Formas básicas de la angustia es un estudio de psicología profunda escrito por el psicoanalista Fritz Riemann, publicado por primera vez en 1961 con el título Grundformen der Angst und die Antinomien des Lebens. La obra caracteriza cuatro tipos diferentes de personalidad y analiza sus respectivos miedos, comportamientos y causas. Riemann distingue entre estructuras de personalidad esquizoide, depresiva, obsesiva e histérica.

El libro, publicado en todo el mundo por Ernest-Reinhardt-Verlag, llegó a su 45.ª edición en 2019 y, hasta 2013, vendió más de 967.000 ejemplares. Con el tiempo, la segunda mitad del título fue modificada y finalmente fue eliminada completamente.

Contenido Como estudiante de Schultz-Henckes, Riemann desarrolló en su estudio una tipología de la personalidad, con la que presentó su idea de las diferentes estructuras de personalidad humana. Años más tarde, estas ideas serían recogidas de forma sistemática y modificadas en el instrumento psicoacadémico de diagnóstico OPD, desarrollado por Rudolf y otros autores. Riemann dedicó un capítulo a cada una de las cuatro estructuras ideales descritas. Cada capítulo se divide en cinco subapartados que tratan en detalle aspectos como el amor, la agresión, los antecedentes biográficos, ejemplos de cada estructura y reflexiones complementarias. Para ello, Riemann se basó tanto en el conocimiento teórico como en la experiencia acumulada en su práctica como psicoterapeuta analítico. Cada tipo de personalidad se describe en su contexto específico y se contrasta.

Dado que Riemann era capaz de explicar conceptos complejos de forma sencilla y comprensible, su libro fue bien reconocido por el público interesado. Esto contribuyó a la difusión del conocimiento psicoanalítico, pero también a la pérdida del lenguaje técnico propio de ese campo. Esto se asocia al riesgo de malentendidos como, por ejemplo, cuando se relaciona erróneamente el término “esquizoide” con la esquizofrenia o con el trastorno de la personalidad esquizoide, o incluso cuando se utiliza como sinónimo. Sin embargo, los términos que describen con más detalle una estructura de personalidad, no tienen nada en común con los cuadros clínicos. Por lo tanto, las personas con una estructura de personalidad depresiva no tienen porque presentar necesariamente síntomas de un trastorno depresivo.

En su introducción, Riemann hizo algunas reflexiones generales sobre las angustia humana:

Además, en la introducción se presentan, en una primera aproximación, las cuatro formas básicas de la angustia:

La angustia ante la entrega emocional, que se observa principalmente en personalidades esquizoides. La angustia ante la autonomía y la autodeterminación, característica de las personalidades depresivas. La angustia ante el cambio y la transitoriedad, propia de las personalidades obsesivas La angustia ante lo definitivo e irreversible, que afecta sobre todo a las personalidades histéricas.

“Todos los posibles miedos son, en última instancia, variantes de estos cuatro miedos fundamentales”, señala Riemann. La complejidad del proceso emocional interno se evidencia en su observación de que las personas no solo evitan aquello que temen, sino que al mismo tiempo lo desean. Todo esto, explica, “se complementa y se contradice por pares”. Con una estructura esquizoide, se evita el contacto con los demás por miedo a perderse a sí mismo; quienes han desarrollado una estructura depresiva, su opuesto, permanece en relaciones de dependencia por miedo a la separación y la soledad. En las personalidades con una estructura obsesiva, el miedo al cambio y a la transitoriedad se manifiesta en una forma de resistencia a aferrarse a lo familiar, sin embargo, en la estructura histérica, se abre una puerta a la arbitrariedad para “evitar la necesidad y la irreversibilidad”.

Por último, Riemann destaca los aspectos potencialmente constructivos del miedo y rechaza su evitación, dado que mantiene el miedo.

Aunque Riemann extrajo sus conocimientos empíricos de las historias clínicas de sus pacientes, este libro no presentó una teoría sobre enfermedades y, por ello, presentó sus descripciones de los cuatro tipos con títulos centrados en la personalidad y no en la enfermedad.

Personalidad esquizoide Según Riemann, el miedo principal de una persona con una estructura de personalidad esquizoide es la angustia ante la entrega emocional. Está relacionado con el impulso de “autoconservación y autodemacración”. Tanto el miedo como el impulso se “sobrevaloran” si el esquizoide se ha desarrollado de tal forma que domina la personalidad. Las personas con este tipo de personalidad evitan la cercanía y el apego a otros, son egocéntricas, y buscan la individuación y la máxima independencia, incluso hasta la autarquía:Para los demás, las personas con una estructura de personalidad esquizoide son “distantes, frías, reservadas, difíciles de abordar, impersonales”. Normalmente parecen “extrañas, peculiares, incomprensibles o desconcertantes en sus reacciones”, e incluso hasta quienes las conocen desde hace tiempo pueden seguir sorprendiéndose de su comportamiento. Este comportamiento tiene consecuencias, incluso para ellas mismas: al evitar el contacto con los demás, no aprenden a comprender ni a interpretar a los otros, y por tanto, para ellos siguen siendo extraños. El efecto y la simpatía, que es lo que sirve para establecer relaciones, para estas personas son como amenazas y un peligro para su integridad.

