right|236x236px|thumb|Bandera de Navarra Las Cortes de Navarra, también conocidas como los Tres Estados, fueron unas asambleas deliberativas cuyo origen como institución del reino de Navarra se ha querido ver durante en el reinado de Sancho VII el Fuerte cuando el monarca reunió a caballeros, prelados y representantes de las villas del reino para hacerles jurar el pacto de prohijamiento firmado con el rey de Aragón, Jaime I.
Las cortes navarras, a diferencia de las de los otros territorios y reinos de España tuvieron especial vitalidad, reuniéndose en múltiples ocasiones en tanto durante la Baja Edad Media, especialmente los últimos años, como la Edad Moderna, con menor intensidad aunque más organizadas, hasta hacerlo por última vez durante el bienio 1828-1829, tras lo cual serían definitivamente suprimidas en 1841 junto con el resto de instituciones del Antiguo Régimen por la Ley de Modificación de Fueros de Navarra.
Etapa medieval
Precedentes: la Curia regia La aparición de esta institución en la Baja Edad Media en Navarra se contextualiza en el surgimiento general en los reinos europeos de asambleas representativas de los súbditos de los monarcas.
El origen último de las Cortes se encuentra en la institución altomedieval de la Curia regia o Corte del rey, que, formada por una serie de personalidades cercanas al monarca, funcionaba a modo de consejo asesor en las cuestiones de gobierno. No hay constancia documental salvo por documentos regios posteriores a la toma de la decisión. Así se contabilizan tres casos:
Alfonso I, rey de Aragón y Pamplona (1094-1135): Curia regia donde convoca en 1117 a Jaca, Estella y Nájera por representar tres núcleos donde los francos ya estaban fuertemente asentados. Sancho VII (1194-1234): Curia regia destinada a establecer la sucesión ("Prohijamiento" con Jaime I de Aragón). En esta ocasión, en 1231, son seis buenas villas (San Cernin, Estella, Sangüesa, Olite, Los Arcos y Puente la Reina) en las cuales el núcleo burgués formado por la población franca es sólido. Teobaldo I (1234-1253): centrada en Estella donde en 1236 el monarca vende algunos derechos de mercado a los francos (burgueses) de Estella estando convocados solamente los propios afectados estelleses y los de Pamplona.
En algunas ocasiones, cuando la relevancia de la materia lo exigía, el rey convocaba a representantes de la Iglesia, la nobleza y las villas para formar parte de una curia extensa o ampliada de la que se terminarían desarrollando las cortes como institución específica de representación del reino.
La definición y presencia de los Tres Estados La llegada de casas dinásticas francesas dibuja un marco donde la continua ausencia de los reyes del reino suscitará cambios sociales. Según el medievalista prof. Martín Duque:
Teobaldo I (1234-1253) estuvo «durante menos de la tercera parte de su reinado», Teobaldo II (1253-1274), estuvo ausente «poco más de la quinta» parte. Enrique I (1270-1274), estuvo ausente «apenas dos quintas partes.»
Estas prolongadas ausencias marcaron un cambio en la percepción del trono que tenían los habitantes del reino así como en los mecanismos de interrelación entre las partes acentuado por un trasfondo de irregularidad política y progresivo debilitamiento de la alta nobleza del reino, especialmente tras la guerra de Navarra en 1276.
Los Tres Estados La denominación de Tres Estados es de origen francés. Está recogida en el año 1319, pero se generalizaría para el . Se refiere a los tres estamentos que, tras el rey, estaban presentes en las Cortes Generales, según su influencia de poder. El estamento militar correspondiente a la clase de la ricohombría, la alta nobleza, frente a una baja nobleza que cobra presencia mediante las juntas de infanzones; El estamento eclesiástico correspondiente a la Iglesia; y las Universidades que corresponde a las Hermandades de Buenas Villas tras las cuales está la burguesía y también parte de la baja nobleza. La reina regente, Blanca de Artois, las nombra así, por primera vez, el 27 de agosto de 1274, al buscar un gobernador que actúe en el reino durante la minoría de la reina Juana I. En la relación se enumeran a San Saturnino y San Nicolás de Pamplona, Estella, Olite, Sangüesa, Los Arcos, Viana, Laguardia, Burguete, San Juan de Pie de Puerto y Puente la Reina. Poco más tarde, el 12 de marzo de 1285, se suma Tudela.
