miniaturadeimagen|Treguas de los siete infantes de Salas con los moros en la batalla de Almenar. Grabado de Otto Venius S.XVII Los siete infantes de Lara (o de Salas) es una leyenda a partir de textos conservados en crónicas medievales, cuyo testimonio más antiguo figura en la versión ampliada de la Estoria de España compuesta durante el reinado de Sancho IV de Castilla, antes de 1289, que fue editada por Ramón Menéndez Pidal con el nombre de Primera Crónica General.Carlos Alvar y Manuel Alvar (1997), pág. 175.
A partir del relato de las crónicas (también figura en la Crónica de 1344 o Segunda Crónica General y en una interpolación a la Tercera Crónica General cuya copia data de 1512) Ramón Menéndez Pidal encontró indicios de la existencia de un antiguo cantar de gesta desaparecido que reconstruyó parcialmente y dató hacia el año 1000, y que sería, junto con el Cantar de mio Cid y el Poema de Fernán González, uno de los más importantes cantares de gesta de la literatura castellana y el ejemplo más primitivo de épica española. La tradición ha elaborado la leyenda también en el romancero.
Los siete infantes de Lara eran hijos de Gonzalo Gustioz, señor de Salas y Sancha Velázquez, conocida como «Doña Sancha». La historia gira en torno a una disputa familiar entre la familia de Lara y la familia de Ruy Velázquez, hermano de Doña Sancha. El motivo más destacable es el de la venganza, principal motor de la acción.
Resumen En la Castilla medieval del siglo X se produce un enfrentamiento de dos familias nobles, el matrimonio de Ruy Velázquez y Doña Lambra con el de Gonzalo Gustioz, Doña Sancha (hermana de Ruy Velázquez) y sus hijos que son conocidos como los siete infantes de Salas. Este enfrentamiento entre las dos familias acaba con el apresamiento de Gonzalo Gustioz en la corte de Almanzor en Córdoba y la masacre del ejército comandado por los siete infantes de Salas por parte de un ejército musulmán dirigido por Ruy Velázquez.
Para consolar a Gonzalo Gustioz por la muerte de sus hijos, Almanzor pide a su hermana que yazca con él, de esta relación nacerá Mudarra quien cuando crezca irá a Castilla para conocer a su padre y vengar a sus hermanos matando a Ruy Velázquez.
Descripción de la leyenda
La afrenta del tablado y del pepino miniaturadeimagen|García Fernández hace que las dos familias hagan las paces. Grabado de Otto Venius, del siglo XVII. Los hechos se produjeron a finales del en el condado de Castilla, estando gobernado por García Fernández, hijo del legendario conde Fernán González. En esta historia se relata la disputa en la nobleza castellana entre el matrimonio Doña Lambra -Ruy Velázquez y la familia Lara. Según la versión transmitida por la leyenda contenida en la versión sanchina de la Estoria de España, que podría recoger un antiguo cantar de gesta compuesto hacia el año 990, en el transcurso de las bodas entre Doña Lambra —natural de Bureba y prima de García Fernández— y Rodrigo Velázquez de Lara, más conocido como Ruy Velázquez, y también llamado Roy Blásquez —hermano de Doña Sancha, madre de los infantes—. Como era costumbre en la Castilla medieval en las bodas de Lambra y Ruy Velázquez se armó un tablado para que así los caballeros jugasen a lanzar sus bohordos (lanzas cortas y arrojadizas) y demostrar su valía como caballeros. El que ganó el juego fue un primo de Doña Lambra llamado Alvar Sánchez, que se mofó de los infantes de Lara. Viendo herido su honor el más pequeño de los hermanos, llamado Gonzalo González, pegó un puñetazo tan fuerte en el rostro a Alvar Sánchez que lo dejo muerto. Doña Lambra, triste por la muerte de su primo, llamó a su marido para que vengara el agravio sufrido. Ruy Velázquez fue hasta donde se encontraba su sobrino Gonzalo y le golpeó con su vara con intención de matarle. Gonzalo González para defenderse cogió su azor para devolverle el golpe a su tío. Justo después de esto, mientras las dos familias se estaban armando para enfrentarse a la otra, llegó en padre de los infantes y García Fernández, el señor de todos ellos, e hizo hacer las paces a las dos familias.
