La sequía hídrica en el sur de Chile es el conjunto de procesos de sequía meteorológica, sequía hidrológica y escasez hídrica que, desde la década de 2010, afectan a territorios del centro-sur y del sur de Chile, particularmente a las regiones de Los Ríos, Los Lagos y Aysén, además de Chiloé y otros territorios rurales e insulares. Aunque se trata de una macrozona históricamente lluviosa, numerosos estudios y registros oficiales describen una combinación de disminución de precipitaciones en estaciones críticas, descenso de caudales mínimos, retroceso glaciar, degradación de bosques y humedales, fragilidad de los servicios sanitarios rurales y conflictos de gobernanza en microcuencas y sistemas de abastecimiento.

La expresión no corresponde a un nombre oficial único usado por el Estado chileno, sino a un concepto empleado para describir la expansión territorial de la crisis hídrica hacia zonas del sur donde la combinación entre clima, estacionalidad, infraestructura y usos del suelo ha hecho visible la paradoja de una región lluviosa con problemas severos de acceso al agua, sobre todo en sectores rurales.

Contexto La crisis hídrica del sur de Chile combina factores climáticos y no climáticos. La evidencia científica indica una señal de secamiento en el centro-sur y sur del país asociada al cambio climático antropogénico, con una fuerte expresión en verano y otoño en la Patagonia norte y los Andes australes.

Desde una perspectiva conceptual, la literatura chilena ha distinguido entre sequía y escasez hídrica. La primera describe al déficit de precipitación o caudales respecto de valores históricos, mientras que la segunda expresa una insuficiencia de agua disponible frente a la demanda social, productiva y ecosistémica. En el sur de Chile esa distinción es especialmente relevante. El norte de Chiloé, por ejemplo, presenta una precipitación media anual reciente de 2.210 mm, con máximos invernales muy marcados y un mínimo estival en febrero de 81,6 mm; aun así, un diagnóstico local mostró una disminución de la precipitación de verano y una alta vulnerabilidad de las microcuencas abastecedoras de agua. De este modo, un territorio templado lluvioso puede presentar escasez hídrica estacional en sectores rurales que dependen de una única captación, un pozo o una microcuenca degradada.

La actual evidencia indica que el problema ya no está restringido a la zona central. El reporte anual de evolución del clima en Chile para 2024 informó déficits significativos de precipitación en las regiones de Los Ríos, Los Lagos y Aysén, con reducciones entre 20% y 30% respecto del promedio climatológico, y con mayor afectación en las provincias de Ranco, Llanquihue y Coyhaique. En 2025, el Ministerio de Obras Públicas señaló que, entre Ñuble y Los Lagos, 17 de 21 estaciones representativas presentaban déficit acumulado de precipitación, aun cuando algunas localidades aisladas mostraban superávit.

Aun así, la escasez hídrica del sur de Chile no puede explicarse sólo por un descenso de precipitaciones. Sin embargo, persisten vacíos de información para establecer con precisión el peso relativo de cada factor en cada territorio. También subsisten incertidumbres sobre la magnitud futura del problema a escala de microcuencas y sobre la velocidad con que la señal de secamiento observada en la Patagonia norte puede expandirse hacia otras cuencas del sur austral.

Causas Cambio climático, precipitaciones y caudales La evidencia científica sobre el centro-sur y sur de Chile ha identificado una señal de secamiento relacionada con el cambio climático antropogénico. En los Andes australes entre 40°S y 45°S, el fortalecimiento de la fase positiva del Southern Annular Mode se ha asociado a condiciones más secas, principalmente en verano y otoño.

Las proyecciones hidrológicas para la cuenca del río Puelo indican una disminución media del caudal hacia 2040–2070, especialmente en verano y otoño, así como el aumento de la duración, frecuencia y déficit de las sequías hidrológicas severas. A escala regional, un análisis para la Patagonia noroccidental mostró entre 1993 y 2021 una disminución significativa de los caudales mínimos en seis grandes cuencas, con reducciones de disponibilidad hídrica de entre 2% y 4% por década, especialmente desde el río Petrohué al río Cisnes.

Glaciares, nieve y regulación natural

thumb|La ausencia de nieve en el Parque nacional Villarrica, tal como se aprecia en la imagen del satélite Copernicus Sentinel-2 (14 de marzo de 2022). La menor acumulación nival y el retroceso glaciar reducen la capacidad natural de regulación de caudales en estiaje. En el Campo de Hielo Norte, se ha documentado un retroceso glaciar generalizado y acelerado desde que las precipitaciones disminuyen y las temperaturas aumentan a partir de 1972.

Cambio de uso del suelo y plantaciones forestales Los estudios territoriales y ecológicos destacan que la escasez hídrica del sur no depende únicamente del clima. En Chiloé, la pérdida de bosque nativo, la fragmentación predial, la sobreexplotación de ecosistemas abastecedores de agua y la expansión de parcelaciones aumentan la demanda y reducen la regulación hídrica de las microcuencas.

En la zona centro-sur, la evidencia indica que un aumento de 50% del área de plantaciones forestales en cuencas estudiadas se asocia a una disminución de 18% del caudal anual, adicional al efecto de la sequía. Un estudio de 2024 concluyó que las plantaciones exóticas de crecimiento rápido alteran la calidad del agua y procesos hidrológicos a varias escalas en el centro-sur de Chile.

Humedales, turberas y aguas subterráneas Las turberas son reservorios de agua dulce y componentes críticos de la regulación hídrica del sur de Chile. En Chiloé existen turberas naturales y secundarias asociadas a la extracción de Sphagnum sp.

