La Hermandad Nacional de Antiguos Combatientes de Tercios de Requetés fue una asociación creada en Madrid en 1962 por excombatientes del Requeté en la guerra civil española. Tenía por objetivo mantener la unión en defensa de los ideales que llevaron al Alzamiento Nacional.

Historia

Desde finales de la década de 1950 había comenzado a consolidarse un progresivo acercamiento entre la Comunión Tradicionalista abanderada por Javier de Borbón Parma y el régimen franquista. Dicho acercamiento mutuo se concretó en la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento Nacional de 1958, que recogía buena parte del ideario carlista.

En este contexto, el 26 de febrero de 1962 se celebró en Madrid una asamblea general a la que acudieron jefes y oficiales de tercios de requetés, de la que surgió la primera organización nacional de excombatientes requetés. La Hermandad obtuvo reconocimiento legal mediante decreto de 3 de abril de 1962 y quedó inscrita en la Delegación Nacional de Asociaciones del Movimiento:

La asociación quedó inicialmente presidida por el antiguo delegado nacional de requetés y procurador en Cortes José Luis Zamanillo, quien también ejercía como jefe regional de Castilla la Vieja y secretario nacional de la Comunión Tradicionalista. No obstante, las discrepancias surgidas con la estrategia política impuesta entonces por los secretarios del príncipe Carlos Hugo, le llevaron a presentar, en julio de ese mismo año, su dimisión de todos sus cargos en la Comunión, permaneciendo únicamente al frente de la Hermandad Nacional de Antiguos Combatientes en Tercios de Requetés.

Al constituirse, los excombatientes requetés señalaban la oportunidad del momento y la necesidad de mantener el espíritu de los «mejores», de los que habían muerto en la «Cruzada». La Hermandad se caracterizaba por su reserva de las esencias, puesto que recogía el testimonio y el ejemplo de aquellos que habían salido bajo las banderas de los Tercios de Requetés en 1936, llevando los supervivientes el espíritu que los impulsó a la lucha. Como señalaban sus estatutos:

Los excombatientes requetés representaban el último eslabón de la cadena de combatividad carlista, de lucha por el ideal:

Esto les dio un carácter básicamente conmemorativo y nostálgico en un momento en que la principal motivación que les había impulsado a la guerra, el elemento religioso, comenzaba a verse postergado. Este espíritu conmemorativo fue el que se recogió en las palabras que José Luis Zamanillo pronunció en la audiencia que Franco ofreció a la Junta Directiva de la Hermandad:

De acuerdo con el historiador Francisco Javier Caspistegui, el potencial humano de esta Hermandad era muy considerable, dado el gran número de veteranos que habían luchado en el Requeté, así como las personas del entorno de cada uno de ellos, en mayor o menor medida influidos por éstos. Este hecho convirtió a las organizaciones que trataron de captar a los antiguos requetés en objetivo codiciado por diversos grupos ideológicos, lo que dará lugar a una lucha enconada y al paulatino abandono de todos ellos por parte de quienes protagonizaron el hecho conmemorado.

En 1963 Zamanillo fue sustituido como presidente por el teniente general Julio Pérez Salas. Posteriormente desempeñó la presidencia de la Hermandad Carlos Ponce de León (general de brigada de la Guardia Civil), hasta mayo de 1965, en que fue sucedido por Ignacio Romero Osborne, marqués de Marchelina.

thumb|350px|izq|Excombatientes vallisoletanos en un acto por los años de paz. En primera línea, la bandera de la Hermandad Nacional de Antiguos Combatientes de Tercios de Requetés (1964). El 3 de agosto de 1965 el marqués de Marchelina dirigió un telegrama al general Franco, en el que manifestaba que los requetés no aceptarían a Juan Carlos de Borbón como futuro rey.

En 1966 apareció una nueva organización, la Hermandad de Cristo Rey de Requetés Excombatientes, compuesta por tradicionalistas partidarios de la sucesión de Juan de Borbón. Uno de sus dirigentes afirmó entonces que los excombatientes de tercios de Requetés estaban integrados en ella. Esta afirmación fue furibundamente respondida por los carlistas javieristas, señalando que dicha Hermandad era muy reducida, limitada a Madrid e históricamente insostenible, dado que no había habido unidades juanistas durante la guerra.

