La masacre del Circeo La masacre del Circeo, ocurrida en San Felice Circeo, en la provincia de Latina, en Italia, en los días 29 y 30 de septiembre de 1975, fue uno de los casos más graves de secuestro, violación y asesinato de la crónica negra italiana. Los responsables del crimen fueron Angelo Izzo, Gianni Guido y Andrea Ghira, que convencieron a Rosaria Lopez (Roma, 1956-1975) y a Donatella Colasanti (Roma, 1958-2005) para que los acompañaran a la villa de Andrea Ghira para una fiesta. Sin embargo, una vez ahí, fueron torturadas y violadas. Rosaria Lopez falleció, mientras que Donatella Colasanti logró sobrevivir.

Historia Los tres jóvenes provenían de familias acomodadas de Roma, lo cual llevó a las chicas a confiar en ellos, creyendo que eran personas fiables. En aquella época los chicos eran muy jóvenes: Giovanni Guido tenía diecinueve años y estudiaba Arquitectura; Angelo Izzo tenía veinte y estudiaba Medicina; y, finalmente, Andrea Ghira tenía veintidós años y era hijo de Aldo Ghira, un reconocido empresario de la construcción y campeón olímpico de waterpolo. Los tres eran seguidores de movimientos neofascistas y algunos de ellos tenían antecedentes penales. En particular, Izzo y Ghira, dos años antes de la masacre, habían cometido un atraco a mano armada, del cual Ghira fue declarado culpable y cumplió veinte meses en la cárcel de Rebibbia, mientras que Izzo fue absuelto por insuficiencia de pruebas. Sin embargo, este último, junto con dos amigos, violó a dos chicas y fue condenado a dos años y medio de prisión, que nunca cumplió gracias a la suspensión condicional.

El delito En aquella época, Donatella Colasanti tenía 17 años y aún era estudiante, mientras que su amiga Rosaria Lopez tenía 19 y trabajaba como camarera. Las dos chicas conocieron a Izzo y Guido a través de un amigo en común que una tarde las invitó al bar de la torre Fungo del Eur. En aquella ocasión, los chicos le dieron inmediatamente una buena impresión, mostrándose educados y amables con ambas jóvenes. Tras ganarse su confianza, los chicos propusieron a las dos y a otra amiga que se unieran a una fiesta en la villa de Ghira en Lavinio, a quien aún no conocían, una fracción del municipio de Anzio. Sin embargo, solo Donatella y Rosaria aceptaron. Por ende, los cuatro llegaron a Villa Moresca el 29 de septiembre a las 18:20, situada en el municipio de San Felice Circeo. Los chicos dijeron que se quedarían allí esperando a un amigo y que, una vez llegara, irían juntos a Lavinio. Para pasar el tiempo se pusieron a escuchar música y a charlar, pero de repente los dos empezaron a hacer peticiones de carácter sexual, que las jóvenes rechazaron. Este rechazo provocó en ellos una furia repentina: las amenazaron con una pistola y luego, cuando se unió Ghira, pasaron la noche insultándolas y, después de drogarlas, violándolas y torturándolas repetidamente. Rosaria fue llevada al baño del piso superior, donde fue golpeada y luego ahogada en la bañera, causándole la muerte. Posteriormente, los chicos intentaron matar también a Donatella estrangulándola con un cinturón y golpeándola brutalmente. Para Donatella la única opción era fingir que estaba muerta y lo hizo. Creyéndola fallecida, la encerraron en el maletero de un Fiat 127 junto con el cadáver de Rosaria, con el objetivo de deshacerse de ambas. Donatella relata que durante el trayecto los chicos estaban divertidos, escuchaban música, reían y se burlaban de ellas. Antes de deshacerse de ellas, decidieron aparcar cerca de la casa de Guido y dirigirse a un restaurante para cenar. Cuando ya estaban lejos, Donatella comenzó a gritar y golpear el maletero del coche para pedir ayuda. Poco antes de las 23:00, un vigilante nocturno escuchó ruidos provenientes del vehículo y alertó a los carabineros. Donatella había logrado sobrevivir, pero en estado muy grave: fue inmediatamente trasladada al hospital, donde se le diagnosticó una fractura nasal, múltiples heridas graves, daños psicológicos significativos causados por las torturas y un pronóstico total de más de treinta días. Posteriormente, se procedió al arresto de Izzo y Guido, mientras que Ghira, alertado, logró huir. La mañana siguiente, los carabineros acudieron a la villa de este último y encontraron a su madre y a su hermano. Se supuso que Ghira les había encargado deshacerse de posibles pruebas. En los meses siguientes, Ghira envió una carta a sus amigos en la que los tranquilizaba diciendo que pronto serían liberados por “buena conducta” y que mataría a Donatella si testificaba en su contra. Esta carta fue interceptada por los investigadores.

