Ballesteros de Calatrava es un municipio español de la provincia de Ciudad Real, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Tiene una población de .
Geografía El término municipal tiene una superficie de 57,83 km². Forma parte del partido judicial de Ciudad Real.
El Campo de Calatrava y el vulcanismo
La comarca posee un gran interés geomorfológico y paisajístico por su relieve volcánico. Posee un gran número de volcanes (más de cien), numerosos “mecanismos eruptivos” y “formas ejemplares”. Existen aparatos volcánicos denominados “maares” o cráteres explosivos que tienen en su interior conjuntos lacustres de gran interés ecológico. Aparecen en la zona manantiales termales conocidos como “hervideros” o “fuentes” de agua agria por su alto contenido de anhídrido carbónico acompañado de hidróxidos de hierro y manganeso.
Los suelos naturales generados a partir de los materiales volcánicos son fértiles, por lo cual han sido aprovechados para el cultivo de cereales. Los materiales explosivos y lávicos se emplean como material de mampostería, adoquinado, etc. Desde 1964 se produce una extracción masiva de piroclastos utilizados como áridos, balastro para obras de infraestructura, y sobre todo, como aditivo de cementos puzolánicos.
El Campo de Calatrava está limitado al norte y noroeste por las estribaciones meridionales de los montes de Toledo, al sur con los valles de Alcudia y Ojailén y al noroeste y levante por La Mancha y el Campo de Montiel.
En el conjunto del Campo de Calatrava podemos destacar como elementos singulares: Los “maares” que forman un conjunto de cráteres explosivos en la sierra de Medias Lunas situado al suroeste de Valverde. El maar Posadilla-Portillo es el más conocido. “Aparatos volcánicos mixtos simples” (generados a partir de mecanismos eruptivos estrombolianos) con conos piroclásticos coronados por cráteres circulares o desportillados con amplias coladas lávicas lisas (pahoheoe). Son interesantes las de La Yezosa (Almagro), Peñarroya (Alcolea de Calatrava), Columba (Calzada-Granátula de Calatrava) y La Conejera (Ballesteros de Calatrava). “Red de manantiales termales” como los de Fuensanta, Fontecha, Sacristanía, San Cristóbal y Villar del Pozo.
El vulcanismo del Campo de Calatrava tiene una primera etapa de formación en el Mioceno Superior (8.5 a 6.5 millones de años) de escasas dimensiones y otra más importante que va desde el Plioceno medio-superior (4.5 millones de años) hasta el cuaternario (Pleistoceno medio-inferior).
Los materiales son muy homogéneos con productos ultrabásicos y básicos alcalinos distribuidos en bandas. Los basaltos ocupan una banda central en dirección nornoroeste-sursuroeste y la “nefelinitas y melititas” en áreas laterales marginales.
En Ballesteros de Calatrava existen: Un volcán de lava monogénico formado por mecanismos eruptivos muy efusivos y compuestos por coladas lávicas en “La Atalaya”. Volcanes mixtos simples formados por mecanismos eruptivos estrombolianos en el centro eruptivo de La Conejera.
Consta de conos piroclásticos de grandes dimensiones (con alturas de 70 a 130 metros) coronados por pequeños cráteres circulares o en herradura por los cuales se han emitido coladas de gran desarrollo longitudinal (La Conejera tiene unos 4 kilómetros). Se producen modificaciones en el perfil de los valles como ocurre en el Tapujar, cuyo cauce se rellenó y desvió por coladas lávicas procedentes del volcán de La Conejera.
La estructura volcánica que rodea a Ballesteros de Calatrava constituye un paisaje singular por sus colores y formas que parecen impregnadas de su evolución geológica y de su pasado histórico.
Proyecto Geoparque Volcanes de Calatrava
Impulsado por la Diputación Provincial de Ciudad Real y la Universidad de Castilla-La Mancha por medio de su grupo de investigación, Geovol, con este proyecto el territorio volcánico de la provincia de Ciudad Real se presenta candidato a Geoparque Mundial de la UNESCO en 2020.
Historia Prehistoria y Edad Antigua En su término municipal son frecuentes los vestigios arqueológicos que acreditan el poblamiento de sus tierras desde la Edad del Bronce. Varios son los yacimientos detectados y conocidos aunque nunca se haya procedido a las excavaciones metódicas que su interés reclama.
De la época romana se han encontrado numerosas monedas acuñadas en diferentes municipios hispanorromanos, muchas de ellas al extraer los cimientos de la ermita de San Bartolomé, situada en lo que llaman el Pedazo del Santo, a la espalda del actual cementerio. Entre las más legibles hay una que procede de Clunia (Coruña del Conde) y otra de Calagurris (Calahorra). Otras han sido halladas en el sitio llamado la Halconera y extramuros de la población, en el Paluzar. También hay restos en el Castillejo, cerro Lucero, Peña el Miradero y el Hituro.
Edad Media Ballesteros como toda la zona de Calatrava, pertenecía al Califato de Córdoba, pasando a depender en el de Toledo, cristianizándose en el con la Reconquista.
La Orden de Calatrava En esta comarca desarrolló su actividad la Orden de Calatrava durante siete siglos como consecuencia de las cesiones que Sancho III de Castilla realizó ante la imposibilidad de defenderlos del ataque de los almohades. Para llevar a cabo esta tarea, el abad Raimundo de Fitero y fray Diego Velásquez crearon en 1158 la orden religioso-militar de Calatrava.
