La villa de Palamós, en el corazón de la Costa Brava, es un municipio que tiene bien determinada su fecha de fundación y este artículo describe los hechos más señalados de su historia.
Antecedentes El dolmen de Montagut, en el extremo norte del término de Palamós es la evidencia del pasado neolítico de este lugar y los restos del poblado ibérico en el extremo levante de la playa de Castell son el testimonio de la presencia de indigetes, entre los siglos y También se han encontrado restos romanos en diferentes puntos del término, como en la zona de Palau (mas Salvà), el Castillo de San Esteban de Mar en La Fosca, mas Guardias y en diferentes puntos del núcleo urbano.
Historia
La villa medieval En el año 1277, el rey Pedro II el Grande compró el Castillo de San Esteban de Mar, en La Fosca. Dentro de su término se encontraba un saliente protegido dónde quería construir un puerto que diera cobertura al creciente comercio con Italia y especialmente con el Reino de Sicília, del cual su esposa Constanza II de Sicilia era la princesa heredera.
La villa de Palamós -así es como la llamaban a principios del - fue fundada el 3 de diciembre de 1279 por el batle general de Cataluña Astruc Ravaia, precisamente para mantener y defender aquel incipiente puerto. En la Carta puebla el rey ofrece a los nuevos pobladores un espacio para construir su hogar libre de cualquier servitud y una serie de ventajas, entre ellas un mercado semanal cada martes que aún se celebra a día de hoy. El batle general nombra a Arnau Sa Bruguera como primer alcalde de un nuevo ente, la Alcaldía de Palamós que, a parte de la villa, tendrá jurisdicción sobre Vilaromá (San Juan de Palamós), Vall-Llobrega y Calonge.
La nueva villa y su puerto serán, a partir de entonces, un elemento estratégico de primera magnitud. Tanto es así que sólo seis años después de su creación, en el año 1285, Palamós pasa a ser tomada por la escuadra francesa para dar apoyo logístico a las tropas del rey Felipe III de Francia que asediaban la ciudad de Gerona. La actuación de la escuadra en almirante Roger de Lauria fue fulminante, destruyendo completamente la escuadra francesa en la famosa batalla de Formigues.
No es hasta mediados del cuando se construye el primer muelle de piedra y la muralla de defensa. El movimiento portuario es tan importante que se considera el puerto de Palamós como el segundo de Cataluña. A lo largo del y buena parte del es interesante destacar el comercio de esclavos procedentes del norte de África.
La parroquia de Santa María de Palamós A pesar de que el rey Alfonso III el Benigno dio permiso en el año 1334 para reservar un espacio para la construcción de una capilla dedicada a Santa María, la encarnizada oposición de los habitantes de San Juan de Palamós lo impidió y no es hasta 1371 cuando el obispo de Gerona, Jaime Satrilla, concede la licencia para construir una capilla dedicada a Santa María, con ciertos límites para prevenir posibles perjuicios a la parroquia de Santa Eugenia de Vilaromá.
En el año 1428 la villa consigue tener una parroquia propia, segregándose de la de Santa Eugenia de Vilaromá, y en el 1434 se inicia la primera fase de la construcción de la actual iglesia de Santa María de Palamós, que continuará en una segunda fase en 1521, con el mecenazgo de la condesa de Palamós Isabel de Requesens y Enríquez de Velasco.
Por lo que respecta a la iglesia, cabe destacar que en el año 1742 dos fragatas inglesas bombardearon la villa, causando grandes destrozos en el tejado, en las capillas laterales y en el campanario. También cabe destacar la construcción de la capilla Fonda, con el mecenazgo del conde de Palamós Ventura Osorio de Moscoso y Fernández de Córdoba.
