Julio II (nacido como Giuliano della Rovere) (Albisola Superiore, 5 de diciembre de 1443-Roma, 21 de febrero de 1513) fue el papa 216.º de la Iglesia católica, de 1503 a 1513. Se le ha llamado como el Papa guerreroSus expediciones armadas, donde gustaba liderarlas, le forjó una imagen de cardenal-condotiero semejante a la que tuvo el cardenal Albornoz. Véase en y o el Papa terrible«Julio II forja su destino en la lucha. Decidido a llevar la ruina a sus rivales y finalmente triunfante, el "Papa terrible" utiliza las mismas armas que ellos: la adulación, el engaño y la violencia. Pero lo hace aún mejor: marcha en persona contra sus enemigos a la cabeza de los ejércitos.» por la intensa actividad política y militar de su pontificado. Es uno de los fundadores de los Estados Pontificios. Pero también su papado mostró un «ambicioso mecenazgo que reunió a Bramante, Miguel Ángel y Rafael» mostrándole la historiografía del como el «papa más activo en perseguir una política de poder, y dejar en la Roma del Renacimiento su impronta de constructor, administrador y propagandista».
Primeros años
Familia y estudios Giuliano della Rovere era sobrino del papa Sixto IV y primo del cardenal Pedro Riario. Cursó estudios con los franciscanos en Perugia a instancias de su tío, quien lo tomó bajo su protección y más tarde lo envió a un convento en La Pérouse donde realizaría sus estudios superiores.
Carrera eclesiástica En 1471, poco después de que su tío se convirtiera en papa, es nombrado obispo de Carpentras, Francia. En dicho año fue elevado a la dignidad de cardenal presbítero del título de San Pedro ad Vincula.
Con su tío como papa, obtiene una gran influencia, recibiendo hasta ocho obispados: Lausana (1472), Mesina y Catania (1473), Aviñón (1474), Coutances (1476), Viviers (1478), Mende (1478), Sabina (1479), Bolonia (1483), Lodève (1488), Savona (1499) y Vercelli (1502), además de otras abadías.
A la muerte de su primo, Pedro Riario, accede a la vida política siendo nombrado entonces obispo de Aviñón y, poco después (1476) legado de esta ciudad. En 1480 es enviado al Reino de Francia en calidad de legado pontificio, regresando a Roma a comienzos del año 1482.Enciclopedia Católica, «Papa Julio II.» Demuestra tal habilidad que pronto adquiere gran influencia dentro del colegio cardenalicio, influencia que crece aún más bajo el papado de Inocencio VIII, sucesor de Sixto IV en 1484.
thumb| Sixto IV nombra a Bartolomeo Platina prefecto de la Biblioteca Vaticana, fresco de hacia 1477, en los Museos Vaticanos.
Giuliano tuvo varios hijos ilegítimos, pero la única en alcanzar la edad adulta fue Felice della Rovere, nacida en 1483 fruto de su relación con la aristócrata romana Lucrezia Normanini. Poco después del nacimiento de Felice, Giuliano arregla el matrimonio de Lucrezia con Bernardino de Cuspis, maestro di casa del primo de Giuliano, el cardenal Girolamo Basso della Rovere.
Ascenso al poder
Della Rovere tenía un gran rival en el seno del colegio cardenalicio, el cardenal Rodrigo Borgia, más tarde elegido papa Alejandro VI a la muerte de Inocencio VIII. Della Rovere, que también aspiraba a ser papa, acusa a Borgia de haber sido elegido mediante simonía y gracias a un acuerdo secreto con el cardenal Ascanio Sforza. Tras esta disputa, se refugia de la ira de Alejandro VI en Ostia y meses más tarde marcha a París, donde incita al rey Carlos VIII de Francia a intentar la conquista del Reino de Nápoles. Acompañando al joven rey en su campaña militar, entra con él en Roma y trata de convocar un concilio ecuménico que investigue las acciones del papa Alejandro VI y, finalmente, lo deponga. Sin embargo, el papa Alejandro VI se había ganado el favor de un ministro del rey francés, Guillaume Briçonnet, al ofrecerle la dignidad de cardenal, consiguiendo detener así las maniobras de su opositor.