Además, en la sociedad navarra, y siguiendo de arriba abajo existían otros estamentos, ausentes en las Cortes: El grupo de labradores pecheros que tiene que pagar pechas sin derecho a estar en las Cortes pero sí en Ayuntamientos y Concejos. Los collazos son campesinos atados a la tierra, de servidumbre, aunque evolucionarían a ser arrendatarios. Por último, en el escalafón social estaban las minorías religiosas de judíos, moros y los grupos marginales.
Cada estamento deliberaba por separado y luego exponían sus decisiones al resto de los estamentos.
El estamento de la nobleza o brazo militar Dentro de la nobleza navarra del existían tres escalones:
Ricoshombres o barones con grandes patrimonios y con vinculación con el monarca por sus servicios militares. Participaban en las rentas del mismo y eran habituales en la Curia o Corte regia. Caballeros, también prestaban servicios militares con sus prebendas, pero eran de segundo grado. Infanzones, de escaso patrimonio, con escasas rentas. Desplazados del poder y de las funciones militares. Bajo el reinado de Sancho VII el Fuerte, ocasionalmente aparecen en el entorno soberano.
Al principio la presencia era a título personal, pero posteriormente eran representativos. Los infanzones fueron especialmente activos en el , formando una Junta, con autorización real, para defender sus intereses. Con Teobaldo I se creó una comisión para fijar por escrito los deberes y derechos de la nobleza. Dada la actitud levantisca de los infanzones, frecuentemente no eran convocados, siendo al final prohibidos por Juana I de Navarra y Felipe de Évreux.
En las reuniones solemnes eran entre veinte y treinta y cinco miembros, pero en otras convocatorias acudían un menor número.
El estamento eclesiástico o de los prelados Era el menos numeroso de los estados. Oscilaban entre los 6 y 14 miembros.
Previamente a las Cortes, la presencia de algún prelado en la Curia regia era habitual. El obispo de Pamplona era el más habitual, pero también otros obispos, pues parte del territorio de Navarra abarcaba a otras diócesis, como Tarazona, Calahorra, Bayona y Dax. Asimismo participaban otros eclesiásticos (el gran Prior de Navarra de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén y el prior de la colegiata de Roncesvalles) y abades de los principales monasterios del reino (Irache, La Oliva, Leire, Iranzu, Fitero y Urdax). Inicialmente a título personal y luego como representación de toda la clerecía. A partir de 1328 su presencia se hizo habitual pero raramente de todos a la vez.
A la cabeza se encontraba el obispo de Pamplona, y a partir del el prior de Roncesvalles dirigía a los prelados en ausencia del obispo. miniaturadeimagen|350x350px|Mapa de la distribución de Navarra por merindades indicando las Buenas villas con derecho asiento en Cortes
Las Universidades o Hermandades de Buenas Villas
La presencia de elementos burgueses en los estamentos de poder es muy antigua. Ya con Alfonso el Batallador, había presencia de esporádica y a título personal de algunos miembros de comunidades urbanas en la corte regia.
Este estamento estaba formado por núcleos de población con un estatuto particular por medio de fueros. Inicialmente se agruparon en hermandades de las buenas villas. La evolución fue la siguiente: parece ser que las primeras fueron el burgo de San Cernin, Estella, Sangüesa, Olite, Los Arcos y Puente la Reina que son las seis villas que el monarca agrupa en el momento de nombrar jueces. Sin embargo la primera Hermandad conocida es en 1274 que además de los seis anteriores se agruparon la Población de San Nicolás que estaba unida al burgo de San Cernin, Viana, Laguardia, San Juan de Pie de Puerto y Burguete que eran “francos” y no dependían de ningún señor, sin cargas señoriales, con libertad de comprar y vender heredades, con normativas propias y autoridades como alcalde, preboste o almirante y jurados.
