El abuso sexual infantil (también, abuso sexual de personas menores de edad) es la conducta en la que un niño es utilizado como objeto sexual, existiendo o no una relación con la persona, y siendo esta simétrica o asimétrica. Es decir, que exista vulneración ya sea por un par o por una persona donde haya desigualdad, en lo que respecta a la edad, a la madurez y al poder.
También definido como forma de maltrato infantil que consiste en la realización de conductas sexuales con una persona menor de edad sirviéndose de una relación de desigualdad (edad, fuerza física, capacidad de amenaza, etc.). Es cualquier clase de placer sexual con un niño, niña o adolescente (NNA) obtenido por parte de una persona (adulta o no) desde una posición de poder o autoridad. No es necesario que exista contacto físico (en forma de penetración o tocamientos) para considerar que existe abuso sexual, solamente es necesario que se utilice al NNA como objeto de estimulación sexual. Este concepto incluye el incesto, la violación, la vejación sexual (tocamiento/manoseo con o sin ropa, alentar y/o forzar –o permitir– a un NNA para tocar de manera inapropiada al abusador) y el abuso sexual sin contacto físico: seducción verbal, solicitud indecente, exposición de órganos sexuales para obtener placer sexual, realización del acto sexual o masturbación en presencia de una persona menor de edad. Se comete abuso sexual en los contactos e interacciones entre una persona adulta y un NNA cuando la persona adulta (agresora) utiliza al NNA para estimularse sexualmente o estimular al NNA o a otra persona. También existe abuso sexual cuando una persona menor de 18 años, siendo significativamente mayor que la víctima y estando en una posición de poder o control sobre otro, realiza con ella cualquier tipo de práctica sexual. En el marco del análisis e intervención social, el abuso sexual se entiende como un problema de carácter transversal: está presente en todas las culturas y sociedades. Se trata de una manifestación determinada por factores individuales, familiares y sociales. En todo caso representa una interferencia en el desarrollo evolutivo del niño o niña y puede dejar secuelas definitivas. miniaturadeimagen|«T'en verras de plus dures que ça, ma fille» (‘Te verás en situaciones peores que esta, hija mía’) (1905), dibujo hecho por Martin Van Maële, en el que se representa a un hombre abusando sexualmente de una niña con la ayuda de una sirvienta.
En la mayoría de los casos el abuso sexual es una experiencia traumática. El niño lo vive como un atentado contra su integridad física y psicológica. Puede afectar a su desarrollo psicoemocional, así como su respuesta sexual en la vida adulta, por lo que se considera un tipo de maltrato infantil. Las respuestas psicoemocionales y secuelas en niños pueden ser similares a las que se observan en casos de maltrato físico, abandono emocional, etc. La mayoría de las víctimas requieren apoyo psicológico para evitar sufrir secuelas del abuso en su vida adulta.
La legislación internacional y la de la mayoría de los países modernos considera que es un delito, aunque los conceptos psicológico y jurídico del abuso no siempre coinciden, y no existe consenso sobre los procesamientos jurídicos de los agresores.
Los estudios sobre el tema muestran que la mayoría de los agresores son varones (entre un 80 y un 95 % de los casos) heterosexuales que utilizan como estrategia la confianza, los lazos familiares, el chantaje y la manipulación para consumar el abuso. La media de edad de las víctimas está entre los 8 y los 14 años. En estas edades se produce un tercio de todas las agresiones sexuales. El número de niñas que sufren abusos es entre 1,5 y 3 veces mayor que el de niños. Según un cálculo de las llamadas «cifras ocultas»,La diferencia entre los delitos que están registrados oficialmente (las conocidas como «cifras manifiestas») y los totales extrapolados del cálculo de número de víctimas de abusos sexuales en una muestra aleatoria. entre el 5 y el 15 % de los varones han sido objeto en su infancia de abusos sexuales. El género es un factor determinante para la detección del abuso sexual.
Entre el 65 y el 85 % de los agresores pertenecen al círculo social o familiar de la víctima. Los agresores desconocidos constituyen la cuarta parte de los casos y, normalmente, ejercen actos de exhibicionismo y son dirigidos a niños y niñas con la misma frecuencia. Entre el 20 y el 30 % de los agresores son menores.
Los testimonios de las personas que han sido objeto de abusos sexuales suelen ser ciertos. El síndrome de la «memoria falsa» o falsos recuerdos es poco frecuente en adultos supervivientes de abuso sexual debido a que se trata de sucesos que dejan una impronta muy relevante en la memoria.
La APA (American Psychological Association ‘Asociación Psicológica Americana’) cuestiona la existencia del síndrome de memoria implantada (no reconocido por el DSM-IV). En su informe oficial sobre el tema declara que no se debe considerar que los recuerdos de abuso sexual infantil de los adultos sean falsas memorias implantadas (aun cuando no haya pruebas que permitan interpretarlos literalmente como verdades históricas), ya que existen pruebas de que los abusos sexuales padecidos durante la infancia pueden ser tan traumáticos que algunas veces se olvidan y reaparecen en la adultez.
En algunos casos se observa disociación y amnesia selectiva: la víctima elimina recuerdos dolorosos o traumatizantes ocurridos durante el período en el que ocurrió el abuso.
Solo el 7 % de las denuncias presentadas por niños resultan ser falsas, aunque este porcentaje aumenta considerablemente cuando el niño o niña está viviendo un proceso de divorcio conflictivo entre sus padres.
Concepto
El abuso sexual a menores se define desde dos ópticas que no siempre coinciden: la jurídica y la psicológica. Por ejemplo, en México la legislación está determinada por cada entidad y no existe un consenso jurídico sobre la tipificación de estos delitos. La valoración jurídica de los delitos depende del grado de contacto físico entre los órganos sexuales del agresor y la víctima, algo que no está necesariamente correlacionado con la variación en el grado de trauma psicológico.