La reforma de 2022 al Código de Aguas incorporó la prohibición de construir sistemas de drenaje en turberas identificadas por el Ministerio del Medio Ambiente. Posteriormente, la Dirección General de Aguas (DGA) precisó que esa protección comprende las turberas inventariadas de la provincia de Chiloé y de las regiones de Aysén y Magallanes.

La presión sobre aguas subterráneas aparece de forma desigual según territorio. En muchas zonas del sur la respuesta a la escasez ha implicado profundización de pozos, autorizaciones temporales de extracción y mayor dependencia de captaciones subterráneas en sistemas rurales, aunque la evidencia comparable a escala regional sigue siendo fragmentaria.

Infraestructura, pérdidas y gobernanza En gran parte del sur rural, la escasez resulta inseparable de la fragilidad de los sistemas de abastecimiento. La DGA señala que los decretos de escasez permiten actuar cuando pozos de sistemas rurales se secan o cuando localidades aisladas no pueden conectarse a una red, habilitando camiones aljibe y obras de emergencia.

A escala nacional, la Superintendencia de Servicios Sanitarios informó en su informe de gestión 2023 un 44,10% de agua no facturada, indicador compuesto principalmente por pérdidas físicas de red, filtraciones y otros ítems operacionales. Aunque este dato no es exclusivamente sureño, suele citarse como antecedente del deterioro estructural de la seguridad hídrica en el país.

Impactos por sector Agua potable y servicios sanitarios rurales Los impactos más visibles de la sequía sureña se observan en el agua potable rural. El estudio sobre Chiloé indicó que en la Región de Los Lagos las personas afectadas por escasez hídrica aumentaron de 18.164 en 2013 a 60.088 en 2016, con un incremento muy significativo del gasto estatal asociado. En la provincia de Chiloé, los programas de emergencia entregaron agua a 18.916 personas en 2016, con Ancud como la comuna más afectada.

La escasez hídrica tiene efectos diferenciados sobre mujeres y comunidades indígenas. Un estudio realizado en San Juan de la Costa mostró cambios profundos en las prácticas cotidianas de uso del agua de mujeres mapuche-huilliche. En Mariquina, el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) advirtió que la escasez y la contaminación afectan especialmente a la población mapuche y alteran modos de vida ancestrales.

En materia de salud, distintos análisis sobre cambio climático han señalado que la menor disponibilidad y calidad del agua y los alimentos puede afectar la nutrición, la calidad de vida y aumentar la exposición a enfermedades transmitidas por el agua o los alimentos, especialmente en contextos de sequía, inundaciones o deterioro de los sistemas de saneamiento.

Agricultura y ganadería de pequeña escala En varios territorios rurales del sur, la escasez ha reducido la viabilidad de huertas, riego de subsistencia y ganadería menor. El INDH recogió en Mariquina testimonios de diminución sostenida del agua disponible, afectación de la agricultura y pérdida de capacidad de vivir de la tierra en comunidades mapuche.

Acuicultura y salmonicultura La acuicultura del sur de Chile es especialmente sensible a los cambios en el aporte de agua dulce al mar interior. Un estudio mostró que el estuario de Reloncaví fue una de las zonas más afectadas y que la circulación local está ampliamente regulada por el agua dulce del Puelo. A su vez, el estudio de sequías hidrológicas en los Andes australes señaló que una de las consecuencias de condiciones extremas recientes fue una floración de algas nocivas récord, con pérdidas superiores a 800 millones de dólares en la industria acuícola.

Se ha señalado que una disminución de la precipitación puede reducir la disponibilidad de agua dulce para las pisciculturas y afectar el mar interior del sur donde se concentra la producción salmonera.

Ecosistemas, fiordos, estuarios y turberas La disminución del aporte de agua dulce a los sistemas costeros de la Patagonia chilena ha alterado propiedades físicas y biogeoquímicas del mar interior, incluyendo salinidad, temperatura y profundidad de la haloclina. Estos cambios tienen implicancias para la circulación estuarina, la oxigenación, la producción primaria y la biodiversidad.

La degradación de las turberas y humedales del sur amplifica la vulnerabilidad frente a las sequías estacionales.

Casos y conflictos locales Chiloé En enero de 2023, unas 450 familias del sector La Chacra, en la comuna de Castro, vivían con cortes programados de suministro debido a la falta de agua y a la insuficiencia de la infraestructura existente.

En febrero de 2022, el municipio de Quemchi suspendió el servicio de agua potable durante la noche para asegurar el abastecimiento durante el día, hecho que derivó en impactos económicos y sociales en hospedajes, restaurantes y hogares, además del uso de camiones aljibe.

En mayo de 2024 se concretó la declaración de escasez hídrica para la provincia de Chiloé y ocho comunas de la provincia de Llanquihue, habilitando recursos para sectores sin agua potable. Al día siguiente, dirigentes de servicios sanitarios rurales señalaron que en la temporada estival previa 10.560 personas de ocho comunas chilotas habían recibido agua mediante camiones aljibe, y que 1.400 personas la seguían recibiendo de manera permanente en Quetalmahue y Huicha, en Ancud.

La DGA mantuvo vigente la escasez hídrica de la provincia de Chiloé mediante decretos sucesivos de 2024, 2025 y 2026; este último prorrogó la declaración hasta el 16 de marzo de 2027.

Los Ríos y Mariquina La Región de Los Ríos recibió en 2021 su primer decreto de escasez hídrica, aplicado a doce comunas.