaria, publicaciones en las que irían apareciendo sus relatos, artículos y reseñas. En 1929 obtuvo una beca de la facultad de Derecho de la Universidad de Madrid, de la que ya era profesor auxiliar, para ampliar su formación en Berlín. Allí conoció a Etelvina Silva, una estudiante chilena con la que contrajo matrimonio en 1931. De vuelta en Madrid, tras la proclamación de la Segunda República, ejerció de redactor en los periódicos Crisol y Luz. En 1932 ganó las oposiciones a Letrado de las Cortes y en 1935 obtuvo una cátedra de Derecho Político. Unos meses antes, el 4 de noviembre de 1934, había nacido Nina Ayala Silva, su única hija. En la primavera de 1936 Ayala viajó a Sudamérica con su familia para impartir una serie de conferencias. Allí tuvo noticia de la sublevación militar del 18 de julio y decidió volver a España para reincorporarse a su puesto de funcionario.
Durante la guerra civil, Ayala desempeñó diversas tareas para el gobierno de la República, primero en Madrid y después en Valencia. En 1937 fue destinado a la legación de Praga como secretario de Luis Jiménez de Asúa. A su vuelta siguió trabajando para el gobierno republicano en Barcelona, hasta que el 23 de enero de 1939 partió al exilio. La guerra tuvo unas consecuencias terribles para la familia de Ayala, tal como cuenta él mismo en sus memorias:
Exilio Argentina
Tras un periplo que lo llevó por Francia, Cuba y Chile, Ayala se instaló con su familia en Buenos Aires, y muy pronto comenzó a publicar artículos en el diario La Nación. En 1940 fue contratado por la Universidad Nacional del Litoral (Santa Fe) para impartir unos cursos de Sociología, pero su principal desempeño durante este periodo en Argentina fue como editor y traductor. En esta nueva etapa vital, Ayala retomó la escritura de ficción: en 1939 publicó en la revista Sur «Diálogo de los muertos», que diez años después formaría parte del volumen Los usurpadores. En 1945 se trasladó a Río de Janeiro, donde pasó todo ese año impartiendo un curso de Sociología. Allí se relacionó con escritores e intelectuales como Carlos Drummond de Andrade, Manuel Bandeira o la chilena Gabriela Mistral, que ejercía de cónsul de su país en Río; y escribió gran parte de su Tratado de Sociología. A su vuelta a la Argentina puso en marcha con Lorenzo Luzuriaga y Francisco Romero un nuevo proyecto: la creación y edición de Realidad. Revista de Ideas, que en sus 18 números (publicados entre 1947 y 1949) contó con colaboradores de la talla de Arnold J. Toynbee, Martin Heidegger, T. S. Eliot, Pedro Salinas, Juan Ramón Jiménez o Jean Paul Sartre. En 1949, último año de la estancia de Ayala en Argentina, aparecieron dos de sus principales obras: Los usurpadores y La cabeza del cordero.
Puerto Rico Francisco Ayala llegó a Puerto Rico en enero de 1950. La isla vivía un momento histórico crucial, inmersa en el proceso constituyente que conduciría a su declaración como Estado Libre Asociado. Tras impartir un curso semestral como profesor invitado, el rector de la Universidad de Puerto Rico, Jaime Benítez, encomendó a Ayala la organización de los estudios de ciencias sociales, y le confió la dirección de la editorial universitaria. Sus proyectos más destacados fueron la creación de la revista La Torre y la puesta en marcha de la colección Biblioteca de Cultura Básica. Al igual que en Argentina, el escritor granadino se relacionó con los exiliados españoles que habían recalado en Puerto Rico, como José Medina Echavarría, Federico de Onís, Aurora de Albornoz, Ricardo Gullón o Juan Ramón Jiménez. Así recoge Ayala en sus memorias la llegada a la isla del Premio Nobel: En 1955 Ayala fue invitado por Vicente Llorens a impartir clase durante un semestre en la Universidad de Princeton, tras el cual se reincorporó a su puesto en la Universidad de Puerto Rico. A comienzos de 1957, durante un viaje por Oriente, Ayala recibió una nueva propuesta de Llorens para sustituirlo durante el semestre de otoño de ese año; en esta segunda estancia en Princeton fue cuando terminó de escribir Muertes de perro, su primera novela en treinta años.