Posteriormente se fueron incorporando otros como Tudela en 1283; Villafranca en 1294; Larrasoaña, Villava y Monreal en 1297; San Vicente, Lumbier, y un efímero desdoblamiento de la representación de Puente la Reina en dos (la villa de Puente la Reina y el hoy despoblado La Zurrutia) en 1298; tras la muerte de la reina Juana I de Navarra se sumaron Corella y Aguilar de Codés, mientras que ya no participaron San Juan de Pie de Puerto y La Zurrutia.
En 1328 para la sucesión de Carlos I de Navarra se descolgaba en la participación alguna de las previas y se fueron añadiendo otras en las que si había dependencia de un señor y pago de pechas incluso hubo representantes de núcleos de labradores. Esto provocó tensiones que llevó a la exclusión de los núcleos de los labradores durante el reinado de Carlos II. La modificación de las villas participantes era habitual en cada periodo, exceptuando el núcleo principal.
Crisis sucesoria de Sancho el Fuerte La primera intervención conocida de representantes de las buenas villas en un asunto político fue en el reinado de Sancho VII el Fuerte, cuando el rey les hizo jurar el pacto de mutuo prohijamiento con Jaime I de Aragón, que suponía decidir sobre la sucesión en la corona.
Los distintos grupos sociales habían formado diversas juntas, hermandades o unidades con el fin de defender su estatus jurídico e incrementar su acción política. Las primeras juntas debieron de ser la que agrupaban a los infanzones, para defenderse de los ricos-hombres. Con la dinastía Champaña estas juntas evolucionaron y reivindicaban sus derechos frente al monarca, desconocedor de las costumbres del reino. En esta coyuntura, también las comunidades burguesas comenzaron a agruparse. Probablemente con Teobaldo I se agruparon las seis principales buenas villas.
Tras la muerte de Teobaldo I en 1253 las buenas villas se unieron con los diversas juntas de infanzones, ricos-hombres y el alto clero, para exigir al monarca un juramento que garantizase sus privilegios. Haciéndolo en una magna asamblea similar a una Curia General, es decir una corte ampliada. Aunque esta denominación de Curia General no aparecerá en la documentación hasta 1274. Dando lugar a un pacto entre el rey y el reino.
A partir de ese momento son bastante frecuentes las reuniones de la Curia General convocada por el rey o por su lugarteniente con asistencia de nobles, representantes de buenas villas y en algunos casos prelados. Hasta 1328 hubo al menos dieciséis reuniones, entre otros los conflictos sucesorios de 1305, 1316 y 1328 en ausencia de los monarcas capetos. Aunque la Junta de Infanzones y la Hermandad de buenas villas actuaban por separado, en ocasiones se agrupaban y a su vez con los ricos-hombres y prelados para que se tuvieran ec cuenta sus fueros, usos, privilegios y franquezas. Eran asambleas irregulares pero los monarcas tenían que tenerlas en cuenta. La culminación fue en 1328 cuando ricos-hombres, caballeros y los representantes de buenas villas decidieron destituir al gobernador para “guardar el reino para quien deba reinar” y unos días después sumándose los representantes del clero y de comunidades villanas proclamaron los derechos al trono de Juana II y su esposo Felipe de Évreux. Estos tuvieron que negociar la fórmula de juramento.miniaturadeimagen|400x400px|Vista del interior del Palacio Real de Olite, sede de varias sesiones de las Cortes de Navarra.
Consolidación de las Cortes (1329-1350) Con los nuevos reyes en 1329 se prohibieron las juntas y asambleas y la participación se canalizó a través de la Cort General o Cortes, quedando, probablemente entonces, articulada en Tres Estados: