miniaturadeimagen|300x300px|Luis A. Flores junto a militantes de la Legión de Camisas Negras representando el saludo romano, 1934 El fascismo, como filosofía política, ejerció una gran influencia en diversos sectores de la sociedad peruana desde principios hasta mediados del . El movimiento cobró especial fuerza tras el golpe de Estado de 1930 y el fin del Oncenio de Leguía, aunque su popularidad decayó tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, tras la derrota y el descrédito del fascismo a nivel mundial. El fascismo peruano estuvo influenciado principalmente por el fascismo italiano y, en menor medida, por el falangismo español, aunque también se inspiró significativamente en la tradición católica y en el concepto de mestizaje, enfatizando la unidad del pueblo peruano.
Descripción general Según el historiador José Ignacio López Soria, el movimiento fascista en el Perú podría dividirse en tres corrientes:
Fascismo aristocrático, que estaría impulsado por un catolicismo ultramontano militante que se oponía ferozmente al ateísmo marxista y al liberalismo protestante. Tuvo como representante a José de la Riva-Agüero y Osma. Fascismo mesocrático, popular entre las clases medias, se opuso a la clase dominante histórica y buscó promover las necesidades de los mestizos para generar apoyo entre los diversos grupos del Perú a la par que promovía restricciones tanto al capitalismo como al comunismo. Tuvo como representante a Raúl Ferrero Rebagliati. Fascismo popular, encarnada en la Unión Revolucionaria y con una estrecha relación hacia las masas, buscando apoyar la noción de colaboración de clases. Según el historiador Eduardo González Calleja, el fascismo popular carecería de un trasfondo católico, estando más bien motivado por una fuerte oposición al capitalismo y el apoyo a un Estado corporativo que controlaría el capital, manejaría la economía y garantizaría la disciplina social. Historia
Fundamentos tempranos
Orígenes izquierda|miniaturadeimagen|213x213px|José de la Riva-Agüero, fundador de Acción Católica. La Pontificia Universidad Católica del Perú, la Acción Católica y otros grupos católicos apoyaron el concepto de fascismo mesocrático de Ferrero Rebagliati. El movimiento se inspiró en el fascismo italiano y el falangismo español.
Otro importante canal de difusión del fascismo fue la Hermandad Fascista Peruana, fundada por el ex primer ministro José de la Riva-Agüero y Osma. Riva-Agüero se volvió más partidario del fascismo tras su retorno al catolicismo en 1932, creyendo, según López Soria, que el Perú debía «retornar a la tradición medieval, católica e hispánica encarnada ahora por el fascismo», y se valió de las enseñanzas de Bartolomé Herrera y Alejandro Deustua para sustentar su ideología. La Hermandad Fascista gozó inicialmente de cierto prestigio, pero pasó a un segundo plano después de que Perú entró en la Segunda Guerra Mundial del lado de los Aliados.Rees 1990, p. 324. Además, la credibilidad del grupo se vio dañada porque su líder se volvió cada vez más excéntrico en su comportamiento personal.
Décadas de 1930-1940 miniaturadeimagen|300x300px|Luis Miguel Sánchez Cerro, fundador de la Unión Revolucionaria, hablando con sus partidarios en 1930. La facción fascista más popular del Perú fue la Unión Revolucionaria (UR), un partido fundado inicialmente por el presidente Luis Miguel Sánchez Cerro en 1931 para participar en las elecciones de dicho año. El presidente Sánchez Cerro, de origen humilde, era muy carismático, conocía las costumbres populares y fue reconocido por su valentía tras derrocar al presidente Augusto B. Leguía. La UR encontró rápidamente el apoyo de antiguos miembros del Partido Civilista y de las familias de la oligarquía tradicional que querían protegerse de otros movimientos populistas, aunque también gozó de apoyo popular. Durante la campaña electoral y luego en el gobierno, Sánchez Cerro tuvo oposición de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), un movimiento que se inspiró en las observaciones de Víctor Raúl Haya de la Torre sobre los partidos fascistas y comunistas durante su estancia en Europa. La base ideológica del APRA provenía de una mezcla entre el marxismo con el socialismo fabiano y el nacionalismo indigenista que se combinó con una visión de una nueva comunidad nacional que podría sugerir una afinidad con el «fascismo de izquierda». Sin embargo, a pesar de su visión, de haber gozado de apoyo popular y de tener un grupo de choque, conocida como los «búfalos», el APRA, según Roger Griffin, no cumple con los criterios para ser considerado un movimiento fascista ya que no obtuvo el apoyo del ejército y acabó evolucionando a un partido socialdemócrata.Griffin, R. (1991) The Nature of Fascism. pp. 148–152.
Tras el asesinato del presidente Sánchez Cerro a manos de un aprista en 1933, el grupo quedó bajo el liderazgo de Luis A. Flores, quien buscó movilizar el apoyo de las masas e incluso creó un movimiento inspirado en las Camisas Negras (denominado como la Legión de Camisas Negras) imitando el modelo italiano. Además, se desarrolló un culto alrededor de la figura de Sánchez Cerro.
Óscar R. Benavides, quien asumió el cargo después del asesinato de Sánchez Cerro, también dirigió un régimen conservador autoritario entre 1933 y 1939. Durante su gobierno, Benavides construyó una sólida relación con los líderes empresariales del Perú, entabló lazos con las autoridades italianas y desarrolló acciones orientadas al bienestar de la población. Sin embargo, la relación entre los urristas y Benavides fue tensa, llegando Flores a intentar realizar un golpe de Estado contra Benavides que lo llevó al exilio. Mientras tanto, Benavides se dedicó a buscar dividir a la UR. Aunque Benavides tuvo simpatías hacia el régimen fascista italiano y expresó la posibilidad de reescribir la constitución vigente en la época para implantar un modelo similar al corporativismo italiano desarrollado por los fascistas, el representante diplomático italiano en Lima Giuseppe Talamo, ante reportes previos sobre la figura de Benavides, negó que Benavides sea netamente un fascista y lo calificó de «mediocre» e incapaz de entender lo que era el fascismo calificando su régimen de «una dictadura personal insegura» sin base en la masa y que dependía de una facción militar. Para Talamo, el Perú no había alcanzado el nivel necesario para que el fascismo prosperara y señaló que una buena parte de la élite peruana solo veía al fascismo como una herramienta represiva para conservar una «civilización colonial». Por su parte, los ministros italianos calificaron a la UR de «pseudofascistas». Para Talamo, la falta de interés de los italianos a la UR era por su falta de consolidación en sus ideales, su debilidad organizativa como partido y el personalismo de Flores. En 1938, el general Antonio Rodríguez Ramírez, ministro de Benavides y cercano a Sánchez Cerro, intentó realizar un golpe de Estado contra Benavides, siendo planeado junto al general Cirilo Ortega, jefe de una de las facciones de UR, y con los apristas. Aunque los apristas le manifestaron su apoyo, esto no se manifestó en el día del golpe, acabando Rodríguez asesinado por los oficiales leales a Benavides y el golpe develado. Sin embargo, esto hizo que Benavides convocara a elecciones.Chirinos Soto, Enrique (1985). Historia de la República (1930-1985) (Desde Sánchez Cerro hasta Alan García) 2 (3.ª edición). Lima: AFA Editores Importadores S.A.
En las elecciones de 1939, aunque estaba proscrito, debido a su fuerza electoral tanto los candidatos Manuel Prado Ugarteche como José Quesada Larrea le solicitaron apoyo al APRA, sin obtenerlo al preferir el APRA mantenerse neutral. Por su parte, la UR apoyó a Quesada. Aunque el APRA consideró unirse con la UR, dicha opción no prosperó.López Martínez, Héctor (2011). Historia del Perú: La República Contemporánea (1933-2010). 12 (1.ª edición). Lima: Editora El Comercio S.A.
Tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Manuel Prado Ugarteche posicionó al Perú con el bando aliado desapareciendo cualquier vestigio de simpatía al fascismo en el gobierno.
En las elecciones de 1945, la UR llevó como candidato a Eloy Ureta, siendo derrotado por José Luis Bustamante y Rivero del Frente Democrático Nacional. La derrota de las Potencias del Eje hizo que las propuestas fascistas no tuvieran acogida como anteriormente tenían. Aunque Flores, tras regresar de su exilio, intentó reorganizar el movimiento, no tuvo éxito.
Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada En el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, emergió una facción dentro de ésta conocida como «La Misión», que era dirigida por el general Javier Tantaleán Vanini. Esta facción, que desplazó a los llamados «progresistas» y fue influyente en Juan Velasco Alvarado en los últimos años de su gobierno, fue calificada por el sociólogo Rafael Roncagliolo de «fascistoide».
miniaturadeimagen|195x195px|Emblema de Acción Legionaria Una investigación de la Universidad de Salamanca señalaba que, hacia la década de 2010, existía un grupo de ciudadanos autoritarios que podrían expresar sus opciones agresivas mediante las preferencias por políticas de mano dura y buscarían líderes fuertes que encarnaran esta necesidad de orden y autoridad. Mario Vargas Llosa se refería al fascismo peruano en 2011 como «un sector de peruanos que prefiere que haya un hombre fuerte». Roland Álvarez Chávez puso como ejemplo el fujimorismo, que sería parte de un «nuevo fascismo a la peruana» por enfrentarse a sus enemigos, a quienes calificaba de terroristas. Por su parte, el etnocacerismo ha sido calificado como un «fascismo andino» aunque Antauro Humala, figura representativa de dicha ideología, negó que el movimiento fuera fascista.
En 2013 se fundó en Lima la efímera Acción Legionaria, marcando el surgimiento de la primera organización fascista contemporánea en años. El grupo defendió el legado de Sánchez Cerro y se consideró heredero de la antigua Unión Revolucionaria, proclamando una ideología tercerposicionista y eclética opuesta tanto al liberalismo como al comunismo. Al igual que su supuesto predecesor, Acción Legionaria también adoptó la vestimenta clásica de camisa negra y el uso de simbología fascista. También tenía vínculos estrechos con la organización neofascista brasileña Frente Nacionalista. Durante su período de actividades, Acción Legionaria intentó convertirse en un partido político fascista, pero finalmente se disolvió en 2016.
Los grupos ultraconservadores comenzaron a surgir en Perú alrededor de 2017 cuando surgieron propuestas para introducir estudios de género en los currículos educativos. La Resistencia Dios, Patria y Familia, una organización autodenominada fujimorista y catalogada como extrema derecha, ha sido descrita independientemente por medios independientes antifacistas como neofascista.. Juan José Muñico, alias "Maelo" y líder de La Resistencia, ha negado que su agrupación sea fascista y señalando a las acusaciones de agravios por parte de adversarios.
En septiembre de 2025, el colectivo Deface Perú filtró los datos de la Dirección de Inteligencia (DIRIN) de la Policía Nacional del Perú (PNP) en su canal de Telegram como un acto de protesta contra las denuncias de corrupción del gobierno de Dina Boluarte, siendo dicha filtración conocida como los DIRIN Leaks. Dicho colectivo tenía por lema «El Perú sobre todo (UR)», en referencia al lema usado por la Unión Revolucionaria.
Véase también Fascismo en América
Referencias
Bibliografía
Categoría:Fascismo en Perú Categoría:Historia política de Perú Categoría:Anticomunismo en Perú