La atracción sexual hacia las discapacidades se refiere a un interés sexualizado en la apariencia, sensación o experiencia de discapacidad. Puede extenderse desde la sexualidad humana normal hasta un tipo de fetichismo sexual. Sexológicamente, el extremo patológico de la atracción tiende a clasificarse como una parafilia. Otros investigadores la han abordado como una forma de trastorno de la identidad. Los intereses sexuales más comunes son hacia amputaciones, prótesis y muletas. Como fetiche sexual, la atracción por la discapacidad se conoce como devotismo, y quienes lo padecen se conocen como devotos.
Historia Hasta la década de 1990, solía describirse principalmente bajo el nombre de acrotomofilia (atracción sexual por las amputaciones), a expensas de otras discapacidades o del deseo de algunos de fingir o adquirir una discapacidad. Bruno (1997) sistematizó la atracción por la discapacidad como trastorno facticio de discapacidad. Una década después, otros autores argumentan que un error en la localización del objetivo erótico está en juego, clasificándola como un trastorno de identidad. En el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV-tr), la obra de referencia psiquiátrica estándar, el fetiche se clasifica en la categoría general de «Trastornos de la identidad sexual y de género» y en la categoría más específica de parafilia, o fetiches sexuales, clasificación que se mantiene en el DSM-5.
Como subcultura fetichista Bruno (1997) describió tres tipos de personas afectadas por versiones de la parafilia: (a) devotos (), personas sin discapacidad que se sienten atraídas sexualmente por personas con discapacidad, generalmente aquellas con problemas de movilidad y, especialmente, amputados. (b) Los simuladores o impostores (), personas sin discapacidad que actúan como si tuvieran una discapacidad mediante el uso de dispositivos de asistencia (p ej., aparatos ortopédicos, muletas o sillas de ruedas) en privado y, a veces, en público, para «sentirse» discapacitados o ser percibidos como tales por otros. Y (c) los aspirantes (), personas que realmente desean convertirse en discapacitados, llegando a veces a extremos insospechados para que se les ampute una extremidad (p. je., en la apotemnofilia). De esta manera, de acuerdo con Bruno, tanto los deseos de fingir ser discapacitado como los de adquirir una discapacidad son extensiones de este trastorno patológico. Un estudio encontró que aproximadamente la mitad de los «devotos» fingen ser discapacitados ocasionalmente (43% de la muestra de 50 participantes de Nattress ). Por su parte, los «aspirantes» declarados parecen representar no más del 5% de la población de aspirantes-devotos, aunque Nattress (1996) descubrió que el 22% de su muestra de 50 personas deseaba ser discapacitado. En consecuencia, Bruno (1997) considera a las personas afectadas por versiones de la parafilia bajo el amplio título de Devotos, Pretendientes y Aspirantes (DPW por sus siglas en inglés), como se utiliza aquí.
Más de la mitad de DPWs reportan haber sentido esta atracción patológica desde la infancia, algo típico en las parafilias. Una encuesta de personas DPW encontró que el 75 % de su muestra de 195 personas eran conscientes de la atracción ya a la edad de quince años.Ampix [exeunt]. The Amelotatist: A Statistical Profile, Lawndale, California, 1979 Es estereotípico en la etiología parafílica que quienes se sienten atraídos hacia la discapacidad a menudo atesoren recuerdos tempranos de una tragedia sexoerótica (un «primer vistazo») que involucra al objeto de su futura atención sexual, a menudo un miembro mayor del sexo opuesto. Aproximadamente una cuarta parte afirma haber descubierto la parafilia en la pubertad y unas pocas en la madurez.
Lo anterior ha dado pie a que la atracción sexual por la discapacidad se represente como el continuo que Bruno (1997) denominó trastorno facticio de discapacidad. En su extremo menos intenso, la «devoción», se encuentra una fascinación sexualizada por los aspectos existenciales de la discapacidad y su apariencia. En su punto medio, la simulación o impostación, se encuentra un fuerte deseo de reproducir las sensaciones de discapacidad. Finalmente, en su extremo más intenso, la aspiración, se encuentra un imperativo de adquirir una discapacidad que puede incitar la autolesión.
Según los fetichistas DPW, su atracción no parece representar peligro para sus parejas ni para terceros. Sin embargo, cabe destacar que el DSM-IV incluye esta parafilia dentro de los criterios diagnósticos de patología psiquiátrica. Los fetichistas objetan a que su preferencia se considere una patología aberrante. No obstante, miembros de la comunidad de personas con discapacidad también han planteado objeciones, argumentando que estos fetiches las cosifican y deshumanizan. Con todo, algunas personas con discapacidad participan voluntariamente en la subcultura fetichista DPW, por ejemplo, contribuyendo como modelos para fotos (p. ej., Debbie van der Putten).
En las relaciones Una encuesta de personas DPW encontró que el 55% de una muestra de 195 DPWs había salido con personas con discapacidad, un 40% había tenido relaciones sexuales con parejas con discapacidad y un 5% tenía cónyuges con discapacidad. Nattress (1993) descubrió que el 41% de una muestra de 50 DPWs tenía o mantenía relaciones con parejas con discapacidad.Nattress, L. Jr., "The Female Amputee as an Object of Interest and Sexual Attraction," in Pfeiffer, David, Stephen C. Hey, Gary Kiger—Eds., The Disability Perspective: Variations on a Theme, Salem, Oregon, USA, The Society for Disability Studies and Willamette University, 1993
Las relaciones entre DPWs y personas con discapacidad solían reportarse como normales, la atracción viéndose colmada por la discapacidad de la pareja. Parece que la atracción sexual por la discapacidad no es revelada en una proporción de relaciones entre DPWs y personas con discapacidad. Los DPWs pueden presionar a sus parejas con discapacidad para que pongan en primer plano sus discapacidades en situaciones íntimas o para que las exhiban en situaciones sociales. En el ámbito sexual, se ha reportado que algunos DPWs practican la exploración táctil activa tanto como el sexo.