Desde el punto de vista jurídico, los abusos sexuales a menores se han concretado en figuras como la violación, el abuso deshonesto, y el estupro.
Existen problemas para definir con precisión el concepto en psicología; estas son algunas diferencias entre los criterios: La existencia de coacción o sorpresa por parte del agresor. Para muchos autores, la mera relación sexual entre un adulto y un niño, ya merece ese calificativo, ya que se considera que ha mediado un abuso de confianza para perpetrar el abuso. La existencia de contacto corporal. Aquellos que no lo consideran necesario, incorporan al concepto de «abuso» el exhibicionismo, esto es, el acto de forzar a un menor a ver material pornográfico o relaciones sexuales entre adultos, o a participar en escenificaciones sexuales. En la mayoría de los estudios la edad máxima considerada para el menor oscila entre los 18 años. Para el agresor se considera una diferencia de edad mínima con el niño que oscila entre 5 y 13 años (mayor que la del niño). Algunas investigaciones consideran abusos sexuales ocurridos entre jóvenes de la misma edad. La relevancia del abuso sexual «percibido». Se considera específicamente como caso de abuso sexual a un menor aquel que tienen repercusiones clínicas, es decir, si el niño presenta alguna sintomatología física relevante: dolor pélvico o anal, enuresis, encopresis, terrores nocturnos, falta de apetito o glotonería inexplicable, crisis de llanto, cambios de conducta y estado de ánimo, entre otros.
No obstante, existe cierto consenso en la idea de que:
Terminología
La bibliografía especializada utiliza los términos «abuso sexual», «abuso sexual infantil», «abuso sexual en la infancia», «abuso sexual a menores», «abuso sexual a niños», etc.
En el lenguaje común de algunos paísesVéase, por ejemplo, el titular de esta noticia en el periódico El Mundo, de Madrid (España). se conoce como «pederastia»,Véase la segunda acepción de la palabra «pederastia» en el Diccionario de la lengua española (2001) de la Real Academia Española: Al hacer clic en «Ver definición de pederastia en la edición actual», se puede para ver la entrada actualizada: María Moliner (1998): Diccionario de uso del español. Madrid: Gredos, 2.ª edición, .Esta identificación entre «pederastia» y «abuso sexual infantil» no siempre se produce en la bibliografía especializada; por ejemplo, para Anna Oliverio Ferraris y Bárbara Graziosi, la pederastia no es abuso sexual infantil sino «una forma de homosexualidad basada en la atracción por los adolescentes y los jovencitos»,() entendiéndola así como un sinónimo de «pedofilia homosexual». que puede usarse como sinónimo de «pedofilia».Véase la primera acepción de la voz «pederastia» en el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española. Etimológicamente, tanto pedofilia como pederastia son palabras procedentes del griego y se basan en el término paidós: ‘muchacho o niño’. Pedofilia proviene de la unión de las palabras paidós y filia: ‘amistad, amor’. Pederastia (παιδεραστία o paiderastía en griego) proviene de paidós y erastês: ‘amante’.
A quien comete el abuso se le conoce como «abusador», «abusador de menores», «abusador de niños», «agresor sexual (infantil)», «pederasta», etc.
Históricamente la pederastia no ha sido siempre asociada al abuso. En la Antigua Grecia, por ejemplo, se consideraba que era una relación aceptable entre un adolescente y un adulto.Platón dice en El banquete:
Clínicamente, la patología que sufren la mayoría de los agresores se llama pedofilia:
Consecuentemente, la persona que sufre esa parafilia se denomina «pedófilo». Con todo, no es frecuente que en los estudios sobre el tema se utilice ese término como sinónimo estricto de «abusador sexual». Por un lado, algunos pedófilos nunca llegan a abusar de niños, sino que se quedan en los límites de las fantasías sexuales. Por otro, algunos agresores cometen el abuso como reacción a su frustración en sus relaciones con adultos, que son el verdadero objeto de sus inclinaciones sexuales; de ahí que no sean, estrictamente, «pedófilos». A veces se circunscribe el término «pedófilo» a los agresores primarios, que son los que justifican su inclinación y conducta con criterios racionales. Algunos especialistas no hacen distinción entre ambos conceptos.Véase, por ejemplo,.
Extensión del abuso sexual a menores Las tradiciones culturales e históricas repercuten en la forma con que cada sociedad afronta el problema. Los contextos socioculturales marcan las pautas desde sus propias construcciones comunitarias y sus relaciones de poder, de sus ritos de paso, de sus imaginarios y desde sus vínculos parentales. La cultura da las pautas de lo prohibido y lo permitido y a partir de esas pautas acepta o rechaza las prácticas de abuso sexual infantil. El abuso sexual infantil es una forma de violencia sexual a la que se somete el cuerpo de un niño, que suele ocurrir en la familia, el entorno del que el niño espera cuidado y protección.
El polémico Informe Kinsey, creado en los años cincuenta, muestra los resultados de encuestas realizadas por hombres y mujeres adultos en algunos casos se reconocían como heterosexuales, en las cuales Alfred Kinsey observó, entre otros muchos indicadores, que «se registraron los contactos sexuales entre niñas y adultos como una fuente de placer para estas jovencitas, que podrían conducir a un mejor desarrollo social y sexual en su vida posterior». Según Wardell Pomeroy, coautor del informe, sexólogo y educador sexual, la investigación de Kinsey descubrió «muchas relaciones agradables y satisfactorias entre padres e hijas».