El amor es especialmente delicado para las personas esquizoides, ya que revela toda su “torpeza e inexperiencia en asuntos emocionales”. Tienden a construir sus relaciones de pareja de forma racional y fría, y dependen de parejas que puedan soportar esta forma o que la prefieran. La sexualidad se instrumentaliza y se aborda en gran medida de forma objetiva. A menudo, solo se involucran en “relaciones sin compromisos, fáciles de romper, o meramente sexuales”.

La agresión desempeña un papel esencial. Los ataques, ya sean reales o imaginarios, siempre los experimentan como una amenaza para “toda la existencia”. Las personas con personalidad esquizoide generalmente no disponen del amplio abanico habitual de reacciones agresivas. En cambio, responden con una ira irracional, reaccionan de forma inmediata para aliviar su malestar. También, la agresión representa para ellas casi la única forma de establecer contacto con los demás, en el sentido del término latino aggredī (acercarse a).

Para explicar su origen, se asume la existencia de factores constitucionales que favorecerían el desarrollo de una personalidad esquizoide con sus características estructurales. Estos factores se relacionarían con una sensibilidad y vulnerabilidad particulares. Además, se ha demostrado que estas personas, durante su primer año de vida, no habrían recibido la protección, en especial, la protección frente a estímulos que necesitaban. También, habrían carecido de seguridad y apoyo afectivo, por lo que no habrían podido sentirse acogidos.

Un ejemplo, es la historia de un músico adulto extraída de la práctica del autor. En las reflexiones finales, Riemann señala la “diferencia en el grado de madurez” entre razón y sentimiento y, entre racionalidad y emocionalidad, que caracteriza a estas personalidades. Además, Riemann descubre cómo, a partir de estas estructuras, pueden desarrollarse trastornos y qué rasgos presentan. Por último, se recopilan las “cualidades positivas de las personas esquizoides”, que se manifiestan, por ejemplo, en una “soberana autonomía e independencia, en el valor de ser uno mismo, en la defensa de la autonomía del individuo”, así como en una “aguda capacidad de observación” y una “mirada crítica e incorruptible ante los hechos”. Estas personas examinan cuidadosamente las cosas antes de asumir algo, y defienden sus posturas de forma clara y sin sentimentalismos.

Personalidad depresiva Según Riemann, los antagonistas estructurales de las personalidades esquizoides son las personalidades depresivas. Su miedo principal es independizarse, lo que Riemann denominó, entre otras cosas, como formación del yo, y con ello el miedo a perder la sensación de seguridad. Alcanzar la independencia requiere un paso en el desarrollo que implica separación, y esta separación es justo lo que las personas con una estructura de personalidad depresiva intentan evitar. El impulso que acompaña a este miedo tiende a renunciar a uno mismo y ser absorbido por otro. Esto es necesario para sentirse seguro. Una persona con una estructura depresiva intenta escapar de ese miedo siendo dependiente y renunciando a su libertad, la cual tampoco es capaz de conceder a la otra persona. Diferenciarse, pensar y sentir de forma distinta moviliza el miedo, porque se experimenta como un distanciamiento y pérdida de conexión, por lo que estas personas intentan renunciar a todo lo que las distingue y adaptarse. La dependencia les da seguridad, pero también aumenta el miedo a la pérdida. Como no pueden tomar lo que necesitan por sí mismas, desarrollan una actitud pasiva y se decepcionan cuando no consiguen cumplir sus deseos. No soportan las críticas, y por ello se desarrollan numerosas virtudes altruistas, algunas de las cuales son: modestia, disposición al sacrificio, serenidad, abnegación, compasión, empatía y muchas otras. Al desgastarse por los demás, caen rápidamente en un estado de sobrecarga y agotamiento.

Para las personalidades depresivas, el amor es "lo más importante en la vida",Riemann, F. (2018). Formas básicas de la angustia [Extracto del audiolibro]. Leído por Katja Schild. Recuperado de YouTube el 15 de julio de 2018. y al mismo tiempo, es donde se encuentran sus mayores "vulnerabilidades". No toleran bien las crisis que surgen en una relación de pareja y, se enfrentan constantemente a su miedo a la pérdida, sobre todo cuando la pareja "intenta liberarse de unos lazos tan estrechos". Para ellos, la sexualidad es menos importante que el afecto y cariño.

Lidiar con la agresión es un problema grave para las personalidades depresivas. Según Riemann, defender sus propios intereses equivaldría a "cortar la rama sobre la que están sentadas". Estas personas tienden a reinterpretar y minimizar las situaciones conflictivas y a reprimir sus impulsos. Cuando sufren alguna humillación, suelen compensarlo con un sentimiento de superioridad moral, que también es una "forma sublimada de agresión", dado que mantiene a la otra persona atrapada en la culpa.Para el trasfondo biográfico, se consideran factores favorecedores una posible "disposición afectiva y cálida" y "gran capacidad de empatía" de base constitucional. Estas personas serían por naturaleza "poco combativas" y carecerían de una "piel gruesa" que las protegiera. Entre las influencias biográficas se mencionan "dos conceptos erróneos característicos" por parte de la figura de referencia, especialmente entre la final del primera año y el segundo año de vida: "mimos y rechazo". Los mimos hacen innecesaria la iniciativa propia y fomentan una "actitud cómoda". Un motivo, es la incapacidad de desprenderse del niño y permitirle seguir su camino. El desarrollo es más fácil para los niños que sufren privación, lo que describe a mujeres "escasas, menos maternales y cariñosas [...], a menudo duras [...]" que exponen al niño a una falta de afecto y seguridad.