El Condado de Palamós En el año 1484, el rey Fernando El Católico premió a su capitán general de la armada, Galcerán de Requesens y Joan de Soler, otorgándole el condado de Palamós. Los habitantes de Palamós, que habían recibido del rey Pedro II y de sus sucesores las garantías de que siempre estarían ligados a la corona, no lo aceptaron y se opusieron a que el nuevo conde tomara posesión hasta que no hubiera jurado respetar los privilegios reales que les habían concedido. Después de un tira y afloja de dos años, el conde aceptó y los habitantes le abrieron las puertas de la villa. Galcerán de Requesens se interesó por el puerto, haciéndolo reparar por técnicos de la ciudad de Barcelona.
El condado subsistiría hasta la abolición de los señoríos en España, en el año 1837, pero no el título de conde de Palamós que actualmente pertenece a Jaime Ruíz de Bucesta y Mora.
Piratas y cautivos Desde la antigüedad, las costas catalanas han estado expuestas a los piratas, por eso las masías más cercanas al mar estaban provistas de torres de defensa (masía fortificada). Entre los siglos y la supremacía naval catalana hizo reducir considerablemente la presencia de naves hostiles, pero a partir del hasta el las costas catalanas fueron señoreadas por naves turcas, del norte de África y, finalmente, inglesas. A pesar de que los pueblos costeros habían establecido un servicio de guarda y correo para avisar de la presencia de naves sospechosas, hay registrados centenares de ataques a pequeñas embarcaciones de pescadores de Palamós, casi siempre con el resultado de captura y secuestro. Como resultado, muchas familias quedaron arruinadas al tener que vender su patrimonio para pagar el rescate de sus familiares esclavizados en el norte de África.
Primera destrucción de Palamós La escuadra turca de Jeireddín Barbarroja, después de pasar por la ciudad de Niza y destruir las villas de Cadaqués y Rosas, asaltó Palamós el 5 de octubre de 1543. A pesar de la ayuda de doscientos hombres de Palafrugell, entre los que se encontraban el alcalde y el sacristán, los piratas destruyeron y quemaron la mayoría de las casas, así como las iglesias parroquiales de Palamós y de Vilaromá y la capilla de Nuestra Señora de Gracia de Sa Punta. El notario Brugarol de Palafrugell levantó acta de todo lo que vio personalmente, dando detalles de las dantescas escenas encontradas dentro de la villa cuando los piratas se retiraron. Hombres empalados y quemados, descuartizados y muertos por todas partes, el notario expresó su dolor escribiendo "[...] Tan grande destrucción y ruina hicieron en dicha villa que solo de nombrarla no hay corazón cristiano que no llore gotas de sangre". Al tercer día, la escuadra turca, formada por veinte galeras y dos naos, continuó su viaje hacia Villajoyosa. El desastre de Palamós fue conocido por todo el mundo e incluso el Papa Pablo III hubo de intervenir para ayudar a la villa a volver a la normalidad. Muchos habitantes huyeron y un gran porcentaje no volvió nunca más, se quedaron a vivir por las poblaciones vecinas.
El convento de los Agustinos En el año 1507 se inició la construcción de la capilla de Nuestra Señora de Gracia en Sa Punta, el punto más alto de Palamós, ahora desaparecido y convertido en cantera de donde se extrajo la piedra para construir el puerto nuevo, actual puerto comercial. A mitades del habitaba el ermitaño fray Damián Marruffo de la Orden de San Jerónimo, que cogió protagonismo en el mes de mayo de 1543, cuando el emperador Carlos I desembarcó en el puerto de Palamós para continuar su viaje hacia Génova. Fray Marruffo visitó y invitó al rey a comer a la ermita, gesto que el emperador aceptó, subiendo hacia Sa Punta y gozando de la preciosa panorámica. Es en esta estancia en Palamós cuando el emperador escribió a su hijo Felipe II las famosas instrucciones. En el año 1568, después de un intento fallido en San Felíu de Guixols, la comunidad de frailes de San Agustín se instaló en la ermita para construir un monasterio, fundando el Convento de Nuestra Señora de Gracia. Éste quedó completamente destruido en la guerra del francés de 1694 y los frailes se refugiaron en una construcción cerca del hospital de los pobres. A partir del año 1724, con financiamiento del Ayuntamiento y de la comunidad agustina, comienza la reconstrucción del convento en el mismo lugar. En el año 1741, después de haber alzado muchas paredes, recibieron la orden real de parar los trabajos para dar a este lugar usos militares. No habiendo ninguna solución, por falta de dinero, los frailes llegaron a un acuerdo con el ayuntamiento para transformar el hospital en un segundo convento. Este nuevo convento subsistirá hasta la desamortización de 1836, convirtiéndose en una fábrica de corcho, El Convento S.A. Actualmente, en el barrio de El Pedró, se ha alzado el Parque del Convento de los Agustinos con los restos del antiguo edificio.
