El movimiento obrero catalán estuvo en los orígenes del movimiento obrero español pero reunió una serie de características diferenciales en relación con el movimiento obrero del resto de España a causa de las complejas relaciones con el movimiento catalanista (catalanismo político) que intentó influenciarlo a partir de principios del siglo XX.
Inicios des asociacionismo obrero catalán
El asociacionismo obrero catalán empezó a despuntar en la década de 1840. En 1839 se reguló por primera vez el asociacionismo obrero (circular del Ministerio de la Gobernación de 28 de febrero de 1839 autorizando la libre constitución de corporaciones que atendían a desgracias, enfermedades, etc). Se trataba de un movimiento en estadio incipiente y local. Con el ascenso del general Espartero en enero de 1840 se inició una cierta liberalización política que permitió la formación de asociaciones y que los obreros tejedores catalanes aprovecharon para crear, el 17 de marzo de 1840, la primera Federación de tejedores del algodón de Cataluña a la que seguirían otras semejantes por todo el territorio catalán. Los patronos las combatían ferozmente despidiendo o no contratando a los asociados. Sin embargo, las duras condiciones laborales en medio de una dura crisis industrial, favorecían la entrada de nuevos miembros buscando la protección de la organización. En 1842 estas asociaciones reunían más de 57.000 asociados.
La sociedad La Protección Mutua de Tejedores de Barcelona establecía, en una reunión general de comisionados celebrada en el antiguo convento de los Trinitarios el 8 de diciembre de 1840, que “… todos los individuos que por falta de trabajo sean despedidos de sus fábricas y estén vacantes, serán socorridos por la Sociedad a razón de 4 reales diarios. Todo individuo que esté sin trabajo no ha de satisfacer la cuota semanal. Los socios despedidos por falta de trabajo serán socorridos a 6 pesetas semanales, …”
La Sociedad de Tejedores, además de la ayuda mutua entre los miembros de la asociación en el terreno laboral (mejora de los jornales, establecimiento de bolsas de trabajo, cotización semanal por parte de los asociados como caja de resistencia para las huelgas, sistema de socorro para los despedidos, etc.) fundaron una fábrica textil (con la ayuda de un préstamo del Ayuntamiento de 35.000 pesetas y una emisión de acciones), constituida en forma de cooperativa obrera para dar trabajo a los parados del sector. La fábrica se denominó Compañía fabril de tejedores de algodón de Barcelona. En 1848 sería privatizada al no poder devolver los préstamos recibidos
Los industriales reaccionaron inmediatamente y en enero de 1841 consiguieron la primera prohibición de la Sociedad de Protección Mutua. Tras una nueva autorización en mayo de aquel año, volvería a ser prohibida en diciembre para volver a ser autorizada en enero de 1842. Esta vez funcionaría durante todo el año hasta diciembre cuando se produjo la revuelta de Barcelona contra el general Espartero y el bombardeo de la ciudad. Con la vuelta al poder de los moderados en noviembre de 1843 la asociación quedó disuelta.
Las primeras luchas obreras en Cataluña
Hasta finales de la década de 1880 la burguesía industrial catalana, con la ayuda de las fuerzas represivas del Estado, había controlado con bastante éxito los intentos organizativos del movimiento obrero.
En mayo de 1854 estalló una huelga en solidaridad con los trabajadores de la fábrica La España Industrial. El capitán general practicó numerosas detenciones para desarticularla. El 2 de abril una gran multitud intentó forzar las puertas de la prisión donde estaban detenidos los huelguistas. La tropa intervino matando a 4 obreros y deteniendo a unos 200. En total 800 obreros resultaron detenidos.
El 6 de junio de 1855 fue ejecutado, en el Portal de St. Antoni, Josep Barceló, un dirigente obrero de Mataró miembro destacado de la asociación de hiladores de algodón de Barcelona que había participado activamente en las anteriores movilizaciones.
El 21 de junio de 1855 el capitán general había publicado un bando en que las asociaciones obreras quedaban definitivamente prohibidas y declaró la ley marcial. Ahora se declaró una huelga general en defensa del derecho de asociación obrera el 2 de julio de 1855. Durante el primer día de la huelga, que duraría diez días, resultó muerto Sol i Padrís, director de la fábrica el Vapor Vell de la familia Güell. Una bandera roja fue paseada por la ciudad y clavada en la plaza del Pedró, uno de los centros neurálgicos de la ciudad. Dos fábricas con selfactinas fueron incendiadas. Alrededor de 70 obreros fueron deportados. Tras el Bienio Progresista las sociedades obreras fueron de nuevo prohibidas. Con la llegada del general Domingo Dulce como capitán general de Cataluña (1858-62) se volvieron a permitir las asociaciones y el paréntesis se aprovechó para lanzar la publicación de dos periódicos obreros: El Obrero y La Asociación. Desde El Obrero se convocó el primer Congreso Obrero de Barcelona (diciembre de 1865) para coordinar las sociedades obreras existentes. Asistieron representantes de la mayoría de las sociedades obreras catalanas.
En octubre de 1868 las sociedades obreras salieron de nuevo a la superficie. Se creó la Dirección Central de Sociedades Obreras que agrupó 195 sociedades obreras. El 13 de diciembre de 1868 se reunió el segundo Congreso Obrero en Barcelona convocado, esta vez, por dicha Central, con representantes de 61 sociedades obreras catalanas que, entre otras cosas, aprobó la participación de uno de sus representantes (Pau Alsina) en las candidaturas a las Cortes como representante del movimiento obrero.
En Cataluña se fundó en 1869 el sindicato Las Tres Clases del Vapor (hiladores y tejedores) con 8.500 afiliados.