En una carta enviada a Franco el 18 de julio de 1968, el presidente de la Hermandad Nacional de Antiguos Combatientes de Tercios Requetés, el marqués de Marchelina, manifestaba:

Reorganización de la Hermandad

Tras la celebración de los actos de Montejurra de 1971, en los que el neocarlismo liderado por Carlos Hugo de Borbón Parma, ahora en la oposición, realizó declaraciones contrarias al régimen, la Delegación Nacional de Acción Política y Participación se dirigió el 5 de mayo, mediante un oficio, a la Junta de la Hermandad, exigiendo la destitución inmediata de un total de 25 miembros, todos ellos cargos del recién establecido Partido Carlista, entre los cuales se incluía el propio presidente de la Hermandad.

El día siguiente, la Hermandad celebró en los salones del Hotel Luz Palacio de Madrid una reunión extraordinaria de la Junta Nacional. En ella, su presidente, el marqués de Marchelina, dio cuenta del oficio por el que se pretendía su cese y el de otros miembros de dicha Junta. Tras la intervención de los diferentes vocales, prevaleció la opinión expresada por Feliciano Barrera, que intervenía también en nombre de Miguel Fagoaga, de que Marchelina debía dimitir para salvar la Hermandad. El presidente se negó a ello, aduciendo que sólo «el rey» (Don Javier) o una asamblea general que representase al «pueblo carlista» podían destituirle.

Dos días más tarde, el 8 de mayo de 1971, tras un registro, las fuerzas del orden retiraron diverso material de la sede de la Junta Nacional y clausuraron sus locales, poniendo vigilancia de la Policía Armada para que nadie pudiera acceder a ellos. Mientras tanto, varios miembros de la Junta fueron llamados a declarar.

El día 11 un grupo de miembros de la Junta Nacional, sin informar a su presidente, remitieron una declaración a la Delegación Nacional de Acción Política y Participación, en la que se desmarcaban de los sucesos de Pamplona y Montejurra, declinando toda responsabilidad en ellos, y manifestaban su lealtad al régimen y plena adhesión al Movimiento:

Los firmantes señalaban que cursaban la baja de las personas citadas y solicitaban la convocatoria de una asamblea general para elegir una nueva junta.

Marchelina fue destituido como presidente de la Hermandad Nacional de Antiguos Combatientes de Tercios de Requetés el 12 de mayo por Rafael Ruiz Gallardón, Delegado Nacional de Acción Política y Participación, argumentando que su mandato como presidente había expirado en marzo de 1970 y que, desde entonces, estaba actuando fuera de la legalidad. Al mismo tiempo, los firmantes de la declaración de adhesión al Movimiento fueron facultados para poder reunirse en la propia sede de la Delegación Nacional y proceder a la reestructuración de la Hermandad a modo de Junta Provisional.

A tal efecto, en junio se reunió una Comisión Reorganizadora de la Hermandad Nacional de Antiguos Combatientes Requetés, la cual nombró como presidente a José María Codón, como vicepresidente a Francisco Guinea Gauna y como vocal al general Luis Ruiz Hernández. Poco después, la nueva Junta Nacional de la Hermandad de Antiguos Combatientes de Tercios Requetés participaba en Burgos en un homenaje al general Mola.

Bajo la presidencia de Carlos Hugo y en territorio francés, se constituyó entonces una Junta Nacional alternativa. En 1974 el marqués de Marchelina seguía considerándose el presidente de la Hermandad y en carta a José Antonio Girón de Velasco decía que el Partido Carlista no olvidaba los agravios por parte del régimen y que solo deseaban, «alejados de todo lo que nos recuerde la Guerra Civil que el Carlismo perdió», trabajar con todas las fuerzas democráticas para alcanzar las libertades política, sindical y regional. La Hermandad alternativa presidida por Marchelina se disolvió poco después.