La Peste En el año 1650 hubo un brote de peste en Barcelona, en pleno asedio de las tropas castellanas del rey Felipe IV. Dos años más tarde, llegó a Palamós. Con el primer entierro, el 26 de marzo de 1652, se cerraron las puertas de la villa y no se volvieron a abrir hasta el 7 de septiembre del mismo año, pero con una serie de condiciones de cuarentena. Ya des del inicio, la cantidad de fallecidos fue tan importante que el rector dejó de anotar las partidas de defunción, por eso se desconoce el número exacto de fallecimientos. A principios de 1653, el rector bendijo un trozo de terreno en el Arenal, fuera de los muros de la villa, donde se enterraron entre 300 y 400 personas, posiblemente más de la mitad de la población de Palamós. En acción de gracias se estableció que cada año, para el día de la Natividad de la Madre de Dios (8 de septiembre) se celebraría una procesión en la capilla de Santa María de Bell-lloc de Palamós. Después de unos años sin celebrarse, se retomó a partir del año 1992.
Muralla y defensas A raíz del ataque de los turcos de 1543, se aceleró la construcción de las murallas y baluartes para rodear completamente la villa, dejando dos puertas, la del mar en la actual Planassa y la de tierra o del charco, en la actual Plaza de los Árboles. Las guerras contra Francia y España de mitad del hicieron de Palamós una importante plaza de armas, con soldados de muy diversa procedencia, españoles, napolitanos, flamencos, irlandeses, alemanes... alojados dentro y fuera de la villa en cuarteles y casas particulares. El gobernador de la villa era un general de infantería o de caballería y un maestre de campo era la máxima autoridad militar. Para completar las defensas, a lo largo de la segunda mitad del de construye la ciudadela en la parte más alta de la población y, como en este lugar ya se encontraba el convento de los agustinos, las autoridades tuvieron que llegar a un compromiso con los frailes, consistente en dejar el convento en medio de la ciudadela.
Todos los muros, baluartes, fosos y la ciudadela con el convento fueron destruidos por los franceses en el año 1695 para asegurar una rápida ocupación en futuras incursiones.
Segunda destrucción de Palamós. Guerra de los Nueve Años. En el año 1694, el mariscal francés Adrien Maurice de Noailles invadió el Ampurdán. Después de tomar Verges y Torroella de Montgrí y de atravesar el río Ter, quedaban dos plazas fuertes en su camino hacia Barcelonaː Palamós y Hostalric; las cuales habían sido abandonadas a sus suerte por los soldados españoles. El ejército francés con unos 15.000 soldados de infantería y unos 5.000 de caballería, inició el asedio de Palamós el 30 de mayo, conociendo muy bien el interior de la villa (pues habían estado allí como guarnición entre los años 1643 y 1652). Palamós contaba con 4.000 soldados, la mayor parte del Tercio de Napolitanos. La batalla fue tan encarnizada y con tantas bajas por parte del bando francés, que no fue hasta el 8 de junio que tomaron la villa por asalto. Necesitaron dos días más para rendir la ciudadela donde se habían replegado unos 1.400 soldados supervivientes. La defensa de la villa fue tan heroica que, en conmemoración, el rey francés Luis XIV hizo acuñar una moneda con la leyenda "Palamo vi capta".
La gran recesión del