Más adelante los siete infantes de Lara van a servir a su tía a Barbadillo, y Gonzalo González decide bañarse en el rio en paños menores. Allí es visto por Doña Lambra quien lo considera una provocación sexual y lo interpreta como una grave ofensa. Doña Lambra, aprovechando este lance para vengar la muerte de su primo Álvar Sánchez, que no ha sido satisfecha aún, responde con otra afrenta al ordenar a su criado arrojar y manchar a Gonzalo González con un pepino relleno de sangre, ante la risa burlesca de sus hermanos. Gonzalo reacciona matando al criado de Doña Lambra, que había ido a refugiarse bajo la protección del manto de su señora, que queda asimismo salpicado de sangre.
Estos sucesos provocan la sed de venganza de Doña Lambra. Por ello, su marido Ruy Velázquez urde un plan por el que Gonzalo Gustioz, es enviado a Almanzor con una carta, escrita en árabe para que Gonzalo no la pueda leer, cuyo contenido indica que sea descabezado el portador de la misiva y que luego Almanzor mande un ejército a Castilla para tender una emboscada a los infantes de Lara y matarlos también. Cuando Almanzor lee la carta se apiada de Gonzalo Gustioz y se limita a retenerlo preso, pues considera excesivo el sufrimiento de su cautivo, que es aliviado por una hermana del propio Almanzor. De ambos nace un hijo llamado Mudarra, quien más adelante irá a Castilla para vengar la muerte de sus hermanos, matando a Ruy Velázquez.
La batalla de Almenar miniaturadeimagen|Batalla en Almenar. Grabado de Otto Venius, del siglo XVII. Tras prometerle Ruy Velázquez a Almanzor, en la carta, que si manda un ejército a Castilla para emboscar a los infantes de Lara y matarles, le ayudara a conquistar Castilla. Almanzor manda una gran hueste comandada por 4 reyes moros: Viara, Galbe, Barrasín y Alicante. Hasta el campo de Almenar, donde Ruy Velázquez también ha llevado engañados a sus sobrinos, solo con dos cientos soldados del Alfoz de Lara, ya que pensaban que iban a hacer un simple saqueo a unos moros. Sin embargo, cuando Ruy Velázquez abandonó a los infantes de Lara fue con los reyes moros y comenzó la batalla campal. Allí como los castellanos sabían que no tenían huida y que era imposible ganar la batalla, ya que estaban en gran inferioridad numérica, lucharon hasta muerte, infligiendo gran mortandad en las filas musulmanas.
Sin embargo, finalmente los castellanos fueron derrotados y solo quedaron seis de los infantes de Salas, ya que habían fallecido el infante Fernando González, el ayo de los infantes Muño Salido y los doscientos soldados que iban con ellos. En ese momento el rey moro Alicante viendo tan dañados a los infantes se apiadó de ellos y decidió hacerlos prisioneros y llevárselos a Ruy Velázquez. Sin embargo, este muy enojado le dijo que no podía dejar a los infantes vivos, ya que si ellos volvían a Castilla y le contaban lo sucedido en Almenar al conde García Fernández, le echaría de Castilla y se tendría que ir a vivir a Córdoba. Y si eso ocurría el haría descabezar a los 4 reyes moros.
Con gran temor los reyes moros liberaron a los infantes de Lara y les devolvieron al campo de batalla, sin embargo, los mil soldados castellanos que acompañaron a Ruy Velázquez hasta Almenar se enteraron de la traición de su señor a los infantes y decidieron ayudarles en la batalla campal. Y aunque los castellanos lucharon de manera muy valiente y causaron gran mortandad entre las filas musulmanas. Finalmente fueron vencidos todos los castellanos, los infantes de Lara fueron hechos prisioneros y los descabezaron uno detrás de otro.
