El término judaísmo se refiere a la religión, tradición y cultura del pueblo judío. Es la más antigua de las principales religiones abrahámicas,Philip Wilkinson, Religions, Londres: Dorling Kindersley, 2008; Religiões, Río de Janeiro: Zahar, 2011, pp. 61-83. También Gabrielle Sed-Rajna, L'Abécédaire du Judaïsme, París: Flammarion, 2000; Éric Smilevitch, Histoire du Judaïsme, París: Presses Universitaires de France, 2012; The Religions Book, ed. G. Jones y G. Palffy, Londres: Dorling Kindersley, 2013; O Livro das Reiligiões, ed. Carla Fortino, San Pablo: Globo, 2014, pp. 166-199; Josy Eisenberg, Une Histoire des Juifs, París: CAL, 1970; Simón Dubnow, Manual de la Historia Judía, Buenos Aires: Sigal, 1977; Michael Brenner, Kleine Jüdische Geschichte, Múnich: C.H. Beck, 2008. grupo que incluye al cristianismo y al islam.

Aunque no existe un cuerpo único que sistematice y fije el contenido dogmático del judaísmo, su práctica se basa en las enseñanzas de la Torá, también llamada Pentateuco, compuesto por cinco libros. A su vez, la Torá o el Pentateuco es uno de los tres libros que conforman el Tanaj (el Antiguo Testamento de la Biblia cristiana), a los que los creyentes atribuyen inspiración divina.

En la práctica religiosa ortodoxa, la tradición oral también desempeña un papel importante. Según sus creencias, fue entregada a Moisés junto con la Torá y conservada desde su época y la de los profetas. La tradición oral rige la interpretación del texto bíblico, la codificación y el comentario. Esta tradición oral habría sido transcrita en la Mishná, que posteriormente sería la base del Talmud y de un enorme cuerpo exegético, desarrollado hasta el día de hoy por los estudiosos. El compendio de las leyes extraídas de estos textos forma la ley judía o Halajá.

El rasgo principal de la fe judía es la creencia en un Dios omnisciente, omnipotente, personal y providente, que habría creado el universo y elegido al pueblo judío para revelarle la ley contenida en los Diez Mandamientos y las prescripciones rituales de los libros tercero y cuarto de la Torá. Consecuentemente, las normas derivadas de tales textos y de la tradición oral constituyen la guía de vida de los judíos, aunque su observancia varía mucho de unos grupos a otros.

Otra de las características del judaísmo que lo diferencia de las otras religiones monoteístas radica en que se considera no solo como una religión, sino también como una tradición, una cultura y una nación. Las otras religiones trascienden varias naciones y culturas, mientras que el judaísmo considera la religión y la cultura concebidas para un pueblo específico.

El judaísmo no exige de los no judíos (gentiles) unirse al pueblo judío ni adoptar su religión, aunque los conversos son reconocidos como judíos en todo el sentido de la palabra. Existe una opción religiosa, el noajismo, que permite a los gentiles cumplir los preceptos del judaísmo sin convertirse.

Identidad judía La identidad judía es tema de debate entre los religiosos, los filósofos y los sociólogos. Generalmente, el término judío se utiliza para referirse a tres grupos: a aquellos que practican la religión judía, a aquellos que descienden de personas que practicaron dicha religión y a aquellos que se identifican como judíos por motivos culturales o históricos. Dentro de la religión judía, existen tres ramas principales que la conforman, y cada una de ellas tiene una versión propia de quien es reconocido como judío.

En primer lugar, el judaísmo ortodoxo defiende que la ley judía (halajá) establece que aquel que ha nacido de madre judía o ha realizado un proceso de conversión (guiur) conducido por un rabino, una comunidad judía (la sinagoga) y finalizado ante un beit din (tribunal judío) ortodoxo, es judío por definición. Una persona nacida de madre judía sigue siendo considerada judía por los ortodoxos aunque se convierta a otra religión o se declare atea. El judaísmo ortodoxo también prohíbe los matrimonios entre judíos y no judíos.

