thumb|Niño posa junto a carro de juguete. Tarjeta de gabinete de Arturo Stinco, c. 1930. Producida en Buenos Aires, Argentina.
La tarjeta de gabinete (en inglés: cabinet card - ) fue un formato fotográfico que consistía en una copia de albúmina montada sobre un cartón rígido. Se desarrolló en la década de 1860 y fue utilizada ampliamente hasta la Primera Guerra Mundial. Sus impresiones de papel, de aproximadamente 14 × 10 cm, se montaban sobre cartones de 16,5 × 10,8 cm, generalmente más gruesos que los de las cartes de visite, con bordes a veces biselados y acabados en dorado o plateado.
Dependiendo de la orientación de la fotografía, los detalles del fotógrafo se incluían en la base o a un lado del cartón, mientras que en el reverso se agregaban diseños con filigranas que promocionaban, en mayor detalle, al fotógrafo o estudio que las había producido. Inicialmente, las monturas eran de color crema, pero desde la década de 1880 aparecieron también en negro, marrón oscuro, verde o burdeos. Su popularidad decayó de modo gradual con la aparición de la postal fotográfica.
Historia thumb|Fotografía de G.M. Gros & Bro. de una fiesta de bodas probablemente de finales de la década de 1870 o 1880. (Nótese el vestido de boda de color oscuro, común en los primeros y mediados del ).
La tarjeta de gabinete surgió a mediados de la década de 1860 como una evolución de la carte de visite, que había sido extremadamente popular debido a su formato pequeño y su facilidad de colección. Cada tarjeta de gabinete ofrecía un área de imagen aproximadamente cuatro veces mayor que la carte de visite. Estas dimensiones brindaban a los fotógrafos más posibilidades compositivas, incluyendo la representación de grupos o la incorporación de decorado y utilería elaborada, en contraste con los pocos tipos de poses disponibles en las cartes de visite, como retratos de busto o figuras completas junto a columna o mesa. Su tamaño permitía visibilidad a cierta distancia, cuando se exhibía en un gabinete, lo que probablemente dio origen a su denominación popular.
thumb|Fotografía de DF Bary de un joven con rizos, probablemente de alrededor de 1885. (Ejemplo de cabinet card típico de finales del ).
El formato fue propuesto por F. R. Window en Londres en 1866, y rápidamente adoptado en Estados Unidos gracias a la promoción de publicaciones como The Philadelphia Photographer. Los fabricantes se beneficiaron vendiendo lentes, marcos y álbumes específicos para tarjetas de gabinete. Este formato permitió que los retratos de celebridades, la refotografía de obras de gran tamaño y las composiciones teatrales se difundieran internacionalmente. El formato fue usado por fotógrafos de renombre como Nadar, Charles Reutlinger, Napoleon Sarony, W. & D. Downey, Elliott & Fry, Charles D. Fredricks, Mathew Brady y Julia Margaret Cameron. Sarony destacó por sus retratos teatrales y su uso creativo de fondo y objetos, transformando su estudio en escenarios que simulaban desiertos egipcios o el Ártico. Cuando el reconocido fotógrafo de la guerra civil estadounidense Mathew Brady comenzó a ofrecerlas hacia finales de 1865, las presentó con la marca registrada «Imperial Carte-de-Visite».
Las tarjetas de gabinete se produjeron mayoritariamente como fotografías de albúmina sobre negativos de colodión húmedo, montadas en cartulina que facilitaba su manejo y visibilidad, lo que terminó reduciendo —pero no acabando— la costumbre de almacenar las fotos en álbumes, práctica común con las cartes de visite. Hacia finales del y principios del , muchas se hicieron en plata sobre negativos de placa seca, manteniendo el tamaño y la montura característica.
El formato también tuvo aplicaciones fuera del retrato, como en Francia, donde Eugene Appert creó fotomontajes políticos durante la Guerra Franco-Prusiana, o para la publicidad de productos y servicios en Estados Unidos y Europa. Los fotógrafos de paisaje como W. H. Jackson, Carleton E. Watkins y Adolphe Braun adaptaron sus obras al formato de tarjeta de gabinete cuando las fotografías grandes eran demasiado costosas tras la crisis económica de 1873.
La producción industrial de placas secas y la estandarización de procesos, impulsadas por empresas como Cadett & Neall, permitieron un incremento masivo de la producción, con ventas que alcanzaban millones de placas a finales del . Esto aseguró la popularidad y la permanencia del formato hasta las primeras décadas del . Las tarjetas de gabinete se consolidaron como un medio para preservar recuerdos familiares, retratar a figuras públicas y difundir arte y fotografía de manera accesible y estandarizada a nivel internacional.
La evolución de la tarjeta de gabinete evidenció la convergencia entre arte, sociedad y tecnología en el . Charles Henry Caffin, crítico inglés radicado en Nueva York, defendió la «fotografía directa» y promovió su reconocimiento como arte autónomo a través de su labor en medios como Harper’s Weekly, Camera Notes y Camera Work. Paralelamente, los fotógrafos italianos Leonida Caldesi y Mattia Montecchi impulsaron la difusión del formato mediante la reproducción de obra de arte y retratos de la alta sociedad londinense, colaborando con instituciones como la National Gallery y la Royal Collection. Mientras Caffin legitimaba la fotografía como expresión artística, Caldesi consolidaba su función documental y coleccionable, transformando la tarjeta de gabinete en un vehículo de acceso visual y cultural para el público decimonónico.
Con el paso del tiempo, otros tipos de papel sustituyeron al proceso de albúmina. Aunque el formato se asemejaba a la carte de visite, debido a sus proporciones, la tarjeta de gabinete se utilizó inicialmente para vistas paisajísticas antes de adoptarse para retratos. Su popularidad disminuyó después de 1900 con la introducción de la cámara Brownie de Kodak.