La declaración de Donatella Colasanti “Todo empezó hace una semana, con el encuentro con un chico a la salida del cine que decía llamarse Carlo, el intercambio de números de teléfono y la promesa de vernos al día siguiente con otros amigos. Con Carlo vienen Angelo y Gianni, charlamos un poco, luego decidimos hacer algo al día siguiente; yo digo que no podría, así que se fija para el lunes. La cita es a las cuatro de la tarde. Solo llegan Angelo y Gianni; Carlo, dicen, tenía una fiesta en su villa de Lavinio, que si queríamos ir a verlo… pero a Lavinio nunca llegamos. Los dos se detienen en un bar para llamar a Carlo, según dicen; cuando Gianni vuelve al coche, dice que el amigo agradecería nuestra visita y que fuéramos a la villa, que él estaba en la playa. La villa estaba en el Circeo y ese Carlo nunca llegó. Los dos se revelan enseguida por lo que eran y nos piden hacer el amor; rechazamos, insisten y nos prometen un millón de liras cada una, rechazamos de nuevo. En ese momento Gianni saca una pistola y dice: “Somos de la banda de los Marselleses, así que más vale que obedezcáis, cuando llegue Jacques Berenguer no tendréis escapatoria, él es duro, es el que secuestró al joyero Bulgari”. Entendemos que era una trampa y nos pusimos a llorar. Los dos nos encierran en el baño, esperaban a Jacques. La mañana siguiente Angelo abre la puerta del baño y se da cuenta de que el lavabo está roto, se enfurece como un loco y nos mata a golpes, y nos separan: yo a un baño, Rosaria a otro. Empieza el infierno. Por la tarde llega Jacques. Jacques en realidad era Andrea Ghira, dice que nos llevaría a Roma pero luego nos duermen. Nos ponen tres inyecciones a cada una, pero yo y Rosaria estamos más despiertas que antes y entonces pasan a otros métodos. Se llevan a Rosaria a otra habitación para cloroformarla, dicen; la oigo llorar y gritar, luego silencio repentino. Deben haberla matado en ese momento. A mí me golpean en la cabeza con la culata de la pistola, estoy medio aturdida, y entonces me atan un cordón al cuello y me arrastran por toda la casa intentando estrangularme; me desmayo un rato, y cuando me despierto siento a uno que me aprieta el pecho con un pie y oigo que dice: “Esta no quiere morirse”, y sigue golpeándome en la cabeza con una barra de hierro. Entendí que tenía una sola salida: fingir que estaba muerta, y lo hice. Me metieron en el maletero del coche, Rosaria aún no estaba, pero cuando la llevaron oí cerrar el maletero y a uno decir: “Mira qué bien duermen estas dos”.