En segundo lugar, el judaísmo conservador defiende los mismos puntos, con la particularidad de que los procesos de conversión aceptados son los realizados por la ortodoxia (proceso anteriormente citado) o por los beit din propios del judaísmo conservador.

En tercer lugar, los reformistas creen que son judíos aquellas personas que han nacido de padres judíos o se han convertido ante un beit din ortodoxo, conservador o ante un rabino reformista (cabe mencionar que cada rabino reformista tiene libertad para decidir cuándo un prosélito pasa a ser judío). En Estados Unidos, los rabinos reformistas establecieron que los hijos de padre judío (pero no madre) podían ser considerados judíos si recibían algún tipo de educación judía. Esto se debe a que un 57 % de los hombres judíos estadounidenses se casaban con mujeres gentiles.

Los judíos caraítas, citando prácticas del Tanaj, consideran judío a todo aquel que nazca de padre judío.

Por lo tanto, ser judío es una cuestión de ascendencia biológica o de adopción espiritual, por medio de la conversión. Convertirse al judaísmo desde otra confesión (o ninguna) es posible, pues en el Talmud se menciona lo siguiente:

En la Antigüedad y la Edad Media hubo conversaciones masivas al judaísmo. Aunque en algunos casos, se trató de conversiones forzadas, como la de los edomitas al ser conquistados militarmente por el reino judío, la mayoría de los convertidos lo hicieron libremente al ser convencidos por predicadores judíos. Se estima que el judaísmo llegó a ser abrazado por alrededor del 7% de la población del Imperio Romano. Uno de los conversos más famosos fue Aquila de Sinope, que tradujo la Biblia hebrea al griego. En algunos casos, fueron los monarcas de otros reinos los que adoptaron la religión judía y, al hacerlo, fueron seguidos por sus poblaciones, como fue el caso del imperio jázaro en Europa Oriental y del reino de Himyar en el actual Yemen.

Desde la Edad Media, sin embargo, el judaísmo ya no fomenta la conversión, que sigue no obstante siendo posible. Los criterios para aprobar la conversión al judaísmo varían según las distintas corrientes y suelen ser muy estrictos, exigiendo un conocimiento amplio sobre la Torá capacitado por un Moré (Maestro).

En la Alemania nazi La Alemania nazi definió a los judíos en las Leyes de Núremberg basándose en la religión pero no la de su madre, como hacía el judaísmo ortodoxo, ni la de sus padres como en el judaísmo reformista, sino de la de sus abuelos: si una persona tenía tres o cuatro abuelos de religión judía era "judía"; si tenía uno o dos, era "mezclada". Para probar la filiación religiosa, servían los registros de bautismo cristianos, los de las sinagogas y las lápidas de cementerios. Para los nazis no existía ninguna manera por la que alguien declarado "judío" pudiese dejar de serlo.

En el Estado de Israel El Estado de Israel, al ser fundado en 1947, adoptó la definición de judío propia del judaísmo ortodoxo, incluyendo la prohibición de los matrimonios mixtos.

A partir de los años 1980, la definición de judío en Israel evolucionó al emigrar al país cientos de miles de personas de la extinta Unión Soviética. Muchas de estas personas no encajaban en la definición ortodoxa de judaísmo, al ser ateos y no tener madres judías, pero se consideraban judías por haberlo sido sus antepasados y por identificarse con el Estado de Israel. El Tribunal Supremo flexibilizó las normas al aceptar como judíos a los convertidos mediante procesos conservadores o reformistas. En reacción, rabinos ultra-ortodoxos pusieron en duda la validez de los certifcados de judaísmo proporcionados por el ministerio del Interior a inmigrantes europeos y americanos, lo cual dejó a mucho de ellos con el estatus de "judío no judío".

Pérdida de la condición de judío El judaísmo ortodoxo considera que no existe modo de perder el judaísmo, incluso después de cometer alguno de los que consideran peores pecados: paganismo, asesinato o aberraciones sexuales. Sí existe el castigo de la expulsión de la comunidad (“El Herem” o “El Nidui”) a los pecadores, que parece datar de la época del segundo Templo de Jerusalén. Baruch Spinoza y Uriel da Costa son algunos de los judíos más famosos que fueron excomulgados de su comunidad.