Estados Unidos
A partir del otoño de 1958, y hasta su jubilación en 1976, Francisco Ayala ejerció de catedrático de literatura en diversas universidades norteamericanas, siempre teniendo la ciudad de Nueva York como principal residencia. Dio clases en la Universidad Rutgers (1958-1966), Bryn Mawr College (1959-1964), Universidad de Nueva York (1964-1966), Universidad de Chicago (1966-1973) y en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (1973-1976). En esta etapa Ayala disfrutó de una estabilidad económica y laboral que le permitió proseguir con su carrera literaria. En 1962 publicó la novela El fondo del vaso mientras se preparaba la traducción de Muertes de perro al inglés.
En el verano de 1960, el autor volvió por primera vez desde el final de la guerra civil a España. Su intención, según confiesa en una carta a Guillermo de Torre poco antes de iniciar el viaje, era «tener la “experiencia” de España tras más de 20 años y toda una vida de ausencia, y esa experiencia es lo que, primordialmente, voy buscando». Carta de Francisco Ayala a Guillermo de Torre (06/04/1960). https://www.ffayala.es/epistolario/carta/406/ El viaje también supuso el retorno a su Granada natal, a la que no había vuelto desde hacía casi cuarenta años: Desde entonces fueron habituales los viajes veraniegos a España, hasta que, tras su jubilación, y ya muerto el dictador e iniciado el proceso de transición a la democracia, Ayala regresó a su país de origen definitivamente.
De vuelta en casa thumb| Francisco Ayala en 1983 con el resto de miembros del jurado del Premio Príncipe de Asturias de las Letras de ese año: Miguel Delibes, Jesús Aguirre, Alonso Zamora Vicente y Juan Benet. Instalado en Madrid, Ayala se reintegró con facilidad en la vida cívica y cultural española. Desde la tribuna que le ofrecían diarios como Informaciones o El País, aportó su visión de intelectual comprometido con los aspectos más relevantes de la política y la sociedad del momento. En esta época fue habitual su participación en foros culturales y cursos universitarios. Durante los ochenta publicó los tres volúmenes que conforman su principal obra memorialística: Recuerdos y olvidos, cuya edición definitiva aparecería en 2006.
En 1983 fue distinguido con el Premio Nacional de Narrativa por el segundo volumen de las citadas memorias. Un año después, ingresó en la Real Academia Española, donde ocupó hasta su fallecimiento el sillón Z mayúscula. En 1988 obtuvo el Premio Nacional de las Letras Españolas, en 1991 recibió el Premio Cervantes y en 1998 le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. A estos reconocimientos se sumaron los doctorados honoris causa por las universidades Complutense de Madrid, Sevilla, Granada, Toulouse-Le Mirail, UNED y Carlos III, y otras distinciones como la Medalla de Oro de la Ciudad de Granada, la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid en 1997 o la Medalla al Mérito del Trabajo en 2004.
En 2006 Ayala asistió a los actos y homenajes que se celebraron con motivo de su centenario. En sus últimos años siguió recibiendo muestras de la admiración del mundo de la cultura hacia su figura. El 15 de febrero de 2007 se convirtió en el primer depositario de la Caja de las Letras del Instituto CervantesFrancisco Ayala inauguró la Caja de las Letras del Instituto Cervantes y el 19 de marzo del mismo año participó en la inauguración de la sede de la Fundación que lleva su nombre en Granada. Francisco Ayala falleció el 3 de noviembre de 2009 en su domicilio en Madrid a consecuencia de un debilitamiento físico generalizado. El 1 de diciembre su viuda, Carolyn Richmond, depositó sus cenizas bajo un limonero trasplantado ese mismo día en el patio de naranjos de la Fundación Francisco Ayala.
Obra Narrativa Antes de cumplir los veinte años, Ayala ya había publicado dos novelas de corte realista: Tragicomedia de un hombre sin espíritu (1925) e Historia de un amanecer (1926). En ambas obras se aprecia claramente su profundo conocimiento de la tradición literaria española, desde Cervantes y la picaresca hasta el realismo galdosiano. Mientras que Tragicomedia de un hombre sin espíritu cuenta la historia de un hombre –Miguel Castillejo– víctima de la maldad de sus semejantes, Historia de un amanecer narra la lucha de unos revolucionarios contra un régimen opresor. En estas novelas el autor despliega las técnicas narrativas heredadas de la novela española tradicional. Aunque adolecen de los errores típicos de un escritor en ciernes, ambas obras ofrecen indicios de los derroteros que seguirá la narrativa ayaliana del futuro.Prólogo de Carolyn Richmond a