Proceso penal Los carabineros llevaron a cabo la investigación, dirigida por el mariscal Gesualdo Simonetti. El mariscal logró reconstruir los hechos del crimen gracias también a la valiosa declaración de Donatella. Ella fue representada por la abogada Tina Lagostena Bassi y se constituyó en parte civil. El proceso tuvo un impacto mediático significativo y numerosas organizaciones feministas también se constituyeron en parte civil. El juicio de primera instancia tuvo lugar en Latina y la sentencia se emitió el 29 de julio de 1976, condenando a los tres jóvenes a cadena perpetua sin atenuantes. Posteriormente, Ghira logró huir a España, ocultando su identidad bajo un nombre falso: Massimo Testa de Andrés. Con este nombre se alistó en la Legión Extranjera española, denominada el Tercio, pero en 1994 fue expulsado por consumo de drogas. A continuación, se trasladó a Melilla, donde ese mismo año murió de una sobredosis. Solo en 2005 se descubrió que Massimo Testa de Andrés era realmente Andrea Ghira, gracias a la exhumación del cuerpo y al análisis de ADN. Donatella y los familiares se mostraron escépticos respecto al resultado de la pericia, declarando que los huesos examinados no pertenecían a Ghira, sino a un pariente suyo. En un principio, esta teoría fue reforzada por una fotografía tomada por los carabineros de Roma en la que aparecía un hombre físicamente muy parecido a Ghira, pero fue refutada por una nueva pericia realizada en 2016 que confirmó que se trataba de él. En apelación la sentencia fue parcialmente modificada: el 28 de octubre de 1980 la cadena perpetua para Izzo y Ghira se mantuvo, mientras que la pena de Guido fue reducida a treinta años tras confesar su arrepentimiento y haber indemnizado a la familia de Rosaria. Sin embargo, el 25 de enero de 1981 Guido logró escapar de la prisión de San Gimignano y se dirigió a Buenos Aires, donde, tras dos años, fue reconocido y arrestado. Italia pidió la extradición, pero mientras esperaba respuesta, volvió a escapar el 17 de abril de 1985 y esta vez se refugió en el Líbano. Finalmente fue arrestado en Panamá en 1994, expulsado el 31 de mayo de 1994 y extraditado a Italia. Mientras tanto, el 25 de agosto de 1993, Izzo, gracias a un permiso especial, salió de prisión y aprovechó para huir de Alessandria y dirigirse a Francia, donde un mes después fue capturado y extraditado de nuevo a Italia.

Acontecimientos posteriores Durante toda su vida, Donatella Colasanti se dedicó a contar su historia mediante numerosas entrevistas. Los jueces del tribunal de vigilancia de Palermo, en noviembre de 2004, concedieron a Izzo la semilibertad, de la cual empezó a beneficiarse el 27 de diciembre. Sin embargo, el 28 de abril de 2005, junto con un cómplice, secuestró y asesinó a una mujer de 49 años, Maria Carmela Linciano, y a su hija de solo 14 años, Valentina Maiorano. Las víctimas eran la esposa y la hija de un arrepentido de la Sacra Corona Unita, Giovanni Maiorano, quien había conocido a Izzo en la cárcel de Campobasso. Giovanni Maiorano fue arrestado y condenado a cadena perpetua por haber decapitado a un joven de 17 años debido a deudas de drogas en 1990. El homicidio presentó una crueldad inaudita: ambas mujeres fueron atadas, asfixiadas y finalmente enterradas en el patio de una villa en Mirabello Sannitico. A raíz del hecho, Izzo fue condenado nuevamente a cadena perpetua por doble homicidio premeditado, sentencia que fue confirmada también en apelación. Este acontecimiento desató fuertes polémicas en Italia, y en particular Donatella Colasanti declaró que también quienes habían dejado libre a Izzo debían pagar por la muerte de las dos mujeres. El 30 de diciembre de 2005, Donatella Colasanti murió a los 47 años en Roma debido a un cáncer de mama, sin poder asistir al nuevo juicio contra Izzo. Tras cumplir 14 años de prisión, el 11 de abril de 2008, Guido fue puesto bajo la supervisión de los servicios sociales y luego liberado el 25 de agosto de 2009 gracias a una reducción de pena derivada de un indulto. La hermana de Rosaria, Letizia, consideró indignante su liberación anticipada, debido a la continua fuga de Guido, a su falta de arrepentimiento y a la ausencia de rigor por parte de las fuerzas del orden y del sistema penitenciario.

En la cultura de masas

Cine

I ragazzi della Roma violenta, dirigida por Renato Savino (1976) Roma, l'altra faccia della violenza, dirigida por Marino Girolami (1976) Come cani arrabbiati, dirigida por Mario Imperioli (1976) I violenti di Roma bene, dirigida por Sergio Grieco y Massimo Felisatti (1976) La bravata, dirigida por Roberto Bianchi Montero (1977) La scuola cattolica, dirigida por Stefano Mordini (2021)

Televisión

La donna che ritorna, dirigida por Gianni Lepre - miniserie TV, 4 episodi (2011) Circeo, dirigida por Andrea Molaioli - miniserie TV, 6 episodios (2022)

Notas