Según la halajá, una persona judía que se haya convertido a otra religión o sea atea sigue siendo formalmente judío, si bien pierde algunos derechos religiosos y comunitarios como por ejemplo, el poder ser sepultado en un cementerio judaico.

Fundamentos de la religión judía thumb|230px|Los rollos de la Torá, abiertos para su lectura en público en la sinagoga.Estos son algunos de los principios sobre los que se basa la religión judía o que la caracterizan. El judaísmo se basa en el Tanaj (lo que los cristianos llaman Antiguo Testamento), compendio de 24 libros que cuenta la historia del hombre y de los judíos, desde la Creación hasta la construcción del Segundo Templo, e incluye también preceptos religiosos, morales y jurídicos; filosofía, profecías y poesía, entre otros. Sus cinco primeros libros, en conjunto conocidos con el nombre de «la Torá» o «Pentateuco», son considerados escritos por inspiración divina y, por ende, sagrados, y su lectura pública en la sinagoga los días lunes, jueves y sábados forma parte fundamental del culto judío, lo que le ha valido al pueblo judío el nombre de «Pueblo del Libro». La Torá es la fuente primera de los siete preceptos morales básicos que obligan a todo ser humano como tal («Los siete preceptos de los hijos de Noé»; ), y de los 613 preceptos religiosos que obligan a los judíos (613 mitzvot): 365 que imponen abstenerse de acción —uno por cada día del año— y 248 preceptos que obligan positivamente a hacer —uno por cada órgano del cuerpo—. Los preceptos bíblicos son comentados, explicados, ampliados e implementados por las diferentes exégesis que plasmaron por escrito las tradiciones orales: la Mishná y el conjunto en el que esta está incluida: el Talmud. Los preceptos jurídicos, éticos, morales y religiosos que emanan de la Torá, y que junto a su explicación de la Mishná conforman el corpus jurídico principal del judaísmo, el Talmud, son conocidos como la ley judía o Halajá (הֲלָכָה, ‘camino’), cuya fuente compilativa principal y reconocida por los judíos de todo el mundo —amén de una riquísima y amplia literatura halájica a lo largo de los siglos— es el libro medieval «Shulján Aruj» (שֻׂלְחָן עָרוּךְ, ‘la mesa servida’). Los mandamientos de la Halajá comandan el ciclo íntegro de la vida judía observante, desde la circuncisión al nacer (), pasando por la alimentación (la Cashrut, כַּשְׁרוּת, ), la vida íntima (), la vestimenta (), y así todos los hitos principales de la vida del hombre, hasta su muerte. La plegaria más solemne de la religión judía, denominada Shemá Israel, plasma la esencia misma de la creencia monoteísta, aparece en el quinto y último libro de la Torá: «Oye, Israel, el señor es nuestro Dios, el señor es Uno» (שְׁמַע יִשְׂרָאֵל, ה' אֱלֹהֵינוּ, ה' אֶחָד; Shemá Israel, Adonai Eloheinu, Adonai Ejad ). Los creyentes la recitan dos veces por día, en las oraciones matutinas (שַׂחֲרִית, Shajarit) y de la noche (עַרְבִית, Arvit). La religión judía se rige por un calendario basado en la combinación del ciclo mensual lunar y del año solar, cuyos orígenes se remontan a tiempos bíblicos, y por el cual se rigen las festividades y ritos de la religión hasta el día de hoy. El día de la semana llamado Shabat (del hebreo: שַׂבָּת, ‘reposo, cese de actividad’) es considerado sagrado. La fiesta religiosa más importante del año es el Día del Perdón o Yom Kipur, llamado también «Sábado de sábados». Jerusalén es lugar de devoción judía, principalmente los restos del Templo de Salomón, el llamado «Muro de los Lamentos». Comparten con Jerusalén su condición de santidad, en menor medida, también las ciudades de Hebrón, Safed y Tiberíades.