thumb|Autorretrato, hacia 1670, óleo sobre lienzo, 122 x 107cm, Londres, National Gallery. Inscripción: Bartus Murillo seipsum depin/gens pro filiorum votis acpreci/bus explendis (Bartolomé Murillo se pinta a sí mismo para cumplir los deseos y ruegos de sus hijos). En este cuadro, pintado por deseo de sus hijos, Murillo se autorretrató dentro de un marco con forma ovalada y con molduras, apoyando en él una mano para reforzar el efecto naturalista del trampantojo y acompañado por los instrumentos propios del arte de pintor: lápiz, papel y compás para el dibujo, paleta y pinceles para el color, en una demostración de orgullo por la posición social alcanzada con su oficio solo comparable en la pintura española al autorretrato de Velázquez en Las meninas.Murillo (1617-1682), p. 220.

Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, bautizado el 1 de enero de 1618-3 de abril de 1682) fue un pintor barroco español. Formado en el naturalismo tardío, evolucionó hacia fórmulas propias del barroco pleno con una sensibilidad que a veces anticipa el rococó en algunas de sus más peculiares e imitadas creaciones iconográficas, como la Inmaculada Concepción o el Buen Pastor en figura infantil. Personalidad central de la escuela sevillana, con un elevado número de discípulos y seguidores que llevaron su influencia hasta bien entrado el , fue también el pintor español mejor conocido y más apreciado fuera de España, el único del que Sandrart incluyó una breve y fabulada biografía en su Academia nobilissimae artis pictoriae de 1683 con el Autorretrato del pintor grabado por Richard Collin.Murillo (1617-1682), p. 101, texto de Ellis Waterhouse.Sandrart, Joachim von, Academia nobilissimae artis pictoriae..., Núremberg, Froberg, 1683, p. 393. Ejemplar digitalizado por Münchener Digitalisierungs Zentrum. Condicionado por la clientela, el grueso de su producción está formado por obras de carácter religioso con destino a iglesias y conventos sevillanos tanto como a la devoción privada, pero a diferencia de otros grandes maestros españoles de su tiempo cultivó también la pintura de género de forma continuada e independiente a lo largo de buena parte de su carrera.Pérez Sánchez, Pintura barroca en España, p. 349.

Vida y obra

Murillo debió de nacer en los últimos días de 1617, pues fue bautizado en la parroquia de Santa María Magdalena de Sevilla el 1 de enero de 1618. Era el menor de catorce hermanos, hijos del barbero Gaspar Esteban y de María Pérez Murillo, que procedía de una familia de plateros y contaba entre sus parientes cercanos con algún pintor. Conforme al uso anárquico de la época, aunque alguna vez firmó Esteban adoptó comúnmente el segundo apellido de la madre. Su padre era un acomodado barbero, cirujano y sangrador al que en ocasiones se le da tratamiento de bachiller,Navarrete Prieto, El joven Murillo, p. 17. y del que en un documento de 1607 se decía que era «rico y ahorrador», arrendatario de algunos bienes inmuebles junto a la iglesia de San Pablo cuyos derechos de segunda vida heredó Bartolomé y le proporcionaron rentas por subarriendo durante casi toda su vida.Hereza (2017), pp. 159 y 207. Con nueve años y en el plazo de seis meses quedó huérfano de padre y madre y fue puesto bajo la tutela de una de sus hermanas mayores, Ana, casada también con un barbero cirujano, Juan Agustín de Lagares. El joven Bartolomé debió de mantener buenas relaciones con la pareja, pues no mudó de domicilio hasta su matrimonio, en 1645, y en 1656 su cuñado, ya viudo, le nombró albacea testamentario.Valdivieso (2010), pp. 16-19.

