miniatura|«Exortaciones del arzobispo de Zaragoza a los sublevados» de José Serra y Porson (1828-1910) en Historia de España ilustrada (1878)

El motín de los broqueleros o del pan fue una revuelta violenta que estalló en Zaragoza el 6 de abril de 1766, dentro de los levantamientos que sacudieron España en primavera de ese año, de los que el motín de Esquilache es el más conocido.

Antecedentes

El 10 de agosto de 1759 falleció sin descendencia el rey Fernando VI, por lo que su hermanastro, Carlos III, abandonó el trono napolitano para asumir la corona española. Lo acompañaron algunos de sus hombres de confianza, entre ellos Leopoldo di Gregorio, marqués de Vallesantoro y de Squillace, conocido en España como el Marqués de Esquilache. De Gregorio fue nombrado superintendente general de la Real Hacienda y, en 1763, secretario de Guerra. El nuevo rey le encomendó la introducción de las reformas ilustradas, que suscitaron una fuerte resistencia entre algunos sectores de la nobleza y la Iglesia españolas, contrarios a la influencia de quien consideraban un advenedizo extranjero.

A ello se unía que las cosechas de 1763, 1764, 1765 y 1766,excepcionalmente malas en Aragón por culpa de la sequía. Esta sucesión de cosechas deficientes desencadenó una crisis de subsistencia y favoreció la especulación y el acaparamiento de grano, prácticas que agravaron todavía más la carestía. También aumentó notablemente la delincuencia, en particular los asaltos a huertas y colmenas y el robo de ganado.

El 10 de marzo de 1766 se publicó el bando de capas y sombreros, que pretendía erradicar definitivamente el uso de la capa larga y el chambergo, con el argumento de que el embozo facilitaba el anonimato y permitía ocultar armas. La medida fue percibida como una imposición extranjera contraria a la indumentaria tradicional y sirvió de detonante para que el 23 de marzo estallara el llamado motín de Esquilache.

Acontecimientos

A comienzos de abril de 1766 aparecieron en Zaragoza varios pasquines que amenazaban al intendente corregidor con incendiar su residencia y las casas de los «usureros» si no se reducía el precio del pan en el plazo de una semana. La aparición de estos escritos sugiere que el levantamiento, aunque respondía al modelo de «motín del pan» habitual en el antiguo régimen, no fue enteramente espontáneo y contó con cierto grado de planificación. Durante los días siguientes se produjeron algunos episodios aislados de violencia entre civiles y soldados.

miniatura|Mariano Cerezo durante el primer sitio de Zaragoza (1808) mostrando su broquel, posiblemente el mismo usó durante el motín.

El 6 de abril se difundió por la plaza del Mercado el rumor de una nueva subida del precio del pan, acompañado de críticas por la inacción de las autoridades. La noticia recorrió la calle Mayor y llegó al barrio de la Magdalena, donde se formó un tumulto que se dirigió al palacio del gobernador. Los amotinados exigían que se controlasen los precios del pan y del trigo, se habilitasen puntos públicos de venta para los pobres y se abaratasen también el aceite y las judías.

La violencia se propagó por las calles y los amotinados asaltaron las residencias de varios comerciantes, entre ellos Pedro Pascual, Miguel Losilla y los Goicoechea, así como los palacios del intendente, José Avilés Itúrbide, marqués de Avilés, y el de Fuenclara. Algunas de las viviendas de los comerciantes, acusados de acaparamiento y especulación, fueron incendiadas. La revuelta se extendió además a Huesca, Daroca, Calatayud, Borja, Alcañiz y otras localidades.

Ante la ausencia de tropas en la ciudad, algunos zaragozanos, principalmente labradores de las parroquias de San Pablo, la Magdalena, San Miguel y Altabás, se organizaron para reprimir a los amotinados. Estas milicias estaban armadas con palos, cuchillos y espadas, además de pequeños escudos de mano redondos, los broqueles que dieron nombre al motín. Su actuación fue muy violenta y el Hospital de Nuestra Señora de Gracia atendió a unos 300 heridos. El orden no quedó completamente restablecido hasta la llegada, unos días más tarde, de las tropas del conde de Aranda.