Alejandro VI muere en 1503 debido probablemente a la malaria, aunque se especula que pudo ser envenenado. Su hijo, César Borgia, también cae enfermo por esas fechas. El cardenal Piccolomini de Siena es elegido nuevo papa bajo el nombre de Pío III, aunque della Rovere no apoyaba esta candidatura. De cualquier forma, el anciano Piccolomini fallece poco después. Della Rovere es elegido finalmente papa bajo el nombre de Julio II el 1 de noviembre de 1503 en el cónclave más breve de la historia, de tan solo unas pocas horas de duración.Miranda. Obtuvo 35 de los 38 votos posibles, incluidos los de los 11 cardenales españoles que, desaparecido Alejandro VI, todavía obedecían las órdenes de su hijo César Borgia.
Pontificado La figura de Julio II, guerrero, político, estratega, maquinador, absolutista y maquiavélico, se asemeja más a la de un monarca de su tiempo que a la del líder de una religión. Enemigo implacable de los Borgia, había contemplado impotente cómo Alejandro VI y César Borgia vaciaban el patrimonio de los Estados Pontificios y se apropiaban de sus territorios a título personal. Dedicaría grandes esfuerzos a lo largo de su pontificado a recuperar para la Iglesia los feudos de que había sido despojada, intentando unificar toda Italia bajo la dirección de la Santa Sede. Durante su pontificado se creó además la Guardia Suiza Pontificia (el 22 de enero de 1506) bajo el lema «Acriter et fideliter» (con valor y con fidelidad).
En diciembre de 1503 otorga una dispensa papal que permitiría a Enrique Tudor, duque de York (futuro rey Enrique VIII de Inglaterra), al alcanzar la mayoría de edad, casarse con Catalina de Aragón, viuda de su hermano Arturo Tudor, príncipe de Gales.
Nepotismo Julio II continuó la tradicional práctica del nepotismo garantizando el ascenso social de su familia. Sus familiares (Clemente Grosso della Rovere, Galeotto Franciotti della Rovere, Leonardo Grosso della Rovere, Sisto Gara della Rovere) fueron elevados al cardenalato y su sobrino Francisco María della Rovere recibió la señoría de Pésaro.
La hija ilegítima de Julio II, Felice della Rovere contrajo matrimonio en 1506 con Gian Giordano Orsini con el objetivo de conseguir la amistad de la poderosa familia Orsini.Ludwig von Pastor: Historia de los papas, tomo VI.»
La lucha contra los Borgia Sin el respaldo de Alejandro VI, el conglomerado de ciudades que César Borgia había sometido a su obediencia se desmoronó. Algunas retornaron a sus antiguos regidores mientras que otras cayeron en la órbita de la República Veneciana.
César Borgia retenía a finales de noviembre de 1503 las ciudades de Cesena, Forli y Bertinoro. El papa anuncia su intención de que ninguna de las plazas conquistadas en las campañas de los Borgia queden sus manos sino que han de permanecer bajo la jurisdicción de Roma, conminando al duque para que le entregara esas ciudades en nombre de la Iglesia.
El 24 de noviembre de 1503, Julio II ordena la detención de César. El duque es tratado cortésmente, siendo retenido en el palacio del Vaticano y no en las mazmorras de Sant'Angelo. Borgia envía a sus castellanos en la Romaña instrucciones públicas para que entreguen las plazas a Julio II, pero les transmite instrucciones privadas para que las mantengan en su nombre.
Enviado un nuncio a Cesena para la entrega formal de la plaza, es rechazado y su criado, asesinado. El suceso conmocionó a Julio II, que no esperaba tal maniobra. Se realizaron preparativos militares para asediar la plaza, pero el castellano, Diego de Quiñones, la defendió, vinculando la entrega de la misma a la liberación de César.
Finalmente, el duque alcanzó un acuerdo, y entregó Forlì, Cesena y Bertinoro a cambio de su liberación el 19 de abril de 1504.