Transición En noviembre de 1974 la Hermandad se integró en la Confederación Nacional de Excombatientes que presidía José Antonio Girón de Velasco, alineándose con la nueva Comunión Tradicionalista abanderada por Sixto Enrique de Borbón y el denominado «búnker» franquista. En 1975 el general de Intendencia Luis Ruiz Hernández pasó a presidir la Hermandad Nacional de Antiguos Combatientes Requetés, de cuyo nombre eliminó el calificativo de «Antiguos».

El 4 de abril de 1976 fue asesinato el capellán de la Hermandad, Edistio Silvestre Sancho. Aunque la versión oficial negó tajantemente cualquier motivación política en el crimen, a nivel popular se extendió la creencia de que esa había sido, en realidad, la causa de su asesinato.

180px|thumb|Edistio Silvestre Sancho, capellán de la Hermandad Nacional de Combatientes Requetés, asesinado en 1976. En mayo de ese año, al conocer que el Partido Carlista pretendía desvirtuar los actos de Montejurra, y cambiar el carácter religioso y patriótico del vía-crucis, por otro «de signo netamente separatista y marxista», la Hermandad promovió la campaña para «reconquistar Montejurra». El 2 de mayo Ruiz Hernández hizo público un llamamiento en la prensa, que decía:

En diciembre la Hermandad se opuso a la Ley para la Reforma Política y el general Ruiz Hernández emitió una nota oficial propugnando votar «no» en el referéndum. Con motivo del secuestro del teniente general Villaescusa y los «sangrientos desórdenes públicos», en enero de 1977 envió un telegrama al presidente del gobierno, Adolfo Suárez, en el que le exigía, «en nombre de nuestros mártires que dieron su vida para conseguir la paz para España», urgentes medidas para restaurar el orden. El telegrama concluía diciendo: «menos democracia liberal que vuelva a conducirnos al libertinaje que padeció España y más auténtica libertad y autoridad».

El 31 de enero de 1977 la sección de la Juventud Estudiantil de la Hermandad Nacional de Combatientes Requetés de Cataluña comunicó el acuerdo de volver a crear la Agrupación de Estudiantes Tradicionalistas (A.E.T.).

Bajo la presidencia de Ruiz Hernández, la Hermandad Nacional de Combatientes Requetés dirigió en 1977 un nuevo telegrama al Gobierno con motivo del asesinato de tres agentes de la autoridad y una nota rogando la celebración y asistencia a las misas por los mártires de la Tradición, que fueron publicados en las páginas de El Pensamiento Navarro. También solicitó autorización para la celebración de los actos de Montejurra el 8 de mayo, pero fue denegada por el Gobierno Civil de Navarra (un año antes se habían producido los luctuosos sucesos de Montejurra).

Tras el asesinato del tradicionalista vizcaíno José María Arrizabalaga, publicó la siguiente nota:

Camilo Menéndez Vives, capitán de Navío de la Armada en la reserva y miembro de Fuerza Nueva, asumió la presidencia de la Hermandad, desempeñando el cargo hasta su fallecimiento en 1995.

thumb|180px|Portada del último ejemplar de El Pensamiento Navarro en 1981. La Hermandad de Combatientes Requetés se opuso a la ley del divorcio y en 1980 su secretario general, Manuel Ángel Vieitez Pérez, emitió un comunicado titulado «Nada sin Dios», en el que denunciaba la política anticristiana que estaba llevando a cabo el gobierno. Desde las columnas de El Pensamiento Navarro, Vieitez también denunció el peligro comunista que amenazaba a España, el terrorismo de ETA y «el intento de anexión de Navarra por Vascongadas». Asimismo, protestó contra la decisión del Parlamento de Navarra de retirar la Cruz Laureada de San Fernando del escudo oficial de Navarra, afirmando que aquella medida hería «el corazón de tantos y tantos navarros, de cuyos hijos varios millares ofrendaron generosamente su vida en defensa de Dios y de la Patria» y que no reflejaba el sentir general de Navarra.