Tarjeta de gabinete en España e Hispanoamérica thumb|Retrato de dos niños en formato de tarjeta de gabinete, por F. Bixio y Cia, Buenos Aires, Argentina, c. 1900 En España las tarjetas de gabinete fueron velozmente adoptadas tras su popularidad en Francia y el Reino Unido. Su éxito se explica por su función social: facilitaba el intercambio, la propaganda y la preservación de la memoria, siendo coleccionada en álbumes con dedicatorias en francés o español que expresaban afecto, amistad, lealtad, dinámicas de género y estatus social.
En Hispanoamérica la popularidad de este formato fue destacado, pero su producción fue significativamente más limitada que en Europa.
España En España, los talleres de Barcelona, Madrid y otras ciudades se habían adaptado rápidamente al furor que causó la carte de visite en Europa, e hicieron lo mismo cuando este formato fue desplazado por la tarjeta de gabinete. Entre los estudios más destacados se encontraban Fotografía Española, Moliné y Albareda, Ramon Roig, F. Martí, M. Sala, A. F. Napoleon, M. Hostenc, Rafael Areñas, A. Capmany, A. Rodamilans, Cantó y Compañía, L. Rovira, G. Larauza, Emilio Morera y el Establecimiento Fotográfico Franco-Hispano-Americano. También se realizaron cartes de visite y tarjetas de gabinete en Gerona y Sabadell, y en otras ciudades españolas como Madrid y Cartagena. Algunas provenían de talleres franceses (París y Bayona), italianos (Génova) o de Cuba (La Habana).
thumb|Tarjeta de gabinete en la que aparece retratado un soldado llamado Diego Rodriguez Sánches. Tomada en Aznalcóllar 12 de junio de 1923, de acuerdo con el mensaje en el respaldo.
Fotógrafos españoles de renombre como Juan Laurent, José Albiñana, Enrique Godínez, Alonso Martínez, Martínez Hebert o los hermanos Debas produjeron estas tarjetas, siguiendo las tendencias tipológicas y decorativas que se extendían desde Francia y el Reino Unido, con el retrato como elemento central, acompañado de vestuario, escenario y gestos cuidadosamente dispuestos para reflejar la posición social o profesional del fotografiado, en un contexto tanto artístico como comercial que enfatizaba la difusión de la imagen y la construcción de la memoria visual de las élites.
México En México, el formato de la tarjeta de gabinete llegó con la República Restaurada, consolidándose como evolución de la carte de visite tras su popularización durante el Segundo Imperio (1864-1867), cuando aumentaron las influencias europeas. Alcanzó rápida aceptación entre la burguesía y las élites durante el Porfiriato, funcionando como símbolo de estatus, medio de sociabilidad, propaganda y preservación familiar en álbumes que actuaban como «pequeños museos». Su producción se concentró en centros urbanos como Ciudad de México, Guadalajara, Puebla y Veracruz, con un apogeo entre 1870 y 1902, reflejando temáticas de honorabilidad, emulación europea y alineamiento político. Los álbumes incluían dedicatorias que enfatizaban afecto y respeto, con cambios estilísticos que pasaban de poses de cuerpo entero a planos más cercanos y realces coloreados a mano para mayor realismo. El formato documentó cortes imperiales, revolucionarios y élites cotidianas, conservándose en colecciones como la Fototeca Nacional del INAH.
Argentina En Argentina, las tarjetas de gabinete se consolidaron como un formato fotográfico de prestigio durante la primera mitad del , especialmente en Buenos Aires, donde fotógrafos como Florencio Bixio y José Caffaro desarrollaron estudios especializados en retratos de estudio, bodas y personalidades del ámbito social y artístico. Bixio, de origen italiano, operó entre 1900 y 1930 los estudios Bixio y Merlino y Bixio y Castiglioni, produciendo también tarjetas postales con retratos de gran calidad, que reflejaban modas, actitudes y dinámicas sociales de la élite argentina. Las tarjetas de gabinete sirvieron como registro personal e instrumento de proyección social. Documentaron desde la vida cotidiana hasta la presencia de artistas y figuras internacionales.
Chile Fotógrafos extranjeros, como William George Helsby y los hermanos Aquiles Courret y Eugenio Courret, fueron pioneros en ofrecer este tipo de retratos, los cuales inicialmente respondían a la demanda de la élite chilena y, con la reducción de costos de la técnica fotográfica, también de la burguesía. La tarjeta de gabinete, de 16 por 11,5 centímetros, se convirtió en un soporte de prestigio que permitía exhibir la identidad y estatus social de los retratados, utilizando fondos pintados, mobiliario y objetos que reforzaban la imagen deseada. Entre los representantes locales destacados se encuentra el establecimiento Mythos, inaugurado en Santiago de Chile en 1859 por Carlos Renard Lurquín y Federico Leiva, especializado en retratos de este formato. La popularización de la tarjeta de gabinete propició la consolidación de estudios permanentes, la experimentación técnica y la creación de álbumes familiares o de personajes chilenos, transformando sustancialmente el ejercicio de la fotografía en Chile desde 1870.
Venezuela Aunque no existen datos fiables sobre la llegada y evolución de la tarjeta de gabinete en este país, la Biblioteca Nacional de Venezuela incluye una amplia representación de estas, las cuales documentan la vida urbana, rural, los paisajes y personalidades relevantes de Venezuela y el resto de Hispanoamérica y el Caribe, reflejando las dinámicas sociales, afectivas y de estatus de la época. Fotografías de autores venezolanos como Salas y Martínez ejemplifican la producción del formato en el país.
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