Tras esto Alicante cogió las cabezas de los siete infantes y emprendió camino a Córdoba para reunirse con Almanzor. Una vez que pasó la sierra que separaba la tierra cristiana de la musulmana, Alicante sintió mucha pena por todos los hombres que había perdido en la batalla, así que decidió mandar cartas a los cristianos contándoles la traición de Ruy Velázquez en el campo de Almenar. Y luego mandó otra carta al propio traidor amenazándole con que si se atrevía a ir a tierra mora, pondría a todos los moros del Al-Ándalus y los de más allá del mar en su contra.
Finalmente, Alicante llega a Córdoba en víspera de San Cebrían y entrega a Almanzor las cabezas de los infantes de Salas y su ayo. Almanzor mandó tender un manto donde pusieran en fila las ocho cabezas y llamó a Gonzalo Gustioz para que identifique a los muertos. Ahora ocurre uno de los momentos más famosos de esta leyenda y es que cuando Gonzalo Gustioz ve a Muño Salido y a sus hijos muertos de la gran pena que siente empieza a hablar con ellos como si estuvieran vivos.Carlos Alvar y Manuel Alvar (1997), págs. 175-176.thumb|220px|Almanzor muestra las cabezas de los siete infantes a su padre Gonzalo Gustioz. Grabado de Otto Venius, del siglo XVII.Tras este suceso Almanzor ordena a su hermana que consuele a Gonzalo Gustioz, ya que este sentía tanta pena por el fallecimiento de sus hijos que no quería comer. La hermana de Almanzor va hasta el cuarto de Gonzalo y al final acaba yaciendo con él.
Pasados unos meses Gonzalo ya quiere regresar a Castilla, pero antes de irse la hermana de Almanzor le cuenta que está embarazada, Gonzalo Gustioz coge un anillo que tenía y lo parte en dos, le entrega la mitad a la hermana de Almanzor y le dice que cuando su hijo crezca y quiera ir a buscarle a Castilla que lleve la mitad del anillo para que cuando le encuentre le puede reconocer.
La venganza de Mudarra Cuando Almanzor se entera de que su hermana está embarazada en vez de enfadarse se alegra ya que el no tenía ningún hijo, aunque esto es falso ya que en la vida real si tenía dos hijos, y cuando nace lo educa tan bien como si fuera suyo y le enseña muy buenas mañas. Cuando Mudarra tiene dieciocho años llega un rey del segura que afrenta a Mudarra diciéndole que no tenía padre. Mudarra dolido en el orgullo amenaza a su madre, poniéndola una espada en el cuello, y le ordena que le diga quién es su padre. Ella le cuenta que su padre es Gonzalo Gustioz de Salas, y también le dice toda la historia de la traición de Ruy Velázquez y las muertes de sus hermanos. Tras esto Mudarra va a hablar con su tío Almanzor y le pide que le deje marchar a tierra cristiana para encontrar a su padre y vengar a sus hermanos. Almanzor siente gran pena porque quería que Mudarra fuera su heredero, mas viendo que realmente quería Mudarra encontrar su linaje, Almanzor le dio tres cientos caballeros para esa empresa.
Mudarra marchó a Castilla y llegó hasta Salas, donde encontró la heredad muy pobre ya que había sido saqueada por Ruy Velázquez. Mismo que tras saber que toda Castilla sabía de su traición se rebeló contra el conde García Fernández y lo expulsó de Castilla, teniéndose que refugiar en Asturias. Mudarra sintió una gran pena a ver el estado de su padre, que decían que de tanto llorar se había quedado ciego. Allí Mudarra les regaló a Gonzalo Gustioz y a Doña Sancha unos paños de gran valor y les contó que era el hijo que tuvo Gonzalo Gustioz con la hermana de Almanzor. Al principio Gonzalo niego haber mantenido relaciones extramatrimoniales con cualquier mujer, ya que temía que si supiera Sancha que había yacido con la hermana de Almanzor le abandonaría.