Consecuencias

miniatura|Escudo de broquelero en la antigua casa de Miguel Ferrer, en la calle Pedro Villacampa (Zaragoza)

El castigo impuesto a los amotinados fue muy severo. Nueve de ellos fueron ahorcados —Armillas eleva la cifra a diecisiete—, tras lo cual fueron decapitados y sus cabezas permanecieron expuestas durante meses en la Puerta del Carmen. El 27 de abril llegó la orden del rey de suspender las ejecuciones, aunque también se impusieron castigos corporales y penas de galeras, para cuyo cumplimiento se trasladó a varios presos a Cartagena.

Los «broqueleros» fueron recompensados por Carlos III con diversas mercedes. En octubre de 1766, el marqués de Castelar, Lucas Fernando Patiño, entonces capitán general de Aragón, solicitó la concesión de veintiuna mercedes de hidalguía para los vecinos que más se habían distinguido en la represión de la revuelta. Una vez concedidas, los beneficiarios solicitaron un escudo de armas colectivo, para el que propusieron la figura de un hombre que portaba una espada y un broquel con las armas de la ciudad. Todavía se conserva uno de estos escudos en la calle Pedro Villacampa, entre la plaza del Rosario y la calle Sobrarbe, en el Arrabal.

Otra consecuencia del motín fue el impulso de las reformas municipales, que introdujeron las figuras de los diputados del común y el síndico personero. Estos cargos recibieron competencias en materia de abastos con el propósito de agilizar el tráfico y el comercio de cereales, así como de combatir la corrupción arraigada entre quienes tradicionalmente controlaban el suministro de productos de primera necesidad. Además, para reforzar la seguridad en el campo y los caminos, se creó la Compañía Suelta de Fusileros de Aragón, una unidad militar integrada exclusivamente por cien aragoneses.

Una de las consecuencias inmediatas del motín de Madrid fue la destitución del marqués de Esquilache, que partió al exilio en Italia. El principal beneficiado político fue posiblemente el conde de Aranda, Pedro Pablo Abarca de Bolea, entonces capitán general de Valencia, quien había enviado sus tropas a Aranjuez para proteger al monarca. Aranda se convirtió en el nuevo hombre fuerte del gobierno y consolidó el denominado partido aragonés, vinculado a sectores de la alta nobleza y enfrentado tanto a los ministros italianos como a los golillas, nombre con el que se conocía a los letrados y altos funcionarios de la administración real.

Recepción

miniatura|Relacion individual, y veridica del sucesso acontecido en la Ciudad de Zaragoza el dia 6 de abril de 1766 y de todos sus demas progressos formada ... por Don Thomas Sebastian y Latre

El conocimiento detallado de los hechos se debe principalmente a la Relación individual y verídica del suceso acontecido en la ciudad de Zaragoza el día 6 de abril de 1766 (1766), de Tomás Sebastián y Latre. La obra constituye una de las principales fuentes contemporáneas sobre el motín, aunque relata los acontecimientos desde una perspectiva cercana al poder, centrada en la represión del levantamiento y en la exaltación de la obediencia al rey y a la ley.

En 2016, con motivo del 250.º aniversario de los acontecimientos, la Asociación de Vecinos Arrabal organizó dos rutas destinadas a escolares para conmemorar el motín y divulgar su historia.

El historiador y novelista Domingo Buesa publicó en 2020 La tarde que ardió Zaragoza. El motín de los broqueleros, una novela en la que recrea los acontecimientos. La trama comienza con la aparición de un canónigo asesinado en el monasterio de Cogullada, entre cuyas vestiduras se encuentra un pasquín que anuncia una revuelta si no se rebaja el precio del pan. La obra sitúa la violencia y la posterior represión en el contexto de la Zaragoza ilustrada y reformista de la época, e incorpora personajes históricos como Ramón Pignatelli, el conde de Aranda y el joven Francisco de Goya.

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