Los hallazgos de Nattress (1996) y Dixon (1983) confirman que a los DPWs les resulta difícil satisfacer tanto sus necesidades sexuales como emocionales. Reportan que, a pesar de un éxito razonable en obtener contacto sexual con personas discapacitadas, solo el 21 % de los DPWs había tenido relaciones a largo plazo con parejas discapacitadas.
Aproximadamente la mitad de los DPWs no logran establecer relaciones con personas con discapacidad. Para ellos, la «segunda mejor opción» son las relaciones con simuladores y aspirantes. Prácticamente todos los DPWs tienen experiencia en relaciones con parejas sin discapacidad. Estas relaciones también se reportan como normales a pesar de la atracción (en su mayoría secreta) hacia la discapacidad por parte de uno de los miembros de la pareja.
Si bien no es de conocimiento común en comunidades mayoritarias, el internet ha revolucionado el proceso mediante el cual los DPWs pueden conocerse mutuamente en su búsqueda de relaciones significativas. Sin embargo, algunas de estas personas han expresado cierta preocupación al respecto de sus primeros encuentros cara a cara. Si bien la mayoría de estos encuentros son completamente seguros, existen pautas importantes para brindar seguridad a cualquiera de las partes que pueda sentirse vulnerable.
Explicaciones La psicología considera el sadismo y el masoquismo como intercambiables, y el voyerismo y el exhibicionismo como sus respectivos aspectos. El comportamiento de los «devotos», basado en la observación, y su preferencia por parejas que buscan exhibir parecen respaldar las explicaciones 2 a 4. La pornografía de devotos tiende a mostrar la apariencia de discapacidad en una variedad de actividades, en lugar de centrarse en situaciones sexuales.
Investigaciones neurocientíficas recientes sugieren que la apotemnofilia (deseo irresistible por amputarse uno o más extremidades sanas del cuerpo) tiene una base neurológica.
Sexológicas La sexología contemporánea no considera problemática la atracción a menos que ejercerla infrinja los derechos de una de las partes o de terceros. Las explicaciones incluyen:
Impronta o el efecto de eventos influyentes en el comportamiento. El contacto con personas visiblemente discapacitadas en la infancia despierta fuertes emociones que pueden dar lugar a un razonamiento casi lógico y a un deseo hacia personas con el tipo de trauma observado. El cuidado y la atención recibidas durante las hospitalizaciones puede despertar un deseo de desarrollar una discapacidad (como forma de asegurar una atención continua), que posteriormente se proyecta en otros. A Freud se le atribuye el descubrimiento del condicionamiento («impronta» en sexología) en el contexto del fetichismo. Aprobación parental implícita: si, al conocer a una persona con discapacidad, los padres de un futuro DPW expresan admiración, el niño puede concluir que la discapacidad inspira consideración, clasificándola posteriormente entre sus preferencias sexuales. Esta es una de las explicaciones mencionadas por el sexólogo John Money en su lbiro Lovemaps. Escape de la presión: una crianza estricta o un entorno de pares exigente puede llevar al futuro devoto a buscar alivio en la enfermedad y la discapacidad. Con el tiempo, el deseo de convertirse en discapacitado se «proyecta» en otros. La analogía con el síndrome de Munchausen (simular o inducir la enfermedad como vía para obtener compasión y beneficios) es bastante clara en los aspirantes. En ellos, la proyección ha fallado, lo que les ha llevado a verse a sí mismos como más atractivos si tuvieran una discapacidad. El hecho de que la mayoría de DPWs sientan atracción desde la infancia también respalda las explicaciones anteriores. También se sugiere que hay más DPWs en América, Europa y el Lejano Oriente debido a modelos específicos de logro impulsados por padres o pares. Esta es otra explicación mencionada en Lovemaps. Complejo de inferioridad que provoca proyección: es posible que a los DPWs se les haya hecho sentir inferiores en la infancia y que proyecten sus ambiciones en personas con discapacidad, quienes forzosamente tienen que superar muchas barreras. «Darwinismo»: los DPW consideran que las personas discapacitadas se han demostrado valiosas ante la selección natural, habiendo engañado a la muerte y superado la adversidad. Lo desconocido: los niños experimentan fascinación y miedo a lo desconocido al encontrarse con una persona con discapacidad. En la adolescencia, pueden experimentar emociones similares al acercarse por primera vez al sexo opuesto. Esta fascinación por lo ajeno puede asociarse con la excitación con el tiempo a través del condicionamiento clásico . Con el tiempo, la excitación será desencadenada por la emoción. «El falo ausente»: Al verse expuestos al cuerpo femenino desnudo, algunos hombres se fascinan por la «ausencia del pene», y por la presencia de un órgano sexual alternativo (de hecho, uno que recuerda a una herida) en su lugar. Este sentimiento de sorpresa puede convertirse en parte de la atracción sexual. La visión de una extremidad ausente puede evocar una sensación similar. Similar al punto 6 anterior, esta explicación fue propuesta por Anne Hooper en 1978. Búsqueda de atención y envidia : Dado que las personas con discapacidad tienden a atraer más atención de lo habitual, los niños que las observan pueden concluir que es necesario tener una discapacidad para disfrutar de la atención. En la pubertad, la discapacidad se incluiría entre sus criterios de atracción.