La lucha contra la nobleza rebelde Dos ciudades pertenecientes a la región de la Romaña, Perusa y Bolonia, bajo el mandato de la familia de Gian Paolo Baglioni y de los Bentivoglio respectivamente, rechazaban la soberanía papal. Julio II en persona condujo contra ellas los ejércitos eclesiásticos. En septiembre de 1506 capitulaba Perusa; Bolonia fue reducida por las armas dos meses después, dado que la excomunión de Giovanni Bentivoglio, previa al ataque, no había dado resultado.
El ataque a Venecia thumb|La República de Venecia aprovechó para tomar algunos estados en la Romaña en 1503.
Conjurado el peligro de un potente estado centroitaliano gobernado por el clan Borgia, se presentaba ahora el riesgo que un estado autónomo y desvinculado de la iglesia siguiera existiendo encabezado por Venecia. Contra esta amenaza iba a concitar Julio II sus propios esfuerzos y los intereses de las naciones extranjeras. Como ya hiciera en el pasado cuando incitó al rey francés Carlos VIII a intervenir en suelo italiano para combatir a Alejandro VI, contra la República de Venecia volvía a necesitar la ayuda de las potencias extranjeras.
A tal fin hizo alarde de su talento diplomático. Francia acababa de perder en favor de España todas sus opciones en el Reino de Nápoles. El rey Luis XII de Francia deseaba desquitarse de su afrenta italiana y sucumbió fácilmente a las propuestas del pontífice que le sugirió la posibilidad de conseguir en Venecia lo que la fortuna le había negado en Nápoles. Para convencer al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Maximiliano I de Austria empleó el señuelo de que Padua, Treviso y otras ciudades del Véneto habían sido durante largo tiempo del Imperio. También logró comprometer a España, al Reino de Hungría, al Ducado de Saboya, Florencia y Mantua. Con estos estados se formó la Liga de Cambrai en diciembre de 1508; su objetivo: desintegrar la República de Venecia. Si algún papa tuvo meridianamente claro que se consigue más por las armas que con los anatemas, ese fue Julio II; no obstante, seguramente por lo arraigado de la costumbre secular, hasta él mismo utilizó la excomunión y el entredicho contra Venecia antes de castigarla militarmente. La «Serenísima» no pudo resistir el embate de los ejércitos coaligados y fue derrotada en la batalla de Agnadello en mayo de 1509.
Este descalabro no supuso el fin de Venecia, ni era eso lo que al Papa le convenía. Vencida y dócil, la república se avino a restituir a la Iglesia los territorios romañolos substraídos. Satisfecho con ello, Julio II firmó la paz con los venecianos, les levantó las penas divinas que les había impuesto y se retiró de la liga que él mismo había coordinado. Con el abandono de su promotor y por efecto de la experta diplomacia veneciana que sembró la disensión entre sus componentes, la coalición suscrita en Cambrai feneció en 1510.
Guerra contra los franceses Julio II se encontraba ahora ante la tarea de expulsar a los franceses de Génova y Milán, después de haberlos utilizado en el enfrentamiento con Venecia. Su consigna de «¡fuera los bárbaros!» penetró profundamente en el ánimo de los italianos. Julio II sabía que sin la cooperación de alguna potencia europea ellos solos no serían capaces de enfrentarse con éxito al poderoso Luis XII de Francia. Sirviéndose una vez más de la diplomacia organizó la Liga Santa, en la que se integrarían los Estados Pontificios, Venecia y España y que quedó formalmente constituida el 4 de octubre de 1511; un mes después se adhirió a ella el rey Enrique VIII de Inglaterra y algo más tarde el emperador Maximiliano y Suiza.
Mientras se gestionaban aquellos pactos de las naciones europeas contra Francia, el papa había realizado por su cuenta acciones de patente hostilidad antifrancesa: a principios de año, él mismo, como capitán de las tropas pontificias, había conquistado Mirandola, ciudad aliada de los franceses; por otro lado, como jefe religioso, había excomulgado y depuesto al duque Alfonso de Ferrara, esposo de Lucrecia Borgia y simpatizante del rey francés.