En 1158 el abad Raimundo de Fitero, al frente de sus tropas de monjes cistercienses, acudió a la llamada de Sancho III de Castilla para defender el castillo de Calatrava la Nueva que era el punto más importante de la cuenca del río Guadiana. Los monjes toman posesión de la fortaleza árabe de Qal´at Rabah (castillo de las Ganancias).
El asentamiento de los calatravos transformó la antigua fortaleza musulmana en un castillo convento. Las extensas “tierras de nadie” propiedad de la Corona de Castilla llevaron a éstas a su donación a las órdenes militares en régimen de señorío. Las Órdenes garantizaban la defensa de los territorios y propiciaban su poblamiento.
La Orden de Calatrava se funda en 1158 para expulsar a los invasores del territorio y para propiciar su repoblación. En su primera etapa de funcionamiento terminará con la muerte del último maestre en 1487. Pasada una primera etapa reconquistadora que puede considerarse finalizada en el primer cuarto del , comienza la efectiva administración del territorio por la Orden con el establecimiento de su cabecera en el castillo de Calatrava la Nueva delante el mural defensivo de Sierra Morena, la creación de las encomiendas en este campo y de organismos administrativos propios de las órdenes militares.
Cada encomienda estuvo en su origen establecida sobre un castillo cuyo mantenimiento era su principal carga económica y la razón de ser de su fundación, pero paralelamente tenía que velar por la iglesia y su culto, ya que en su proximidad se iba formando la población.
La Orden se organizaba en su estructura con las cinco dignidades y veintisiete encomiendas. Las órdenes militares tienen importancia para la ordenación del territorio y el desarrollo de la economía, y desde las encomiendas, como centros administrativos, emanan las directrices para un desarrollo eficaz de la agricultura y la ganadería.
La encomienda está dirigida por un comendador, encomendero o encargado, cargo vitalicio designado por el maestre quien nombraba a un hombre experto en armas con determinado número de lanzas además de un alcalde y administrador de las rentas asignadas para el mantenimiento de la encomienda. Con el tiempo el castillo es sustituido por la casa-encomienda construida en el interior del pueblo y la ermita reemplazada por la iglesia.
Los comendadores deben administrar los bienes de la Orden en un determinado ámbito geográfico: la encomienda que dependía de una casa puesta bajo su autoridad, al mismo tiempo disfrutaba de sus rentas y como contrapartida tenían preparado un determinado número de lanzas en razón directa de las rentas de la encomienda. Al principio, los comendadores residían en su encomienda; y cuando la costumbre fue decayendo, se les obligó a vivir en la misma cuatro meses al año, imponiéndoseles sanciones, de no cumplirlo, a no ser, que por cierto período, estuviesen exentos a causa de alguna misión que les hubiera sido encomendada.
El Maestrazgo se incorpora a la Corona de Castilla a finales del comenzando a utilizarse por el estado sus bienes privativos, reflejando en el arrendamiento de las rentas el maestrazgo y la enajenación de patrimonios de encomiendas. Desde el la Orden comercializa el mercurio de las minas de Almadén atrayendo la atención de mercaderes dedicados al comercio del azogue. Este negocio y el de la lana atraerán la presencia del capital de la familia Fugger de Augsburgo.
El Maestrazgo de la Orden de Calatrava pasa a la Corona de Castilla en 1485. En 1532 Carlos I arrienda la explotación de las minas de Almadén y las correspondientes a las rentas de los maestrazgos pertenecientes a la Orden de Calatrava a los Fugger. Los Fugger construyeron un almacén en Almagro realizado por alarifes musulmanes para desarrollar las labores administrativas y de distribución en lo que hoy se denomina Palacio de los Fúcares.
A lo largo del van aumentando las contribuciones directas exigidas por la Orden, como el subsidio eclesiástico y la gracia del excusado, pero en la reforma fiscal de 1631, el conde-duque de Olivares cambió las lanzas de cada jerarquía y la encomienda debía mantenerse en pie de guerra por su equivalente metálico y asimismo se implantó la Annata en cada posesión. Los títulos de las encomiendas pasaron a concederse por la Corona como premio o compensación de misiones desempeñadas en su favor, aunque en los siglos y eran de carácter militar y en el se utilizan para sostener las casas de los infantes o para servir como pensiones o clases pasivas del estamento militar.
Los titulares de las encomiendas debían someterse a las formalidades de pertenecer a una Orden religiosa. La principal obligación de la encomienda era servir al rey con las lanzas encomendadas, residir en las casas de la encomienda al menos dos meses al año, albergar a los visitadores canónigos, llevar a cabo las reparaciones que mandasen los visitadores en el plazo de un año, llevar el libro de cuentas y no enajenar los bienes inmuebles sin permiso del cabildo. La encomienda tenía rentas que procedían de los diezmos que recaían sobre todo lo cosechado y producido por la ganadería, las primicias, dehesas, sernas, censos, rentas y juros.
A mediados del el Papa autoriza la enajenación de bienes del maestrazgo que se tradujo en el intento de desamortización del Valle de Alcudia. Algunas pequeñas encomiendas llamadas “pingües” pasaron a ser sostenedoras de las casas de los infantes. A mediados del se suprimirán las encomiendas.
Arquitectura de las casas de la encomienda Las casas de la encomienda cumplían una doble misión: servir de residencia al Comendador y ser centro de los servicios administrativos y económicos. Debían, pues, reunir en su estructura un cuádruple aspecto: palacio con sus implicaciones de carácter militar, sede administrativa y, al mismo tiempo, contar con almacenes para recoger el grano, vino y ganadería de la encomienda.
En el primer aspecto se requería dignidad en su arquitectura en la que la torre debía cumplir con el cometido de dar nobleza y prestancia al conjunto.