Formación y primeros años thumb|La Virgen con fray Lauterio, san Francisco de Asís y santo Tomás de Aquino, hacia 1638-1640, óleo sobre lienzo, 216 x 170cm, Cambridge, Fitzwilliam Museum. Una cartela en el ángulo inferior derecho explica el contenido de este inusual asunto, en el que la Virgen aconseja al franciscano fray Lauterio, estudiante de teología, la consulta de la Summa Theologiae del aquinatense para resolver sus dudas de fe. Apenas se tienen noticias documentales de los primeros años de vida de Murillo y de su formación como pintor. Consta que en 1633, cuando contaba quince años, solicitó licencia para pasar a América con algunos familiares, motivo por el que hizo testamento en favor de una sobrina.Hereza (2017), pp. 29-30. La licencia para viajar a América otorgada por la Casa de Contratación a su hermana María Murillo y su esposo, tras el correspondiente examen de limpieza de sangre, los declaraba «cristianos viejos limpios de toda mala raza de moros, judíos, ni penitenciados por el Santo Oficio de la Inquisición, ni que son de los nuevos convertidos a la santa fe católica, ni que no son de los prohibidos a pasar a las Indias». Según la costumbre de la época, por esos años o algo antes debió de iniciar su formación artística. Es muy posible que, como afirmó Antonio Palomino, se formase en el taller de Juan del Castillo, casado con una de las hijas de Antonio Pérez, tío y padrino de bautismo de Murillo y pintor de imaginería él mismo.Hereza (2017), pp. 23 y 34-35. Pintor discreto, caracterizado por la sequedad del dibujo y la amable expresividad de sus rostros, la influencia de Castillo se advierte con claridad en las que probablemente sean las más tempranas de las obras conservadas de Murillo, cuyas fechas de ejecución podrían corresponder a 1638-1640: La Virgen entregando el rosario a Santo Domingo (Sevilla, Palacio arzobispal y antigua colección del conde de Toreno) y La Virgen con fray Lauterio, san Francisco de Asís y santo Tomás de Aquino (Cambridge, Fitzwilliam Museum), de dibujo seco y alegre colorido.Murillo (1617-1682), pp. 55 y 106.Navarrete Prieto, El joven Murillo, pp. 202-205.

Según Palomino, al dejar el taller de Juan del Castillo lo bastante capacitado para «mantenerse pintando de feria (lo cual entonces prevalecía mucho), hizo una partida de pinturas para cargazón de Indias; y habiendo por este medio adquirido un pedazo de caudal, pasó a Madrid, donde con la protección de Velázquez, su paisano (...), vio repetidas veces las eminentes pinturas de Palacio».Palomino, El museo pictórico, p. 410. Aunque no es improbable que, como otros pintores sevillanos, pintase en sus comienzos cuadros de devoción para el lucrativo comercio americano,Tratos comerciales de diversa naturaleza con el Nuevo Mundo, en los que Murillo adelantaba o prestaba dinero, se documentan en distintos momentos de su carrera posterior; véase Kinkead (2006), pp. 355, 356, 361-362, etc. Alguna de esas actividades comerciales pudo estar en el origen del breve encarcelamiento del pintor por deudas en octubre de 1655: ver Hereza (2017), pp. 76-77. lo cierto es que, tras la solicitud del permiso para viajar a América, no se vuelven a tener noticias del pintor hasta 1641, cuando Agustín Lagares, como su tutor, le traspasó el arriendo de unas casas heredadas de su padre.Navarrete, 2017, p. 110. No hay testimonio documental que permita confirmar el viaje a América como tampoco que viajase a Madrid en estas fechas, y menos probable aún es que realizase el viaje a Italia que le atribuyó Sandrart y desmintió Palomino, tras investigar la cuestión, según decía, con «exacta diligencia». Por lo demás, según pensaba el cordobés, la infundada suposición de un viaje a Italia nacía de «que los extranjeros no quieren conceder en esta arte el laurel de la Fama a ningún español, si no ha pasado por las aduanas de Italia: sin advertir, que Italia se ha transferido a España en las estatuas, pinturas eminentes, estampas, y libros; y que el estudio del natural (con estos antecedentes) en todas partes abunda».Palomino, El museo pictórico, p. 411.