En enero de 1869 Giuseppe Fanelli, enviado por Bakunin, llegó a Barcelona reuniéndose con los dirigentes obreros catalanes (Rafael Farga Pellicer, García Viñas, Trinidad Soriano, …). En agosto del mismo año se fundó el periódico La Federación.
Durante los primeros años de la Restauración borbónica el movimiento obrero hubo de replegarse, pero a mediados de la década de 1880 volvió a reorganizarse y recuperar fuerza.
Anarquismo catalanista
Mientras la burguesía catalana se castellanizaba, los obreros catalanes hablaban catalán. En los mítines y en las asociaciones se empleaba el catalán. Incluso en los consejos de guerra del capitán general Zapatero en 1856 se constató que los obreros se expresaban en catalán. El teatro al que acudían los obreros representaba obras en catalán.
El anarquismo anterior a la aparición del catalanismo político se sentía “catalanista”. Los concursos literarios anarquistas (Certámenes Socialistas de Reus (1885) y de Barcelona (1889), destacaron por su éxito de asistencia y su alto nivel. En los discursos y conferencias se alternaba libremente el catalán con el castellano. Entre 1881 y 1896 se editó el semanario anarquista La Tramontana escrito totalmente en catalán. (La Tramontana, periodich polític Vermell) . “Desde hoy La Tramuntana, sin faltar sábado alguno, soplara a diestro y siniestro en Barcelona librando a la ciudad de los malos vientos y recobrando así la salud.” miniaturadeimagen|420x420px La historiografía catalanista ha querido buscar “catalanismo nacionalista” entre los inicios del movimiento obrero hablando de un supuesto "catalanismo-libertario". En realidad, el "catalanismo" anarquista de los primeros años era un "catalanismo" que se caracterizaba por su antinacionalismo y su internacionalismo.
En un artículo titulado "Altra vegada” en la revista La Tramontana núm.42, 11/11/1881 (un periódico obrerista, editado inicialmente en lengua catalana, publicado desde 1881 hasta 1896; se publicaron 717 números) se manifestaba:
"Nosaltres no som separatistes (...) nosaltres no volem pas dividir, sino multiplicar; y obehint a’n aquestes ideas, som més unionistes, molt més que tots los unificadors del mateix ventrell d’Espanya, puig desitjem que s’esborrin les fronteras, que’ls noms de nació sols serveixi per designar grans regions; anhelem que tothom sigui germà, y volem, en una paraula, per patria, no sols Catalunya, sino Espanya, l’mon."
El concepto de “patria” tenían un sentido muy diferente para el catalanismo anarquista que el que tendría para los futuros catalanistas políticos.
«Parleu de patria al que no troba feyna y te fills que li demanan pá; parleu de patria al que si traballa en lo seu pais guanya sis rals per morirse de gana, mentres que emigrant podrá satisfer sas necessitats, y ab rahó malehirá aquesta patria que li nega la subsistencia»[…] «Y allí ahont hi hage un bocí mon que respectin per igual a tothom lo dret a la vida; allí ahont dret y deber vagin sempre aparellats; allí ahont les institucions no lliguin los brassos ni l’enteniment y sian servidoras de la Humanitat; allí ahont los privilegis no’s coneguin, allí serà la Pàtria [...] «Y allí ahont hi hage un bocí mon que respectin per igual a tothom lo dret a la vida; allí ahont dret y deber vagin sempre aparellats; allí ahont les institucions no lliguin los brassos ni l’enteniment y sian servidoras de la Humanitat; allí ahont los privilegis no’s coneguin, allí serà la Pàtria»(La Tramontana" n.42, 11/11/1881)
La revista La Tramontana fue suspendida varias veces y cerrada en 1896. Cuando intentó reaparecer en 1907 los obreros ya identificaban el catalanismo con la burguesía y a los pocos números de su reaparición aparecía escrita en castellano.
Catalanismo político y movimiento obrero
“El catalanismo de las primeras décadas del siglo XX seguía perteneciendo principalmente a las clases medias locales, a próceres de provincia y a intelectuales, pues la clase trabajadora militante y predominantemente anarquista, tanto la catalana como la formada por inmigrantes, seguía mirando el nacionalismo con suspicacia por motivos clasistas.”
Eran tiempos en los que se gestaba lo que después se denominaría el catalanismo político, y sus dirigentes reflexionaban sobre cómo integrar el movimiento obrero en los proyectos que estaban trazando para Cataluña. Asimismo, ante la inquietante evolución del movimiento obrero, la alta burguesía catalana reclamaba a la Lliga Regionalista, que se había erigido como principal promotora del nuevo catalanismo, una estrategia para contrarrestarlo.
“En va Prat de la Riba els increpava sovint, dient-los: “Feu-la l’esqurra, és el vostre deure!” Inútil! Ells no feien l’esquerra i es llençaven a catalanitzar les clases obreres, perquè no sentien aquesta tasca: més aviat els repugnava.”
El historiador Antoni Jutglar, en 1972 afirmaba con rotundidad que “Se descubre que, a través de confusionistas formulaciones ideológicas, existe un interés fundamental en confundir los conceptos de “burguesía” y de “Cataluña” y, paralelamente, para dibujar una comunidad ideal de “poble català” que actúe, en el seno de los diversos núcleos no burgueses, como un eficiente mecanismo de evasión y espejismo, con capacidad para impedir determinadas movilizaciones sociales, que no resulten oportunas o interesantes para los objetivos burgueses."
Algunos dirigentes de la LLiga Regionalista razonaban que la mejor manera de neutralizar el movimiento obrero se conseguiría mediante una red de colonias industriales repartida a lo largo y ancho del territorio.