Jesús Nazareno de la Caída de San Bartolomé Becerra es una escultura virreinal de estilo barroco, ubicada en el templo de la aldea San Bartolomé Becerra (Antigua Guatemala).

No es una imagen de vestir, sino que posee cuerpo completo, su espalda muestra el tormento de la flagelación, lo cual implica un tallado y encarnado completo del cuerpo. El rostro doliente de esta imagen es de fina talladura, boca entreabierta y notoria palidez.

La imagen de Jesús Nazareno de la Caída de San Bartolomé Becerra tiene la particularidad de ser un Nazareno agobiado por el peso de la cruz, la cual es una talla de cuerpo y encarnado completo, y que posee características que corresponden a la época del barroco.

Descripción de la imagen La imagen de Jesús Nazareno de la Caída, venerada en el templo de San Bartolomé Becerra, representa a Cristo en el momento de su caída durante el camino al Calvario. Si se encontrara en posición vertical, alcanzaría aproximadamente 1.60 metros de altura. La escultura muestra a Jesús apoyando la rodilla y la mano derecha sobre el suelo, mientras la pierna contraria permanece flexionada, sugiriendo el esfuerzo por reincorporarse. Esta disposición corporal refuerza el dinamismo y dramatismo característicos de la imaginería barroca.

Se trata de una talla de cuerpo completo y no de una imagen de vestir, lo que implicó un trabajo integral tanto en la escultura como en el encarnado. En la espalda se aprecian marcas que evocan la flagelación, evidencia de un cuidadoso modelado anatómico. El rostro, de expresión profundamente doliente, presenta una ejecución minuciosa: la boca entreabierta, el gesto fatigado y la tonalidad pálida del encarnado contribuyen a transmitir el sufrimiento físico y espiritual del pasaje representado.

Desde el punto de vista artístico, la imagen combina dramatismo y serenidad. La postura, la inclinación del cuerpo y la forma en que sostiene la cruz sugieren resignación ante el destino, pero también determinación. Estos rasgos han convertido a la escultura en uno de los ejemplos más representativos del arte sacro colonial vinculado a la devoción nazarena en Guatemala.

Origen y antecedentes históricos La escultura tuvo su origen en la antigua ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, donde fue creada para el templo del Colegio de San Jerónimo. En ese contexto fue conocida como el Divino Nazareno de San Jerónimo. No existen documentos que permitan establecer con exactitud la fecha de su primera procesión, aunque diversas referencias históricas apuntan a que el culto público pudo haberse iniciado hacia finales del siglo XVII.

Durante el período colonial, la imagen cumplió una función penitencial destacada, ya que los fieles acudían a orar ante ella como parte de las prácticas relacionadas con el sacramento de la Reconciliación. Su presencia dentro del templo estaba estrechamente vinculada a la reflexión personal y al recogimiento espiritual.

Los terremotos de Santa Marta, ocurridos en 1773, provocaron la destrucción de Santiago de los Caballeros y obligaron al traslado de numerosas imágenes religiosas al Valle de la Ermita. En ese proceso, iniciado formalmente en 1776, algunas esculturas fueron reubicadas, mientras que otras quedaron en abandono o sufrieron daños considerables.

Autoría de la escultura Investigaciones recientes realizadas por el arqueólogo e historiador del arte Mario Alfredo Ubico Calderón han permitido esclarecer aspectos fundamentales sobre el origen y autoría de la imagen. A través de estudios documentales y análisis comparativos, Ubico determinó que la escultura corresponde al artista colonial guatemalteco Agustín de España, activo durante el siglo XVIII y fallecido en 1748.

Según estos estudios, la imagen fue originalmente concebida como un Cristo parcialmente desatado de la columna y formó parte de los conjuntos escultóricos vinculados a Jesús Nazareno de la Merced en la antigua capital. El investigador estableció esta atribución mediante comparaciones estilísticas con otras obras confirmadas del mismo autor, como el Redentor Cautivo y diversas esculturas conservadas en la iglesia de La Merced de Antigua Guatemala.

Estas conclusiones han permitido corregir atribuciones anteriores que situaban la obra en fechas más tempranas y la vinculaban a otros escultores. El análisis estilístico y documental confirma que la imagen pertenece plenamente al siglo XVIII, coherente con las características formales y técnicas que presenta.

Desarrollo del culto y la procesión Las referencias documentales más precisas sobre la procesión de Jesús Nazareno de la Caída corresponden a inicios del siglo XX. Un artículo periodístico publicado en 1959 recoge el testimonio de que, en marzo de 1902, la imagen fue llevada en procesión por primera vez desde una finca privada hacia su ermita, con la participación de trabajadores agrícolas de la zona y comunidades vecinas.

Para la década de 1920, el cortejo procesional ya contaba con un recorrido definido y con el acompañamiento de música, aunque aún no se utilizaba la indumentaria penitencial característica de los cucuruchos. Con el paso del tiempo, el trayecto fue ampliándose hasta incluir diversas calles de la Antigua Guatemala, llegando incluso a templos emblemáticos como la Catedral y la iglesia de La Merced, donde la imagen permanecía durante varios días debido a la limitada cantidad de cargadores para su retorno.

Durante las primeras décadas del siglo XX, los turnos de cargadores no utilizaban elementos gráficos; no fue sino hasta 1937 cuando se incorporaron grabados y fotografías alusivas a la imagen. En 1987, la escultura fue solemnemente consagrada en un acto litúrgico realizado antes del inicio de su procesión cuaresmal.

Las andas procesionales también evolucionaron con el tiempo. A lo largo del siglo XX se realizaron ampliaciones progresivas que permitieron aumentar el número de cargadores, reflejo del crecimiento constante de la devoción popular hacia esta advocación.

Procesión actual La procesión de Jesús Nazareno de la Caída se realiza cada Quinto Domingo de Cuaresma, conocido litúrgicamente como Domingo de Lázaro. Este cortejo es considerado uno de los más multitudinarios de la Antigua Guatemala, tanto por la cantidad de participantes como por la afluencia de visitantes nacionales y extranjeros interesados en las expresiones de religiosidad popular.

Devotos provenientes de distintos municipios de Sacatepéquez, de la ciudad capital y de otros departamentos del país, así como fieles del extranjero, integran las extensas filas que acompañan la procesión, consolidándola como una de las manifestaciones religiosas más emblemáticas del período cuaresmal guatemalteco.

Referencias

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