Palomino, que había llegado a conocerlo, aunque no lo tratase, decía haber oído a otros pintores que en sus primeros años «se había estado encerrado todo aquel tiempo en su casa estudiando por el natural, y que de esta suerte había adquirido la habilidad» con la que, al exponer sus primeras obras públicas, pintadas para el convento de los franciscanos de Sevilla, se ganó el respeto y la admiración de sus paisanos, quienes hasta ese momento nada sabían de su existencia y progresos en el arte.Palomino, El museo pictórico, pp. 410-411. En cualquier caso, el estilo que se manifiesta en sus primeras obras importantes, como lo son esas pinturas del claustro chico del convento de San Francisco, pudo aprenderlo sin salir de Sevilla en artistas de la generación anterior como Juan de Roelas o Zurbarán y Francisco de Herrera el Viejo, cuyas pinturas en el Colegio de San Buenaventura hubo de estudiar con atención como revela el carácter monumental de sus figuras.Navarrete, 2017, p. 111.

Sevilla en el Ostentando el monopolio del comercio con las Indias y contando con Audiencia, diversos tribunales de justicia, entre ellos el de la Inquisición, arzobispado, Casa de Contratación, Casa de Moneda, consulados y aduanas, Sevilla era a comienzos del el «paradigma de ciudad».Bennasar y Vincent, España. Los Siglos de Oro, p. 194. Aunque los 130 000 habitantes con los que contaba a finales del habían disminuido algo a consecuencia de la peste de 1599 y la expulsión de los moriscos, cuando nació Murillo seguía siendo una ciudad cosmopolita, la más poblada de las españolas y una de las mayores del continente europeo. A partir de 1627 comenzaron a advertirse algunos síntomas de crisis a causa de la disminución del comercio con Indias, que lentamente se desplazaba hacia Cádiz, el estallido de la Guerra de los Treinta Años y la separación de Portugal. Pero el mayor impacto lo produjo la epidemia de peste de 1649, de efectos devastadores. La población se redujo a la mitad, contabilizándose unos 60 000 muertos, y ya no se recuperó: amplias zonas urbanas, sobre todo en las parroquias populares de la zona norte, quedaron semidesiertas y con sus casas convertidas en solares.Murillo (1617-1682), Antonio Domínguez Ortiz, «La Sevilla de Murillo», pp. 43-45 y 51.

thumb|left|Josua van Belle, 1670, óleo sobre lienzo, 125 x 102cm, Dublín, National Gallery of Ireland. Murillo retrató a Belle, comerciante neerlandés llegado a Sevilla en 1663, con la elegante actitud propia del retrato nórdico que pudo conocer en las colecciones de pintura de los comerciantes de esa procedencia establecidos en la ciudad, ante una cortina de vivo color púrpura que no se aprecia en esta reproducción. Aunque la crisis afectó de manera desigual a los diversos segmentos de la población, el nivel de vida general disminuyó. Las clases populares, las más afectadas por ella, protagonizaron en 1652 un motín de corto alcance causado por el hambre, pero en líneas generales la caridad funcionó como paliativo de la injusticia y la miseria que afectaba por igual a los pordioseros que se agolpaban a las puertas del palacio episcopal, para recibir la hogaza de pan que repartía diariamente el arzobispo, como a los cientos de pobres «vergonzantes» contabilizados en cada parroquia o en instituciones específicamente dedicadas a su atención. Entre estas destacó la Hermandad de la Caridad, revitalizada después de 1663 por Miguel Mañara, quien en 1650 y 1651 había actuado como padrino de bautismo de dos de los hijos de Murillo. El pintor, que era hombre devoto como demuestra su ingreso en la Cofradía del Rosario en 1644, la recepción del hábito de la Venerable Orden Tercera de San Francisco en 1662 y su presencia frecuente en los repartos de pan organizados por las parroquias a las que sucesivamente estuvo adscrito, ingresó también en esta institución en 1665.